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‘Cuando la vida me ha dicho no, yo he dicho ¡Sí!’

Catalina Parot, la ministra rebelde y hippilina

Por: Paula Palacios

Con humor, buenamoza y vanidosa a morir, su nuevo cargo de ministra de Bienes Nacionales la obligó a confesar su edad, hasta ahora un ‘secreto de Estado’: “La ley de transparencia ¡me fregó!”. Porfiada y con una gran fuerza interior, su discapacidad 
física no ha sido jamás una limitante para hacer todo lo que se ha propuesto.


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Claudio Doenitz
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Esa porfía es su manera de ganarle al destino. A los seis meses de vida sufrió una poliomielitis que afectó la musculatura de sus piernas, la hizo crecer apoyada de muletas y amenazó con congelar sus sueños. “Mi destino era quedarme en Talca, donde nací, estudiar taquigrafía y ser secretaria”. Pero Catalina Parot Donoso (54) quería otra cosa. Partió a Valparaíso, se tituló de abogada en la Universidad Católica, se casó, tuvo cuatro hijos, fue vicepresidenta de RN y hace unos días debutó como ministra de Bienes Nacionales. “Trabajé muchos años para que Sebastián Piñera fuera Presidente, quería formar parte de su gobierno, pero jamás imaginé que como ministra”.

La entrevista es en la terraza de su casa en Lo Barnechea, donde se pasean sus enormes perros Dalton, Jimy Hendrix y Telma; esta última, una sobreviviente del tsunami en Constitución.

Atractiva, de pelo y maquillaje impecables, polera y falda en distintos grises, la Mini —como la llaman por su mamá, a quien le dicen Minina— reafirma su fama de coqueta. También muestra rápido su lado divertido y espontáneo, aunque cuando habla de política contingente se pone seria, sobre todo a la hora de referirse a Piñera, criticado hace días por no cumplir su promesa de desprenderse de LAN y CHV antes de asumir como Presidente. Son amigos, lo quiere y lo defiende a morir.

Cuenta que hasta hace poco su edad era ‘secreto de Estado’, “pero la ley de transparencia, ¡me fregó!”, dice muerta de la risa. Y confiesa que pololeó todo lo que tenía que pololear antes de casarse, y que cuando conoció a su marido se juró a sí misma: ¡Va a ser mío! Con esa misma fuerza y decisión ha forjado su carrera política en Renovación Nacional, no exenta de polémica. Frontal, hace unos años se enfrascó en una discusión con José Miguel Insulza (con amenaza de querella incluida), cuando acusó al gobierno de Ricardo Lagos de no esclarecer la fuga de los frentistas de la Cárcel de Alta Seguridad. Luego responsabilizó a Pablo Longueira de destruir la Alianza, cuando en las parlamentarias del 2001 éste culpó a RN de colgarse de Joaquín Lavín.

parot200Segunda de ocho hermanos, en el Colegio Integrado de Talca la llevaba: fue varios años presidenta de curso y del centro de alumnos. Inquieta y extrovertida, pintaba óleo, estudió música, guitarra clásica y participaba en cuanta peña floclórica había. “Mis padres dejaron que me desarrollara, jamás me sobreprotegieron. Tenía que hacer los mismos esfuerzos que mis hermanos: armar las camas, caminar desde el colegio a la casa, subir escaleras… También influyó mi espíritu positivo, nunca me vi con limitaciones”, dice orgullosa. Aun así, Catalina admite que pasó por épocas difíciles. “Fui discriminada, muchas veces lloré, tuve períodos complicados, en una sociedad que no estaba preparada para personas con discapacidad”. Apenas salió de cuarto medio partió a la UC de Valparaíso a estudiar Filología. En cuarto año se cambió a leyes, y al egresar se casó con Guillermo Toro (ingeniero comercial, dueño de Cristalerías Toro)

CONOCIÓ A SU MARIDO HACIENDO DEDO. “Efectivamente, Guillermo estudiaba en la Adolfo Ibáñez, pero vivíamos en el mismo edificio. Según él, me había visto muchas veces cuando bajaba a tomar sol, aunque yo jamás lo divisé… Un día me quedé sin bencina en mi Volkswagen amarillo, y le pedí que me llevara. ¡Le eché el ojo altiro! Dije: este gallo ¡es igual a John Wayne!”. A los 23 —y con dos años de pololeo— se casó, partió a vivir a Santiago, y en medio del nacimiento de sus cuatro hijos —Guillermo (28, seminarista), Catalina (27, egresada de agronomía), Fernando (26, ingeniero comercial) y José Manuel (24, estudiante de agronomía)— se tituló de abogada y sacó un postgrado en ciencias políticas en la Universidad de Chile.

En los ’90 ingresó a RN. “Como para mí era difícil acceder a muchas cosas, no quería que otros se quedaran atrás por falta de oportunidades. Estoy en política para abrir puertas, que los niños puedan estudiar, y quienes tengan un proyecto de vida lo logren”. En el partido fue consejera general, miembro de la comisión política, prosecretaria general, vicepresidenta; y también dos veces candidata a diputada. En esos años estrechó lazos con Piñera y se convirtieron en partners políticos. El entonces se refería a ella como una mujer emprendedora, capaz y luchadora. “Lo conozco mucho, hemos compartido desde grandes cosas hasta asados en la casa. Lo quiero, admiro y respeto”.

—Ha confesado que usted es muy rebelde para la UDI.
—La rebeldía ha sido mi herramienta para salir adelante: cuando la vida me ha dicho no, yo he dicho ¡sí! Con la UDI somos la Coalición por el Cambio, estamos trabajando juntos para dirigir el país, pero por mi carácter (he metido mucho ruido) no habría durado mucho tiempo en ese partido. Tiene gente valiosa, sin embargo, yo funcaba más en RN.

—Los primos Monckeberg v/s Carlos Larraín, ¿por quién se inclina usted en la dirección de RN?
—Valoro mucho la gestión de Carlos Larraín, ha sido un gran apoyo para todos los que fuimos candidatos al Parlamento. Es un hombre muy generoso, desde que entró a RN ha tratado de sacar adelante al partido… Aunque me interesa lo que ocurre con RN, mi preocupación hoy está en el Ministerio de Bienes Nacionales.

22:00 HORAS, RESTORÁN MOLOKO, SUENA EL TELÉFONO: SEBASTIÁN PIÑERA… “Me preguntó si estaba dispuesta a trabajar con él. No dudé un segundo, aunque pensé que sería en otro cargo, ¡jamás de ministra! A los días me ofreció encabezar Bienes Nacionales. Me sentí agradecida de que me haya dado la oportunidad de trabajar por Chile”. Estas semanas Catalina Parot ha estado dedicada a conocer e interiorizarse de una cartera más bien desconocida, que tiene como función principal cuidar y administrar el patrimonio fiscal y ponerlos al servicio del desarrollo, ya sea generando parques industriales o asentamientos en lugares poco poblados. “También cumple otra importante labor, desde el punto de vista social: la regularización de la pequeña propiedad raíz. Por ejemplo, si se muere una abuelita, pasan los años y los herederos no tienen plata para hacer los trámites, el ministerio presta ese servicio. En el gobierno anterior se hicieron 30 mil regularizaciones en dos años; nosotros tenemos el presupuesto para nueve mil, que focalizaremos en los sectores más afectados por el terremoto”.

parot300—¿Qué otras prioridades como ministerio se han planteado tras la catástrofe?
—Estamos haciendo un catastro de todos los bienes que tenemos, para ver la posibilidad de instalar a personas ya sea en forma transitoria o permanente. También evaluamos la entrega de terrenos a los ministerios de Educación, Salud y Obras Públicas para la construcción de colegios y hospitales.

—En su cargo deberá lidiar con terrenos reclamados por la comunidad mapuche, ¿cómo enfrentará el tema?
—Nuestra relación con el pueblo indígena pasará por la regularización de la pequeña propiedad raíz. Hay muchos terrenos que no tienen título; ahí tenemos una labor que cumplir. Por otro lado, está la entrega de territorios fiscales cuando se establezca que determinadas tierras les corresponden. Tenemos una unidad indígena que trabajará coordinada con la Conadi, y un subsecretario, Carlos Llancaqueo, muy preocupado por el tema. En todo caso, no existen grandes demandas por bienes fiscales, más bien por terrenos particulares. Es el gran problema.

—¿Cómo ha sido trabajar con Piñera en estos días que se ha visto bien sobrepasado?
—Por un lado fácil, porque tiene una inteligencia superior, una capacidad de trabajo y de mirar el contexto general, por lo que es muy claro en sus objetivos. Altiro sabes qué es lo que quiere. Eso sí, llegado el momento, es muy exigente. El se entrega a concho, y espera la misma respuesta.

—Usted es una de las más políticas del gabinete, ¿concuerda con Allamand que éste es demasiado técnico?
—Muchos quieren aportar al país, no sólo militantes de partidos. Hay que agradecer su esfuerzo y vocación de servicio, porque encabezar un ministerio no es fácil. Es cierto que en el camino tendrán que probar sus habilidades negociadoras y de estructurar equipos, pero no creo que los únicos llamados a gobernar sean los políticos. Andrés Allamand, como los demás parlamentarios de la Alianza, tiene una labor importante que cumplir. Sebastián no podía desvestir un santo para vestir otro.

—Pero Allamand no lo entendió así.
—Tiene aprensiones porque pensó que sería más fácil instalar el gobierno; que las cosas se harían más rápido con personas que contaran con expertise política. Esa es su visión, pero no la única.

—¿Qué le parece que no haya cumplido su compromiso de vender LAN y desligarse de CHV antes de llegar a La Moneda?
—El proceso de venta ya lo había iniciado cuando empezaron a criticarlo. Siempre hay gente dispuesta a hacerlo, hoy por su plata, después será por otras cosas… Mirar Constitución, Talca, es para llorar, pero parece que algunos políticos no se dieron cuenta de la profundidad de la catástrofe; estaban más preocupados de quitarle la sal y el agua al gobierno. Hubo una crítica destemplada y desmedida en circunstancias que las cosas no eran tan así como las planteaban. Fue injusto y poco patriótico la insistencia con un tema que se estaba resolviendo.

parot-familia—Parte del gabinete también asumió sin transparentar sus conflictos de intereses.
—Este tema saltó comunicacionalmente, por lo que la exigencia de transparencia se apuró. Hace unos días nos mandaron a todos los ministros el instructivo con la declaración de intereses. Ya debiera salir publicado en los próximos días.

—¿Cómo tomaron sus hijos su nombramiento?
—Muy bien, ¡orgullosos! No era fácil que mi marido me acompañara siempre, pero se ha dado la lata de estar en todas conmigo, lo que ha sido muy importante.

—Casi 30 años de matrimonio, ¿cómo lo ha hecho?
—Se necesita mucha generosidad, sobre todo al principio, cuando tienes niños y debes dedicarte a ellos. También trabajo conjunto, cercanía, aunque después debe haber independencia. Guillermo tiene su profesión, su trabajo; yo el mío. Somos dos mundos que se juntan y enriquecen. El es un hombre muy noble, bueno, de gran corazón, trabajador, ¡yo lo elegí!

—Su hijo mayor optó por el sacerdocio, ¿lo aceptó sin cuestionamientos?
—No fue fácil, más bien doloroso porque significó una separación muy fuerte y definitiva. Iba en cuarto año de ingeniería civil en la UC cuando me dijo: mamá, me estoy preparando para algo que no me llena, quiero ser sacerdote. Se fue tres años a Perú a la congregación de los sodalicios y el año pasado partió a la Universidad Gregoriana en Roma. Lo veo muy poco, pero él está feliz, los ojos le brillan, y eso me deja tranquila. Quiere cambiar el mundo a su manera; yo lo respeto.

—¿Es tan vanidosa como dicen?
—¡Súper!, es mi debilidad. Soy pretenciosa, de las que me demoro harto en el baño arreglándome. Si me mandaba a hacer bototos, no quería unos aparatos inmensos, horribles, que sonaran, sino algo bonito. Por el problema de mis piernas tengo que usar polleras largas, pero no me gusta cualquiera, sino la que me quede bien. Me encanta la ropa sencilla, media hippilina, los aros, las chucherías…

—¿Creyente?
—Sí, pero no conservadora. Soy católica, apostólica y romana, pero tengo una mirada de sociedad libre, abierta, donde cada cual pueda hacer su proyecto de vida.

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