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‘Ser dura me dio prestigio, pero me jugó en contra’

Raquel Correa y sus 40 años de entrevistas

Por: Paula Palacios

Fotos Claudio Doenitz

La periodista desclasificó sus archivos y acaba de presentar Preguntas que hacen historia. El libro repasa cuatro décadas como emblemática entrevistadora de los principales personajes de la actualidad. Graciosa, aguda, recuerda golpes noticiosos y revela anécdotas, malos ratos y uno que otro chascarro.

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No le gusta ser protagonista, se siente más cómoda como testigo de los hechos… Aun así, Raquel Correa Prats (de edad inconfesable) sintió que era hora “de resucitar, de inmortalizarse” y dar testimonio de lo que fueron sus años de periodista dura y entrevistadora implacable que marcó pauta con sus preguntas al hueso, como a Pinochet en plena dictadura: ¿Tiene las manos manchadas con sangre?

Hurgó en cientos de notas y grabaciones, aprovechando el tiempo que le dejan sus colaboraciones en revista El Sábado y los talleres que dicta en la Universidad Católica. Todo, mientras reconstruye su casa en Lontué, que se derrumbó con el terremoto.

Sumergida en las conversaciones que sostuvo en De cara al país, también en La entrevista de Raquel Correa y en las que hizo durante 28 años en El Mercurio, escogió 40 personajes: todos los presidentes, desde Frei Montalva en adelante, “incluido Pinochet” (“nunca le dije Presidente porque no fue elegido democráticamente”), pasando por sacerdotes, políticos y otros nombres relevantes de la contingencia. Así nació Preguntas que hacen historia, una radiografía a la clase política chilena que, para su pesar, “y qué pena decirlo, hoy está más preocupada de salir en televisión y lucirse… ¿Dónde están los Frei Montalva, los Pancho Bulnes, los Gabriel Valdés de hoy? Esos discursos de Radomiro Tomic, ¡no existen!”, lanza esta demócrata aspirante a cristiana, “que no es lo mismo que DC, aunque en una época fue un partido muy seductor”, aclara.

Estudió teatro a escondidas (hasta que la pillaron), intentó con sicología y terminó como periodista de la Universidad de Chile. Trabajó en las radios Cooperativa y Minería, en La Tercera, El Mercurio, TVN, Canal 13 y compartió autoría en los libros Ego Sum Pinochet y Los generales del régimen. También en las revistas Vea y Cosas. Se ganó todos los premios: Lenka Franulic, Silvia Pinto, ACHS y el Premio Nacional de Periodismo en 1991. Sin embargo, nada ha logrado revertir su baja autoestima. “Soy muy autocrítica, ¡antivanidad! El reconocimiento me reafirma, pero me dura poco”.

Hace siete años enviudó, luego de casi 50 casada con Eduardo Amenábar (agricultor), con quien tuvo a su único hijo, Juan Eduardo (46), que sufre un problema neurológico. “Un angelito que se quedará conmigo para siempre”, dice con emoción. Junto con la pena por la partida “del amor de mi vida” (a quien conoció a los 14), cuenta que recién ahora debió hacerse cargo de asuntos domésticos que siempre delegó en su marido, desde trámites bancarios, cambio de aceite al auto hasta estacionarse retrocediendo, ¡y todavía no aprende! “El me hacía la vida fácil, era muy colaborador, amoroso, tranquilo, bajo perfil y eso me lo contagió. Me quedé sola con toda la carga. Pero Juanito es suficiente razón para seguir trabajando, estar y verme bien”.

PASÓ LA PLANCHA DE SU VIDA CON ALLENDE. “Para las presidenciales del ’70 trabajaba en Cooperativa, llegué a su casa y la nana me dejó entrar. Cuando apareció lo saludé: Buenos días caballero. ¿Es una ironía?, me respondió. ¿Por qué, acaso no es un caballero?, repliqué. Lo seguí todo ese día. Mientras él almorzaba, le pedí a su chofer que me llevara a votar (yo iba por Alessandri). Cuando Allende ganó, estábamos en el partido y acordamos una entrevista para la radio. Lo hice atravesar el salón, ¡lleno de gente! Estábamos listos para despachar ¡y el equipo se había ido! Como la Cooperativa era de derecha, suspendió sus transmisiones, ¡me deshice en disculpas!”.

—Es verdad que revisando el material se sorprendió de sus propias preguntas…
—Por ejemplo, le consulté a Ricardo Lagos sobre el rumor de que era hijo de un Alessandri. Muy molesto me dijo: Es una falta de respeto para mi madre… Cuando entrevisté a Agustín Edwards, al patrón, dueño de El Mercurio, insistí sobre qué había hecho el diario para denunciar las violaciones a los DD.HH. en dictadura. El se justificó con la restricción a la libertad de prensa y que no había constancia de los hechos…

raquel200—¿La censuraron en El Mercurio?
—Una vez un obispo me dijo que no le daría la comunión a Pinochet, por ser un pecador público. Me llamó el editor y con mucho respeto me planteó sacar la última parte. Quedaba como tonta al no preguntar por qué no le daría la comunión, pero así se publicó.

Sin duda una de sus entrevistas más golpeadoras fue la de Ricardo Lagos el ’88, en De cara al país. Saltándose todo protocolo, levantó su dedo índice y desafió a Pinochet por “su ambición de querer perpetuarse en el poder”. “Fue un golpe noticioso, pero sentí que no cumplí mi rol. Yo le decía señor Lagos, ¡Ricardo!, y él con su mano me saca de plano y dice: ¡Me va a excusar Raquel, voy a hablar por quince años de silencio! ¡Lo encontré genial!”.

—¿La interpretó?
—Francamente sí. El tenía todo preparado, hasta ensayó en un estudio parecido al del 13.

“Cuando hacía estas entrevistas, intentaba no estar con el personaje antes, para no dejarme manejar. La independencia y objetividad eran mi regla de oro. Uno que buscaba adelantar los contenidos era Piñera. Aceptaba la entrevista y altiro qué me vas a preguntar… Después tenía escritas todas las preguntas que se había imaginado”.

—Le tenían terror, y lo mismo le pasó cuando entrevistaba en TVN, ¿por qué tan dura Raquel?
—Era un problema de carácter: entre doce hermanos me perdía, debí sacar las garras para imponerme. Estuve interna ocho años, con un padre de carácter muy fuerte. Me hice rebelde… pero se me ha ido quitando. Y aunque me dio prestigio, me trajo problemas: muchos no me daban entrevistas, preferían a un estudiante en práctica.

—¿Se arrepiente de alguna pregunta?
—De una sola. Cuando en Canal 7 le pregunté a Silvia Piñeiro si era cierto que tomaba en exceso. Demasiado personal, pasé los límites.

—¿Su entrevista mejor lograda?
—La de Eduardo Frei Montalva el ’73. Se enojó, emocionó, rió a carcajadas. Contó que mientras iba con la reina Isabel en carroza por Londres, le dijo: quien me viera, un hombre sencillo de Lontué paseando con la reina. Me llegó mucho. Yo soy de Lontué… el campo que perdimos es uno de los dolores más grandes de mi vida.

La entrevista que más la conmovió fue a Bernardo Leighton y su mujer, Anita Fresno (1985), justo diez años después de ser baleados por la espalda, cuando estaban exiliados en Roma. “Fue una conversación tierna y desgarradora, aún me emociona. Una mezcla de espanto y dulzura. Les dispararon a dos metros de distancia…”.

—¿Su entrevistado más complicado?

—Fra Fra, ¡insoportable! Era candidato presidencial y para un programa nos pidieron terminar con una pregunta simpática. Se me ocurrió decirle: Con los juicios en su contra, si va a la cárcel, ¿seguirá con su campaña?… algo livianito… El se enfureció, perdió el control. Después entró su señora con sus hijas, lloraban, ¡una cosa espantosa!

—Pensé que diría Manuel Contreras…
—También fue difícil. Camino a la entrevista le pedí al chofer detenerse. Iba muy nerviosa, ¡era un monstruo de personaje!, con historias tan terribles. Sólo pensar que me recibiría, que me saludaría de beso, me perturbaba. En la conversación tratas de crear una empatía, pero no iba dispuesta, ¡no correspondía con el Mamo Contreras! Y él jugó al inocente, no se molestó nunca, se reía a ratos…

PINOCHET: “YO A USTED NUNCA LE DARÉ UNA ENTREVISTA”. RAQUEL CORREA: “YO A USTED NUNCA SE LA HE PEDIDO”. “Este diálogo lo sostuvimos cuando nos encontramos en un cóctel en las oficinas de las FF.AA. Me resistía a entrevistarlo, era de tal magnitud lo que había que preguntarle… Finalmente, hablamos por primera vez para Ego Sum…, que escribimos con Elizabeth Subercaseaux. Apenas llegamos a su oficina nos dice: Ah, usted es la comunista y usted la democratacristiana… Tenía una mezcla de personalidades, desde la dulzura, el piropo, así medio seductor, hasta que se enojaba, de una violencia de pegar en la mesa con el puño cerrado, ¡un manipulador de primera!… Y con unas salidas sorprendentes, como cuando le celebré un pan de Pascua y me responde: ¿Quiere llevarse un pedacito?”.

—El dijo que con el tiempo llegaron a quererse.
—No, a considerarlo un súper personaje sí, pero simpatía y cariño, ¡no!

—Pero sí reconoce que terminó queriendo a Sebastián Piñera…
—Me ganó porque he ido conociendo sus defectos y virtudes… Era lo más mal educado. Una vez entrevistándolo como presidente de RN, veo que se pone a escribir. Le consulté qué anotaba, no nada, es de otra cosa, no se preocupe. Mira, sentía que me saltaban chispas, ¡fuego de los ojos! Le dije que cómo era posible y respondió: ¡Ay, estas vedettes!

—Le tocó difícil al Presidente…
—Por el terremoto, sin duda, pero cualquier cosa que haga se notará. Y con la UDI hay problemas, era predecible. Años de conflictos con Longueira, Novoa… Tienen que evitar que se corte el elástico, políticamente sería un desastre.

—Un entrevistado insólito.
—El almirante Merino, un chiste. No hablaba de golpe militar, sino de cambio de gobierno sin elecciones. Todos esperaban sus famosos martes, ¡decía unas barbaridades! Era simpático, habiloso y audaz. Se adjudicaba el golpe con su famoso Plan Cochayuyo, y lo decía ¡con Pinochet vivo! Y cuando le dije: ¿Y con los puros barcos habría salido?, respondió que la guerra del ’91 la ganaron con buques.

—¿A quién le queda por entrevistar?
—¡A Bielsa! Es muy atractivo… como personaje.

—Coincide con Bachelet…
—Lo intenté entrevistar antes de que Michelle lo dijera, pero no resultó. Más misterioso aún. Y habla tan lento para decir cosas bien corrientes: por-que-pen-sán-do-lo-bien (lo imita), ¡uno cree que va a lanzar la bomba del año!

—De la Iglesia , ¿quién debería hablar?
—Fernando Karadima.

—¿Qué le preguntaría?
—Cómo se explica que consagre la ostia, confiese y a la vez seduzca chiquillos. Debe tener doble personalidad, feroz.

—Raquel, ¿por qué hoy no está en televisión?
—Porque no tengo silicona… A las mujeres, a una cierta edad, ya no las llaman a la TV.

—¿Por qué renunció a El Mercurio?
—Cambiaron mucho las cosas, el trato… Los peores enemigos de los periodistas son los editores y los asesores de prensa. Se te meten en las entrevistas, te coartan.

—¿A quién ve como su sucesora?
—Pensé que Coni Santa María, pero ya no, se le pasa la mano. Es muy puntuda y no deja responder bien. Se luce más ella que sus entrevistados.

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