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Personajes

Las locuras de Shirley MacLaine

Por: CARAS

Por Martin Sompter / The Interview People Adaptación Yanina Sepúlveda.

Al momento de lanzar su autobiografía, la consagrada artista revela detalles íntimos de su vida amorosa y profesional, con esa pluma chispeante y aguda que la caracteriza. En esta entrevista habla, con la misma energía y humor, de sus numerosos affaires extramaritales, la desesperación por los kilos de más y su próximo show en vivo.

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Los 77 años recién cumplidos son patentes en su rostro, pero de manera amigable. Tras la cirugía que se realizó a los 50, las líneas de expresión se han ido acumulando delicadamente en Shirley MacLaine (su verdadero nombre es Shirley MacLean Beatty) como pruebas de la larga experiencia e intensa historia que la convierten en una de las leyendas más carismáticas de Hollywood. Estoicamente instalada en medio de estrellas juveniles que nacen y se desvanecen con la misma rapidez, ella es un recordatorio viviente de grandes y mejores tiempos en la más trascendente industria del cine.

“Mi piel siempre ha sido buena conmigo, pero ya estoy vieja, ganando peso… Y lo odio”, lanza con naturalidad en esta entrevista realizada en la taquillera playa de Santa Mónica, California, donde tiene su cuartel general de descanso.

Conversamos sobre su último libro ‘I’m Over All That and Other Confessions’, que repasa aciertos y errores, sin escatimar verdades personales y ajenas. La excesiva preocupación por la moda, las intrigas para obtener papeles codiciados, los tacos altos o darle importancia a lo que la gente piense de ella… Todo forma parte de lo que, asegura, dejó en el pasado. Con honestidad brutal, habla además de su no tan superada obsesión por los kilos y de su fobia hacia la gente aburrida (“puedo quedarme dormida en plena conversación, sin ninguna culpa”).

shirley-texto-1Los escándalos de famosos que le tocó presenciar también forman parte de su sabroso e irresistible libro, que desarrolla con sarcasmo y encanto. El llanto de Elizabeth Taylor envuelta en joyas y ahogada en champagne; los vuelos en el avión privado de Frank Sinatra que terminaban en peleas con jalea; o la noche que pasó en una suite arrendada para Bobby Kennedy y un hombre que no alcanzó a identificar intentó persistentemente meterse en su cama, sin éxito… Graciosa, chispeante y pródiga en revelaciones, Shirley MacLaine entrega detalles sorprendentes narrados por su propia pluma.

Sin falsos pudores reconoce ahí, por ejemplo, que su vida sexual y amorosa fue variada e intensa, pese a haber estado casada con el mismo hombre durante 30 años. Asegura que su matrimonio con el productor y empresario Steve Parker era “abierto”, es decir, con derecho a ver a otras personas. Aunque, confiesa, a ella siempre le interesó más el romance que las acrobacias bajo las sábanas.

“HE TENIDO UN MONTÓN DE AMANTES HORRIBLES y muchas relaciones amorosas, pero no me iban las citas puramente sexuales; aunque de hecho lo intenté una vez con tres hombres en el mismo día”, confirma. A Oprah Winfrey le contó al respecto: “En realidad, en aquel momento eso no era políticamente incorrecto, mucha gente lo hacía y simplemente decidí que no quería quedar fuera del juego. La relación con mi marido fue abierta y él también tenía sus asuntos, pero éramos muy buenos amigos”.

Compañeros de rodaje como Robert Mitchum o Yves Montand, el diplomático australiano Andrew Peacock o el ministro sueco Olof Palme se convirtieron en sus compañeros de cama. Otros fueron discriminados por poco atractivos, como Jack Lemmon, con quien compartió set en Piso de soltero. “Tenía un corazón muy dulce, ¡pero era como mi tía Rose!”, recuerda con irónica ternura.

shirley-texto-2La armonía que MacLaine y su marido supieron mantener por tres décadas pese a las aventuras extramaritales de ambos acabó en 1987 con divorcio. “Estar casada era una protección para no casarme otra vez. Me lo hacía más fácil. Si hubiera estado soltera, lo habría tenido que discutir con esas personas con las que estuve y realmente no estoy de acuerdo con el matrimonio”, reflexiona.

¿Por qué se divorció entonces? “No fue por el dinero, tal como se ha dicho. El nunca quiso nada de mí. Pero cuando nos separamos, todo había terminado, absolutamente”, confiesa. La mayoría de sus affaires duraron justo tres años, lo cual hoy MacLaine reconoce como un extraño patrón de conducta: “No puedes controlar cuándo serás libre de la intensidad emocional. Es cosa de ritmo. Siempre me shockeó el preguntarme cómo la gente mantiene relaciones por 25 años. Supongo que yo le dedicaba un año al cuerpo, otro a la mente y otro al espíritu. Y entonces todo terminaba. ¡Ja!”, y añade una expresiva carcajada para reafirmar su punto.

No veo nostalgia ni emociones mientras hablamos. Sí leo en sus palabras admiración y reconocimiento por cada uno de esos hombres. Por ejemplo, el primer ministro sueco Olof Palme, asesinado en 1986. “Habíamos roto, pero pensábamos volver… Estuvimos juntos por dos años y pensé en añadir un tercero. Era brillante, me gustaba su inteligencia. Los intelectuales bien dotados siempre me interesaron”. Otro, el actor Robert Mitchum, recibe más elogios: “Era un hombre grande y a mí me gustan los tipos complicados. Muy inteligente, intenso, luminoso, divertido, aunque imposible. Eso lo hacía atractivo”.

También cuenta que en este último tiempo ha recompuesto relaciones rotas. El lazo con su hermano menor Warren Beatty, por ejemplo, tiene lugar en su vida actual, aunque sin excesiva sensiblería: “Seguro, él es un tipo complicado. Pero somos amistosos. Tienen cuatro hijos y amo a Annette (Bening, su cuñada). Ya sabes, las familias van y vienen y no puedo recordar cuándo tuvimos tan malos momentos. Es algo que pasa en todos los clanes”.

shirley-texto-3Aunque nunca se consideró un símbolo sexual, al conversar con ella el tema de la apariencia salta como una de sus obsesiones. “No hablo por vanidad, es sabiduría en materia de salud… No quiero comprar ropa cada vez más grande. He estado armando un show en vivo porque extraño a la audiencia en directo. Hay material de mis espectáculos y de los especiales de televisión. He revisado todo eso y es lo que me tiene en este estado mental. Estoy mirando hacia atrás. ¡Esas piernas que tenía! La verdad es que no he superado la vanidad… pero estoy tratando”. Sin embargo, se apresura en aclarar que jamás ha pensado como diva. “Nunca, nunca, nunca. Soy una bailarina y para eso tienes que trabajar en equipo, no actuar como diva. Eso siempre me mantuvo en mi lugar”.

“Marlene Dietrich me enseñó cómo poner una fina cadena de oro bajo la mandíbula para mantenerla cerrada…”. Y no para de contar anécdotas divertidas: “Después del lifting facial que me hice a los 50 no pude tener más sexo energético, y opté por uno más gentil. Por ende, tuve orgasmos más gentiles —se ríe con una gran carcajada maliciosa—. Emociones profundas pero que no me reventaron los puntos”, remata.

Siempre activa, prepara por estos días dos nuevos proyectos: el show televisivo ‘Una Noche con Shirley MacLaine’ y otra película, donde compartirá créditos con Jack Black y Matthew McConaughey. “Interpreto a una mujer que es una verdadera perra. Tiene mucho dinero y todo el mundo la odia. Me encantan ese tipo de papeles”.

Está contenta y no piensa en la obvia baja de ofertas que trae consigo la edad para cualquier actriz de Hollywood. “No, no tengo idea de qué estás hablando…”, responde seca.

La pregunta inevitable es qué tan sola se siente hoy. Responde tajante: “No, tuve suficiente. ¡Vamos, tengo 77! Ya no estoy interesada en eso. Claro que si algo surge… (ríe). Estoy ocupada y soy creativa. Tengo una vida maravillosa, independiente. Y este tema es aburrido”, concluye sin lugar a una nueva apelación. El tema de la soledad no le gustó.

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