Bill Gates pide limosna
CARAS DEL MUNDO: Entrevista exclusiva al cofundador de Microsoft
Por Caroline Graham / Live Magazine / The Interview People. Adaptación: Francia Fernández.
Ahora que dejó de ser el hombre más rico del mundo, necesita conseguir dinero. Pero no para él, sino para su fundación. La nueva meta en su vida es pasar a la historia llevando vacunas a los países pobres y derrotar la malaria.

Mientras se mece en su silla, Bill Gates canta en inglés: Quiero ser un millonario… Comprar todas las cosas que nunca he tenido. Estar en la tapa de la revista Forbes, sonriendo al lado de Oprah y la reina Isabel. Según cuenta, el hit Billionaire, de Travie McCoy y Bruno Mars, famoso en Estados Unidos y Gran Bretaña el año pasado, es el material preferido de sus hijos para reírse de él.
La referencia es obvia. A los 55 años, su cara ilustró muchas veces la portada de Forbes. Junto a Paul Allen, Gates ideó, en sus tiempos de estudiante de Harvard, el sistema operativo Windows, que luego se convirtió en un monstruoso software, avaluado en 400 mil millones de dólares. Oprah Winfrey no sólo es su amiga cercana, sino también una potencial benefactora de su fundación Bill & Melinda Gates. Y la reina lo nombró ‘caballero honorario’ del Imperio Británico en 2005.
Al empresario y filántropo estadounidense le divierte que sus hijos Jennifer (15), Rory (12) y Phoebe (9) —quienes lo mantienen actualizado musicalmente— se rían de él.
Gates es oficialmente el segundo hombre más rico del mundo desde que, el año pasado, le cediera el primer lugar al empresario mexicano Carlos Slim. Eso ocurrió solamente porque el creador de Microsoft donó 28 mil millones de dólares en caridad, y ahora posee ‘apenas’ 56 mil millones.
Sus hijos no van a heredar todo ese dinero. “No creo que esa cantidad sea buena para ellos”, comenta. Aunque no especifica cuánto obtendrán, se especula que serían unos 10 millones de dólares por cabeza. O lo que Gates llama “una minúscula porción de mi fortuna”. “Recibirán una educación increíble, con todos los gastos pagados. Cualquier tema de salud también estará cubierto. Pero en cuanto a sus ingresos, tendrán que elegir algo que les guste e ir a trabajar. Ahora son como otros niños: hacen sus tareas y reciben dinero para el bolsillo”, agrega. Aparentemente, Gates está decidido a que su patrimonio no afecte su vida familiar, y a ser un padre presente.
Se trata de un hombre que nunca tomó un día libre cuando era veinteañero. Y aún es un fanático del trabajo, aunque cada vez “un poco menos”. “Juego tenis, bridge, paso tiempo con mi familia y ando por las calles en un Mercedes normal. Antes manejaba un Lexus. La familia tiene un Porsche, que es un auto lindo en el que a veces salimos. También tenemos una minivan que usamos para movernos todos juntos. Como mi hija mayor practica equitación, hay muchos eventos a los cuales asistir. Los chicos ocupan gran parte de mi agenda”.
“¿Ha cedido a pedidos inevitables a esa edad como un iPad, iPhone o iPod?”. Su rostro se tensa al hablar de los productos estrella de su competidor, Apple: “Tienen el equivalente en Windows. Un Zune music player, que es un reproductor portátil fantástico. Ellos no se privan de nada”, responde.
DECIR QUE GATES SE SIENTE SOCIALMENTE INCÓMODO ES POCO. Famoso por su timidez, este es un hombre que construyó una compañía multimillonaria y, sin embargo, parece ignorar por completo lo que es desenvolverse en sociedad.
Su voz es altisonante y curiosamente chillona. Mientras habla está en constante movimiento, girándose en su silla, con los brazos cruzados, golpeteando la mesa con sus dedos o jugando con la lapicera. No acostumbra a sostener la mirada ni se engancha con comentarios pedestres.
En 2008 decidió retirarse de la locura diaria de Microsoft para perseguir una idea que le rondó en la cabeza durante diez años: conseguir que los hombres más ricos de EE.UU. donaran al menos el 50 por ciento de su fortuna en vida o como herencia, para fines filantrópicos. La meta final era más ambiciosa: usar esos recursos para erradicar enfermedades como la malaria. Desde entonces, mientras él viaja por el mundo interiorizándose de las miserias humanas y en busca de fondos para combatirlas, muchos creen que ha perdido su ‘agudeza’ frente a firmas como Apple y Google. ¿Cómo son las cosas ahora? ¿Microsoft es pasado para él? ¿Lo reemplazó por la filantropía? “Mi trabajo tiempo completo para el resto de mi vida es la fundación”, afirma sin dudar.
—¿Volverá alguna vez a comandar Microsoft?
—No, en Microsoft estoy involucrado part-time. Este es mi trabajo ahora.
Hoy su fundación tiene un capital de 37 mil millones de dólares, en parte, gracias a las contribuciones del inversionista estadounidense Warren Buffett, quien también es mentor de Gates.
La sociedad comenzó modestamente en 1994, después de un revés que le hizo pensar a este multimillonario acerca de su propia mortalidad. Fue el año en que su adorada madre, Mary, ex profesora y mujer de negocios, murió de cáncer de mamas. Seis meses antes, Bill se había casado con una ex gerenta de Microsoft, Melinda Ann French. El día del matrimonio, Mary Gates le escribió una carta a su nuera. Allí le decía: “Mucho se espera de aquellos a quienes se les ha dado mucho”. Su hijo aún la conserva, y claramente ha seguido su consejo.
Cuando el funeral terminó, Bill Gates Senior, que hasta entonces era un abogado retirado, decidió que necesitaba ocupar su mente en algo.
Así se le ocurrió revisar, aunque con poco ánimo, la enorme ruma de cartas apilada en la oficina de su hijo, todas solicitándole dinero para distintas causas. Hizo una selección que respondió con un cheque y una nota breve. Así surgió la idea de que la filantropía se convirtiera en una tarea permanente. Actualmente, Bill Senior es codirector de la fundación, y aún llega a trabajar cada mañana, a los 85 años.
Poco después, Gates hijo, el pensador estratégico de la institución, decidió ampliar sus propósitos: primero, con la inversión millonaria en campañas de lucha contra el Sida. Y luego contra otros males del mundo. “La vacunación es una manera económica y simple de ayudar a los más pobres”, afirma, convencido.
—¿Por qué no curar el cáncer, en lugar de eso?
—El lema de la fundación es “cada vida tiene el mismo valor”. Y hay más gente que muere de malaria que de cualquier cáncer. Es diferente morir de malaria a los tres años que a los 70, cuando puedes partir de un ataque al corazón o de un cáncer, enfermedad a la cual el mundo entero está inyectando un montón de plata. Mi fortuna habría tenido un impacto menos significativo en eso.
—¿Qué pasa con países como India, que usted tanto ha visitado?
—India, en el norte, aún necesita toda la ayuda que podamos darle para mejorar la tasa de mortalidad infantil, las muertes durante el embarazo y la polio. Para mí es importante meterme en el tema, visitar lugares. Cuando entras a una sala donde hay niños con cólera, es horroroso. Están perdiendo sus fluidos vitales y sus cerebros se están apagando. Como padre y ser humano es realmente horrible.
Bill Gates está convencido de que hasta el problema más intrincado del mundo puede resolverse con la cabeza. Hace poco, en Londres, como impulsor de una conferencia a favor de la Alianza Global por las Vacunas y la Inmunización (Gavi, en inglés), consiguió que benefactores privados y públicos se comprometieran a inmunizar a más de 250 millones de niños de escasos recursos para 2015.
Hasta sus libros de cabecera son del tema: “Ahora estoy leyendo Getting better, de Charles Kenny y pronto iré a China, así que también leo The dragon’s gift, sobre la historia de la ayuda china a Africa.
Lector voraz, su famosa propiedad palaciega —de 200 millones de dólares, 66 mil metros cuadrados, con vista al lago Washington— tiene una biblioteca atestada de tomos. Irónicamente, él prefiere el formato en papel: “Yo leo un montón de libros antiguos y es un placer abrirlos. Pero los recursos electrónicos también son buenos. Los libros digitales van a apoderarse de todo. Son livianos y fantásticos para compartir la lectura”.
Su chiche es el Codex Leicester, un manuscrito de Leonardo da Vinci que compró en 1994 por 30 millones de dólares. “Soy afortunado de poseer esa obra. Siempre me he sentido maravillado por Da Vinci, porque él hizo funcionar la ciencia a su manera. Trabajaba dibujando cosas y escribiendo sus ideas. Por supuesto, él diseñó todo tipo de máquinas voladoras mucho antes de que se pudiera construir algo así”.
Si en su casa se produjera un incendio, sería una de las primeras cosas que rescataría. Y añade: “Tengo documentos de Isaac Newton y Abraham Lincoln. También algunas obras de arte muy bellas. Sería una pena perder cualquiera”.
Aún le inquieta la tecnología. Mientras apunta hacia una pizarra blanca, declara: “El próximo gran paso son los software que reconozcan palabras y voz. Podremos tocar la pantalla y hablarles o enviarles mensajes a colegas alrededor del mundo. Las pantallas son baratas…”.
Tiene sus propias cuentas de Twitter y Facebook, aunque esta última se le fue de las manos por las miles de peticiones de amistad que recibe a diario. Entre sus contactos figura, por supuesto, el fundador Mark Zuckerberg (27), quien ya se comprometió a usar gran parte de su fortuna en obras benéficas. “El vino a pedirme consejo para donar dinero con fines educativos en Newark, New Jersey. Nosotros lo asesoramos, pero él merece reconocimiento… Yo comencé a hacer proyectos filantrópicos significativos a los 40. El empezó mucho antes”.
Gates siempre ha sido descrito como un nerd de la informática, pero sería injusto tildarlo así en esta nueva faceta de su vida. El propio multimillonario trata de sacudirse la etiqueta: “Si ser nerd significa estar dispuesto a tomar un libro de 400 páginas y usarlo para desafiar a la gente a aprender más, pues, sí, lo soy. Lo acepto, totalmente”.
—¿Cuál cree que es su legado?
—El ‘legado’ es una cosa estúpida, no quiero eso. Si la gente ve que las muertes infantiles cayeron de nueve a cuatro millones en un año gracias a nuestra inversión, entonces, wow!… Quiero una vacuna contra la malaria. Si la conseguimos, tendremos que obtener el dinero para dársela a todo el mundo. Pero el impacto será tan grande, que hallaremos un camino. Comprender y forzar los límites de la ciencia es algo que me satisface inmensamente. Lo que hago ahora involucra entender de matemáticas y tomar riesgos. La primera mitad de mi vida fue una buena preparación para la segunda.
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