El aprendiz de Presidente
Jorge Alessandri
Podría ser nada más que la sombra de Piñera, el hombre que lo acompaña en cuanta actividad pública existe desde su cargo como subdirector de Programación. Sin embargo, para él se trata de un máster, con profesor particular para llegar algún día a La Moneda. Del Palacio conoce los pasillos y varios secretos. Aquí rompe mitos y revela sus aspiraciones de competir por Maipú en las municipales donde le encantaría enfrentar a Camila Vallejo.
Se mueve con soltura entre los vericuetos de La Moneda, totalmente a sus anchas, no sólo por su rol como subdirector de Programación de la Presidencia, cargo que lo obliga a estar presente en cada actividad de Sebastián Piñera —a quien admira a más no poder—, sino porque en su ADN corren los genes de un tío abuelo y bisabuelo presidentes. Y claro: la sangre tira.
“Antes decía quiero ser Presidente de la República. Después de dos años trabajando en La Moneda cambié el quiero por el voy”, asegura este concejal de Santiago por la UDI, 32 años, hijo menor del ex diputado Gustavo Alessandri y de la periodista Constanza Vergara, quien desde muy chico manifestó su interés por la política y el trabajo social. Fue bombero, miembro del Círculo de Amigos de Carabineros, y ya a los 19 años organizaba tertulias donde se combinaban universitarios y figuras políticas. A pesar de que con ese perfil pudiera pasar por perno, a sus múltiples inquietudes se sumó una empresa de producción de eventos y hasta una discotheque, cosa que no le gustó nada a su señor padre: “Oiga, ¿por qué ha puesto una discotheque?”, le preguntó. “Mire: estoy emprendiendo en un rubro considerado sucio para prepararme para otro que también critican por sucio: la política”, le contestó medio en broma medio en serio este egresado del Nido de Aguilas que estudió Derecho en la Universidad de Los Andes.
Hoy, con dos años siguiéndole el trote a Piñera, anuncia que quiere ser alcalde por Maipú y que irá a la pelea en estas municipales. Feliz enfrentaría a Camila Vallejo, a quien dan como carta fija por la zona. Optimista total, a pesar de que en su sector la cartilla aún no está clara y no se define si el cupo al final será de RN o de la UDI… “Estoy seguro de que me lo darán a mí”, dice convencido. Entre sus armas secretas está la diputada Mónica Zalaquett y el ministro estrella, Laurence Golborne, nacido y criado en lo que antes fue la ciudad satélite y que ahora Alessandri quiere llevar a la primera división, como reza su slogan.
—Tan bien vestido, ¿en sus momentos de confianza con el Presidente no le dice que se arregle más, que no use trajes tan grandes?
—Para mí no es tema su ropa (dice tajante).
Su tema, más bien, es “hacer realidad” la agenda presidencial. “Un ministro te dice que va a inaugurar tal hospital o poner la primera piedra de una carretera y nosotros somos los que pensamos el cómo, cuándo, dónde, el contexto, el por qué, el discurso, todo”, explica sobre el departamento liderado por María Irene Chadwick, secundado por él y en el que trabajan 70 personas.
EL CELO DE ESTE CONOCEDOR DE LOS SECRETOS DE PALACIO SE DESVANECE a medida que transcurre la entrevista. Y consciente de que sus declaraciones generarán más de un pelambre de pasillo, devela varios mitos de su ‘jefe’ y también da su visión de los difíciles momentos que afectan al gobierno, el peor evaluado en tiempos de democracia.
“Con la inteligencia del Presidente, si quisiera tener 80 por ciento de aprobación, lo lograría en tres semanas: bastaría con que el ministro Larraín le pasara la chequera fiscal y repartiera bonos por todo el país, en tren nos vamos… claro que no podríamos recorrerlo entero porque el Presidente Lagos no dejó el riel completo”, ironiza.
—¿Y qué pasa con las descoordinaciones, cambios de gabinete, ministros que renuncian y que también afectan la imagen presidencial?
—Cuando uno tiene el honor de que lo llamen, hay que sentirse orgulloso y aceptar. Luego te mantienes hasta que te pidan la renuncia. Compromiso hasta el final. Me molesta que tantos jóvenes profesionales y no tan jóvenes se hayan bajado del bote a la mitad del camino. Eso no es tener el servicio público impregnado en la conciencia. Aquí no estamos juntando plata o armando currículos, sino trabajando por el país; no se trata de subirse al carro cuando estamos arriba en las encuestas y bajarse cuando nos va mal. Me gustaría que en vez de andar renunciando al gobierno, vieran cuántos irán de alcaldes en las municipales y por qué comunas.
—¿Qué sintió cuando Bulnes se bajó?
—No conozco sus razones, pero no me gusta que los ministros se vayan (repite muy serio sin muchas ganas de seguir con el tema).
—¿Le produjo un daño al gobierno?
—Está por verse. Los primeros días del ministro Beyer han sido realmente impresionantes, hay diálogo, entiende de todos los temas.
—Aunque de entrada lo criticaron por justificar el cambio de la palabra ‘dictadura’ por ‘régimen militar’ en los textos escolares.
—No fue su responsabilidad directa. En el ministerio trabajan más de 15 mil funcionarios.
—El Financial Times dijo que aquí la derecha trató de pasar un gol…
—Por supuesto que fue un error. Sacar una palabra no va a cambiar lo que pasó en Chile. Aquí hubo una dictadura militar, y si lo llaman régimen lo importante es que no fue electo democráticamente. Soy de una generación posterior que sueña con que la política deje ese tema atrás y aborde lo que a la gente de verdad le importa.
Así es Jorge Alessandri Vergara. Contestador, opinante al punto de ser tajante. Más allá de las consecuencias, él prefiere ir de frente.
“Vivo el 28/7”, dice ahora bromeando aunque sus palabras no se alejan tanto de la realidad. De hecho, reconoce, nunca le ha gustado esto de andar disponible las 24 horas, los 7 días de la semana. “Si no tienes tiempo para tu familia, para entretenerte, empiezas a no rendir en la pega… Y cuando son cuatro años con una persona tan hacedora como el Presidente…, créeme que hay mucha presión”.
—¿Cómo se reparte su día?
—Normalmente son 12 horas en La Moneda por lo menos, y cuando hay giras nacionales, más. Pero ha sido el mejor master y, además, con profesor particular. Cambié mi forma de ver el trabajo, la política, la vida; jamás volveré a ser el mismo.
—¿Qué cosas aprendió concretamente?
—De partida, que no hay tiempo que perder; las cosas se hacen de forma eficiente; no puedes perder dos o tres horas porque el tiempo no se recupera. También que hay que prepararse muchísi mo: cada tema que el Presidente habla es porque se ha leído todo al respecto. Y, por último, el tremendo sentido del deber: uno está aquí para hacer la pega, lo que es más fuerte que una empresa privada porque es el país el que te mandata.
—¿Qué es lo que más le ha costado?
Largo silencio y un sorbo de Coca Cola light:
—La exigencia de tiempo. Y que tengo 32 años menos que el Presidente, pero me canso antes… Es un poco frustrante… estoy tomando vitaminas.
—¿Y los costos personales? Pololeaba hasta hace poco… ¿Terminó porque no le daban las horas?
—Son opciones que uno toma. De todas formas, la misma pasión que le pongo al trabajo la aplico a mi familia, a mis relaciones de pareja. Todo es a concho.
“ESTÁ LLENA DE MITOS LA HISTORIA DEL PRESIDENTE. Sin faltar a la privacidad me encantaría derribar algunos”, dice ahora este testigo privilegiado. “Aquí me voy a echar un palo, pero todo el mundo afirma que el más austero de Chile era Jorge Alessandri porque andaba apagando las luces en La Moneda, no usaba el auto presidencial y caminaba. Yo después de dos años te aseguro que lejos el más austero de nuestra historia republicana es Sebastián Piñera”.
—¿También anda apagando luces?
—Todo, todo es ahorro. Es que en una empresa el que paga es el dueño, pero acá se trata del dinero de todos los chilenos.
—Hay quienes afirman que simplemente es amarrete, que así ha sido siempre…
—Pero imagínate si no lo fuera con la plata de todos los chilenos.
Y dando un rápido giro, revela:
—Segundo mito: que no escucha… Escucha muchísimo, sobre todo los consejos, aunque por supuesto después es él quien toma las decisiones.
—Hay críticas porque no es cercano.
—Otro mito. Mi papá tuvo una leve enfermedad el último año y no hubo día en que no me preguntara por él.
—Que mete la pata y termina figurando más por desaciertos que por logros. Por ejemplo, el chistecito machista que se mandó en Venezuela…
—El famoso tema… Eso es lo terrible de la política: te sacas la cresta 18 horas y la gente te evalúa por 15 segundos. El asunto es cómo transmitir esa cuña para que sean los mejores 15 segundos. En esa cumbre en Venezuela estaba Hugo Chávez, Martelli de Panamá, Santos de Colombia, Calderón de México, y le pidieron al Presidente que hiciera un análisis de la crisis europea y cómo incidiría en Sudamérica y el Caribe. Y él se pega un discurso donde analiza todas las causas, los tiempos, qué va a ocurrir, mientras todos los otros tomaban nota. Salí de la sala inflando el pecho. Pero al llegar a Chile el único tema era el chiste. Da rabia.
—Y considerando la cercanía que tiene con el Presidente, ¿no le ha dicho que mejor deje de hacerse el gracioso?
—Eso es parte de la conversación privada.
—Pero lo hablan…
—No es mi pega analizar los chistes.
—También dicen que el Presidente debiera ser más conciso y no recurrir a tantas citas y datos que desvían el interés. Por eso después los medios no destacan lo central.
—Hay opiniones, pero ésa no es mi tarea.
—¿Lo reta mucho el Presidente?
Se demora, pone cara culpable y reconoce:
—Nunca sin razón. El te enseña a sacar lo mejor de ti, a hacer las cosas bien, a entregarte por entero a tus proyectos. Hay que hacer las cosas con pasión, si no, no vale la pena.
Lea la entrevista completa en la edición del 20 de diciembre.
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