‘En la derecha muchos comieron fecas por un objetivo común… nosotros todavía no lo tenemos’
Lagos Weber
Fotos Diego Bernales.
Difícil encontrarse con Lagos Weber. Al menos con grabadora en mano. Después de muchos intentos, la espera valió la pena: aseguró que su papá pidió perdón por sus errores (?!?!) y aceptó que le cuesta ponerse el traje de la oposición…

Aunque te lo encuentres de flamante senador elegido con primera mayoría, Ricardo Lagos Weber sigue pareciendo un tipo ladino, bueno para la chorrillana y malazo para el baile, desgarbado al vestir y con su mochila al hombro, como si fuese un eterno estudiante del Pedagógico. No escabulle preguntas, pero mide sus respuestas. Y todo fluye amistoso, mientras no le cuestiones sus dos mayores cruzadas, la obra de su padre y la de su “jefa”: Michelle Bachelet. ¡Ya me quisiera yo tamaño guardaespaldas!
—¿Cómo te va en tu nueva vida de porteño?
—Bien. Yo venía hace tiempo porque tengo familia y amigos, pero dos años atrás me instalé.
—¿Y la gente cómo te trata?
—Bien, ando harto en la calle, en micro o en colectivo, subiendo cerros.
—¿Con tu mochila y tu chaleco chilote?
—La mochila sí, pero perdóname, nunca fui de chaleco chilote, fui más cuiquín, de bufanda como la del periodista que tengo al frente.
—Ubícate, no soy periodista, y no es una bufanda, es un foulard de seda que me compré de segunda mano en NY… ¡Qué edificio más feo este Congreso! ¿Cómo resistes?
—La verdad es que desde que asumí no debo haber estado más de una hora y media en mi oficina.
—Me imagino que todo lo que especulaste de cómo iba a ser tu pega de senador y de oposición se te fue por la borda post-terremoto…
—Mira, una vez que perdimos las elecciones el 17 de enero, después de haber estado veinte años gobernando Chile, la pregunta era cómo nos íbamos a ordenar. Pero todo se desplomó el 27 de febrero junto con las casas en el sur. La verdad es que tu rol de opositor tenía que estar muy en sintonía con la ciudadanía, no parecer ser un tipo mezquino, que estás en la política menor, sino apoyando al gobierno con cosas que sí son importantes para los chilenos que lo están pasando mal. Y creo que hasta ahora como Concertación, si bien no tenemos una voz única y un registro definitivo, lo que hay que hacer en Chile lo hemos hecho. El drama es que tenemos que reordenarnos y no hemos tenido el tiempo ni el espacio para la catarsis.
—¿Pero tú crees que tienen alguna posibilidad de lograrlo?
—Si esperas que nos juntemos en el Movistar Arena, de viernes a domingo durante 72 horas para que nos matemos, y que la gente suba con katanas o cuchillos para cocinarnos… eso no va a ocurrir. Se harán seminarios, se reunirán grupos, se darán opiniones sobre el tipo de política que tenemos que hacer, sobre cómo nos ordenamos internamente ante los proyectos de ley que vienen, y sobre todo cómo ordenamos a los partidos de la Concertación. Este año tenemos que enfrentar la renovación de nuestras estructuras partidarias, y yo creo que parte de la discusión se va a llevar a cabo al interior de los partidos.
—Pero a estas alturas, ¿existe la Concertación? Parece que lo más importante que le hubiese pasado el último tiempo es el lío de sábanas políticas entre Rossi y Tohá…
—Existimos como oposición, de hecho, mientras hacemos esta entrevista está ingresando el proyecto de ley del gobierno sobre financiamiento y reforma tributaria, que no incluye la propuesta sobre la depreciación acelerada, en parte porque en la Concertación dijimos que no se la íbamos a aprobar y en parte porque Piñera atinó bien, no comprándose un problema. La Concertación funcionó. Y sigue teniendo mayoría en el Senado.
—Tú realmente creías que ganaban las elecciones. Dos días antes diste incluso números, que sería por 3 puntos…
—Tenía la esperanza más que la creencia. Era muy difícil, yo lo sabía, ¡todos lo sabíamos!, y nadie se agarró los pelos gritando de la impresión. Así y todo pienso que todavía no se termina de asimilar el pencazo del 17 de enero.
—Tienen que haber quedado muchos amigos tuyos sin pega…
—Es verdad, y a otros les cuesta llenar los cargos que dejamos vacantes. Para la derecha al parecer las pegas no son tan buenas…
—¿Mal pagadas?
—Yo fui ministro de Estado y ganaba 4 millones 200 mil líquido. Un gerente de sucursal gana más, pero dadas las remuneraciones en Chile, es razonable. Aunque no son solamente las lucas, el tema público tiene una exposición y un costo que muchos no están dispuestos a correr.
“Yo creo que el gobierno (de Piñera) sí tiene un plus. Le han puesto harto color y voluntad. No ha sido un gobierno indolente, han cometido errores y han tratado de repararlos. Sí me gustaría que hubiesen sido más consensuales con la oposición, que hubieran compartido más las opiniones”.
—¿Sientes que se han aprovechado de ustedes dadas las circunstancias?
—Yo diría que han perdido la oportunidad de socializar más algunos temas y las cosas habrían salido mejor. Hinzpeter decía el otro día: no critiquen tanto ahora, que se vienen tiempos difíciles, van a tener mucho para criticar cuando llegue el invierno… y yo le creo. Ya lo habíamos hablado en privado. Cuando la gente lo está pasando mal se genera mucha tensión, desafíos y demandas de cosas que hay que resolver, y un gobierno que se pone mezquino a ratos o soberbio diciendo que en veinte días ha hecho más que otro en veinte años, no ayuda a generar un clima de unión para las cosas que tienen urgencia.
—Pero tú declaraste que las medidas del terremoto apuntaban en la dirección correcta.
—Pero hay cosas que mejorar. El sistema de impuestos no es el más adecuado.
—Y en seguridad, ¿cómo lo han hecho?
—Es muy raro. La delincuencia no cambia en dos meses y es impresionante como han disminuido en los noticiarios los asaltos no resueltos, y cómo han aumentado los frustrados, y sobre todo los decomisos…
—Tienes razón. Hinzpeter se saca una foto más en un decomiso de cocaína y se vela. Va a quedar entero blanco.
—Las cosas no han cambiado. Siguen habiendo actos violentos y delincuencia… incluso en la casa del director de El Mercurio (Cristián Zegers).
—A propósito de violencia. ¿Qué pasó con la Tohá y los trabajadores para la marcha de la CUT?
—¿Y quién te dijo que fueron los trabajadores los que la increparon?
—¿Es que los trabajadores nunca van a estar en contra de alguien de la Concertación?
—No, no digo eso. Puede haber gente que está molesta porque siente que la Concertación se farreó las elecciones y con ello la posibilidad de seguir con la agenda progresista… ¿O tú crees que ahora van a tener una AFP estatal? El tema es que todo el mundo se fijó en lo de Carolina.
—¿Crees tú que era compatible que, estando casados (Tohá y Rossi), llegaran ambos a presidir partidos de la Concertación?
—Carolina tomó una decisión que yo respeté, entendiendo sus razones. Me parece, sí, que eso habría sido algo inédito en la política chilena.
—¿Y tú realmente crees que Carolina Tohá es la gran candidata para presidir el PPD?
—Aunque me siento cercano a Pepe Auth y coincidimos en muchas cosas, creo que ella está mejor preparada para liderar los cambios necesarios.
—No es la primera vez que se cruzan afectos y política. Para ti no puede haber sido fácil ser vocero de Bachelet, cuando se culpaba de muchos asuntos al gobierno de tu padre.
—¡Para nada!
—¿Pero cómo no va a ser incómodo? ¡Ahora eres maestro zen!
—Porque era una cosa ciento por ciento política que a mí no me llegaba en lo personal. Cero. Yo fui vocero de la presidenta y no me compliqué nunca, porque las críticas a Lagos Escobar tenían un claro sentido de demoler la imagen de un gran presidente para que no se presentara a la reelección. Eso al margen de que haya habido errores, que los hubo, y que mi padre reconoció y aceptó.
—¿Cuándo? ¡En tu casa habrá hecho autocrítica! ¿No lo encuentras ni siquiera soberbio?
—En absoluto, lo hallo incluso tímido.
“Es raro ser oposición, estoy tratando de cachar. Cuando estás en este rol, como la idea es llegar al gobierno, tienes que tener una suerte de coordinación, porque nadie es presidente de la oposición, hay que aunar voluntades para tener una voz clara. Y eso, nos guste o no, lo hizo la derecha las elecciones pasadas. Muchos tuvieron que comer fecas, pero lograron someterse a un objetivo común, y eso pesó más que las individualidades y las distintas visiones. Nosotros todavía no logramos eso”.
—¿Cómo está la salud del PPD?
—Yo creo que todos los partidos están mal, pero el PPD tiene la oportunidad histórica en estas elecciones de ser el primer partido que muestre la renovación y el cambio del que se ha hablado tanto.
—¿Cuando ves hoy a la derecha económica, no sientes que ha tenido cierta altura moral en asumir la responsabilidad de las urnas, sacrificando sus propios intereses, ahora que es gobierno?
—Yo no voy a juzgar sus motivos de bondad o de generosidad. Lo que yo veo es una acción política inteligente: decir que subo los impuestos porque es necesario, los empresarios hacen como que se enojan, pero se los subo sólo por dos años y menos de 3 puntos. Todos felices…
—¿Pero tú crees que habrían aceptado el alza de impuestos siendo oposición?
—Habiendo terremoto, yo creo que sí. Pero nuestra propuesta habría sido más ambiciosa. Ahora los empresarios están haciendo buena letra, porque este es su gobierno y lo dicen muy claro: nosotros no subiríamos los impuestos, pero si el gobierno lo pide, los vamos a apoyar. ¡No se puede ser más partidario y militante!
—Siendo ex vocero, ¿cómo encuentras que lo ha hecho Ena von Baer?
—Yo creo que ella hace un esfuerzo inconmensurable en explicar cosas que son inexplicables. Todos los temas de fortuna de Piñera: Chilevisión, su casa que nadie sabe de quién es. Por otro lado, el exceso de protagonismo del presidente, que le gusta estar en todas, no la ayuda. Porque cuando estás en todas, te llega por todos lados.
—¿Ves a tu padre como candidato presidencial?
—No, pero lo veo activo en política.
—Y a Bachelet, ¿dónde la ves en el futuro?
—Quiero que descanse y yo estaré esperando para cuidarla y defenderla cuando la intenten faenar. Porque lo van a hacer.
—¿Te crees su escudero, su samurai? Tienes vocación de defensor de ex presidentes…
—De samurai lo único que tengo es la guata, pero la van a buscar porque le temen a su liderazgo. Voy a defenderla con fuerza. Yo a mi jefa la quiero y la voy a cuidar para que, si ella está dispuesta y los chilenos quieren que continúe, no esté mellada su imagen pública. ¿Cuántos más tenemos como ella, para dejar que la faenen gratis?
—Ya que estás tan preparado para la defensa, entremos a picar. Se habla de una deuda heredada en el Ministerio de Cultura de 1.400 millones. ¿Qué te parece?
—No tengo los antecedentes. ¿Qué es una deuda heredada? Hay deudas buenas y malas dependiendo de cómo se generaron y qué se hizo con eso. Si el próximo gobierno hereda una deuda de la reconstrucción, lo que hay que ver es si fueron bien destinados o no los recursos… ¿o no?
—Se habla de mil proyectos de ley del gobierno anterior, que se quedaron entrampados en La Moneda, de los que no hay ni registro, ni minutas, computadores en blanco, y que le han puesto una piedra de tope a los nuevos proyectos legislativos.
—¡Que el gobierno se concentre en hacer proyectos de ley, no hay excusa! Yo llevo dos meses de senador y por acá han llegado sólo dos. No tengo idea de qué mil proyectos hablan. Este gobierno dice muchas cosas y hace otras. Piñera prometió, con una carta formal, que no iba a expulsar funcionarios públicos y está echando gente a contrata, a honorarios, elegida por la alta dirección pública.
—Pero también se encontraron con personas que durante años de la Concertación funcionaron sin contrato, y que en el último mes fueron contratadas, amarradas y apernadas.
—Parece que no sirvió de nada, porque están echando gente a manos llenas.
—Con ese argumento estás empatando para abajo.
—Todas tus preguntas están apuntando a que el gobierno escondió papeles, que hizo cosas turbias y yo no te voy a contestar. Habrá 5 ó 20 personas a las que se les regularizaron sus trabajos y en la práctica los están echando igual.
—Mejor cambiemos el tono. Una última para la risa: tengo fuentes que aseguran que se hizo una auditoría en el zoológico y falta una jirafa…
—O sea, huevón, no se qué decirte. Lo único que me queda claro es que ahora entiendo por qué no envían proyectos de ley: estaban buscando la jirafa… ¡jajajajajajajaja!
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