Adiós iDol
Steve Jobs 1955-2011
‘‘Es un varón. Lo sentimos, ¿lo quieren igual?’’, le preguntaron a sus padres adoptivos cuando Steve nació un 24 de febrero de 1955. ‘‘Por supuesto’’, contestaron Paul y Clara Jobs, maquinista de trenes y dueña de casa, que soñaban con tener una mujer. Lo aceptaron, sin imaginar que terminaría convertido en uno de los mayores genios tecnológicos del mundo contemporáneo, reinventor de la computación personal y dueño de una compañía avaluada en 15.400 millones de dólares. Librepensador, polémico y soñador, aprendió desde niño a dar vuelta las cosas cuando tenía todo en contra.

En 2004, sobrevivió a un cáncer de páncreas, el mismo que finalmente lo derrotó ayer, 5 de octubre de 2011. Pero dio la batalla hasta el final… sólo hace un par de meses que había dejado la compañía que creó y que luego lo echó, la empresa de la mítica manzana, que hoy está de luto. Steve Jobs (56) superó con fuerza los avatares de la vida, un empuje que lo llevó de simple recolector de botellas de Coca-Cola (que vendía a cinco centavos por envase para poder comer) a gerente de Apple. No contento con el imperio que creó, también se convirtió en el principal accionista de Walt Disney. Un gurú que se paseó por grandes universidades de EE.UU. —donde jamás se tituló porque su familia no tenía plata— incentivando a los jóvenes a perseguir sus sueños. ‘‘Cuando tenía 17, leí una cita que decía algo así: si vives cada jornada como si fuera la última, algún día tendrás razón. Eso me marcó y, desde entonces, durante los últimos 33 años, cada mañana me miro en el espejo y me pregunto: si fuera mi último día, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy? Si la respuesta es No demasiado seguido, necesito cambiar algo”.
IGUAL QUE SU EX AMIGO BILL GATES, DUEÑO DE MICROSOFT, ENCARNÓ EL SUEÑO AMERICANO. Terminaron alejados porque tenían dos miradas muy distintas sobre el negocio. Después de trabajar en Apple, Gates se dedicó exclusivamente al software (programas computacionales), mientras que Jobs siguió con la idea del software y del hardware (el equipo, la máquina). Se reencontraron tibiamente en 2007 en una archipublicitada cita.
Jobs explicó así su filosofía: “Recordar que pronto voy a morir es la herramienta más importante que encontré para ayudarme a tomar las grandes decisiones. Porque prácticamente todo, las expectativas de los demás, el orgullo, el miedo al ridículo o al fracaso, se desvanece frente a la muerte y sólo queda lo verdaderamente importante’’.
Este hombre de grandes frases creó el primer computador personal de la historia, el Macintosh, en el garaje de su casa junto a su amigo Steve Wosniak. De eso ya han pasado 25 años y actualmente Apple vende 2.5 millones de computadores por trimestre y más de 8.5 millones de iPods. En los dos últimos años, ha presentado al mundo dos esperados avances: el iPad (computador portátil ‘tableta’, con dos millones de unidades vendidas en 60 días) y el iPhone4, con mucha más capacidad que sus predecesores. Cientos de geeks (fanáticos de la tecnología) acampan afuera de las tiendas para ser los primeros en adquirirlos. Una verdadera locura por estos pequeños artefactos, cada vez más chicos, que cambiaron la forma de escuchar canciones o hablar por celular.
Apple ha aumentado su valor de mercado hasta sobrepasar a su clásico rival, Microsoft. “Para aquellos que hemos estado en la industria hace mucho tiempo, es surrealista. Pero esto no es lo importante, no es lo que te hace venir a trabajar cada mañana”, dijo un humilde Steve Jobs. El único obstáculo ahora es la vigilancia de los reguladores. El Departamento de Justicia de EE.UU. investiga si la compañía domina de manera anticompetitiva el mercado de la música digital a través de su tienda iTunes.
El creador de todos los ‘i… algo’ jamás soñó con un éxito tal. ‘‘Que irónico exponer en una universidad de donde nunca me gradué’’, expresó en su discurso en Stanford en 2007. Recordando sus años de estudiante furtivo, desordenado y pelilargo, contó que ‘‘caminaba más de 10 kilómetros los domingos por la noche para comer bien una vez a la semana en el templo de los Hare Krishna’’.
Como sus papás no pudieron seguir pagando su carrera en la Universidad de Reed —tampoco le gustaba mucho estudiar—, Steve empezó a deambular por el campus para encontrar algún curso al que pudiera ir de oyente. ‘‘Se ofrecía la que quizá fue la mejor formación en caligrafía del país. Aprendí cosas sobre el serif (terminación barroca de las letras) y sans serif, sobre qué hace realmente grande a una tipografía. Nada de esto tenía la más mínima esperanza de aplicación práctica en mi vida. Pero diez años más tarde, cuando estábamos diseñando el Macintosh, lo recordé. Fue el primer computador con letras bellas. Si nunca me hubiera dejado caer en ese curso, el Mac jamás habría tenido múltiples caracteres. Y como Windows no hizo más que copiarlo, es probable que ningún computador personal los tuviera ahora’’.
Esa fue la primera vez, y una de muy pocas, en que deslizó críticas a su competidor Bill Gates.
LA EMPRESA QUE LO CONVIRTIÓ EN MILLONARIO A LOS 27 AÑOS, LUEGO LO DESPIDIÓ.
Algo lo impulsó a seguir en ese asunto de la tecnología y creó NeXT y más tarde Pixar. Por ironías de la vida, la primera terminaría siendo adquirida por Apple y, la segunda, asociada con Disney para realizar las primeras películas animadas por computación, con exitazos como Toy Story, Buscando a Nemo, Cars y Ratatouille.
Jobs volvió a la empresa de la manzana a mediados de los noventa, durante una profunda crisis creativa y económica. Y la llevó a la cima. ‘‘Nada de esto habría ocurrido si no me hubieran echado. No pierdan la fe. Lo único que me mantuvo en marcha fue mi amor por lo que hacía. Tienen que encontrar qué es lo que aman. Esto vale tanto para su trabajo como para sus amantes’’.
Pero tiene su Talón de Aquiles: A los veintitantos tuvo una hija con una estudiante y se demoró años en reconocerla. Hoy, Lisa es pieza fundamental de su familia. Y se declaró enamorado, tras 18 años de matrimonio, de su mujer Laurene Powell, otra lumbrera con quien tuvo tres hijos; ella ha trabajado en importantes empresas financieras como Marrill Lynch y Goldman Sachs y creó la firma de alimentos Terravera. Fue fundamental para que Steve superara los graves problemas de salud que le dieron una mirada diferente de la vida: ‘‘El tiempo de ustedes es limitado, no lo gasten viviendo la vida de otro. No dejen que el ruido de las opiniones de los demás ahogue su voz interior. Y lo más importante, tengan el coraje de seguir su corazón e intuición. De algún modo ellos ya saben lo que tú realmente quieres ser. Todo lo demás es secundario’’.
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