,

Actualidad

Mujeres fantasma

Aplastadas en el mundo árabe

Por: CARAS

Entre el impulso progresista y el feroz sometimiento. Así vive la mayoría de las mujeres árabes, con restricciones como manejar, pedir el divorcio, estudiar las carreras más demandadas y ocupar cargos de alta responsabilidad. Promovieron la “primavera árabe”, pero han terminado ignoradas. Tres representantes de ese olvidado mundo lograron el Premio Nobel de la Paz este 2011.

Wp-Mujeresarabes-granAl final, el rey Abdullah de Arabia Saudita se apiadó de Shaima Jastaina, una treintona saudí condenada a soportar la furia de diez latigazos después de ser sorprendida… manejando. La sentencia había escandalizado a Occidente, donde se levantaron críticas al estado de sumisión en que se encuentra buena parte de las féminas de naciones árabes.
La determinación real se unió a la osada campaña Women2drive, donde saudíes han aprovechado Facebook y Twitter para exponer al planeta la dificultad que tienen hasta para sentarse al volante en una tierra donde el dominio masculino resulta totalitario.

El monarca —teniendo en cuenta las revueltas en naciones cercanas y la presión internacional para que detuviera el castigo—, no sólo dejó sin efecto lo de Shaima, sino que anticipó —en un acto de osadía política y cultural— que ellas podrán votar y hasta ser candidatas en las municipales del 2015.
“Es un paso satisfactorio, pero si van a ser flageladas por tratar de ejercer su derecho a la libertad de circulación, entonces las tan pregonadas reformas anunciadas por el rey suponen en realidad muy poca cosa”, criticó severamente Philip Luther, director adjunto del Programa para Oriente Medio y el Norte de Africa de Amnistía Internacional.

SUBYUGADAS A LA VOLUNTAD MASCULINA, la posición de ellas está marcada por la dominación, ignorancia y violencia. Dos crueles ejemplos: la mutilación de sus genitales y los matrimonios a corta edad. Otra: los “crímenes de honor” en que son objeto desde homicidios hasta violaciones. ¿El delito? Quebrantar el “honor masculino” al ser sorprendidas con un amante, rechazar un matrimonio concertado o haber sido víctimas de alguna agresión sexual. Menos grave, pero igualmente demostrativo del lugar que ocupan en la escala social es que no pueden oponerse a la poligamia y menos aún solicitar el divorcio.
Ni siquiera gozan de buena salud. No sólo en cuanto a posibilidades de desarrollo personal o derechos de género, sino también en salubridad. Así, por ejemplo, el índice de mortalidad materna promedia las 270 cada cien mil nacimientos, una tasa que cae apenas a unas siete en estados como Qatar.

Wp-Musulmanas-mediaHay otros males que las afectan más que a ellos. Por ejemplo, pese a que el VIH todavía presenta bajos índices de penetración, la posibilidad de que se infecten mujeres —de los 15 a 24 años— dobla al riesgo de los hombres.
En educación el asunto no anda mucho mejor. No importa que ellas logren mejores rendimientos académicos ni que las tasas de abandono escolar sean también inferiores al de ellos: el acceso a la enseñanza sigue siendo un tema complejo. Basta ver los niveles de analfabetismo para percibir la disparidad: 50 por ciento ellas y 30 por ciento ellos.
Cuando se revisa el mundo universitario, efectivamente existe un aumento de mujeres que acceden a la educación superior, pero casi siempre relegadas a campos específicos, como literatura, humanidades y ciencias sociales. Con un agregado no menor: son las áreas menos demandadas laboralmente. Así, campos como ingeniería o ciencias aún son áreas escasamente exploradas por las universitarias.

Como sea, que más del 50 por ciento de ellas sean parte del grupo de los mejores estudiantes en el sistema educativo de naciones árabes —aunque representan menos de la mitad del total de matriculados— constituye una demostración de que existe gran potencial, pese a la fuerte tradición que las suele limitar en su futuro casi únicamente a labores domésticas. Un destino frustrante para ellas y limitante para los propios países en sus intenciones de desarrollo económico.
Las mujeres no sólo están en desventaja de oportunidades, condiciones y salarios, sino que el acceso a puestos de mayor responsabilidad habitualmente le está vetado. Pese a esto, la incorporación como fuerza laboral entre 1990 y 2003 resultó muy superior (19 por ciento) al del resto de las regiones del orbe (con apenas un 3 por ciento).  A pesar de esto, la participación de ellas en la economía de sus países sigue siendo la más baja del planeta, con apenas un 33 por ciento, versus 55 por ciento promedio en el resto del globo.

La serie de normas que las afectan también constituyen una traba importante para integrarse al mundo del trabajo. ¿Algunas de estas restricciones? Por ejemplo, deben pedir permiso al padre o marido para viajar y hasta para tener una cuenta bancaria. Peor aún, muchas se ven obligadas a cuidar no sólo de sus hijos, sino también a parientes enfermos, ancianos y discapacitados. Todo, sin disponer de mayor ayuda social por parte de los estados.

De otro mundo

Las naciones árabes representan alrededor del 20 por ciento de los musulmanes del mundo. Ejemplos son Irán (musulmán, pero donde se habla persa) e Indonesia (el país con más musulmanes en el mundo).

Para el 2015, los estados árabes albergarán unos 400 millones de personas.

Estos países exhiben una de las poblaciones más jóvenes del globo: el 60 por ciento de ella se ubica bajo los 25 años.

Según el PNUD, son estados con la 
más baja puntuación en cuanto a libertades civiles, derechos políticos 
e independencia de los medios 
de comunicación.

Una de cinco personas vive por debajo del nivel de pobreza.

Lea el reportaje completo en CARAS del 14 de octubre.

Envíe su opinión sobre este artículo a actualidadcaras@televisa.cl

Comparte esta noticia