Política y Actualidad

‘Persisten signos de corrupción y mediocridad’

Duras críticas del obispo Fernando Chomalí

Por: Rodrigo Barría

Lamenta que en la campaña se hayan impuesto los asuntos económicos, pero más le preocupa el uso político que se dio a la opción homosexual. El matrimonio entre un hombre y una mujer “es un valor no negociable”, afirma categórico el obispo auxiliar de Santiago.

Fotos Pía Vergara
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Fernando Chomalí Garib no para. Hiperquinético, al pastor de 52 años no le basta con ser ingeniero civil de la UC, licenciado en Teología Moral, doctor en Sagrada Teología y master en Bioética. No. En la Conferencia Episcopal, además, preside las comisiones de financiamiento, bioética y doctrinal. Así, dos claves de la Iglesia están en sus manos: los dineros del catolicismo y la definición de las cuestiones valóricas que más importan al clero.

Autor de libros de ética empresarial y bioética, hace poco comenzó con un programa de televisión en Canal 13 llamado Fe y cultura. No sólo eso: ahora probará suerte como autor de la obra de teatro Hombres por catálogo, donde relata el drama de un niño fruto de la fecundación in vitro que sale a buscar a sus padres biológicos.

Cerrada la primera vuelta presidencial, aún flota en el aire la polémica por la irrupción de gays y lesbianas en las campañas. Una disputa que enfrentó duramente a la Iglesia con el mundo político.

—Monseñor, ¿por qué reaccionaron tan fuerte con el tema de los homosexuales en las franjas políticas?
—Lo que pasa es que su aparición da una señal ambigua que nos preocupa: que el matrimonio, como siempre se ha entendido entre un hombre y una mujer, no se presente como la base de la familia. Ello es un empobrecimiento para la sociedad dado que es allí donde se fragua el futuro de la humanidad. Para la Iglesia, la familia fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer es un valor no negociable.

—Pero nadie ha hablado de matrimonios homosexuales, sino de uniones civiles…
—En la prática es darle espacio jurídico para que se equiparen.

—¿Por qué la Iglesia habla de un límite?
—El fin no justifica los medios. Es la enseñanza misma de Jesucristo. No se puede acudir a cualquier cosa para sumar adhesiones a una candidatura. Lo gay no se puede presentar como una opción más dentro de tantas otras. Cuando digo esto no estoy haciendo un juicio en contra de las personas con tendencia homosexual, sino que en contra del intento de homologar lo que no es homologable, el matrimonio entre un hombre y una mujer, con agregaciones afectivas entre personas del mismo sexo que además pretenden reconocimiento público.

—¿Les dolió que el senador DC Jorge Pizarro dijera que en la Iglesia hay muchos homosexuales y delitos tan delicados como la pedofilia?
—Ciertamente fueron palabras desafortunadas y así lo han manifestado tanto el propio senador como su partido. Es doloroso que un miembro de una colectividad, cuyo proyecto político se fundamenta de la antropología cristiana, haga un comentario como ése con un propósito electoral. Pero se equivoca el senador Pizarro: hemos sido tajantes al decir que no hay espacio en el sacerdocio para los pedófilos y, quien lo es, nunca debió ingresar a una casa de formación sacerdotal y menos haber sido ordenado. Aquí se alude al árbol que se cae, pero se ignora injustamente a los miles de sacerdotes abnegados y la inmensa labor de la Iglesia a favor de la sociedad.

chomali300—¿Mintió Pizarro al decir que hay homosexualidad en el sacerdocio?
—La Iglesia la formamos todos los bautizados, 1.200 millones de laicos, 470 mil sacerdotes, 700 mil religiosas y 4.900 obispos repartidos por el mundo. ¿Podría no haber homosexuales…? No sé si el senador se refería a la Iglesia como comunidad de los bautizados o sólo a los consagrados. No es justo que se siembre duda respecto de cientos y miles de sacerdotes y consagrados que día a día trabajan sirviendo a la sociedad y de la cual Chile se ha beneficiado largamente en el plano espiritual, social, educativo, y el senador también, por cierto.

—¿QUÉ EVALUACIÓN HACE DE LA PRESIDENCIAL?
—Confiamos en la sabiduría de los electores y en su capacidad de hacer un discernimiento profundo que permita distinguir entre las opciones importantes de los diferentes candidatos frente a los grandes temas-país, las consignas y brillos fugaces. Pero tengo la impresión de que algunos de los grandes desafíos que enfrenta el país no han sido asumidos cabalmente. Me preocupa sobremanera la baja de la natalidad. En 1990 nacieron 387 mil niños y en 2008 sólo 257 mil. Me inquieta que el 2000, la mitad nació fuera del matrimonio y este año, un 65 por ciento. Ningún candidato ha dicho que va a promover decididamente el matrimonio, sobre todo al apreciar que en 1990 hubo 104 mil matrimonios civiles y el año pasado sólo 57 mil y 22 mil divorcios. Se está aniquilando el ADN de la sociedad chilena al destruir la familia. Las consecuencias son dramáticas en el plano personal, social, económico y espiritual.

—¿Le da lo mismo a la Iglesia que un partido como la DC vaya en pacto con los comunistas?
—No corresponde a las autoridades eclesiásticas pronunciarse sobre este tipo de asuntos de índole partidaria. Así como tampoco señalarle a los fieles por cuál candidato o partido votar. Tampoco nos compete conducir las directrices de los partidos. Lo que nos corresponde es formar personas maduras con conciencia recta, que tomen sus opciones políticas conforme a ella.

—¿Y no ven problema en que un candidato-empresario llegue a la Presidencia sin haberse desligado de sus negocios?
—Creemos de toda sanidad que exista plena transparencia en la separación del poder político del económico. No podemos depositar sobre la política una sospecha permanente. Si queremos potenciar el honesto servicio público y derrotar la corrupción, tenemos que ser muy transparentes en separar aguas. Vale para cualquier candidato. Haciéndolo, no es de suyo incompatible haber sido empresario con ser presidente de la República. Lo que sí está claro es que, como nos lo recordara Benedicto XVI, “el desarrollo es imposible sin hombres rectos”. Empresarios rectos conozco muchos.

—¿CÓMO HA SIDO LA RELACIÓN QUE EL GOBIERNO DE BACHELET HA MANTENIDO CON LA IGLESIA?
—Cordial y transparente, tanto en los asuntos en que hemos tenido una mirada común como en aquellos en que ha habido diferencias.

—¿Le parece que Bachelet ha fomentado los valores de la Iglesia?
—No ha sido ese el encargo que ella ha recibido de la ciudadanía, en una sociedad donde existe separación Iglesia-Estado. Algunas políticas que su gobierno implementó corresponden a valores cristianos; otras ciertamente se apartan. Pero esa realidad no constituye un parámetro suficiente para evaluar a un gobierno o a un jefe de Estado. Se ha de reconocer que la Presidenta Bachelet valora la labor de la Iglesia en lo que a la defensa de los derechos humanos se refiere y a la inmensa obra social y educativa que realiza.Pero claramente en otras materias hay una diferencia sustancial de corte antropológico.

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