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Personajes

La famosa escritora que alguna vez fue hombre…

Jan Morris

Por: CARAS

Por John Walsh / The Independent / The Interview People
Adaptación Rodrigo Barría Reyes

Militar, periodista y autora de best sellers, conquistó el Everest formando parte de la primera expedición de la historia en lograrlo. Se sometió a una operación de cambio de sexo y aún sigue al lado de la mujer con que se casó siendo hombre. Hoy es una de las escritoras más respetadas de Gran Bretaña y el mundo. La fascinante historia de una intelectual que derrotó los prejuicios.

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Nació como un británico cualquiera. Su nombre: James Humphrey Morris. Y aunque desde siempre se sintió, según sus palabras, “una mujer atrapada en el cuerpo equivocado”, creció como hombre, estudió en Lancing College de Sussex, trabajó como periodista en el Bristol’s Western Daily News y, durante la Segunda Guerra Mundial, hasta se enlistó en el ejército. Ahí “viví de espía en campo enemigo”, reconoce.

Cuando la guerra finalizó, el entonces James ingresó a Oxford, donde estudió filología, y se vinculó con el periodismo al hacerse cargo de la revista de la universidad. Estaba en la casa de estudios inglesa cuando decidió casarse con Elizabeth Tuckniss —hija de un plantador de té de Ceilán—, a quien jamás le ocultó su dilema sexual. Juntos tuvieron cinco hijos.

Morris ingresó al prestigioso The Times y saltó a la fama. En 1953 le encargaron cubrir la expedición de John Hunt al monte Everest. El periodista no sólo hizo un relato de la hazaña, sino que se convirtió en uno más de los montañistas y llegó a la cumbre con ellos.
Del Times pasó a The Guardian. Fue la época en que comenzó a escribir ensayos y libros de viajes, como los exitosos The Market of Seleukia o Coronation Everest. También compartió con personajes como el Che Guevara, el cazador de nazis Simon Wiesenthal o el sultán de Omán.

A mediados de los ’60 dejó la prensa para dedicarse por completo a la escritura de sus periplos por distintos lugares del planeta.

Así se enfocó, por ejemplo, en Venecia, su ciudad predilecta. O España, la que recorrió completa en una furgoneta. Y se concentró en un comentado ensayo histórico sobre el auge y la caída del imperio británico. Todo, mientras preparaba la decisión más rotunda de su vida: el cambio de sexo. Un deseo que cumplió en 1972, después de operarse con éxito en Marruecos.jan-texto

“La bondad es lo único que puede hacer frente a toda la mierda. Es la cualidad humana final”.

El camino, eso sí, no fue fácil: con Elizabeth debieron esperar a que los hijos crecieran y la intervención tuvo como condición de las autoridades de la época que debían terminar civilmente el matrimonio. Lo hicieron, pero siguieron juntas como dos mujeres que nunca dejaron de quererse.

Entonces, James pasó a ser Jan. La experiencia de transformación quedó plasmada en un conmovedor relato autobiográfico titulado Conundrum. El texto comienza con una potente declaración de honestidad: Yo tenía tres o quizá cuatro años cuando me di cuenta de que había nacido en el cuerpo equivocado. Realmente debía ser una niña…

Se convirtió en el primer personaje de alto perfil en Inglaterra sometido a esta intervención y que, además, se atrevió a contar su historia públicamente. A muchos les resultaba difícil comprender cómo un paciente que cambió de sexo, en vez de ser un homosexual afeminado, resultó ser un heterosexual oficial de caballería y montañista intrépido.

En mayo de 2008, Morris (hoy con 85 años) y Tuckniss se casaron de nuevo. La luna de miel fue en una rústica cabaña en Llanystumdwy, Gales. Jan, que se sentía en deuda con Elizabeth, quería volver a oficializar el vínculo y por eso la llevó a una oficina en el ayuntamiento de Pwllheli, apenas a 15 minutos de su casa, y firmaron la unión civil.

La pareja —que desea ser sepultada en una pequeña isla en el río Dwyfor—, hasta tiene lista una lápida con epitafio redactado: Yacen aquí dos amigas al final de una vida…

Durante los ’80, publicó obras como Wales: The First Place y The Matter of Wales. Aunque su consagración definitiva llegó en 1985, cuando apareció Last Letters from Hav, relato basado en una ciudad imaginaria que reunía elementos de los diversos lugares que la autora había visitado y donde incluía a personajes tan variados como Marco Polo o Hitler.

Aficionada a las biografías, escribió una del almirante Fisher (personaje al que siempre admiró, ya que, según ha dicho, “no le importaba lo que los demás pensaban de él. Era brillante en su oficio, iconoclasta y egocéntrico”) y otra del ex presidente Abraham Lincoln.

A partir del 2000 Morris se concentró en su natal Gales. Así, el 2002 publicó La casa de una escritora en Gales, donde explicaba su decisión de vivir en la casona rural perteneciente a sus antepasados y el 2007 lanzó A Writer’s World: Travels 1950-2000, obra en donde condensa algunos de sus mejores escritos a través de medio siglo de viajes por el mundo.

NO PRESTA MUCHA ATENCIÓN a los honores que se le rinden. Así pasó, por ejemplo, en 1999, cuando recibió el reconocimiento Commander (of the Order) of the British Empire. Lo aceptó, pese a ser una galesa independentista y republicana, apenas con un respeto cortés. Más o menos parecido a como reaccionó cuando le entregaron el Doctor Honoris Causa en las universidades de Gales y Glamorgan. O cuando The Times la ubicó en el lugar 15 de los más grandes escritores británicos desde la guerra.

Pero lo que Morris de verdad debiera obtener es el título de inspectora de las civilizaciones. Porque eso es lo que ha hecho desde su primer texto. Siempre con la vista puesta en cómo la humanidad ha sido capaz de crear ciudades e imperios.

Ella no escribe sobre batallas o guerras, sino de creaciones, logros y ciudades: el imperio británico, Venecia, Hong Kong, Sydney o las titánicas aglomeraciones urbanísticas en Estados Unidos.

“La ciudad es la cosa más grande que hemos hecho, ¿no? Es el invento más maravilloso de la humanidad”, sostiene.
Internada en calles, mercados y hasta en tribunales para escuchar juicios, analiza las urbes y, por extensión, una civilización.

Severa, cuando le comento que recién estuve en Barcelona, me dijo: “No me gusta. No es una ciudad amable”.

—¿Pero cómo puede asignar cualidades humanas a una zona?
—Es que pienso las ciudades como personas.

Sorprendentemente, asegura que la mejor de todas es Nueva York. “Manhattan es un lugar que he visitado desde 1950. Si tuviera que sufrir un ataque cardíaco, el mejor sitio para colapsar sería la Quinta Avenida. En ninguna parte habría personas más buenas que me vinieran a ayudar”.

Una pasión por la Gran Manzana que queda en evidencia en Manhattan ’45, una suerte de himno a la pujanza, arrogancia y confianza de la urbe a fines de la Segunda Guerra Mundial. “Era el futuro a punto de ocurrir”, escribió en su momento Morris.

Cuando la reina Isabel II se reunió con ella en el Palacio de Buckingham, la monarca no la reconoció. “¿Qué hace usted?”, preguntó la soberana.

—“¿Recuerda cuando Hillary y Tenzing subieron al Everest en 1953 y la noticia llegó a Inglaterra justo en el momento de su coronación?”.
—“Sí, por supuesto, cómo no recordarlo”, dijo la reina.
—“Bueno, yo era el periodista que dio la noticia”.
—“Oh…”, exclamó la reina buscando con la mirada a un escudero cerca que le pudiese explicar por qué tenía a una mujer al frente.

En sus travesías se ha reunido con reyes, presidentes, villanos y estrellas como Laurence Olivier. También se ha dedicado a entregar perspectivas inusuales de autócratas. “Hace años hice un viaje a Omán, con el padre del actual sultán y algunos esclavos”.

—¿Esclavos?
—Sí, claro, era un tirano. Pero era un dictador benevolente. Y lo más curioso es que los esclavos no lo habrían dejado porque era un muy buen trabajo.

La famosa escritora admira a Dubai, que lo considera como uno de los lugares más exuberantes y pujantes del mundo. “Todo ahí es lo más grande, lo más nuevo, lo más rico… Pero tienen un terrible sentido del gusto… Además, no puedes ser una gran potencia cuando no hay unanimidad patriótica y tienes un millón de diferentes lealtades. No creo que tengan la necesaria cohesión ni fuerza en sus propósitos”.

En la conversación, se muestra especialmente interesada en conceptos como decencia, virtud y bondad, palabras que resuenan como si se tratara de un mantra budista. “La bondad es lo único que puede hacer frente a toda la mierda. Es la cualidad humana final. De hecho, he pensado varias veces organizar un partido político de la bondad, que sería el criterio central de todo un sistema de gobierno”.


HACE DIEZ AÑOS MORRIS YA ME HABÍA COMENTADO que comenzaría la búsqueda del Zeitgeist (frase alemana que significa algo así como ‘el espíritu del tiempo’) y que al final del camino se había topado con una atmósfera terrible de cosas en ebullición, a punto de quebrarse.

“Mira el mundo en los últimos cinco años, el ritmo del cambio en todos los niveles. La tecnología, Twitter, Facebook, Internet… Es muy diferente a cualquier cosa que hayamos experimentado. He llegado a la conclusión de que lo que va a pasar es…”.

—¿Qué…?
—Vamos a descubrir muy pronto que no enfrentamos solos este universo. Tengo la fuerte sensación de que estamos al borde de un cambio colosal. Cuando eso suceda, los efectos sicológicos serán fenomenales. Vamos a tener que empezar de nuevo. Olvídese de Libia, de James Cameron… Esto será algo realmente grande. Va a suceder, no en mi vida, pero sí en la tuya.

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