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Soy tenso, intenso… y ¡odio los tacos!

Felipe Morandé, el guapetón del gabinete

Por: Paula Palacios

Fotos Claudio Doenitz

No encuentra todavía la forma de evitar la neura que se lo come −especialmente cuando maneja−, pero hace años que el ministro de Transportes y Telecomunicaciones intenta dejar las rigideces y esa actitud seriota de académico… En ese plano posó para CARAS: plancha en mano, al más puro estilo DiCaprio en Esquire.

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Las mujeres coinciden: es el guapetón del gabinete, incluso algunas lo encuentran parecido a Richard Gere, piropos que Felipe Morandé Lavín (54, ingeniero comercial, casado, cuatro hijos, dos nietas) se toma con disimulada coquetería. ‘‘¿Ah sí?, ¿eso dicen?, ¡no tenía idea! Serán las canas…’’.

—¡Cómo no va a saber, si en la calle arrasa!
—Sí, pero no es una locura como Los Beatles… La gente ahora me ve como ministro, te miran, pero no se acercan tanto… Cuando estaba en Tolerancia Cero me pedían autógrafos, mandaban recados o decían que me veía bien.

Y lo cuenta con esa actitud casi imperturbable que ha cultivado en su carrera de economista, docente, decano de la Facultad de Economía y Negocios de la U. de Chile, panelista de Tolerancia Cero y ahora titular de Transportes y Telecomunicaciones. Un nombramiento que sorprendió a muchos (que lo veían más en Hacienda o Economía) pero no a él, que forma parte del círculo de hierro de Piñera “en lo técnico, no en lo político”.

El cargo lo obliga a lidiar con un sistema de movilización deficiente que sólo por evasión pierde siete millones de dólares mensuales, y que ya le ha traído varios dolores de cabeza y de espalda, al punto de tomar clases de yoga con meditación incluida para aliviar tensiones. “Necesito una visión holística y más calmada de la vida porque aunque parezco relajado, soy tenso e intenso. Y somatizo. En distintas etapas, he tenido colon, úlceras… pero para qué voy a contar mi historia clínica”, dice riendo.

—Será mejor que explote de vez en cuando.
—Ese es mi problema, todas las rabias las guardo. En lo único que soy neurótico es manejando, ahí es cuando echo garabatos. Odio los tacos, ¡y justo me tocó Transportes! (bromea).

Ya trazó sus objetivos para el 2014, pero no quiere ser el ‘ministro del Transantiago’. “Mi preocupación es Transportes en general y Telecomunicaciones, donde está todo por hacer: llevar banda ancha a todas partes, cerrar la brecha digital”.

morande200Conversamos en su casa de Lo Barnechea, un lugar de decoración moderna —sofás de cuero, ventanales, cuadros encendidos y alfombras coloridas—, donde el silencio sólo se rompe cuando su hijo menor, Diego (4), llega del colegio.

De impecable camisa blanca, terno oscuro y corbata verde intenso, Morandé muy poco tiene que ver con la imagen seria y hasta conservadora que proyecta. Por mucho tiempo lo fue, pero hace unos años rompió ataduras, prejuicios, y se relajó, aunque por fuera no se le nota tanto… “En esto ha tenido mucho que ver mi mujer”, dice sobre la periodista Carola Zúñiga, a quien conoció cuando ella trabajaba en El Mercurio.

PARTIÓ POR DEJARSE CRECER EL PELO, se olvidó de tanta norma, entró en ‘receso’ con lo católico, se abrió al budismo y la Kabalah judía. Y lo fue pasando mejor.

Sexto de siete hermanos, creció en una familia ultraconservadora: madre derechista y padre cajero del Banco Central, que terminó de gerente de personal. De chico fue mateo, “más bien ganso”; salió con 6.9 del Notre Dame, pololeó dos veces e, influido por su papá, coqueteó con la DC.

—¿Ahora es más RN o DC?

—Por ideales, de Renovación Nacional. La DC chilena está más a la izquierda de lo prudente, aunque hay mucha gente de primera línea.

—¿Por qué no milita?
—No tengo mucho que aportar en los partidos. No estaría grato donde, además de sacar proyectos, deba preocuparme de zancadillas y codazos.

El ’73 entró a Ingeniería Comercial en la UC y tras el golpe, su hermano mayor, Gonzalo (siquiatra) —jefe de gabinete del ministro de Salud de Allende— partió exiliado a España. “Fue muy duro para la familia… No tuvo la figura de asilado político porque, casado con española, la embajada lo admitió como huésped —junto a Joan Garcés—, y tuvo una salida natural por ahí”.

A los 22 se casó. Tuvo tres hijos: Soledad (31, profesora de Historia), Felipe (28, licenciado en Historia) y Francisca (23, estudiante de Sociología). A los 24 partió a un master a la U. de Minnesota en EE.UU., terminando como docente en la U. de Houston. De regreso, hizo carrera como gerente en la Cámara Chilena de la Construcción y del Banco Central. Fue además director del Programa de Postgrado de Economía de Ilades, del TASC, consultor de diversas entidades bancarias y ministeriales y en 2008 debutó como panelista en Tolerancia Cero. “Cuando entré, Jaime de Aguirre me dijo: olvídate que eres economista, tienes que ser líder de opinión y hablar sobre todos los temas… Y, como soy mateo, apenas definían la pauta, me iba a internet”.

—¿Cómo se llevaba con ese grupo?
—Se ven duros en TV, pero son muy cálidos en lo privado. Paulsen, un tipo muy inteligente, era mi contrincante; Villegas, muy divertido; Guillier, un caballero y Del Río, un gallo súper bueno.

—Sergio Melnick lo tildó de mal panelista y usted lo llamó para retarlo.
—Lo llamé para preguntarle qué pasaba. El era bien peleador e incisivo, yo más académico, ¡no soy de peleas de gallo!

DESPUES DE 26 AÑOS DE MATRIMONIO SE SEPARÓ, y en 2005 se casó con Carola Zúñiga, con quien tuvo a su cuarto hijo.

morande300—Veintidós años, y ya figuraba casado…
—Estudiar fuera era una razón; los pololeos de lejos no funcionan. Tenía un modelo familiar particular: una polola, ¡y de ahí matrimonio!

—Con entorno tradicional, ¿fue muy difícil su separación?
—Fácil no resultó. Estas cosas no pasan de la noche a la mañana… Es un proceso donde vas madurando tu decisión y lo que significa romper con la imagen de padre de familia que uno mismo se crea… Me costó quebrarla, pero sabía que tenía que tomar una decisión drástica, ¡y lo hice! A pesar de lo estructurado que parezco, soy bastante intuitivo y no me ha ido mal…

—¿Distinta la paternidad en esta pasada?

—Me pilló más sabio. Antes era muy estricto, de mucha disciplina; ahora me lo tomo todo con más calma… Igual me quedan mañas: me gusta que los niños coman en la mesa, se duerman a una hora…

Piñera fue su primer profesor de Introducción a la Economía en la UC. Se topaban a menudo, y en 2005 el empresario lo llamó para su campaña, nombrándolo macrocoordinador del grupo Tantauco. “Me sedujo lo que él simbolizaba: una alternativa de derecha liberal. Ambos somos de familia DC, fuimos opositores de Pinochet y liberales en lo económico”.

Con Piñera no son amigos de visitarse, pero la relación es estrecha. Morandé niega una omnipresencia del Presidente. Tampoco comparte las críticas por no desprenderse de CHV. “Su promesa fue vender Lan, pero siempre declaró su afecto por CHV y Colo Colo. La gente lo conoció como empresario, votó por él, ¿en qué no ha sido transparente?”.

—Es más problema de conflicto de interés.

—En la forma existe, pero conociéndolo… La línea editorial de Chilevisión nunca ha sido sesgada en su favor. Después nombró a Mirko Macari en La Nación, que venía de El Mostrador, que no es precisamente pro Piñera.

—En su cargo pesa mucho el Transantiago.
—Es un problema de los santiaguinos, no de los chilenos. Para el 2014 mi objetivo es que cumpla la ley en financiamiento, con calidad de servicio y esté un punto más arriba que las micros amarillas.

—¿Siguen como la mejor opción?
—Desde la seguridad de las personas, forma de pago, ordenamiento y profesionalización, el Transantiago es superior. Pero las micros amarillas satisfacían a la gente en el transporte desde su casa al trabajo, colegio. Ellas buscaban la demanda; el sistema funcionaba solito.

—¿Y cuál es su propuesta?
—El Transantiago cambiará el próximo año, cuando se reliciten los contratos de los alimentadores. Daremos más flexibilidad para que los operadores salgan a buscar a los usuarios. Y si surge una población nueva, que no sea un burócrata que decida el recorrido, sino que el empresario vaya detrás de la demanda.

—Es de los técnicos del gabinete, ¿le ha faltado la expertise política que advirtió Allamand?
—La frontera entre lo técnico y lo político es difusa. Como decano de la U. de Chile tenía que dialogar y negociar con todos los sectores. No vengo naciendo en la materia… Andrés es un tipo brillante, pero es de hipótesis muy extremas, con pocos matices. Y así se ha equivocado muchas veces. En ese sentido, es complejo lidiar con él.

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