Política y Actualidad

‘Habría sido una cobarde al no aceptar el cargo’.

Ministra Magdalena Matte.

Por: Diana Massis

Fotos claudio Doenitz

Madre de familia numerosa, eficiente empresaria, heredera de una estirpe política tradicional. A la ministra de la Vivienda le costó aceptar el cargo, pero siente que el terremoto la hizo más fuerte y está contenta de trabajar duro para los que tanto necesitan.

ministra
Nació en 1950, diez años antes de que muriera el León de Tarapacá, su bisabuelo, el presidente Arturo Alessandri Palma. Pocos años después, cuando aún era una calcetinera, su tío abuelo Jorge Alessandri, también Primer Mandatario, le daba una mesada de 500 pesos que le alcanzaba para un helado en el portal Fernández Concha. Para ella los presidentes de Chile son algo familiar. Nació y pasó toda su infancia en la calle Phillips a pasos de la Plaza de Armas, su patio y el de sus primos que vivían en el sector. Era habitual ver a los suyos, la mayoría de derecha, pero liberales, discutiendo de política, en medio de campañas y batallas electorales. “Una niñez muy distinta a la del resto de mis amigas”.

Cada mañana, muy temprano, la pasaba a buscar la micro café de Las Ursulinas y a esa hora, a veces se encontraba con su papá, Arturo Matte Alessandri, y sus amigos, un grupo de barbones de curiosa ideología: Salvador Allende, José Tohá, Aníbal Pinto, Víctor Pey, Carlos Altamirano. Se habían juntado de noche y seguían en la charla, fumando. Su padre fue un auténtico socialista. Bicho raro en ese clan. “Un hombre extraordinariamente inteligente, muy entretenido”. Cuando Magdalena tenía 10 años, sus padres se separaron.

—¿Y él la intentó adoctrinar?
—No, además murió cuando yo tenía 14 años —en un accidente de auto— y no era edad para preguntarle mucho de política, pero me explicaba sus ideas.

—¿Cuándo tomó usted su propia opción política?
—Nunca dudé, siempre me sentí una persona más bien de derecha, igual que mi madre, que tuvo una influencia muy importante en mi vida. Y aún siento su enorme apoyo desde el cielo.

“ERA UN LÍDER, ATRACTIVO, ENTRETENIDO”, dice, y eso la enamoró de su marido, el senador UDI Hernán Larraín. “Había sido presidente de la FEUC, era muy amigo de Jaime Guzmán, nos gustaba mucho la política. También lo encontré un tipo serio, sólido, me producía tranquilidad, la sensacion de ser una persona para armar una vida a largo plazo”. Tenían 23 y 25 y después de un año de pololeo se casaron. Tuvieron seis hijos, que son “muy diversos, muy entretenidos, los dejamos ser libres. En la casa había cosas prohibidas: mentir, robar, engañar. Pero jamás les exigimos éxito —esa palabra está erradicada—, ni ser el mejor, me parecía horrible presionarlos, nunca los perseguí por las notas”, cuenta. Entre ellos están Hernán, abogado, que colabora en el segundo piso de La Moneda e hizo la franja televisiva de la campaña, y Pablo, cineasta —director de Fuga y Tony Manero—, que vota por la Concertación. “Una vez él me recriminó: ¡cómo me llevabas de chico a las marchas por el Sí!, pero en buena onda, porque él igual participó activamente en la campaña de su padre en Linares y fue a votar por él”.

Risueña y gozadora —le gustan los viajes y la buena comida—, adora la vida familiar rodeada de su clan. En los almuerzos dominicales se discute de todo: cine, política, actualidad. Le encanta conversar, pero a la hora de responder esta entrevista, no habla como política ni le sobran palabras. Dice lo justo. Va al grano. No esquiva nada. Interrumpen el diálogo muchas llamadas: el subsecretario, su hijo Juan de Dios, y unos cuantos más.

ministraIngeniera y empresaria, socia y ex directora ejecutiva de la papelera Dimar, cuenta que el terremoto también provocó derrumbes en la familia. El matrimonio de su hija María José, programado para marzo, se suspendió. La región de su marido quedó en el suelo. Y su proyecto de erradicar 20 mil campamentos se transformó en la urgente necesidad de reconstruir el país destrozado. “Imagínate el impacto. Me costó mucho aceptar el ministerio. Yo estaba pasando por el mejor momento de mi vida, le iba bien a la empresa, participaba en directorios, Hernán tenía la primera mayoría nacional y pensé qué bueno, un poquito de relajo me viene bien, porque no he parado nunca de trabajar. Así que cuando me ofrecieron el ministerio mi primera respuesta fue pedir tiempo para pensarlo.

—¿Qué la hizo cambiar de idea?

—Hernán me impulsó, me dijo, pero si tú siempre has dicho que quieres dedicarte al tema social, te ofrecen un ministerio tan relacionado con lo social, de comodidad no te vas a quedar donde estás. Tomé la decisión como un deber. Te dan la posibilidad de ayudar, sería egoísta no hacerlo si has sido privilegiado en este mundo, con todas las oportunidades. Así que lo asumí y en esto viene el terremoto, se cae la zona de Hernán, él se instala a vivir allá y yo salgo muy temprano y llego muy tarde… recién este fin de semana pude hacer un poco de vida familiar.

Atrás quedaron los almuerzos con hijos y nietas o las salidas a comer con sus amigas, y un buen vinito blanco con hielo que le gusta tanto. Ni hablar de viajes o sus clases de Pilates. Todo suspendido. Ha bajado varios kilos desde que es ministra.

—¿Puede dormir en la noche?
—Al principio no, sentía angustia porque tienes un problema y no sabes cómo resolverlo, pero ya aprobamos un plan de reconstrucción con objetivo claro. Me siento más tranquila. He llegado a creer en algo que encontraba medio inexistente que se llama la gracia de Estado, que les ocurre a los presidentes y personas que tienen responsabilidad y poder: la fuerza para asumir el tremendo desafío que viene.

—¿Ha querido tirar la esponja?
—He pensado ¿cómo me metí en esto?, pero nunca en tirar la esponja, al contrario. Ahora con más calma siento que si hubiera rechazado el ministerio, después del terremoto me habría sentido toda mi vida una cobarde. Dios me puso una opción y si yo por comodidad, en vez de estar ahí, hubiera decidido quedarme en la empresa, dedicada al agrado, al relajo y al Pilates, me habría sentido muy mal. Tengo claro que cuando uno llega al otro mundo le van a preguntar qué hiciste por los demás y yo espero tener respuesta.

“NO LE TEMO AL PRESIDENTE, pero sí lo respeto. Es muy inteligente. De cada tema sabe más que el propio ministro y nos pregunta mucho y tenemos que estar alerta para dar buenas respuestas. Nos conocíamos porque fue senador. Le tengo un cariño especial a la Cecilia, la encuentro sensible, una mujer maravillosa. Con él había una relación normal, pero ahora he visto su lado humano, tiene sentido del humor, es muy sencillo, un hombre que, además, no guarda rencor. Y eso lo destaco como una de sus grandes cualidades”.

—¿Qué le parece la frase Chile atendido por sus propios dueños para referirse al gobierno?
—Me molesta, pero mucho. Quien se ha creído dueña ha sido la Concertación, esos señores que pensaron que eran eternos y que hicieron muy malos gobiernos. Yo estoy decepcionada de lo que he visto. Te lo digo con todas sus letras: Si la Concertación gana, este país no se levanta más.

ministra300—¿Se comentó la frase entre los ministros?
—No. El Presidente fue criticado por poner puros técnicos y yo te digo que gracias a eso, es posible encaminarnos hacia la reconstrucción, que es tremendamente difícil.

—Pero igual en su partido, la UDI, algunos quedaron picados, querían presencia en el gobierno…
—De las picas de los políticos no me preocupo.

—¿Le falta experiencia al gabinete?
—¡Si no hemos gobernado nunca! En eso, evidentemente la Concertación sabría más, pero los resultados no lo demuestran. La partida fue muy dura, pero ya pasó la dificultad de asumir el poder, estamos afiatados.

—El economista Sebastián Edwards les puso un 4,5 argumentando conflicto de intereses, falta de imaginación del equipo económico…
—Es muy distinto mirar el tema desde afuera, que estando arriba. Yo te digo que en la Concertación desde el terremoto, aparte de estar impactados y muy conmovidos, no hicieron nada.

—El ministro Larraín dijo que merecían un 6 o 6.5, ¿qué nota pondría usted?
—Yo no le voy a poner nota al gobierno, porque me cuesta ponerme nota a mí misma.

Después del terremoto, 200 mil casas quedaron en el suelo, en total 375 mil afectadas. En dos años entregarán 195 mil subsidios con un valor de 2.500 millones de pesos. “La gente de menos recursos tendrá una casa nueva, la clase media, un subsidio para pedir un crédito”.

—¿Cómo es según usted una vivienda digna?
—Estamos innovando y vamos a dar a elegir una casa entre 17 opciones, al menos. Nos llegaron miles de ofertas y éstas han sido aprobadas por los técnicos, tienen entre 45 y 55 m2, buena calidad y aislamiento, antisísmicas, de rápida construcción y estéticamente bonitas.

—¿Va a endurecer la norma de construcción?
—Estamos presentando un proyecto al Parlamento. Los problemas estaban en la fiscalización y no existían sanciones. Eso va a cambiar.

—¿Qué opina del alza de impuestos que ha provocado críticas en su partido?
—Estoy absolutamente de acuerdo con la medida, era indispensable para enfrentar el terremoto.

—¿Y ahora hay orgullo en este gabinete de profesionales de tomar la medida?
—Apoyo lo que hace el Presidente y el ministro Larraín. Aquí la diferencia entre ricos y pobres es inaceptable y se ha profundizado en los últimos años. Soy militante de la UDI, pero tengo muy clara mi opinión en el tema de los impuestos. Creo que cuando Büchi dice que no al alza, no es que no piense en los pobres, él siente que afecta al crecimiento y es una postura respetable de un economista que sabe mucho. Pero igual creo que las empresas pueden pagar más impuestos y el royalty minero es absolutamente necesario, porque es tierra de todos los chilenos y como tal, les corresponde un porcentaje de las utilidades. Yo soy empresaria y me parece bien que las compañías sean rentables, pero creo que los que ganan mucho tienen que pagar.

—Se le vio indignada hace poco, cuando se detectó que inescrupulosos estaban cobrando ‘comisión’ por inscribir a gente que perdió su casa. ¿Qué otras cosas le indignan?
—El abuso hacia los más pobres, que se endeudan con tasas usureras, no les informan y terminan pagando cuatro veces por una tele. Me molesta mucho y nadie ha puesto atajo.

—¿Echa de menos a su marido?
—Por supuesto, echo de menos mi vida normal.

—¿Tiene conciencia de que igual no la recuperará en cuatro años?
—No, no, la verdad es que no pienso en eso, no sé si será por sanidad mental. Creo que hay que vivir el día, gozar el día, trabajar el día.

Envíe su opinión a actualidadcaras@televisa.cl

Comparte esta noticia