‘En 15 años la realeza desaparece’
EXCLUSIVO Graham Smith, el polémico portavoz antimonárquico
Por Miryam Audiffred, desde Londres
Entre los miles de souvenirs que aún circulan por Londres inspirados en el matrimonio del príncipe William y la ahora princesa Catherine, hay uno que llama especialmente la atención. Se trata de una lata blanca que dice No soy un tarro de la boda real….
Detrás de ese texto escrito en mayúsculas y tono rosa intenso, está un grupo de férreos opositores a la corona y a la monarquía británicas: los republicanos. No conformes con el polémico tarrito, organizaron una enorme fiesta popular antiboda real, con música, comida y diversión incluida.
El vocero del movimiento, Graham Smith, se pasea por la ciudad con su lata-protesta. Este hombre, una de las fuentes más requeridas por la prensa internacional, otorgó a CARAS una entrevista y nos invitó a presenciar una de sus agitadas reuniones: “Los 10 millones de republicanos del Reino Unido no estamos dispuestos a ser ignorados. Tampoco nos vamos a esconder ante el alboroto que causó la boda. Al contrario, lo aprovechamos para mostrar que la monarquía no unifica a los ingleses”, dispara de entrada.
LOS CRÍTICOS REALES ESTÁN EMPEZANDO A SALIR DEL CLÓSET. El director de teatro y cine Mike Leigh, el científico Richard Dawkins y el actor Colin Firth, ganador del Oscar por su papel en El discurso del rey, son sólo algunos de los que, según Smith, ya han manifestado su deseo de que Inglaterra deje de ser dirigida por una familia real. Se oponen a que el poder político tenga como base la herencia y la sangre, en vez de un proceso democrático de elección popular.
Los republicanos existen en el Reino Unido desde hace siglos. Es más, en 1688 se comenzó a exigir la abolición de la monarquía para reemplazarla por un líder de Estado. Pero la historia de estos movimientos es difícil de rastrear, incluso en la modernidad.
INSÓLITO, HASTA EL 2003, ACTUAR Y HABLAR CONTRA LA CORONA ERA UN ACTO DE TRAICIÓN que podía castigarse oficialmente con exilio o prisión (cadena perpetua). Y aunque se estableció en forma legal que todo individuo tiene derecho a manifestarse pacíficamente en contra de la monarquía y de la familia real, aún no existe un partido político formal que concentre a los diversos grupos republicanos. Sólo hay movimientos y también numerosos seguidores de estos principios al interior de los partidos Liberal y Liberal Demócrata.
Y si bien la familia real ha encontrado una ferviente oposición en el periódico The Guardian, hasta hace muy poco tiempo la mayoría de los ciudadanos aún se sentían incómodos e inseguros de expresar su malestar ante la monarquía.
Stephen Haseler, profesor de la Universidad Metropolitana de Londres y uno de los líderes del movimiento republicano, alza la voz para advertir que “es de sociedades medievales tolerar la monarquía”. Experto en el reinado de Isabel II y autor del libro Inglorious (que se publicará en estos días), Haseler asegura que es momento de tener paciencia: “No han pasado más de ocho años desde que la discusión de estas ideas se alejó del ámbito de la traición”.
“NOS GUSTARÍA QUE PARA EL 2025 LA REALEZA DESAPAREZCA o esté en proceso de hacerlo. La idea es que Inglaterra tenga un jefe de Estado electo como Presidente en un plazo de 15 años”, enfatiza el polémico Smith.
Nos encontramos en un pub del centro londinense donde un grupo de 50 republicanos se reúne para dar inicio a la campaña Republic 2025. Ellos aseguran enfáticamente que están en contra de cualquier manifestación de violencia y son claros en separar aguas de los anarquistas y radicales que las semanas anteriores lanzaron amenazas a través de las redes sociales. Por ejemplo, algunos de esos grupos extremistas son los Muslims Against Crusades (Musulmanes contra las cruzadas) y los English Defence League (Liga de Defensa Inglesa), que tuvieron con el alma en un hilo a Scotland Yard, viéndose obligados a desplegar a más de cinco mil policías por todo Londres.
“LOS MONARCAS SABEN QUE CARLOS ES EL GRAN PROBLEMA. ¿O por qué crees que observamos esa enorme y popular celebración de la boda de William?”, comenta Stephen Haseler. Y precisamente, la estrategia de los antimonárquicos republicanos consiste en atacar al príncipe Carlos, porque “es la figura más débil de la cadena real. En un extremo está la reina Isabel II, muy querida por la población, y en el otro se ubica su popular nieto William”. Graham Smith lleva varios años señalando en la prensa las debilidades del heredero directo al trono. “La espera de Carlos por realizar el trabajo de su madre ha sido tan larga que su vida ha quedado sin propósito o dirección. Su educación y crianza lo han dejado totalmente dañado. Su afán de aislarse en lo que un amigo suyo llama sala de adulación, lo ha despojado de sus propios talentos y de cualquier capacidad para relacionarse con los demás. Las cuatro décadas de preparación para cumplir su papel, lo han convertido en una especie de disidente intelectual que reflexiona de religión, arquitectura, salud, medio ambiente, asuntos exteriores y otros temas para los que no está preparado”.
Las encuestas de la consultoría YouGov muestran que los momentos de mayor ataque a la monarquía siempre han estado ligados a Carlos. Primero fue su actitud y la de su familia ante la muerte de Lady Di en 1997 y después, en 2005, su matrimonio con la nada apreciada Camilla Parker-Bowles.
Lo curioso es que a pesar de esto y de las campañas republicanas, las nuevas encuestas indican que el 45 por ciento de la población considera que Carlos y no William debe ser el heredero inmediato al trono. Los analistas justifican esta tendencia porque los ingleses quieren que William y Kate lleven una vida relativamente normal el mayor tiempo que les sea posible y así evitar que se repita la trágica historia de Diana.
Graham Smith sostiene que la mayor dificultad para cambiar las cosas no está en quienes adoran a la monarquía, “el problema son las personas a quienes no les importa”. Por eso, acabar con la apatía de ingleses es el principal objetivo de sus futuras acciones.
En el departamento que funciona como casa de campaña de este grupo opositor, critican en una abierta discusión los privilegios y la actitud de algunos miembros de la familia real: “La idea de que los Windsor ayudan con la diplomacia de este país es una fantasía. Esa es la versión oficial del Palacio de Buckingham. En realidad, miembros de alto rango, incluyendo a Carlos y su padre Felipe, han cometido errores garrafales”.
Afirman que las revelaciones en torno al desempeño del príncipe Andrés como representante comercial del Reino Unido son una muestra clara del daño que la realeza puede hacerle al país: amigote de personajes terribles como el pederasta Jeffrey Epstein y el mismísimo Gaddafi lo ponen en tela de juicio.
La oficina de prensa del Palacio de Buckingham se encargó de difundir que la boda traerá grandes beneficios económicos. Si bien aún no hay una cifra cerrada post-matrimonio, los números más alentadores indican 730 millones de dólares en el sector turístico, pues habrían ingresado al menos 600 mil turistas. Pero David Edwards, analista de Visit Britain —organismo encargado de promover al Reino Unido como atracción turística— cuenta con información que bien podría desmentir lo dicho hasta ahora y acabar con las expectativas de los ingleses más optimistas: “Si nos fijamos en el matrimonio del príncipe Andrés y Sarah Ferguson en julio de 1986, encontramos que en todo ese año los visitantes se redujeron un 4 por ciento con respecto al período anterior. Y en julio de 1981, cuando se casaron Carlos y Diana, la baja fue de un 15 por ciento”.
LA REINA ISABEL Y LOS MIDDLETON PAGARON EL FESTEJO. Sin embargo, hubo altos gastos de recursos públicos. Por limpiar las calles del centro de Londres y los operativos de seguridad, la factura fue de más de 32 millones de dólares. Cifra que supera lejos el costo por los mismos conceptos en encuentros internacionales de relevancia, como la reunión del G20, que llegó a los 12 millones de dólares.
Este nuevo matrimonio también duplicó los gastos de seguridad de la ceremonia de Lady Di y Carlos, la cual —de celebrarse hoy— costaría 19 millones de dólares.
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