¿El zorro cuidando el gallinero?
Mario Draghi
Por Pamela Aravena Bolívar
El hombre a la cabeza del BCE es un economista bien formado, pero mal reputado… Y en estos días clave para el futuro del Viejo Continente muchos lo miran con desconfianza. Es que el ejecutivo tuvo un marcador paso por el banco de inversiones Goldman Sachs: desde ahí enseñó a Grecia a ocultar sus deudas. De eso a la bancarrota hubo un pasito… Y la nube ahora sigue sobre el techo de Europa.
Los ojos del mundo están puestos sobre él. Mario Draghi (64 años, romano, casado) es el nuevo presidente del Banco Central Europeo (BCE), que tiene un rol decisivo en la difícil tarea de superar la grave crisis económica. ¿Salva o hunde al Viejo Continente? preguntaron algunos diarios poco después del nombramiento. Y la duda sigue latiendo, aunque este mes un vientecito optimista se coló por los mercados y las bolsas… Esto, después que el BCE y su par estadounidense, la Reserva Federal, decidieran poner millones y millones en créditos baratos para reanimar la economía.
Pero, ¿quiénes y por qué miran con recelo a la nueva autoridad que algunos partidarios llaman Super Mario, aludiendo al juego Super Mario Bros, del gásfiter que debe salvar a una princesa atrapada?
Draghi fue vicepresidente europeo de Goldman Sachs (2002-2005), el poderosísimo banco de inversiones estadounidense señalado como uno de los responsables de las crisis económicas. “Ponerlo al frente del BCE es como tener a un zorro guardando el gallinero”, dijo el prestigioso economista Simon Johnson, ex jefe del FMI, profesor del Instituto Tecnológio de Massachusetts (MIT), donde estudió Draghi. Sin embargo, admite que tal vez la movida evite nuevos abusos, porque el ‘vigilante’ conoce bien los métodos de los ‘malhechores’.
Según una investigación del diario alemán Der Spiegel, Goldman Sachs enseñó a la hoy afligida Grecia a ocultar sus déficit económicos, de modo que le permitieran entrar en la zona euro, y también a esconder y maquillar las deudas posteriores, que agravaron la situación. Goldman Sachs le cobró 300 millones de dólares a Grecia por tales consejos. Y todas estas operaciones, que influyeron en el desplome económico de la eurozona, partieron el 2002, mismo año en que Draghi asumió como vicepresidente para Europa.
De hecho, este banco reconoce que está sujeto “a una serie de investigaciones y revisiones de parte de distintos organismos gubernamentales y regulatorios, en relación con las transacciones con Grecia”. Y esas indagaciones son preocupantes. Por esto, tanto el Banco Central de Estados Unidos como la Securities and Exchange Comission están escarbando en las cuentas de todo el período en el que Draghi fue vicepresidente.
SI SE DETECTA QUE TUVO RELACIÓN con los manejos ilegales de la deuda griega, no sólo habrá infringido las normativas de EE.UU., sino también las del código del Banco Central Europeo, que exige a sus autoridades firmar, antes de asumir, un formulario donde responden la pregunta: “¿Ha infringido alguna ley?”.
Cuando presentó sus credenciales ante la Eurocámara, Draghi aseguró que nada supo de las movidas griegas para esconder su deuda y agregó que los acuerdos entre el Goldman y el gobierno griego se realizaron antes de su incorporación.
En su candidatura a la presidencia del BCE, además, se declaró partidario de un estricto control de los precios, de una mayor integración económica y mejor disciplina fiscal, para evitar nuevas crisis de deudas. Pero la sospecha y la ironía ya se habían instalado. En Alemania, el diario amarillo Bild se burló: “Italia sin inflación es como el espagueti sin salsa de tomate”. Y claro, Draghi fue el gobernador del Banco de Italia, otro de los países con graves problemas financieros y de control de precios, que precipitaron el último cambio de gobierno.
SUS MAYORES DETRACTORES ESTÁN EN ALEMANIA: El país de Angela Merkel siente que debe cargar sobre sus hombros con la crisis. De hecho, la elección de Draghi fue posible sólo gracias a que el candidato alemán, Axel Weber, se retiró de la carrera por sus discrepancias con las últimas políticas impulsadas por los consejeros del BCE para el control de la inflación. Merkel intentó encontrar un nombre alternativo, sin éxito, mientras Draghi se iba imponiendo y conseguía el importante apoyo del presidente de Francia, Nicolás Sarkozy. Al final, la jefa de Estado alemana le dio su beneplácito.
En su primer encuentro con periodistas, sorprendió al anunciar una medida dócil a las políticas que se están imponiendo en Inglaterra y Estados Unidos: bajar las tasas de interés. Esta resolución que no se tomaba desde hace 30 meses, pareciera demostrar que tiene capacidad para orientar el debate hacia políticas públicas más flexibles.
A pesar de éstas y otras precauciones, las cosas no le han resultado tan bien. Las bolsas siguen desconfiadas y aumentan las dudas. Hace poco, hizo una clara defensa de la independencia de su institución, objeto de múltiples presiones, especialmente por parte de Francia, para que asuma un rol más activo en la solución de la crisis. Sarkozy le ha pedido, sin ningún éxito, a Angela Merkel que lo apoye en su intención de aumentar las facultades del BCE.
“Nuestra credibilidad implica el éxito de nuestra política monetaria, consistente en detener las perspectivas de inflación a mediano y largo plazo”, dice Draghi, acercándose cada vez más al razonamiento alemán. Si derrota las sospechas que caen sobre él, este “Súper Mario”, como en el juego de video, podría llegar a convertirse en la esperanza de Angela Merkel, la “princesa” atrapada…
No queda otra que esperar. La crisis no cede, cuando ya las imágenes de Navidad en las calles empiezan a anunciar el fin del espantoso 2011 —que ya ha afectado a Chile— y comienza el impredecible 2012. ¡A juntar los dedos!
Para tomar nota:
Este banco de inversiones no sólo enfrenta investigaciones por su papel en ocultar la deuda de varios países europeos. En noviembre admitió que afronta demandas por 15 mil 800 millones de dólares, por su papel durante la crisis hipotecaria de Estados Unidos de 2007.
La cifra es alarmante y 30 veces superior a la estimada en agosto.
Lo que muchos no entienden en el Viejo Continente es cómo tantos hombres que pasaron por Goldman Sachs durante el periodo negro de su historia, asesorando a gobiernos a esconder sus déficit, ahora llegan a altos puestos para enfrentar la misma crisis que ayudaron a producir.
Aparte de Mario Draghi, los medios recuerdan otros nombres:
—Mario Monti (68), economista, reciente sucesor de Silvio Berlusconi en el gobierno italiano. Doctorado por la Universidad de Yale, tras ser comisario europeo de Mercado Interior y Competencia, fue nombrado consejero internacional de Goldman Sachs en 2005. Según la propia Goldman, Monti los asesoró sobre los asuntos europeos y las políticas públicas mundiales.
—Antonio Borges, economista portugués, director para Europa del FMI, ex vicepresidente y managing director de Goldman Sachs Internacional, entre 2000 y 2008, la misma unidad del banco que se ocupó de los procedimientos griegos.
—Petros Christodoulou, hoy a cargo de la Agencia de Deuda Pública de Grecia. Trabajó en Goldman y en 2006 era el responsable de Mercados y la Banca Privada del Banco Nacional de Grecia, la entidad que comenzó con las llamadas “permutas financieras” que derivaron en la crisis.
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