¡Todas querían ser reinas!
Aciertos y bochornos de los invitados
¡!¡LOS POLLITOS DICEN…¡!¡ Sus súbditos le pidieron sombrero amarillo, y la reina Isabel II, obediente y con la popularidad en alza, se vistió de pies a cabeza de ¡patito! El vestido era de Angella Kelly, una de sus diseñadoras favoritas. Dicen que fue señal de aprobación a la boda, aunque por protocolo efectivamente debía usar colores fuertes para resaltar. Claro que no le resultó mucho que digamos: ¡andaba igualita a los guardias motorizados!, los mismos que dejó plantados en la puerta del auto, cuando, saltándose las normas, se le ocurrió bajarse por el lado de su marido, el príncipe Felipe de Edimburgo. Pero lo peor fue cuando se puso al lado del obispo de Canterbury… ¡Un sol!
¿QUIÉN ES LA NOVIA? No sólo sacó ronchas por organizar a los novios una fiesta con bolas de luces de discotheque y dj’s en los salones de palacio. Pippa Middleton, además, le robó el color a la novia al ir con un vestido marfil, largo, ¡y con cola!, de la misma diseñadora de su hermana, Sarah Burton. Espléndida, pero algo desubicada, terminó siendo una gran protagonista de la jornada.
Porque no contenta con robarse las miradas cuando entró por la alfombra roja, no paró de coquetearle al díscolo Harry. Las apuestas en Twitter ardían: ¡¿el touch and go viene antes o durante la fiesta de la noche?! 
¡Aburrrriiiidoooooos! El pueblo con escasos aplausos les refregó que no los quiere como sucesores de la corona. Una encuesta publicada por la firma YouGov, días antes de la ceremonia, puso al príncipe William como el personaje más popular de la casa real, con un 71 por ciento de aprobación, muy por encima de la reina Isabel. Su padre, en cambio, figuró entre los más mal valorados, con un 19 por ciento de apoyo. Peor aún para Charles, el mismo día del matrimonio, William se disparó sobre el 85 por ciento de popularidad.
pobre Chelsy… La ex de Harry, amiga, reincidente… ya nadie entiende. Pero fue la primera que llegó —con un diseño de raso verde (Albertta Ferreti)— a la Abadía de Westminster y con cara de ¡yo también me quiero casar!
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