Hugh Laurie: ‘Soy un principiante absoluto’
El cruel Dr. House y la música
Expresivo, sexy y ácido, House es ahora amante del blues. Porque Hugh Laurie, el actor más exitoso del mundo, acaba de lanzar su primer álbum.Tan intenso como el médico de la serie, asegura que éste le diría: ¿Qué es este viaje de ego?
Aunque lleva cinco años en ‘Band from TV’, un grupo de rock formado por actores de distintas series producidas en Hollywood, el primer álbum de Hugh Laurie va por otro estilo. Porque al protagonista del mundialmente famoso Dr. House le gusta muchísimo más el blues. Tanto, que su primer trabajo ‘Let them talk’, publicado el pasado 9 de mayo, es una colección de clásicos bluseros con las colaboraciones de estrellas como Tom Jones y Dr. John.
Ahora, ¿por qué un género tan lúgubre, tan lejos de su origen acomodado y exitosa vida profesional? Para Hugh Laurie, es un arte que refleja la vida en su totalidad. “Contiene melancolía y tristeza, pero a la vez mucho ingenio y alegría de vivir”. Pero la elección también es probable porque el astro, a fin de cuentas, se parece más de lo que quisiera al atormentado rol que lo convirtió en celebridad.
Claro, en el papel la vida no lo ha tratado mal. Hijo de un reputado médico y medallista olímpico, Hugh Laurie gozó de una educación privilegiada primero en el colegio Eton, donde han estudiado 18 primeros ministros británicos, y luego cursando antropología y arqueología en la reputada universidad de Cambridge. Ahí tuvo un romance con la actriz Emma Thompson (hoy una de sus mejores amigas), quien a su vez le presentó a un joven Stephen Fry, actualmente una institución actoral británica. Juntos formaron un dúo cómico famoso en Inglaterra desde los años ’80. Después Laurie cimentó una carrera con relativo reconocimiento en Estados Unidos (era el papá pánfilo de Stuart Little), hasta convertirse en la estrella de una de las series médicas más famosas de todos los tiempos.
Ahora el actor focaliza sus talentos musicales en un álbum donde destacan sus cualidades instrumentales —en Dr. House se le ha visto al piano o guitarreando—, y palidecen ligeramente sus dotes vocales. No canta mal, al contrario, pero le falta algo de la malicia propia del blues. Aun así, es un homenaje más que digno a un género centenario.
—Muchas personas pueden perturbarse por el hecho de que usted toca música muy antigua, blues y jazz de Nueva Orleans, en su primer disco.
—No me sorprendería a mí mismo si fuera otra persona.
—A primera vista, su disco parece el ‘viaje de ego’ de una superestrella.
—¿Qué se supone que haga? Me encantan estas canciones y las he estado cantando toda mi vida. Este tipo de música tiene mucho más que ver conmigo que el personaje de House que estoy haciendo en la televisión.
—Usted es un gran pianista. ¿Cómo adquirió esa habilidad?
—Me paso cada minuto que puedo tocando el piano. Y he adorado a los grandes pianistas de Nueva Orleans durante décadas. Admiro a gente como el profesor Longhair, James Booker y Dr. John.
—¿Cuál fue su primer encuentro con el blues?
—Creo que la primera canción que escuché fue I can’t quit you baby de Willie Dixon. Pero todavía recuerdo exactamente que este tipo de música me golpeó como una descarga eléctrica. Muy potente, muy animada. De inmediato me di cuenta de que se trataba de la banda sonora de mi vida.
De hecho, el blues lo ha acompañado en los peores momentos. Como cuando en pleno apogeo de Dr. House, el éxito hacía de él un tipo triste.
ELEGIDO EL MÁS GUAPO EN LOS TEEN CHOICE AWARDS 2007 —adolescentes eligiendo en ese momento a un tipo de 48 años—, el actor confesaba una depresión provocada por el trabajo grabaciones de 15 horas diarias, aun cuando sus problemas anímicos se remontan a mediados de los ’90. Si bien su residencia oficial dice Londres, las extensas temporadas en Los Angeles lejos de su mujer Jo Green (están casados desde 1989) y sus tres hijos (Charlie (22), Bill (20) y Rebecca (17)), agudizaron su condición. Incluso llegó a abandonar el set para volar a Londres y pasar un par de días con ellos.
—Usted ha tenido problemas de depresión; ¿Será que esta enfermedad lo ha predispuesto para el blues?
—Posiblemente. Tendrías que preguntarle a un siquiatra. Sin embargo, tengo que decir claramente que no he tenido ningún tipo de experiencia difícil en particular con la depresión. Tengo días buenos y malos, como todo el mundo.
—Algunas de las canciones de su álbum tienen más de cien años. ¿Qué les da vigencia?
—Es una pregunta en la que he estado pensando bastante. Estoy muy interesado en los creadores de estas melodías y sus historias de vida. Basta con tomar al músico Roll Morton como ejemplo: nació en 1885, cuando era joven solía tocar el piano en los burdeles de Nueva Orleans donde desarrolló el jazz. La vida que ese hombre vivió está extraordinariamente lejos de las nuestras hoy en día. Pero cada vez que pongo uno de sus discos siento como si estuviera en pleno centro de la habitación conmigo. Tenía tanto talento que, por alguna extraña razón, parece contemporáneo. Mi esperanza es que la gente escuche mi disco sin prejuicios. Sería hermoso si pudieran dedicar un momento a estos extraordinarios músicos y sus pensamientos. Varias líneas de Jelly Roll Morton o Leadbelly, el famoso artista popular, son tan exquisitas que te conmoverán, si los escuchas cuidadosamente.
—El blues tiene que ver con traspasar los propios sentimientos a la música de la manera más honesta. ¿Es más fácil que asumir el papel de un completo desconocido?
—Absolutamente equivocado: el ser honesto es siempre más difícil que fingir. Estoy convencido de que muchas personas sólo se convirtieron en actores porque quieren esconderse detrás de los personajes que interpretan. El blues no te da la oportunidad de llevar una máscara.
—Esta honestidad emocional es todo lo contrario a la de Los Angeles, que es donde usted vive y se produce House.
—No quiero quitarle sus ilusiones, pero la imagen que la gente tiene de la vida en Los Angeles, tiene muy poco que ver con la realidad. Mi día de trabajo es muy prosaico: Me levanto temprano, trabajo quince horas en un enorme edificio sin ventanas. Me voy a casa y me meto en la cama. No hay jacuzzi, no hay champaña… Todo lo que ‘la vida glamorosa’ debe tener no lo estoy viviendo.
—¿Le gustaría a House su disco?
—Creo que sí, pero probablemente no lo admitiría. Diría: ¿qué es este viaje de ego? ¿Quién se cree este hombre que es?
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