Coco Chanel: La temeraria
Nueva biografía
Por Francia Fernández
Siempre hubo sospechas de su tendencia antisemita. Una reciente biografía asegura que la mujer que revolucionó el mundo de la moda, habría sido agente nazi, durante la Segunda Guerra Mundial. En noviembre, otro libro entregará pormenores de su vida íntima: amante de un informante alemán, morfinómana y con aventuras lésbicas.

Atrevida, imprevisible, malhumorada, contradictoria y enigmática, Coco Chanel, la diseñadora de modas más influyente del siglo XX, no deja de ejercer fascinación. A 40 años de su muerte, en Alemania y Estados Unidos acaba de publicarse Durmiendo con el Enemigo: La Guerra Secreta de Coco Chanel (Knopf) del periodista Hal Vaughan. El autor asegura que la modista fue colaboradora nazi, durante la ocupación alemana de Francia, en la Segunda Guerra Mundial. “Ella era una facilitadora. Conocía a todo el mundo en España, el Reino Unido, y ayudó a los seguidores de Hitler”.
En noviembre, en tanto, sale a la venta otra biografía: Coco Chanel: Una vida íntima (Penguin), de Lisa Chaney. Esta última aportaría detalles sabrosos de su vida romántica, entre ellos, algunas aventuras bisexuales, un amorío con el entonces casado Salvador Dalí y otro más con un alemán que habría sido el vínculo de Chanel con el gobierno de Hitler. También aborda una posible adicción a la morfina.
Echando mano a cartas románticas recientemente descubiertas y a otros documentos, Chaney construye “el retrato más profundo y oscuro” de Coco hasta ahora. “Explora los orígenes, el poder creativo y el sufrimiento secreto de esta excepcional y a menudo incomprendida mujer”. El representante de Chaney afirma que hay evidencia de que Coco utilizaba opiáceos y tuvo amoríos lésbicos. De paso, revela los entretelones de la relación entre Chanel y su amante alemán Hans von Dincklage, a quien la diseñadora llamaba ‘gorrión’. Y de este relato se desprende que ella habría realizado tareas de informante.
La noticia de una conexión entre la menuda y en apariencia frágil Chanel, y los servicios secretos nazis, causó controversia inmediata. Hasta ahora se sospechaba que Coco era antisemita, pero es la primera vez que este rumor se confirma de modo tan rotundo en un libro. “Chanel era más que una simple simpatizante y colaboradora de los nazis. Era una agente numerada que trabajaba para la Abwehr, la agencia de inteligencia militar alemana”, declaró en un comunicado la editorial responsable de Durmiendo con el Enemigo… El autor, un ex militar estadounidense que luchó en este conflicto y a quien se atribuyen conexiones con los servicios secretos de la CIA, llegó a esta conclusión luego de analizar archivos del Reino Unido, Francia, Alemania y Estados Unidos, que “por primera vez detallan las extensas actividades de Chanel durante la guerra”. De acuerdo con sus hallazgos, la diseñadora realizó varias tareas de contraespionaje en Madrid y Berlín. Misiones a nombre de importantes generales de la SS. Lo habría hecho provista de un alias, ‘Westminster’ (por el duque de Westminster con quien tuvo un romance) y un número: F-7124.
En un recorrido por seis décadas, Vaughan revela de dónde nació su antisemitismo, por qué estaba tan arraigado en ella y cómo ingresó a la inteligencia nazi. Además, detalla cómo utilizó su posición de espía para recibir favores, por ejemplo, asegurar la liberación de su sobrino de un campo de concentración o ‘arrebatarle’ el control de su marca de perfumes a unos socios judíos, que tuvieron que exiliarse en Estados Unidos durante la guerra.
El libro también consigna cómo consiguió escapar de la muerte cuando fue detenida y liberada posteriormente en París. La casa de moda Chanel entregó una declaración oficial donde negó las conexiones de su creadora con los nazis. “Ella tuvo una relación durante la guerra, claramente no fue el mejor período para enredarse sentimentalmente con un alemán”. Y consideraron poco probable su antisemitismo por los lazos de amistad que unían a Chanel con familias y personajes de origen judío. También defendieron el papel de ‘intermediaria’ que desempeñó durante la Segunda Guerra Mundial, cuando aprovechando su cercanía con Winston Churchill, se ofreció para alcanzar un acuerdo de paz entre aliados y alemanes.
Por su parte, Elan Steinberg, presidente de la American Gathering of Holocaust Survivors and Their Descendants, manifestó que estaba “horrorizado por las informaciones contenidas en el libro de Hal Vaughan, y que la marca Chanel debería hacer una investigación, “en honor a la verdad y la memoria histórica de las víctimas”.
A raíz de la polémica despertada por el libro de Vaughan, en el semanal alemán Der Spiegel afirmaron que el antisemitismo de Coco Chanel está bien documentado. “Les tengo miedo sólo a los judíos y a los chinos, pero a los judíos todavía más que a los chinos”, es una de las frases que la revista le atribuyó en los años ’60.
Tras la muerte de Coco, en la década siguiente, el periodista y escritor John Updike, publicó un texto en The New Yorker: “Todo indica que a Chanel le daba igual la suerte dramática que les esperaría a sus vecinos judíos y las privaciones o humillaciones que amenazaban a la población de París durante la guerra”.
Atormentada y talentosa. Su historia es digna de un guión de cine. Nació en agosto de 1883 como Gabrielle Bonheur Chanel en Samur, Francia, en una época marcada por la opulenta y recargada moda de la Belle Epoque. Hija de un vendedor ambulante que abandonó a su familia, se crió junto a cuatro hermanos con una madre que murió de tuberculosis cuando ella tenía 12 años.
Con fama de fabuladora (una mentirosa compulsiva, según sus biógrafos), el apodo de Coco tiene como otros episodios de su vida, diferentes versiones. Unos dicen que era un apelativo cariñoso de sus tías, otros lo relacionan con el nombre de una canción que interpretaba cuando cantaba en bares de mala muerte. Y sus enemigos afirman que deriva de cocotte (prostituta).
Aprendió su oficio de modista con las monjas del orfanato donde pasó su pubertad y comenzó a construir mitos sobre sí misma. Como renegaba de su pasado de hija ilegítima, decía que su padre era un experto en caballos, un hombre tierno y cosmopolita, y que ella provenía de una familia acaudalada, que poseía propiedades y mansiones campestres.
El abandono paterno, la muerte de la madre y la soledad espiritual marcaron a fuego a esta atormentada y talentosa mujer. “Durante mi infancia sólo ansiaba ser amada. Todos los días pensaba en cómo quitarme la vida, aunque en el fondo ya estaba muerta. Sólo el orgullo me salvó”, confesó una vez Coco, quien según apuntó Edmonde Charles-Roux, en su libro El siglo de Chanel (2007), detestaba a la familia: “No me gusta. Se nace en ella pero no con ella. No conozco nada más espantoso”.
Fue Etienne Balsan, un playboy que la sacó del cabaret donde cantaba, quien la llevó a París. Pronto Coco lo abandonó por su mejor amigo, un millonario judío llamado Arthur Boy Capel, quien le ayudó a establecer su primera tienda de sombreros en la calle Cambon número 31. Actual sede y la boutique más famosa de todo el imperio Chanel.
Tijera en mano, eliminó en los años ’20 los corsés y las plumas, acortó polleras. Puso de moda el color negro, impuso pantalones hasta entonces reservados sólo a los hombres, diseñó chaquetas sin cuello y creó el perfume más célebre de la historia: Chanel Nº 5.
Se convirtió en el prototipo de garçonne, símbolo de la mujer moderna, activa y liberada. Y supo de marketing antes de que la palabra se acuñara: eligió modelos para sus colecciones, las puso en trajes de baño y las obligó a tomar sol.
Además de estar adelantada a su época y de haberse ‘hecho’ a sí misma, Coco era ingeniosa, extraña, fascinante. Fue mujer de muchos amantes y ningún marido. Y se convirtió en musa, patrona o ‘querida’ de algunos de los artistas más renombrados del siglo pasado. Por su vida pasaron además del pintor Dalí, el compositor ruso Igor Stravinsky y el duque de Westminster (que la abandonó por una millonaria fértil, después de diez años, porque Coco no podía tener hijos y él quería un heredero). ¿El golpe más cruel? Cuando tenía 50 años y parecía haber encontrado el amor de su vida, el artista francés Paul Iribe murió de un infarto en la cancha de tenis de la residencia que la modista poseía en Niza. Eso la curvó pero no la sepultó. Aún viviría otros 38 años.
La conexión nazi llegó con Hans Gunther von Dincklage a quien conoció en plena Segunda Guerra Mundial. “El era treinta años más joven. Trabajaba en la embajada alemana en París y, muy probablemente, también era una espía”, explica Dieter Wunderlich, autor de un libro sobre mujeres extraordinarias, en que dedica un capítulo amplio a Coco Chanel.
A través de su amor alemán, la diseñadora conoció al general Walter Schellenberg, que estaba a cargo del servicio de contraespionaje de la SS en el exterior. Coco tenía buenas relaciones en la más alta cúpula del poder político británico, gracias a sus amoríos con el duque de Westminster, y creía que gracias a sus contactos, podría hacer una mediación para lograr la paz entre Alemania e Inglaterra. Pero el plan de contactar a Churchill con el jefe de inteligencia alemana no prosperó.
Cuando la guerra terminó, tras largos interrogatorios, Schellenberg (quien según se rumoreó, también habría sido amante de Chanel) habló de un plan secreto… y de la existencia de una mujer, que fue descrita como una persona que conocía bien a Winston Churchill y que podría haber llevado a cabo negociaciones con él.
Las primeras referencias a esta operación conocida como Modellhut aparecieron en una biografia de Chanel de 1974. Según la casa de modas, existen tantas versiones sobre el rol que jugó Coco en esto, que “los hechos reales siempre serán un misterio”.
Esas sospechosas relaciones políticas y amorosas la llevaron al exilio en Suiza y a estar varios años alejada del mundo de la moda. Regresó en 1954 para enfrentarse a un emergente Christian Dior y reconquistar la capital mundial de la moda, rehízo el imperio Chanel e impuso de nuevo su estilo. Luego se encerró en su habitación del Hotel Ritz. Pasó sus últimos días sola y ensimismada como cuando era una niña de orfanato. En la noche del 10 de enero de 1971, la mucama la escuchó suspirar: “Así es como se muere”…

