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Actualidad

Con ustedes Mr. Twitter

Luis Larraín Stieb

Por: CARAS

Por Andrea Lagos Fotos Rodrigo López Porcile Producción Francisca La Calle

La fauna twittera votó en masa por este ingeniero (30), actual asesor del gobierno, y lo coronó como el rey de la red. Hijo del director del Instituto Libertad y Desarrollo, dio la cara por los gays en la campaña presidencial de Piñera. Ex modelo, mateo de puntaje nacional, hermano de cura y futuro Master en Relaciones Internacionales, se autodefine como “empleado público, transplantado, solo y cola”.

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Luis Larraín Stieb es el flamante monarca de Twitter, la red social que cumple cinco años albergando cada día unos 140 millones de mensajes en el mundo. Ganó con 80 mil puntos que consiguió tweet a tweet entre 100 candidatos nominados democráticamente. El rostro gay de la campaña presidencial de Piñera, recientemente colaboró con Andrés Allamand (RN) y Andrés Chadwick (UDI) en el proyecto de ley “acuerdo de vida en común” destinado a las parejas homosexuales.

En tres meses más parte a París, para estudiar un Master en Relaciones Internacionales.

Emigra luego de que por años no podía salir ni a la esquina porque se dializaba tres veces a la semana, durante cinco horas diarias: los quistes en sus riñones que le encontraron por casualidad en un examen de rutina, no lo dejaban vivir.

Hasta que un buen día, a las 4:30 de la madrugada, sonó su celular: había un riñón compatible con su cuerpo. Fue transplantado en la Clínica Alemana. Hoy, ya de alta, trabaja media jornada como asesor interministerial de la Secretaría General de la Presidencia.

En el gimnasio afina su facha de modelo y musculatura de hombre guapo cada vez que puede. Después de la ducha, toma un set de medicamentos y twittea o responde los mensajes uno a uno. “Como si fuera un puerta a puerta”, jura convencido de que esta plataforma virtual le sirve para promover la diversidad que tanto defiende.

Ahora no pololea, pero desde que salió del clóset —sicólogo mediante— tuvo una pareja que logró presentar a su familia, compuesta por sus padres y cinco hermanos. El proceso de asumir su homosexualidad frente a ellos fue largo y doloroso, aun cuando su mamá “lo intuyó desde siempre”, como cuenta el propio Luis en su blog jovenconfundido.com. En esa página virtual, donde le escriben quienes aún no se atreven a confesar su opción sexual, le piden consejos. Su axioma es ‘No te angusties. No eres el único. Todo se puede conversar’.

“ME CARGA EL TABÚ Y EL PROTOCOLO, vivo en la transparencia. Por eso me retan, por desubicado”.

—¿Quién te reta?
—Gente de la pega y la familia: soy una víctima del tabú, de los temas que no se tratan en público. El típico gay que nunca tuvo una educación sexual.twitter-texto

—¿¡Pero en qué colegio estudiaste!?
—En el Newland.

—¿Y ahí no te enseñaban a hacer guagüitas?
—Sí, eso sí, pero soy gay… Me interesan otro tipo de cosas, como una correcta educación sexual que me hubiera ahorrado años de sicoterapia y de intentos por vivir una vida heterosexual.

—¿Cómo debe ser una buena educación sexual?
—Una que aborde la diversidad, que afirme que hay personas con distintas orientaciones y que todas son válidas, que no se debe discriminar a nadie por eso. Esto que hoy suena tan evidente, no es tema en los colegios, al menos en los católicos. Piensan que pueden ‘incentivar’ a los adolescentes a ser homosexuales, una ignorancia absurda. ¿Quién va a ‘decidir’ serlo, si representa un camino mucho más difícil? Es ridículo. Lo único que logran es que algunos traten de llevar una vida hetero para calzar con la sociedad y que, finalmente, terminen teniendo matrimonios infelices, amantes, separaciones. Todo eso se podría evitar.

—En el colegio, ¿ya te sentías distinto?
—Sí. Los temas sexuales se hablan con los amigos y yo no tenía amigos hombres. Tampoco había Internet, imagínate la cantidad de información a la que teníamos acceso.

—¿Te casarías?
—No tengo idea, pero que gays y heterosexuales no tengamos los mismos derechos y opciones está muy mal.

—¿Adoptarías un hijo o pagarías por un vientre de alquiler?
—Soy súper guaguatero… Pero adoptaría, y niños de otros continentes porque me gusta la diversidad étnica. Con todas las enfermedades que tengo, no le heredaría jamás eso a un hijo de mi sangre.

“SU HIJO ES GAY”, le anunció el sicólogo a su padre (Luis Larraín Arroyo, ingeniero comercial, director de Libertad y Desarrollo y columnista de El Mercurio). Fue un golpe. Ese día, hace siete años, se supo el secreto. Su madre, la ingeniero comercial Mónica Stieb, se declaraba homofóbica como una manera de cerrar bien los ojos.

—Tiempos difíciles…
—Demasiado. El modelo de sociedad que conocía no me ofrecía ningún referente. Con suerte aparecía Gonzalo Cáceres a quien yo no quería parecerme.

—¿Qué sentías?
—Un desorden sicológico terrible. En el colegio anulé la afectividad. Jamás di un beso, nada.

—Me imagino que a tu padre, que se supone es un hombre conservador, le moviste el piso.
—Un sicólogo al que yo iba en esa época habló con él. Fue un proceso muy largo que se resolvió bien.

—¿Alguien de la familia que no te abra la puerta?
—Hay un tío al que le cuesta, pero en general han sido un apoyo. Guardar el peor secreto de la vida se estaba convirtiendo en un karma gigante. Fue un tiempo de dolor para mis papás y de mucha paciencia mía para explicarles sus infinitas dudas.

—Se les había acabado el sueño del hijo perfecto: ingeniero, buen mozo, influyente, simpático…
—Todo eso es ahora, que soy gay.

—¿Cómo?
—Antes no hablaba, no tenía personalidad, era tímido. Estaba totalmente apagado, no me atrevía a contar ningún problema. Después de decir mi verdad, mi vida cambió del cielo a la tierra.

—Y te pusiste buen mozo…
—Sí, empecé a preocuparme mucho más de mí. Yo salí a los 23 del clóset. Desde los 13 estuve reprimiéndome, ¡diez años! Ahora los de 15 se asumen gay sin problema.

—Qué opinas del caso Karadima.
—Me alegro de que se acabe la impunidad. Hubo una negligencia enorme de muchas personas y eso quedó claro en la entrevista de Tolerancia Cero a Hamilton. Me parece anticristiano que las autoridades de la Iglesia hayan estado más preocupadas de defender la honra de sus colegas que de dar auxilio a las víctimas. Lo que hizo Errázuriz de demorarse cinco años en acusar recibo de las denuncias es una irresponsabilidad…

—¿Con tu hermano seminarista hablan de estos temas?
—Yo no oculto nada. Opinamos con respecto a todo: homosexualidad dentro de la Iglesia, de si hay menos o más gays en la institución, si la Iglesia debiera prohibirlo o no. También discusiones como cuántos de estos curas pedófilos que aparecen eran en verdad gays.

—¿Por qué dejaste de ser católico?
—Al principio pensaba que porque era gay y la Iglesia no nos entiende. Pero a mí me pasó algo más profundo, yo dejé de creer en Dios.

—¿Y cómo fue eso?
—Al viajar me di cuenta de que la religión es una cuestión cultural. Si hubiera nacido en India sería hinduista; o en China, sería budista. Todo, un rito más. ¿Cómo puede ser que justo Dios quiera que el mundo occidental se salve y el otro lado del planeta no?

—¿Ni siquiera meditas?
—Soy cero espiritual.

LUIS HA TWITTEADO 20 MIL VECES desde el 2009: asuntos privados, mensajes a su mamá Mónica Stieb, campañas contra la discriminación en el Día de los Enamorados (logró que una empresa como Agrosuper incluyera a los gays en un concurso para una salida romántica); alegatos contra la ley del tabaco y otras vergüenzas ajenas. Lo siguen al pie del cañón tres mil twitteros de todos los colores que le celebran cada salida de libreto.

—¿Qué ministro usa bien su twitter?
—A todos se les creó una cuenta, aunque sólo algunos se han dado cuenta del real impacto. Las autoridades tienen instructivos para twittear, pero son políticamente correctos porque tienen asesores comunicacionales. Ya que lo usen es un avance.

—¿Y cómo twittea el Presidente Piñera?
—Que se tome el tiempo para hacerlo habla bien de él. Le interesa estar en contacto con la gente y a ellos en contacto con él.

—¿Por qué se usa ese tono un tanto pesadito en los 140 caracteres?
—Eso es humor negro, ironía. A mí me da alergia la gente que twittea: Buenos días, qué linda la mañana de hoy… Una lata.

—¿A quiénes sigues?
—A la Katy Becker, es mi amiga, pero no tengo mayores referentes. Yo quiero ser el referente.

—El asesinato vía Twitter existe: Ximena Ossandón, la del ‘sueldo reguleque’, por ejemplo.
—Para ella, que tiene una vida de clase alta tan marcada, un sueldo de $ 3.700.000 es reguleque. Fue un error comunicacional, sin duda. Pero lo interesante de Twitter es que revela lo que uno piensa de verdad y eso es bueno.

—¿En el trabajo te han dicho: te estás pasando…?
—Me han dicho, pero no voy a dar detalles.

—¿Y qué les dices?
—En pocas palabras, que los homosexuales nos sentimos exactamente como se sentían antiguamente los negros y las mujeres: discriminados, disminuidos, denigrados, asustados, desilusionados, enrabiados. Muchos terminan saliendo de Chile para tener una vida mejor. Todos los parlamentarios que consideran que no somos ciudadanos de segunda categoría tienen el deber moral de apoyar y empujar iniciativas como el proyecto de ley que establece medidas contra la discriminación, o los que buscan legislar en torno a la convivencia de las parejas gays. Les diría que, lamentablemente, sí somos ciudadanos de segunda categoría, que por favor se pongan los pantalones y lo expliciten, para que la ciudadanía pueda opinar.

—¿Pero a qué te falta apelar para convencerlos?
—A la lógica electoral. Puedo contarles que, según estudios internacionales, alrededor del 10 por ciento de la población es homosexual. Ningún político en Chile le haría el asco a un millón setecientos mil votos, ¿cierto?

—¿Partido político?
—Ninguno. En mi familia nadie milita.

—En mi casa nunca se habló de buenos y malos… Ellos son totalmente de derecha y lo siguen siendo, pero los partidos no están preocupados de las ideas, sino de los votos, de la imagen del otro y no de ellos mismos. Eso me chocó.

—¿Cómo llegaste a ser rostro de la campaña de Piñera?
—Me llamó un director de cine, porque sabía que era gay y estaba dispuesto a dar la cara.

—¿Lo hablaste con tu familia primero?
—No. Tenía 28 años, ¿qué onda? ¿Por qué tenía que preguntarle a mi familia?

—Podría haber sido incómodo para ellos.
—Entonces no habría servido de nada todo el trabajo anterior.

—Lo que se prometió en esa campaña, ¿se está cumpliendo?
—Ha estado presente, aún con un solo año de gobierno y terremoto de por medio. La verdad es que a mí me gustaría que hubiera matrimonio, pero no es lo que el Presidente prometió… Mientras haya un solo derecho que no esté equiparado entre gays y heterosexuales, va a haber gente alegando. Y no podemos sacarle el poto a la jeringa.

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