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Personajes

El padrino de las uvas

ENTREVISTA Francis Ford Coppola

Por: CARAS

Por Victoria Moore / The Daily Telegraph / The Interview People. Adaptación: Marcelo Contreras.

La leyenda del cine no se conforma con ser un revolucionario del séptimo arte. También quiere estar entre los top del mundo del vino. Y aunque lleva décadas en el negocio, ahora apuesta en grande.

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¿Puede un realizador ser aclamado, reverenciado, premiado y vivir al borde de la ruina? Si te llamas Francis Ford Coppola, por supuesto. Una de las figuras clave en la historia de la cinematografía, padre también de la reconocida Sofía (directora de Perdidos en Tokio) y tío de Nicolas Cage, ha pasado décadas filmando películas por encargo para subsistir a su pésimo ojo en cuestión de platas.

No se trata, claro, de alguien que vaya a terminar en la calle. Pero sí de un artista que, pese a conquistar la Academia antes de los 30 con un título como El Padrino, no pudo obtener la autonomía financiera para hacer proyectos a su antojo. A Coppola lo reventó su ego desbocado cuando la crítica y el público lo ungieron como genio, las batallas con los grandes estudios y la ferocidad de los bancos para recuperar los ríos de dinero que era capaz de gastar en sus cintas.

Pero guarda un as hace mucho y ahora lo está usando. Es viñatero desde mediados de los ’70. Y si bien sus vinos son reconocidos en Estados Unidos por la buena relación precio calidad, hoy mueve sus fichas para ganar reputación en los mercados más exclusivos del planeta. Como siempre, no quiere ser uno más, sino el mejor. Y ese es el gran salto.

En lo que va de este año, ya ha hecho dos jugadas maestras. Claro que antes se tuvo que convencer de que para ser respetado entre los más exigentes viñateros debía abandonar el orgullo. Su apellido en una etiqueta no fue suficiente. Entonces consiguió como enólogo nada menos que a Philippe Bascaules, hasta hace poco jefe de Château Margaux, parte de los íconos vitivinícolas de Burdeos (Francia). “Es como un sueño hecho realidad”, declaró al anunciar que Bascaules supervisará su producción 2011. El otro movimiento fue cancelar alrededor de 14 millones de dólares —“más de lo que pagué por la tierra”— para adquirir el nombre original de Inglenook, que era controlado por la compañía The Wine Group. Así se llamaba la famosa finca durante su apogeo, en los años ’40 y ’50, cuando un vino de esa marca era lo más exclusivo de EE.UU. Lo que el director pretende es recuperar ese prestigio, en la jugada más agresiva que ha hecho como viñatero californiano.

Cómo se inició en estas lides, da para guión. Casi al mismo tiempo en que se embarcaba en la colosal Apocalypse Now en 1975 —la cinta que se estrenaría cuatro años más tarde tras una serie de descalabros emocionales, físicos y financieros, pero que aun así resultó una película de culto—, el realizador rechazaba una vez más vivir en Hollywood, como desprecio al sistema de los grandes estudios.

En esta entrevista relata ese proceso. “Yo tenía dos hijos pequeños y dije: compremos una casa de campo con tal vez un acre de uvas. Los niños pueden trepar los árboles y quizá podríamos hacer vino una vez al año, y darle a todos mis parientes. Mi familia era italiana, recuerdo que durante mi infancia siempre había una botella en la mesa… de marca Gallo, porque mi padre era un tacaño. Pero sé que mi abuelo iba a comprar uvas a California y tenía un par de barriles en el sótano de su casa en Nueva York. Sonaba divertido”.

Entonces Coppola encontró una oportunidad única. Ya no se trataba de una simple casa de campo. La oferta que recibió parecía mentira: “Nuestro agente de bienes raíces dijo: Niebaum va a ser subastado. Es la joya del Valle de Napa, forma parte de lo que fue la finca Inglenook, que hoy está destruida. Sé que no es para ti, pero nos dan la oportunidad de verlo”. Francis Ford, que ha ganado también el Oscar como guionista con la inolvidable Patton (1971), sazona el relato: “Nos llevaron a este paraíso de dos mil hectáreas. Incluía hasta una montaña. Yo tenía 29 años. Recién había hecho El Padrino…”.

Vale la pena hacer un paréntesis en la historia que nos relata Coppola. A estas alturas debe estar preguntándose ¿de qué se trata esa tierra soñada que lo tiene dando vueltas sus prioridades? Hablamos del Valle de Napa, que representa “la nueva industria del vino y la buena comida”. Recibe en la actualidad más de ocho millones de visitantes al año, posicionándolo como la principal atracción de California después de Disneylandia. Y justo en el distrito de Rutherford se encuentra una de las casas más emblemáticas de la zona. Un antiguo viñedo de 631 hectáreas que perteneció a la legendaria propiedad de Inglenook. Dentro de los dos millones de dólares que pagó el director, estaba incluida esta casona del siglo XIX, cuyo dueño original fue Gustave Niebaum. Por eso rebautizó la propiedad como Niebaum-Coppola. En su château central expone recuerdos de sus películas: la tabla de surf del coronel Kilgore en Apocalypse Now o la mesa de Don Corleone en El Padrino.

Sigamos reconstruyendo el guión… Luego de hipotecar su adquisición y con el ‘vamos’ del banco, comenzó una loca y agotadora temporada de grabación que duró un año. Apocalypse Now pasó a la historia como una de las más desastrosas filmaciones en el cine: el protagonista Martin Sheen (papá de Charlie) tuvo un brote sicótico, sufrió un ataque cardiaco, recibió la extremaunción y se recuperó milagrosamente. Marlon Brando se comportó según su leyenda —un malcriado—, y un huracán arrasó con las escenografías. Coppola vio cómo el presupuesto se disparaba cuatro veces. Al regresar a su hogar había bajado 40 kilos y el matrimonio pendía de un hilo. Eleanor, su mujer hasta hoy tras 48 años juntos, sabía muy bien que él se sacudía las tensiones con “exceso de compañía femenina”.

“Cuando llegué a casa yo era un desastre. Ahora la gente dice que es un gran título, pero casi fue un enorme fracaso. Financieramente pasamos por momentos muy difíciles con mi esposa: nos cerraron la cuenta del supermercado, durante diez años hice cualquier película en la que podía conseguir un trabajo. Finalmente con Drácula tuve algo de dinero, diez millones de dólares. Se los di a Eleanor para que invirtiera y nunca tuviéramos que pasar por una situación así otra vez. Un par de semanas más tarde, otro pedazo de Inglenook salió a la venta. Así que hablé con ella y le dije: ¡dame ese dinero!”. 


Todo ese estrés no debe haber sido fácil para Eleanor. El realizador confiesa que se casó “porque yo quería hijos. El matrimonio me hizo ambicioso y estable… seis meses después de aquella ceremonia logré el éxito. Muchos jóvenes de hoy dicen: esposa y niños más tarde. Ahora quiero ser cineasta. Yo les advierto: si quieren tener éxito, ¡cásense!”. En voz alta, infiero de su irónico consejo: de lo contrario, salir con mujeres se convierte en un pasatiempo que te quita toda tu energía… “¡Sí!”, concuerda entusiasta Coppola… “Qué pérdida de tiempo (las mujeres), cuando podría estar en casa escribiendo guiones…”. Campante, hace como si nadie supiera de sus andanzas, aunque estén documentadas en diarios y biografías.

“Al principio no me sentía competente para intervenir. Pero me di cuenta de que el propietario es parte del proceso. Y yo no estaba conforme. Sentí que el vino se estaba poniendo muy masivo, con demasiado alcohol”. Así que empezó a hacer preguntas como, “¿por qué gastar tanto dinero en los análisis de laboratorio? Eso es como saber el porcentaje de grasa corporal de Marilyn Monroe y luego buscar a una mujer que tenga esas medidas. No será igual de sexy”.

¿Y el cine? Las últimas entregas confirman que está más concentrado en cosechas que en el celuloide. Sin embargo, Twixt now and sunrise, aún sin estrenar y protagonizada por Val Kilmer, de alguna manera une sus dos pasiones: una historia onírica (como sucedía en sus primeras cintas) filmada en el Valle de Napa… Hay que esperar qué sale de ese ensamblaje de Coppola.

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