Las + ricas del mundo
Fortunas femeninas
Por Pamela Aravena B. Fotos: Efe
Hace años aparecen en la lista de las grandes fortunas de Forbes. Tienen algo en común: todas son herederas, pero han sabido multiplicar los bienes que alguna vez recibieron. Entre ellas, una chilena, Iris Fontbona, líder del Grupo Luksic.
Nada de cámaras, no buscan las fiestas del jet set ni les interesa aparecer en la vida social. A pesar de que juntas suman 105 mil millones de dólares, las cinco mujeres más ricas del planeta prefieren el anonimato y la discreción. Dos son estadounidenses, Christy Walton y su cuñada Alice, ambas herederas de Walmart. Una es francesa, Liliane Bettencourt, dueña del imperio L’Oréal y la mujer más rica de Europa. Otra es alemana, Susanne Klatten, de las pocas en la industria automotriz, como propietaria de BMW. Y aunque suene extraño, hay una chilena, Iris Fontbona, alma mater del Grupo Luksic.
Estas son sus historias y el poder que han tenido para multiplicar esos generosos millones que alguna vez las convirtieron en herederas.
Las caritativas cuñadas Walton le deben todo a Sam Walton —suegro de Christy y padre de Alice—, un visionario que en los ’60 creó una empresa del retail novedosa, moderna y rentable: la cadena de supermercados Walmart.
Christy (56, viuda, un hijo) es la mujer más rica de Estados Unidos y del mundo. Aparece en el número diez del ranking general de la revista Forbes, tras enviudar de John T. Walton, hijo de Sam, además de ex boina verde y médico de la Guerra de Vietnam, quien sufrió un accidente aéreo en Wyoming en 2005. Antes de morir, John había invertido varias centenas de millones en First Solar, empresa de paneles solares: buena decisión. Sus acciones han crecido más de 500 por ciento desde 2006. En todo caso, la mayor parte de la riqueza de la viuda proviene de Walmart, que vende 405 mil millones de dólares y emplea a más de dos millones de personas.
Por eso, desde que enviudó, la fortuna de Christy se ha incrementado año a año, pasando de 15 mil 700 millones de dólares en 2005, a 26 mil 500 millones este año.
De acuerdo con Condé Nast Portafolio Magazine, Christy Walton es también la mujer más filántropa del mundo. Se estima que entre 2002 y 2006 donó 3.5 millones de su fortuna a proyectos de beneficencia. Y junto a otros herederos financia la Fundación de la Familia Walton para la Caridad, que prioriza la educación, ayudando a la Universidad de Arkansas, en la cual se fundó el Colegio de Administración de Negocios denominado Sam M. Walton. También apoya a varios museos, como el de Historia Natural de San Diego. Hace unos años le donó su residencia victoriana de 1896, además de entregar cuatro millones de dólares para preservarla. En suma, la Familia Walton es la más caritativa del mundo, tras regalar 1.600 millones de dólares a distintos colegios, asociaciones civiles, universidades y fundaciones.
La otra Walton —Alice, cuñada de Christy— aparece en el puesto número 21 de Forbes. Es la tercera mujer más rica del mundo (fue la primera hasta 2004). Tiene 61 años, y suma dólares por 21 mil 200 millones.
Amante de los caballos, también es considerada una gran filántropa: financió el aeropuerto de Bentonville (1990) avaluado en 100 millones de dólares y acaba de abrir el Museo de Arte Americano Crystal Bridges en Arkansas con una de las colecciones más prominentes del mundo de arte americano desde la época colonial.
LA SEGUNDA MUJER DE LA LISTA es Liliane Bettencourt (88 años, una hija), empresaria de la compañía L’Oréal de Francia. Con sus 23.5 miles de millones de dólares es la más acaudalada de Europa. Hija de Eugéne Schueller, un panadero que tras estudiar química inventó el primer tinte de pelo, en 1909 fundó la Sociedad Francesa de Tintes Inofensivos para el Cabello (que 30 años después pasaría a llamarse L’Oréal) y se transformó en un revolucionario en la cosmética. Estricto, hizo que Liliane trabajara desde los 15 años pegando etiquetas en los envases. Una tuberculosis la obligó a irse a Suiza, donde conoció a André Bettencourt, un político con quien se casaría en 1950. Siete años después, a los 35 años, murió su padre. Liliane, quien había perdido a su madre a los cinco años, era la única heredera del imperio.
Liliane nunca aceptó el puesto de presidenta, y siempre tuvo a amigos fieles en ese cargo. Gracias a las buenas decisiones, la empresa hoy es dueña de marcas tan prestigiosas como Lancôme, Biotherm, Vichy, Ralph Lauren, la propia L’Oréal, además de Garnier y Maybelline. Incluso participa en el mercado internacional de la franquicia y la distribución, con The Body Shop. Recientemente, adquirió al grupo estadounidense Maly’s West.
Pero gracias a su dinero la millonaria Bettencourt también tuvo una fuerte pelea legal con su hija Françoise Meyers-Bettencourt, quien pretendía impedir los ‘regalos’ de su madre al fotógrafo François-Marie Banier por unos mil millones de euros. La multimillonaria, por su parte, reivindicó su derecho a “no dar cuentas a nadie”. Quizás éste es el único episodio que llevó a Bettencourt a aparecer en la prensa.
En todo caso, hasta hace poco, Liliane Bettencourt continuaba pidiendo información de cada movimiento de la empresa, en su casa del elegante barrio parisino de Nauilly, rodeada de cuadros de Monet, Picasso, Léger, Van Gogh y Chirico. Hoy está bajo la tutela de su hija.
La chilena es la cuarta mujer más rica del mundo, quien en 2010 estaba en octavo lugar. Se trata de Iris Fontbona (67, viuda de Andrónico Luksic). Según la revista Forbes, su fortuna creció de 11 mil 700 millones a 19 mil 200 millones de dólares en apenas 12 meses.
Iris se casó en 1961 con Andrónico Luksic, quien había enviudado de Ena Craig. La pareja tuvo tres hijos: María Paola, Jean-Paul y María Gabriela, que se sumaron a Andrónico y Guillermo, del primer matrimonio.
En una de las pocas entrevistas que concedió el empresario dijo que al momento del matrimonio, él tenía 34 y ella 18, y que se propuso combatir la falta de diálogo que veía en otras familias: “Cuando llegaba de la oficina a la casa, me metía en mi cama y a mi alrededor se sentaban mis cinco hijos y mi mujer, y yo les contaba lo que había sido mi jornada, con lujo de detalles. Al poco tiempo, me di cuenta de que de esas conversaciones salían novedosas soluciones a problemas”.
Lea el reportaje completo en la edición del 2 de diciembre.
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