‘Yo quiero ser Hamlet’
Entrevista exclusiva: Helen Mirren
Por Ryan Gilbey / guardian.co.uk / The Interview People Adaptación Franco Fasola
Acaba de inscribirse en el Paseo de la Fama, actúa en una nueva versión de La tempestad de Shakespeare y explora la animación en Saturday night live. Pero a la actriz indomable y venerada los personajes femeninos —los mismos que la convirtieron en mucho más que una bomba sexy— la están agotando.
Helen Mirren (65) lleva el pelo corto y plateado, un par de tacos con estampado de leopardo y unos aros en forma de lingote de oro. En su mano izquierda, destaca el famoso tatuaje que a menudo se menciona como prueba de su carácter indomable: es un lakesh, un símbolo de dos V entrelazadas, que se hizo a los veintitantos durante una borrachera. Está algo borroso. Ella dio varias explicaciones de por qué lo conserva, pero la verdad es que le recuerda —ahora que lleva 14 años casada con el director Taylor Hackford— que “en el pasado a veces fui una chica mala”.
Es una de las pocas actrices que puede decir que ha ganado los cuatro principales premios del cine comercial —el Oscar, el BAFTA, el Globo de Oro y el Premio del Sindicato de Actores—, por una sola película: The Queen. Más allá de la anéctoda, la británica se ha encargado de hacer crecer su leyenda año tras año. Debutando como presentadora en el famoso show humorístico Saturday night live, donde también lo hizo Elton John. Y a fines de marzo fue homenajeada en el Teatro Chino e inmortalizada en el Paseo de la Fama de Hollywood, junto a leyendas como Marilyn Monroe, Sophia Loren, Natalie Wood o Rita Hayworth. “Nunca en mi vida pensé que esto me iba a pasar a mí, he estado viviendo y trabajando aquí por bastante tiempo y jamás me he visto a mí misma como una estrella. Ser honrada de esta forma, junto a íconos increíbles del cine estadounidense, es fantástico”, afirmó.
Y aunque hoy es adorada y venerada, especialmente tras haber sido nombrada Dama de la Gran Cruz del Imperio Británico en 2003 y ganar un Oscar en 2007 por el papel protagónico en The Queen, sigue con su espíritu independiente. Se ha convertido en una especie de posesión temida, una joya del patrimonio nacional inglés, pero una con varios bordes filosos capaces de provocar un doloroso corte si no se tiene cuidado. 
Nació como Ilyena Vasilievna Mironova, nieta de un aristócrata bielorruso que en 1917 negociaba un acuerdo de armas entre Rusia y Japón en la capital británica en el momento que estalló la Revolución Rusa. El pasado zarista de su padre lo obligó al exilio y a Mirren a tomar a Inglaterra como su país, donde se formaría como actriz.
La primera entrevista que concedió todavía la persigue. Fue al diario inglés The Guardian hace 42 años y el título era: ‘Soy sexy desde los 14 años’. Tres días después, Helen envió un reclamo: Es una lástima que ser entrevistada por su periódico resulte una experiencia tan miserable. Hoy se acuerda muy bien de esa conversación que puso el énfasis en su ambición y look, pero asegura que no tiene un recuerdo tan claro de su carta, aunque ríe cuando le leo la frase en la que lamenta la grotesca imagen que presenta de ella la nota: me seguirá durante los próximos siete a diez años, escribió. Se produce un silencio… Los dos pensamos lo mismo, pero ella lo dice primero: “La cosa duró mucho más…”.
CON LOS AÑOS LA OBSESIÓN DE LOS MEDIOS POR LA VIDA SEXUAL DE MIRREN ha sido reemplazada por una especie de admiración y sorpresa, no menos misógina, de que una mujer de más de 60 sea atractiva y feliz. Pero ahora Helen parece reconciliada con la prensa y el trato brusco que sufrió en el pasado. “Soy mayor. Esas cosas pasan. Hay un momento de temor cuando te das cuenta de que ya no eres la más joven en la reunión. En especial, si tuviste éxito temprano. Después de eso, naturalmente aceptas de que eres la persona más vieja del lugar. Es parte del curso natural de la vida. De adolescente te preguntas de qué hablan todo el tiempo esos viejos que insisten en transmitir su sabiduría… ¡Gracias a Dios por los jóvenes!, que salen a hacer manifestaciones contra el capitalismo desenfrenado o lo que sea”, dice lanzando una carcajada espontánea.
También ríe al recordar una comentada entrevista televisiva que en 1975 le hizo el presentador Michael Parkinson, donde por más de quince minutos y ante todos los televidentes del Reino Unido, le habló de sus pechugas, si le gustaba aparecer desnuda en pantalla y otros ‘piropos’ de grueso calibre. “Incluso ahora sería increíble algo así, ¿no te parece?”, añade. Pero para algunos esa temática es inevitable. Mirren es la fantasía erótica de muchos hombres que sueñan estar con una mujer mayor. En los setenta tuvo que aceptar que los directores le pidieran aparecer en escenas donde ‘mostrara’. Ella entiende lo que provoca y navega en esas aguas con total tranquilidad. De hecho, hoy puede comparar al conductor de TV que la acosó públicamente hace más de 35 años con el actor Russell Brand, su compañero de reparto en dos nuevas películas. “Recién me cayó la ficha hace poco con Russell. Me di cuenta de que también hay hombres que pueden tener auténtico interés en nosotras. Por eso, todas se derriten en su presencia”. Mirren y Brand se han convertido en una especie de dúo. Aparecieron juntos sobre el escenario en la entrega de los Oscar. Algunos incluso sugieren que deberían presentar el show el año que viene. Pronto se los verá en Arthur, un remake de la comedia de 1981, con Brand en el papel del playboy inmaduro y borrachín que interpretó Dudley Moore, y Mirren en el de Hobson, el mayordomo de Arturo que encarnara John Gielgud, pero ahora transformado en niñera.
Paradójicamente, Helen también pidió cambiar el sexo del personaje en su otro trabajo en cámara. En La Tempestad, basada en la obra de teatro homónima de William Shakespeare, Próspero, el duque de Milán expulsado de su posición por su propio hermano y que amasa su venganza con ayuda de la magia, terminó siendo Próspera, una versión donde Mirren se inspiró en Medea de Eurípides. Helen ha dedicado gran parte de su vida a trabajar obras de Shakespeare, y ahora lamenta la escasez de piezas que el autor escribió para mujeres mayores. “No quiero interpretar a Gertrudis”, resopla. “¡Yo quiero ser Hamlet!”.
Y podría hacerlo tranquilamente. Ningún otro intérprete de la talla de Mirren transmite la misma mezcla de naturalidad, sofisticación, despreocupación y gravedad. Su inteligencia se ve amplificada por una pizca de altanería. Sus actuaciones más imborrables sacan partido del aire de desilusión que la envuelve: la viuda derrotada de Irlanda del Norte que se enamora del joven asesino de su marido en Cal (1984); la mujer humillada del gángster de El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante (1989); la pálida ama de llaves, demasiado herida para sentir dolor, de Gosford Park (2001); y, por supuesto, Elizabeth Windsor, The Queen (2006) parapetada contra las demandas irracionales de sus súbditos como una mujer empecinada en detener la marea.
Es difícil no ver ecos de las batallas contra el machismo de la propia Mirren cuando la ‘madura’ detective Tennison, su personaje, despotrica contra el sexismo en la serie de TV Prime Suspect. “En mi profesión, no te castigan por ser joven, pero no ocurre lo mismo con la mayoría de nosotras. Soy parte de la primera generación de mujeres que recibimos educación y pudimos ir a la secundaria aun sin tener dinero. Esa camada se dedicó a la medicina o ingresó a la policía, y chocó con una muralla de discriminación de hombres que no se habían puesto a tono. Para cuando Prime Suspect salió al aire, ellas llevaban veinte años de lucha y vieron sus batallas en la pantalla”.
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