‘Soy como el sol: De lejos muy atractivo, pero cuando te acercas, ¡te quemas!
Juan Carlos Eichholz
Fotos: Pía Vergara

El panelista de Tolerancia cero resultó más progresista de lo esperado: ni tan de derecha, ni tan conservador; es legionario de Cristo y se cuestiona la existencia de Dios. Directo, habla del estilo avasallador del candidato de la Alianza que, en lo personal, le hizo replantearse su propia forma de relacionarse con la gente.
Poco y nada tiene que ver con la imagen seria, acartonada y ¡conservadora a morir! que proyecta en Tolerancia cero. Juan Carlos Eichholz (41, abogado, director del Centro de Liderazgo Estratégico de la U. Adolfo Ibáñez) aunque estructurado —como buen descendiente alemán—, es inquieto, entretenido. Se declara de centro derecha moderna —‘‘lejos del empresariado y más cerca de la gente’’— y legionario progresista, en el sentido “que me lo cuestiono todo… hasta la existencia de Dios”.
Y no descarta un cargo ministerial. “Me gustaría alguno que produzca impacto en los otros. Estoy contento con lo que hago, me motiva sembrar y movilizar gente hacia cosas mejores. La disyuntiva es hacerlo desde un cargo en el gobierno o desde acá… Te aseguro que conociéndolo, no le ha ofrecido nada a nadie”.
QUERÍA SER ABOGADO O MICRERO para pararle a los escolares. Mayor de cuatro hermanos, en el Verbo Divino las hizo todas: fue atleta, presidente de curso, organizador del Festival de Alcántara, miembro del Centro de Alumnos… Pero también tenía su lado rebelde: en básica hizo su primera cimarra y cuando el rector lo retó, enojado, se escapó del colegio. Iba en cuarto medio cuando se presentó a Solteras sin compromiso de Sábado gigante, donde arrasó, ganó un televisor, 30 mil pesos “y un tremendo reto de mi papá porque —según él— este tipo de cosas poco me iba a aportar en la vida”. Así y todo, con su metro 94 centímetros y buena pinta participó en la final, perdiendo nada menos que frente a Amaro Gómez-Pablos.
Como estudiante de leyes en la U. Católica rápido destacó por su liderazgo natural. Integró la Feuc; el ’88 formó el movimiento religioso estudiantil Gente Nueva y, más tarde, Chile Unido, que promueve valores cristianos. Después, con Cristina Bitar crearon Independientes en Red, en búsqueda de líderes para influir en la política.
Entre medio, el ’92, con 24 años y recién titulado, trabajó como asesor jurídico de Sebastián Piñera cuando armaba su frustrada campaña presidencial. “Llegué justo después del Piñeragate… fue ¡una locura!, había una verdadera persecución de quién fue, dónde, cómo… Empezaron las investigaciones, apareció el ejército metido, el informe Garín… Para colmo, por esos días secuestraron a su hijo Cristóbal… Mi pega era escribir los proyectos que impulsó en el Congreso, siendo senador”, rememora. El ’95 partió a EE.UU. para hacer un master en políticas públicas en la U. de Harvard, y en 2003 asumió su cargo en la UAI. En abril se incorporó a Tolerancia cero de CHV. “Mucha gente me dijo si estaba loco porque la exposición y el riesgo eran altos. Oye, ¡si de más podía salir quemado de esa cuestión!”, cuenta.
—Además, entraba a un panel bien cerrado.
—En la primera reunión de pauta ni me pescaron. Llegué, me senté y ya estaban discutiendo los temas. De repente un productor señaló: sería bueno que le demos la bienvenida a Juan Carlos… Entonces Villegas me dijo: A ver huevón, ¿querí estar acá o no? ¡Eso es lo relevante!… Así, de entradita, aunque me trataron bien. Les importaba que quien entrara tuviera potencial.
—¿MÁS UDI O RN?
—Soy de centro derecha moderna: lejos de la tradicional que representa al empresariado autoritario, patronal y distante de la gente. No tengo ninguna afinidad especial con ese sector. Para mí el concepto de justicia social es relevante. Me importan los espacios de participación, escuchar, entender los procesos más que a los resultados.
—En ese sentido, no debe ser fácil trabajar con Piñera. Dicen que no escucha ni a su gente.
—No se trata de que no escuche, sino que antes de tomar una decisión, ya tiene el 99 por ciento de información en la cabeza. Pregunta, abre la discusión, y decide sobre la base de lo que tenía pensado. Eso a veces crea frustración, porque mientras estás digiriendo la información, él ya decidió.
—Ha dicho que por su trato, aprendió a valorar las relaciones.
—Siendo tan acelerado te hace sentir que te pasa por arriba. Eso puede generar anticuerpos. Impone su ritmo, no respeta el del otro… por eso la gente se siente. Su inteligencia aplastante y rapidez mental no da tiempo de trabajar a la par. Pero es así: va por la vida a mil.
—¿Qué tiene que ver todo esto con que usted desarrollara su lado más emocional?
—Tiendo a parecerme, y si en momentos me molestaron algunas de sus actitudes, a las personas que trabajan conmigo también les podía pasar. Por eso hoy pregunto, incorporo lo que piensan y sienten los demás… desde ahí voy construyendo. Es lo que le cuesta a Piñera. En ese sentido no es un tipo que toque esa fibra, es poco inspirador, y por eso a parte del electorado no le mueve un pelo.
“TAMBIÉN TUVE QUE PONERLE MÁS OÍDO A MI RELACIÓN DE PAREJA”, dice sobre su mujer Catalina Romero (educadora de párvulos) con quien tiene seis hijos: Josefa (13), Colomba (11), María (10), Augusta (8), Pedro (4) y Tomás (2)… “No puedes mantener un matrimonio sólo por logros o por alcanzar cosas. Hay una cuestión de afectos, de valoración profunda del otro. A veces pienso que soy como el sol: de lejos muy atractivo, pero cuando te acercas, ¡te quemas!”.
—¿Por qué lo dice?
—Me cuesta darle más valor a la relación, al otro, y no pocas veces los que me rodean no se sienten tomados en cuenta. Un día mi señora me preguntó ¿quién soy yo al lado tuyo? Con mis hijas ocurrió lo mismo. Tuvimos que hacer autoterapia, para entendernos. He tenido que desarrollar más mi lado femenino, preocuparme más de los procesos… ¡Y me cuesta!, los hombres somos competitivos. Trabajar en fundaciones me sirve porque ahí la gente no está por un sueldo, sino por motivaciones más profundas. Si no me conectaba con ellas, nada de lo que hacíamos tenía sentido.
Aunque es legionario, Eichholz se cuestiona la existencia de Dios. “No me gustan los dogmas, soy racional, y con argumentos concluyo si algo es cierto o no. Cristo me resulta atractivo, ya sea una figura divina o humana”. Agrega que la caída del fundador del movimiento legionario Marcial Maciel, acusado de pederasta, no le afectó en lo profundo. “Nunca me gustó el endiosamiento de una figura, ¡jamás! Separo lo que son las instituciones de las personas. La gente que no supo hacerlo, se le derrumbó todo, fue la que más sufrió”.
—¿Es cierto que Piñera lo llama seguido para pautearlo como panelista de Tolerancia cero?
—En 2009 hablé dos veces con él, entre abril y mayo, por lo del fideicomiso ciego y las acciones de Lan Chile. Como los temas se iban a tocar en el programa, me dio su versión. Son los únicos contactos que he tenido más allá de su participación en Tolerancia… y de mandarle un mensaje de texto por su triunfo en las elecciones.
—¿De dónde sacará los puntos que le faltan?
—Según la última CEP, el voto de MEO se divide en 57 por ciento para Frei, y 43 para Piñera. Lo concreto es que Frei necesita el 70 por ciento de sus votos, asumiendo que todos los de Arrate se van con él. Además, nunca había pasado que el candidato de la derecha tuviera el título de ganador, y eso influye en el ánimo de los comandos, del gobierno. Cuando por enésima vez llamen a los funcionarios públicos a hacer puerta a puerta, ¡¿con qué ganas van a ir?! Esa gente se está preparando para tener otros jefes y eso cambia la dinámica en su actuar.
—¿La UDI será un factor de ingobernabilidad, como plantea Manuel Antonio Garretón?
—Hoy se vive algo parecido al ’88: existe temor e incertidumbre por la concentración de poderes y la posición conservadora de la UDI. Si bien es así y la Concertación le saca lustre, la gente va a romper sus miedos porque está cansada.
—Pero está claro que la UDI pondrá cortapisas a las ideas más progresistas.
—No creo que Piñera tenga problemas. El poder tiende a unir, existen cinco años de relación de confianza, acercamiento y conversaciones entre los partidos. Además, priman las nuevas generaciones, como un Rodrigo Alvarez que representa cierta modernidad. Existe disposición de llegar a acuerdos; antes eran puros ‘machos alfa’ que sacaban pecho y trataban de pisotear al otro.
—Si gana su candidato, ¿qué rasgo de su personalidad le jugará en contra?
—El primer año será complicado porque hay un período de aprendizaje para instalarse en un gobierno. El equipo sabe mucho de políticas públicas, pero desconoce el manejo del aparato interno. Existen distintas sensibilidades en los ministerios, hay que ir creando confianzas, eso tomará su tiempo. La centro derecha ha estado más cerca del sector privado que es diferente… Deberá tener paciencia, fijarse menos en los resultados y más en las personas.
—A estas alturas, ¿no tendría que haberse desprendido de sus empresas?
—Lo va a vender todo, pero de aquí al 17 sus preocupaciones son otras. Antes del 15 de febrero debería estar resuelto. Entiendo que ya hizo los procesos de negociación y selló los acuerdos, sólo falta la firma. Tiene que hacerlo antes de asumir la presidencia, de eso no tengo dudas.

