Telaraña de falsedades, quisieron desprestigiarme y causarme daño
EXCLUSIVO Verónica Espinoza, tras su detención
Dos años del Caso Rocha, la viuda del empresario cuenta a CARAS toda su verdad, luego de haber sido detenida el 16 de febrero en el Paso Los Libertadores por giro doloso de cheques. Dice que fue vilmente estafada por dos supuestos escritores. Tiene sospechas de un plan mayor y afirma que llegará hasta las últimas consecuencias.

Verónica Espinoza (36) saluda tensa y deja sobre el escritorio una serie de papeles; es su defensa para una situación que ella califica de “ilógica e injusta”. Intenta disimular los nervios y una evidente timidez. Su débil voz se vuelve casi inaudible al relatar los hechos que la llevaron a ser detenida la madrugada del 16 de febrero en el Paso Los Libertadores, tras una orden de arraigo por giro doloso de cheques y estafa.
Su nombre fue parte de una de las historias policiales más impactantes del último tiempo. El 21 de febrero de 2008, su pareja por diez años y padre de sus tres hijos (10, 8 y 4 años), el empresario Gerardo Rocha, terminó con la vida del martillero Jorge Oliva tras prenderle fuego. Las llamas también alcanzaron al fundador de la Corporación Santo Tomás —quien sufría de una incontrolable celopatía— y murió a los tres meses, después de una horrible agonía. Así comenzó para esta sicóloga un largo calvario.
En junio de 2008 se inició una feroz disputa legal con los Rocha Haardt, un clan tradicional con raíces en el Opus Dei. Verónica cuenta que él estaba casado cuando se enamoraron y que debieron mantener la relación oculta por un tiempo. Carla Haardt jamás aceptó el divorcio.
Se impuso para Espinoza un duro escenario económico que se prolongó por 15 meses. “De un día para otro me vi sin el soporte monetario de mi marido. Los Rocha Haardt me dieron una suerte de mensualidad entre junio y diciembre del 2008. Pero a partir de enero del 2009 se suspendió”. Según Espinoza, reaccionaron así porque no aceptó el acuerdo que ellos le proponían.
Se dedicó a crear la Fundación Jorge Millas, en honor a su abuelo, “destacado abogado, sicólogo, filósofo. La idea es difundir su pensamiento, llevarlo a una obra social. Tras el terremoto, por ejemplo, colaboramos con la Organización de Protección de los Derechos de la Infancia para niños damnificados de Paine, sector rural donde crecí”. Entre tanto, ejercía como sicóloga infantil, tarea que aún mantiene.
Con cheques protestados, sin poder pagar el colegio de sus hijos y con las cuentas corrientes congeladas, su nueva oficina de abogados (Muñoz Ríos) la presionaba para que vendiera sus acciones en Angelicum, “una de las sociedades de Gerardo, con el 70 por ciento de la universidad, de la cual a mis hijos les correspondían tres séptimos”.
Finalmente la venta se realizó en agosto de 2009 por un total de ocho mil millones de pesos, “pero quiero precisar que el patrimonio de mis hijos se vio reducido en dos mil 500 millones por el pago del impuesto a la herencia”, agrega. Esto, sumado a lo que Verónica Espinoza cataloga como un cobro de honorarios excesivo, hizo que en octubre pasado se cambiara al estudio de Puga Ortiz. Hoy esta firma se hace cargo de todos sus asuntos, entre ellos los pendientes de la herencia; una querella liderada por Espinoza para esclarecer el destino de los fondos de las cuentas personales de Rocha, hoy misteriosamente en cero. Y también en lo que se ha convertido su más reciente y atroz pesadilla: la acusación por giro doloso de cheques y estafa interpuesta por Esteban Tomasevich y Diane Khavessian, que terminó con ella detenida en el Paso Los Libertadores.
Fue la madre de Tomasevich quien la contactó. Corría diciembre de 2008 y la mujer le habló de la desesperada situación de su hijo en Francia. “Me contó que era un hombre culto, de gran talento, pero que estaba pasando por un momento muy precario. Me entregó un currículum y una carta que él le había escrito para Navidad”.
La sicóloga aún conserva los papeles. Esteban Tomasevich Lois, nacido en 1972 en Santiago, se describía como un hombre de formación científica, que trabajó en el Instituto Pasteur de París. Llevaba cuatro años enfrascado en su primera novela. La obra estaba inconclusa, a la espera de un mecenas que la financiara. Verónica Espinoza nunca lo llamó. Entre tanto, tomaba clases de Antroposofía y educación Waldorf con la madre de Tomasevich. “En enero de 2009 me preguntó por qué no lo había llamado. Tomó el teléfono de su casa y me comunicó ahí mismo. El me preguntó por mi fundación y me habló de su libro. Me mandó un capítulo. No sé si lo escribió, pero me pareció muy profundo y empezamos una comunicación por mail”.
A los pocos días Tomasevich le pidió 1.500 euros (un millón de pesos) para seguir con su trabajo. “Y luego me pidió otra transferencia por igual monto, para pagar al corrector de pruebas”.
En febrero de 2009, Espinoza ya mantenía un coqueteo virtual. “Yo estaba en un período muy vulnerable y que te envíen palabras cariñosas, comprensivas, cuando estás pasando por un duelo, te llena ciertos vacíos. Me llamaba todos los días, escribía poemas, me decía que le enviara fotos. Aunque nunca le mandé nada sugerente, como él dice. La gente que me conoce se ríe y dice: ¿una foto sexy de la Vero? Por favor, ¡muéstrenmela!”.
—Habían pasado 8 meses de la muerte de Rocha, ¿no había intentado rearmar su vida amorosa?
—No, me resultaba muy complicado volver a confiar en un hombre. Amaba a Gerardo. Pero él siempre dudaba de mis sentimientos. Ahora lo entiendo… cuando estás en una situación así (con una importante fortuna), se te acercan muchos y cuesta convencerse de que ese amor es genuino.
Desde la muerte de Rocha, a Verónica le habían propuesto infinitas veces escribir un libro. “Sentía que no se había hablado la verdad, la idea me rondaba, y muchos periodistas me proponían hacer algo. Pero no era el momento… duele rebobinar”.
Sin embargo, en marzo de 2009, Esteban Tomasevich logró convencerla: “Vero, se me ocurrió algo brillante, tenemos que hacer el libro y contar tu historia de amor con Gerardo. Así, cuando tus hijos sean grandes, sabrán la verdad. Y me pareció bueno. Mis niños podrían acceder a la visión humana y con las justificaciones sicológicas de lo que pasó. No con el morbo que se le dio en la prensa”. Finalmente aceptó, sin imaginar que se involucraba en una macabra pesadilla.
En un mail fechado la segunda semana de abril, Tomasevich indicaba que para este trabajo era necesario venir a Chile y que debería contar con la periodista Diane Khavessian, a quien presentó como una persona brillante, que había escrito sobre las guerras en Sarajevo y Afganistán. El 13 de abril de 2009, él escribe: “Su trabajo en fotoperiodismo la llevó a desempeñarse en revistas como Elle, Paris-Match y George, con John John Kennedy como editor jefe”. “¿No será demasiado currículum para entrevistarme?”, le contestó ella.
En mayo de 2009 ambos llegaron a Chile. El objetivo: instalarse dos semanas, tiempo en el que iban a realizar entrevistas, investigar, transcribir y hacer informes. Luego volverían a París por 30 días y regresarían para radicarse por todo un semestre a terminar el proyecto. El acuerdo también contemplaba el pago de dos mil euros mensuales (un millón 432 mil pesos) para cada uno, desde mayo a diciembre. Es decir, 15 millones de pesos en total. Eso, más el arriendo de un departamento y todo lo que hiciera falta para trabajar. “Esteban pidió acompañarme a todas partes, incluidas las reuniones con los abogados, según dijo, para ‘empaparse’ de mí… Empezó a conquistarme, a fortalecerme en muchos sentidos, a decirme que yo era la magia de Gerardo, su espíritu, su chispa de vivir… Una seducción muy especial, no directa. Y de a poco fui cayendo en esas redes”.
Verónica aún seguía con graves problemas económicos. “El banco continuaba presionándome para que vendiera mis acciones, debía el colegio de los niños, tenía las cuentas corrientes congeladas… Aún no tomaba la posesión efectiva”.
El 23 de mayo Diane y Esteban debían regresar a Francia. “Les hicimos una comida de despedida. Esa vez Diane se me acercó angustiadísima: Vero, Esteban no te quiere comentar pero tiene un problema muy grande en París. Me contó llorando que lo iban a desalojar y que era necesario acreditar renta. Debía 40 millones y necesitaba un cheque por ese valor”.
Verónica les entregó dos cheques. “Diane me dijo que era aval de Esteban y que también debía acreditar renta. Hice el cheque de diez millones para ella, y otro de 30 millones a nombre de él. La idea era que regresando a Chile me devolvieran los documentos, firmaran el contrato y les pagábamos mensualmente la cifra acordada”. Con Tomasevich y Khavessian ya en París, Verónica supo algo que la dejó helada: en una comida conoció por casualidad a una prima de él. “Me contó que Esteban era casado, que su mujer se llamaba Agnes y que ella era la escritora, no él. Quedé impactada”.
—¿Lo encaró?
—Sí, claro, le mandé un mail y lo negó. Aquí está su respuesta (y lee): “Mujer, yo no estoy casado con ninguna persona ni menos que se llame Agnes. No pude controlar la risa cuando leí tu mail, porque hace tanto tiempo que no he visto a mi prima; es divertido lo que cuentas”. En esos días yo iba a París, pero me arrepentí. Esteban se alarmó y llamó a mi abogado para que le pagara unos tickets urgente de regreso a Chile. Accedí porque había que terminar el libro. Llegaron los dos y pidieron un departamento. Les escogimos uno muy lindo, chiquito, pero a ella no le gustó porque necesitaba altura y espacio… Escogieron uno que costaba 800 mil pesos mensuales, totalmente fuera de nuestro presupuesto. Les buscamos otro.
—¿Usted trataba directamente estos temas?
—No, Guillermo, el abogado de Muñoz Ríos. Esteban nunca me decía nada. El y Diane tuvieron miles de reuniones, porque estaban muy elevados en sus expectativas. Se redactaron como cinco contratos distintos; siempre había alguna objeción…, o se rehusaban a firmar, apelando a la confianza que se debía tener en ellos.
—¿Qué pasó entre tanto con los cheques?
—Se excusaron con miles de razones. Como yo tenía todo protestado, no los podían cobrar. Y cuando el 11 de agosto vendí las acciones, al día siguiente apareció Diane. Me contó que su mamá estaba muy enferma y necesitaba cobrar los 10 millones. Le dije que lo tomaríamos como adelanto de sus honorarios. Al otro día ya habían pasado por caja.
—¿Pero no estaban congeladas sus cuentas?
—Se activaron luego de la venta de las acciones y la millonaria transferencia. Y como Esteban iba a cada reunión conmigo, estaba al tanto de todo… Le conté al abogado para que quedara consignado en el contrato como adelanto. El intuyó algo raro y me pidió que le pusiera orden urgente al otro cheque de no pago por extravío.
El 7 de septiembre de 2009 Verónica Espinoza envió un mail a Tomasevich y Khavessian informando de la situación. “A la mañana siguiente, tomaba desayuno en mi pieza cuando irrumpen los dos. Me preguntaron qué pasaba, si desconfiaba, que los estaba tratando como ladrones. Ya más calmados hablamos en la sala. Javiera, mi asistente, les explicó que ésta es una estructura societaria, que por el patrimonio de los niños no estoy autorizada a gastar sin justificación, que el libro es un ítem dentro de la auditoría y, aunque ya habían pasado seis meses, no habíamos visto ni un solo capítulo, ni siquiera el índice. Esteban dijo que necesitaba los 30 millones. Me negué. Se fueron furiosos. El agarró las llaves de mi camioneta (recién comprada y avaluada en 17 millones de pesos), que yo le prestaba para que se movilizaran. Nunca más los vimos…
—¿Qué ocurrió entre tanto con la relación?
—Ahí terminamos, porque no le pagué el cheque… (ríe irónica). Como él dice, se mezclaron las cosas…
El 23 de septiembre todo se salió de su curso. Ella necesitaba el código de acceso del computador de uno de sus hijos, devuelto hacía pocos días por Tomasevich. “Le envié a Esteban un mensaje de texto pidiéndole la clave. Me dijo que no la tenía, que me la daría en cuanto llegara a su casa. Eso no sucedió. Le envié otro mensaje pidiéndole que por favor dejara de mentir, que se pusiera de acuerdo con Javiera para que le comprara los pasajes y se fuera, cuanto antes mejor… Esto fue lo que me respondió (y muestra una copia fechada el 23 de septiembre a las 01:31 am): Pobre loca, por favor déjame dormir. Y otro, esta vez a las 08:26 horas: Loca mentirosa, tus pensamientos son sucios, no te permitas nunca más contactarme. Y a las 08:33: Ahora entiendo lo que le pasó a Gerardo. Y a las 08:47: El hospital siquiátrico te espera.
Esa misma tarde, a las 19:55 horas, Verónica Espinoza dejó una constancia en la Cuarta Comisaría de Los Dominicos por maltrato sicológico. “Acto seguido, él envió otro mail señalando que recuperaría la camioneta llamando a un celular, que el tema estaba en manos de sus abogados. Tratamos de contactarnos, pero nadie contestó”.
Días después se reunieron con Catherine Lathrop, la abogada de Tomasevich. “El exigía cobrar los 30 millones o escribiría un libro en el que ‘daría vuelta’ la historia. Un chantaje. Aún no me devolvían la camioneta, mis fotos y videos con Gerardo; tampoco las grabaciones de las decenas de entrevistas que me hicieron a mí, a mi hermana, mi mamá, varios de mis amigos y a los abogados. Y con cámaras, porque querían registrar hasta la más mínima emoción… Yo también exigía la devolución del departamento en el que aún viven, tres grabadoras de voz digitales, dos cámaras de video, entre otras… Accedí a pagarles el cheque y los tickets a París, con tal de que me entregaran mis cosas. Y en eso estábamos cuando me enteré de que me habían puesto una querella por giro doloso. En enero de este año el fiscal pidió audiencia conmigo para formalizar, lo que se mezcló con la otra querella en San Antonio, “por llevarle las cuentas a mi marido y dejarlas en cero”, según me dijo. Le aclaré que estaba equivocado, que yo era parte querellante contra Miriam Pérez, la ex secretaria de Gerardo que le hacía la firma y cuya actuación se investiga”.
Tomasevich y Khavessian estaban casados. No era escritor ni ella una reconocida periodista. Y él tenía un juicio por no pago de arriendo desde el 2008. Así lo consignó un informe de los detectives privados Groupe AS, encargado por los abogados de Verónica Espinoza y que ella mostró a CARAS. Con fecha 7 de enero de 2010, éste adjuntaba dos documentos: una copia de la partida de matrimonio del 14 de octubre de 1997 en el Registro Civil de París. Y la orden de desalojo emitida por el Tribunal de Gran Instancia de París, del 12 de junio de 2009, donde además se consignaba una multa de 27 mil euros (19 millones de pesos).
“NUNCA IMAGINÉ QUE ME ENGAÑABAN BAJO MIS NARICES… De hecho, siguen juntos, según me dijo el conserje del edificio en el que viven y que yo aún pago… Pienso muchas cosas, pero mis abogados tienen mayor claridad. El ser yo alguien que se dio a la luz pública con un caso tan mediático, te expone a ciertas personas y situaciones que no son muy afortunadas. De todo se aprende en la vida, y creo que cuando se está en un período de vulnerabilidad no se toman buenas decisiones”.
Luego de entregar los documentos al fiscal y recuperadas algunas de sus pertenencias (la camioneta, la totalidad de las fotos y una parte de las grabaciones), Verónica Espinoza decidió tomar vacaciones desde el 15 de febrero. “Evalué varias posibilidades y decidí Mendoza. Pero seguía preocupada y llamé al abogado. Me dijo que todo estaba bien, que ese mismo lunes 15 se reuniría con Lathrop; aún faltaba que nos devolvieran el departamento más otras grabaciones y el supuesto borrador, pero no había recibido ninguna notificación. Y el fiscal estaba al tanto de las conversaciones”.
Pero fue detenida esa misma madrugada. “Mis niños estaban ahí (se le quiebra la voz). Y mi abogado nunca respondió el teléfono, sólo Cristián Muga (de Puga y Ortiz), que se encargaba hasta ese momento de ver la herencia. El me dijo que era necesaria una orden de detención. La pedí, pero el oficial reconoció que no existía porque fue una instrucción verbal del fiscal Herrera, algo completamente ilegal. Y en la audiencia éste me trató como a una verdadera delincuente, como un peligro para la sociedad, que me estaba fugando… En la ficha que le entregó a la jueza no se habían adjuntado muchos documentos clave, entre ellos los informes que llegaron de Francia. Todo es tan evidente que la jueza dio cien días más para investigar”.
—¿Cuál es su conclusión?
—Que trataron de aprovecharse de mí. Estas personas vivieron dos años gratis en París y ahora querían hacer lo mismo en Chile. Tuve la intención de llegar a acuerdo, solucionar el tema. Pero mientras estábamos en ‘amigables conversaciones’ (ironiza), por otro lado ponían querellas y luego me detienen con una orden de arraigo.
Toma un poco de agua y agrega: “Puede que a cualquier persona esta acusación no la afecte, pero para mí, que estoy manejando el patrimonio de mis hijos, es algo muy delicado. Esto fue hecho con la intención de desprestigiarme y causarme daño”.
—¿Sostiene que ese fue el objetivo final: desprestigiarla?
—Como ya dije, en un principio aprovecharse y, ahora, desprestigiarme y dañarme. Mis abogados están estudiando si eso se enmarca dentro de algún ilícito penal y, si así fuera, llegaremos hasta las últimas consecuencias.
—¿Teme que la puedan cuestionar como administradora del millonario patrimonio?
—No.
—¿Cuál es su autocrítica?
—Confié. Contraté a un abogado y le hice caso. Estuve mal asesorada desde el inicio… Pero se han dicho muchas cosas, ahora poco menos que soy mafiosa. Todos los que me conocen saben que pequé de ingenua y cómo soy de corazón. De verdad preferiría donar esos 30 millones del cheque, antes que esa gente los tenga, lo único que hicieron fue aprovecharse de una situación vulnerable y traumática.
—Después de todo, ¿reevaluó su círculo íntimo?
—Con este hecho y otros que han ocurrido, se reevaluó el equipo de asesores. Y cerré mi círculo de amistades. Este año termino un diplomado en Finanzas en la Universidad Adolfo Ibáñez y voy a entrar a Ingeniería Comercial. Hay un vocabulario que no manejo y lo tengo que aprender; detalles aparentemente chicos por los que te puedes meter en tremendos líos. Tengo que estudiar. Es mi responsabilidad. Y voy a seguir luchando. A mis hijos los estoy educando con la verdad acorde a su edad… Lo más impactante para ellos fue lo que nos ocurrió en Mendoza. Lo único que quieren es estar conmigo. Saben que entre Gerardo y yo siempre hubo un gran amor, independiente de su enfermedad. El fantasma de Gerardo nos protege y acompaña.






