‘Insistir en la paridad es poner la carreta delante de los bueyes’
Ministra Carolina Schmidt, taconeando en el gabinete
Fotos Claudio Doenitz
Impecable, carismática, hiperactiva. Obstinada. Así es la ministra de las mujeres que cree en las diferencias de género y en la igualdad de derechos. Aquí cuenta que el post natal no será de seis meses y que estaría bueno que ellas también se jubilaran a los 65.

Su despacho en el Sernam, un pequeño edificio patrimonial del barrio cívico, está decorado a su gusto: luminoso y en tonos claros. Igual que su vestido. Pelo largo perfectamente liso, aros de perlas. Alta, delgada. Voz suave, pero habla con vehemencia y seguridad. Responde en su escritorio con la foto de Sebastián Piñera a sus espaldas. Le atraen los retos. En 42 años ha logrado destacar como alta ejecutiva de importantes empresas. Y también le entusiasman los temas más frívolos. Decir que le gusta la ropa, que no tiene asesor de imagen. Que adora el deporte para botar adrenalina: trote, bicicleta, tenis, ski. Y le gusta practicarlo con sus hijos, dos niñas y un niño entre 10 y 13 años.
Al día siguiente de que Piñera designara sus ministros, los dos diarios más populares le dedicaron sus portadas. LUN titulaba Miss gabinete y La Cuarta con Tenemos ministra top model. Ella de blanco y estilosos tacos altos en tonos tierra. Los mismos que tiene puestos durante esta entrevista. Los zapatos, confiesa, son su debilidad.
—¿Qué le pareció acaparar portadas en la prensa?
—Me sorprendió cualquier cantidad.
—Ya nadie le va a sacar la etiqueta de guapa.
—Fueron súper respetuosos, galanes, encantadores, ingeniosos y divertidos. Nadie se puede ofender porque te encuentren buenamoza.
“ESE FEMINISMO ANTIGUO en que uno tenía que vestirse como hombre para sentirse valorizada y quizá golpear la mesa, está absolutamente fuera de lugar. Esa cosa agresiva, revolucionaria, de vamos tirando los sostenes, es parte del pasado. Hoy queremos que se nos valore desde la experiencia. Uno no necesita hablar a gritos ni ser violenta para ser respetada. Ver y sentirse bien es una tendencia mundial, hombres y mujeres lo buscamos. Es parte de la feminidad, me parece importante”.
—¿Soñó alguna vez con ser ministra?
—No. Mi sueño era desempeñarme en el mundo del trabajo, ser un aporte y compatibilizarlo con la familia. Pensé que sería en la empresa privada. Sin embargo, el tema de la mujer siempre me tocó mucho…
Y desde niña. Viene de una familia muy tradicional ligada al campo. Es la única mujer entre seis hermanos y quería hacer lo mismo que ellos, pero muchas veces escuchaba: no es apropiado para una mujer. No lo era ir a la capadura del ganado, ni jugar fútbol con los inquilinos, ni correr en el rodeo, aunque montara mejor que sus hermanos. “Eso me marcó desde muy chiquitita y siempre pregunté, ¿por qué no?”.
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Después de estudiar ingeniería comercial en la UC, trabajó en Hush Puppies en Inglaterra e Italia. Al volver se casó son su único gran amor, el abogado Gonzalo Molina. Tiempo después trajo la marca Nine West a Chile, de ahí su fascinación por los zapatos. “Es deformación profesional. Reflejan mucho la personalidad y el estado de ánimo. En esas famosas citas a ciegas, yo miraba los zapatos y sabía por dónde iba la cosa. Si era deportivo o más outdoor, ejecutivo, preocupado por la pinta o relajado”.
—¿Y cuáles son sus favoritos?
—A pesar de que soy bastante alta me gustan los tacos, uno se ve mejor. Si me visto más formal, el taco es medio.
Uno de sus panoramas preferidos es estar con sus hijos. También compartir un buen vino y quesos con amigos, en su casa de Vitacura. Es una gozadora: “El arte me mueve mucho, me emociona”. Le gusta la ópera, las películas románticas, ni el terror ni la acción, tampoco los libros oscuros. Toca guitarra y “canto cueca y la bailo”. La danza es su pasión. Sabe flamenco y cuando niña fue bailarina clásica. Era tan buena que la invitaron a hacerse profesional. Pero sus padres no la dejaron, tenía que terminar el colegio.
Abandonó una brillante carrera en la empresa privada, vinculada a compañías de Guillermo Luksic. Fue durante siete años gerenta de Capital y la dejó ganando 300 millones al año. Presidió la revista de la Asociación Nacional de la Prensa y se reconoce una apasionada de las comunicaciones. También asumió la gerencia en Foods, el área de alimentos de CCU. Fue directora de la Viña Tabalí, consejera de ComunidadMujer y de Endeavor. Y en el sector público participó durante el gobierno pasado en un consejo asesor presidencial que dio origen al programa Chile crece contigo.
—¿Cómo la contactó el Presidente?
—Después de la segunda vuelta me llamó una persona de su oficina. Me dijo: mira Carolina, eres una mujer inteligente y necesito una respuesta honesta: ¿estarías dispuesta a ocupar un cargo de primera línea? Me pilló de sorpresa, pero contesté al tiro que sí, me salió del corazón. Y después pensé ¡qué atroz!, ni siquiera sé lo que es. Me llamó la atención que mi respuesta fuera tan automática, con una seguridad innata.
—¿Se ha arrepentido en estos días?
—No, pero sí me he agotado. Sientes una responsabilidad muy grande ante la gente.
—¿Qué piensa cuando se dice que el gabinete pertenece a una elite y se duda de si podrán tener cercanía con las personas?
—Es gente tremendamente capacitada, no sólo en lo profesional, sino en lo humano. Uno siempre tiene que estar abierto a las críticas, pero todos vamos a dejar el alma por este servicio.
—¿Cómo compatibilizará la familia con este jefe trabajólico?
—Mis ganas de hacer un buen trabajo y mi esfuerzo permanente me permitirán lograr un equilibrio. Este período de crisis nos tiene full, pero hay ciertas cosas en las que no es necesario que esté. Habrá que aprender a matizar.
—¿Dónde no va a transar?
—Mi familia es tremendamente importante y también cumplir con mis obligaciones. La gente no puede esperar, tenemos que jugar fuerte.
—¿Apoya la paridad?
—Es muy importante que participemos en todas las áreas con excelencia. Bachelet dijo que sentía una responsabilidad fuerte sobre sus hombros, que si lo hacía bien o mal, de alguna forma las mujeres que vengan, serían juzgadas con esa vara. Con ella se valoró el liderazgo femenino. Por eso es fundamental poner a quienes tengan preparación en los cargos. Actualmente la participación laboral es muy baja.
—La más baja de Latinoamérica.
—Y del mundo. Chile tiene un 43 por ciento de participación, comparada con el 51 de Latinoamérica. Es una tasa bajísima. Entonces, pretender que en todos los puestos vamos a tener paridad, no es realista, no tenemos mujeres para eso.
—Pero la experiencia también es una manera de formarse.
—Sí, y necesitamos participar más de la vida pública del país. A pesar de que se ha avanzado mucho, según el Foro Económico Mundial, Chile sigue estando en el lugar 112, de 134 países, en términos de participación y oportunidades para la mujer. Una situación fatal. Insistir en tratar de tener paridad es poner la carreta delante de los bueyes.
“¡SOMOS MACHISTAS! Cuando estaba postulando a mi hija mayor al colegio, en uno de los que fuimos me preguntaron si yo trabajaba. Respondí que sí. ¿Medio día?… No, jornada completa. Y me dijeron: tenemos un problema, porque acá la exigencia es alta, 720 puntos promedio en la PSU, y necesitamos que las madres estén encima de sus hijas, apoyándolas. Le contesté: a ver, yo salí con promedio 6.8, saqué 750 puntos en la PAA, entré a la carrera que quería, estudié como loca, ¿y tú me dices que ahora no puedo trabajar porque mi hija necesita sacarse un 6.8 y estudiar una carrera para que después no pueda trabajar porque su hija tiene que sacarse buenas notas? Me parece una inconsistencia completa. Esa mirada antigua, de que la mujer tiene que estar en la casa para que todo funcione, todavía existe”.
¿ES NECESARIO UN MINISTERIO PARA LA MUJER?”
“Sí lo es, actualmente hay un millón de mujeres que no trabajan. En los oficios menos cualificados el costo de tenerlas es el doble. Por ejemplo, con sueldos de 180 mil pesos el salario se duplica si tienes que pagar el beneficio de la sala cuna. La empresa obviamente las evita”.
—Solución, ¿quitar el beneficio?
—Tanto hombres como mujeres somos padres de nuestros hijos. No puede haber una ley que cargue ese costo sólo a la mujer.
—Promesa de campaña: post natal de seis meses. ¿Cuándo comienza?
—No se trata de pasar de un post natal de tres a uno full de seis meses y seguir aumentando los costos. Su objetivo es flexibilizar el retorno de la madre al trabajo. Hoy hay un período de 18 semanas, proponemos que se pueda volver a las diez, pero en jornada parcial, para poder extenderlo y apoyar la lactancia.
—A pesar de que existe una ley, los hombres ganan más, ¿cómo lo resolverá?
—Las brechas salariales se producen en los cargos de mayor responsabilidad. Y ahí hay que tomar en cuenta que las mujeres negocian distinto, más allá del sueldo: salir antes, más vacaciones. Las diferencias no responden sólo a la discriminación. La legislación es muy rígida. Hay que flexibilizar, tener un banco de horas, trabajar por objetivos, desde la casa…
—¿Aumento de años pensión?
—Hay derechos y deberes. Si queremos una pensión mejor, debemos trabajar más años. Hoy nos jubilamos a los 60 y los hombres a los 65. Esto lo deberíamos revisar.
—Píldora del día después.
—Nada demuestra científicamente que la píldora sea abortiva. No es para uso regular, porque tiene efectos colaterales. Es un método de emergencia y los padres de los menores deben estar informados.
—¿Y apoya las uniones homosexuales?
—Sí, pero el matrimonio por definición es la unión entre un hombre y una mujer; que eso cambie no está en nuestro plan de gobierno.
—¿Y si su hijo, hipotéticamente, le dijera que se quiere casar con su novio?
—Si se quisiera juntar…
—Pero los gays ya se casan en México, en Estados Unidos, en Europa…
—Ellos pueden tener la pareja que decidan. Pero el matrimonio por esencia es entre un hombre y una mujer. Ahora, en general, la sociedad valora a las personas, más allá de sus preferencias sexuales.
—¿Y van a debatir sobre el aborto terapéutico?, la OMS lo propone como un derecho de salud de las mujeres.
—El gobierno tiene como centro la defensa a la vida. No apoyamos ninguna medida cuyo fin sea matar, menos a un ser indefenso. Sí apoyamos toda acción terapéutica para salvar a la madre, y si como consecuencia, por supuesto no deseada, se produce la muerte del hijo, no consideramos que sea un aborto terapéutico. Su objetivo fue salvar a la madre.

