El lado oscuro
Galliano
Por David James Smith / The Sunday Times / The Interview People Adaptación: Mariola Montosa.
Declarado culpable de injurias antisemitas y racistas dichas en un café parisino a principios de año, el otrora todopoderoso diseñador ha perdido casi todo: el prestigio, su puesto en Dior y su propia firma. La vida se vino cuesta abajo con la muerte de su mano derecha Steven Robinson, una historia de duelo y drogas que había permanecido en secreto hasta ahora.

John Galliano (50) se hizo famoso por sus extravagantes apariciones al final de sus desfiles: vestido de astronauta, como coleccionista de mariposas o torero… Los disfraces parecían los trucos de una persona extrovertida, rebosante de frescura y confianza en sí misma. Pero las cosas en el mundo de la moda, rara vez son lo que parecen.
Esos disfraces le permitieron esconderse de la tensión y el malestar que le acompañaban habitualmente. A medida que cumplía años, le preocupaba envejecer. Solía usar el truco de las modelos: las vendas isométricas de Mark Traynor, una especie de diadema invisible que estira la piel de la cara y suaviza algunas arrugas. También empezaron a ser frecuentes sus visitas al cirujano plástico.
La fijación por el cuerpo comenzó cuando entró en Givenchy, en 1995. Ya no podía continuar con sus juergas nocturnas y alimentándose de comida basura. Entonces sustituyó su obsesión por la noche por la del físico. “No quería solamente tener buenos pectorales, deseaba los mejores de París”, cuentan sus conocidos.
Pensé en todo ello en junio, sentado entre el público de la sala 17 del Tribunal Constitucional de París, en el juicio donde se le acusaba de racismo y antisemitismo, después de insultar a tres personas en la cafetería La Perle el pasado febrero. Un escándalo rematado con la publicación de un vídeo grabado meses antes en el que ensalzaba a Hitler. Despojado de cualquier disfraz y afrontando la posibilidad de ir a prisión, parecía arrepentido y temblaba mientras respondía a las preguntas del juez.
Ya lo había perdido todo. Su prestigio, el puesto en Dior y su propia firma, que también pertenece a la maison parisina. Lo que había logrado a lo largo de los años se había desvanecido delante de sus ojos. “El sabe que ha actuado de manera muy estúpida”, dijo una fuente al Daily Mail en febrero.
Fue declarado culpable de injurias antisemitas y racistas, un delito por el que el juez lo condenó a una multa de 6.000 euros, que no deberá abonar si no reincide en los próximos cinco años. Sí tiene que pagar, en cambio, una suma a cada una de las tres víctimas a las que insultó y a cinco organizaciones antirracistas que hicieron la acusación civil.
Galliano habló en el tribunal de las presiones a las que se enfrentaba en su trabajo, y cómo éstas lo habían arrastrado a una triple adicción al alcohol, el Valium y los barbitúricos, los cuales le habrían provocado el explosivo arranque. También relató de manera conmovedora el impacto que tuvo en él la muerte de su mejor amigo y colega, Steven Robinson, (en 2007 a los 38 años), en teoría por un ataque cardíaco. Tras su muerte —contó en el juicio— comenzó a beber en serio y todo se desplomó.
ROBINSON EMPEZÓ A TRABAJAR CON GALLIANO A FINALES DE LOS ’80. Al principio cosiendo botones, pero con los años se convirtió en la figura clave en las sombras. “Me protegía de todo para que yo pudiera concentrarme sólo en lo creativo”, aseguró en el juicio. El no sólo era jefe del taller, también era su alter ego, su confidente y el guardián de sus secretos. El único que se atrevía a decirle “no creo que eso funcione”.
No eran pareja sentimental, pero ambos dirigían un negocio valorado en millones de euros. Los dueños de Dior, LVMH (Louis Vuitton Moët Hennessy), el conglomerado de productos de lujo más grande del mundo, alcanzó el año pasado un volumen de negocios de 20 mil millones de euros. Mientras, la marca John Galliano pasaba por dificultades para cubrir los gastos.
A Galliano le afectó profundamente la muerte de Steven, pero no se tomó el tiempo para llorar la pérdida. Simplemente regresó al taller. El siguiente desfile siempre andaba cerca. Le ocurrió lo mismo cuando murió su padre, en 2003, tres días antes de los desfiles de julio. Asistió a su entierro en Gibraltar, pero tuvo que regresar la noche antes del espectáculo.
Lo que Galliano no reveló durante el juicio fueron las verdaderas y sórdidas circunstancias que rodearon la muerte de su amigo. Detalles que han permanecido ocultos durante años. Ahora se ha sabido que un año más tarde, en julio de 2008, Alassane Seck, un inmigrante senegalés sin papeles, fue declarado culpable de tráfico de drogas y homicidio involuntario en la muerte de Robinson, y que el propio Galliano testificó en el juicio. Aunque parezca increíble, los medios no cubrieron ese proceso.
Seck negó haberle vendido estupefacientes, pero le encontraron el dinero de la transacción. Finalmente admitió que Steven era uno de sus 30 clientes VIP. Y aunque no quiso identificar a todos los “grandes nombres en el mundo de la moda” que le compraban, dijo que la mayoría era de ‘la vieja guardia’, asiduos a Le Palace, un club nocturno para diseñadores y modelos popular a principios de los ’90. Sólo citó a François Baudot, asesor cultural y padrino del primogénito de Carla Bruni, que se suicidó el año pasado.
El cuerpo de Robinson fue encontrado —doce horas después de su muerte— por su asistente en su apartamento en Marais, el barrio judío de París, donde también vivía Galliano. La Perle, el café en ocurrieron los dichos antisemitas del diseñador, igualmente está allí.
Se rumorea que la gente de Dior acudió a la escena y, aunque era evidente que las drogas habían jugado un papel importante, la prensa sólo dio como causa de su muerte un ataque al corazón. Los detalles completos permanecieron ocultos porque no hubo ninguna investigación pública y las leyes francesas sobre privacidad de datos no permiten el libre acceso a los registros para consultar, por ejemplo, los certificados de defunción. No hubo escándalos que alcanzaran a Dior ni a Galliano.
Ser el diseñador jefe de Dior era sin duda el mejor trabajo en la industria de la moda, pero tenía un precio. Los desfiles son producciones cortas pero enormes, que sólo se logran con noches de insomnio y una intensa atención a los detalles. Robinson contó al New Yorker en 2003 “es tanto trabajo para 20 minutos que no puedo creer que lo sigamos haciendo”.
Todos sabían que tomaba drogas. Quienes trabajan en la moda dicen que esto es algo normal. Después de su último desfile antes de morir, Robinson le dijo a Galliano que no se sentía capaz de continuar a ese ritmo. Tras finalizar los desfiles, los dos solían marcharse de vacaciones juntos. Pero esta vez rechazó la invitación, por lo que Galliano y otros amigos se fueron y él se quedó en casa.
Nunca trató su adicción al alcohol. La casa Dior dice que lo apoyó con este problema. Según el Daily Mail, cada vez que le hablaban de ello, el diseñador prefería obviar el tema o afirmar que lo arreglaría con una visita al spa.
Algunos amigos creen que quería salir de Dior, pero no sabía cómo escapar. Al final le resultó el escándalo en La Perle, donde desató un torrente de insultos. Dior se movió rápidamente para destituirlo como diseñador y de su propia marca. Alegaron una política de ‘tolerancia cero’ hacia el antisemitismo. Sobre todo siendo judíos el propio Toledano y la actual cara de la marca, Natalie Portman. Pero en los corrillos de la moda se comenta lo bien que le ha venido a la maison que Galliano haya firmado su propia sentencia de muerte para así evitarse la indemnización de casi 20 millones de euros que hubieran tenido que pagarle por un despido cada vez más cantado.
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