Fatal club de amigos de Andrés
Prostitutas, pederastas y hasta Gadafi
La reina no estaba preparada para tanta humillación. Hijos infieles, okey. Nueras ‘metepata’, okey. Pero que su segundo hijo, el duque de York, se viera involucrado con pedófilos y dineros sucios del mundo árabe, parece ser demasiado.
Los tabloides británicos traen otra vez el rostro de Sarah Ferguson en la portada y no es difícil imaginar que Fergie, la duquesa de York y ex nuera de la reina Isabel II, vuelve a meterse en problemas. “Lo siento mucho. Fue un gigantesco error de juicio”, dice en medio del escándalo que los vincula a ella y a su ex marido, el príncipe Andrés, con el pedófilo y millonario estadounidense Jeffrey Epstein.
A unos meses de haber sido grabada vendiendo en más de 800 mil dólares el acceso al padre de sus hijas, Fergie salta nuevamente a la escena pública por cuestiones de dinero. Esta vez, para ofrecer un mea culpa por haber aceptado los 25 mil dólares que el delincuente sexual le ofreció para pagar parte de sus deudas.
Los ingleses ya no confían en ella. Dejaron de creerle cuando la vieron por televisión ‘negociando’ el acceso al príncipe y cuando se dio a conocer su descontrolado estilo de vida, el que la hizo deber más de 8 millones de dólares al banco Coutts, que lleva las finanzas de la Casa Real.
Es la primera vez que el nombre de la duquesa de York está ligado al de un abusador sexual de menores, pero también es la primera ocasión en que ella puede llamarse una mujer sin deudas. “Lo digo en serio, esta es la primera vez en toda mi vida que estoy libre de deudas para seguir adelante, siendo una buena madre y una escritora de libros infantiles”.
Para sus detractores, no hay duda de que Fergie ha puesto en vergüenza a la familia real una vez más y que el príncipe Andrés es el mayor perjudicado. Se equivocan. En esta ocasión, el hijo de la monarca está mucho más involucrado que su ex. Sus 16 años de amistad con el pedófilo Jeffrey Epstein y frecuentes visitas a la mansión de Florida donde el millonario prostituía adolescentes, son razones de sobra para ensuciar la reputación de los Windsor. 
Con el agua hasta el cuello, Andrés está a punto de perder su cargo como representante especial del Reino Unido en el área de comercio e inversiones. Su lista de escándalos no deja de crecer.
EN LAS FOTOS APARECE CON SU MANO EN LA CINTURA DE VIRGINIA ROBERTS, una adolescente de 17 años que trabajó como masajista erótica de Jeffrey Epstein y quien, luego se supo, ofrecía servicios sexuales a los amigos del millonario. Corre el año 2001 y el príncipe Andrés se ve sonriente. Lleva la camisa desabotonada en el cuello, lo que le da un aire de informalidad que pega con la frescura de su rubia y joven acompañante. No se sabe si la foto fue tomada durante el primero, segundo o tercer encuentro del duque de York con la joven Virginia, pero a juzgar por las expresiones de sus caras, ambos lo están pasando bien.
Otro set de imágenes lo muestra con Epstein caminando en Central Park. Es diciembre del 2010 y el amigo del heredero acaba de salir de prisión, después de cumplir una condena de 18 meses de encierro por cometer abuso sexual contra menores de edad.
Paul Harris, conocido analista político británico, cree que, como les sucede a muchos europeos, el hermano menor de Carlos posiblemente viajaba a EE.UU. con frecuencia para olvidar por un rato el ambiente conservador y rígido de la burguesía inglesa: “Lo que no se sabe son las razones por las que el príncipe desarrolló una amistad tan estrecha con un personaje como Epstein. Nadie comprende tampoco por qué se negó a romper esos lazos cuando el estadounidense fue a prisión, cuando eso representaba una clara advertencia de que algo estaba mal, de que podía estar en medio de una relación muy peligrosa”.
Ante la publicación de las fotos de su hijo con la prostituta adolescente y el pervertido norteamericano, la reina Isabel reaccionó con furia. Aunque fuentes del Palacio de Buckingham difundieron que la monarca respalda por completo a su hijo, trascendidos aseguran que le exigió comportarse con decencia y acabar con los escándalos. El resultado de dicho encuentro fue la promesa del duque de York —número cuarto en la línea de sucesión al trono británico— de romper sus vínculos con Epstein y no volver a pisar su mansión en Florida.
Puede ser demasiado tarde. El FBI acaba de anunciar que pronto reabrirá distintas líneas de investigación que vinculan a Epstein con la explotación sexual de adolescentes a fin de averiguar la participación de personajes de alto perfil. Entre ellos, por supuesto, el príncipe Andrés.
Para algunos miembros del Parlamento, lo de Andrés es indefendible. Los escándalos que lo rodean se han multiplicado a un grado extremo y exigen que el heredero abandone el cargo de representante especial del Reino Unido en el área de comercio e inversiones, que desempeña desde hace una década.
Ya no se trata solamente de sus años de amistad con el pedófilo estadounidense, sino del sinfín de revelaciones que en los últimos meses han surgido en torno a sus relaciones con millonarios y dictadores del mundo árabe.
Primero fueron las sospechas de lavado de dinero que despertó la venta de su casa de Berkshire, sureste de Inglaterra, a Timur Kulibayev. El magnate árabe le pagó 24 millones de dólares, cuando el precio era sólo de 19, y no había otras ofertas. ¿Por qué el príncipe aceptó esos 5 millones adicionales?
Después vinieron los documentos filtrados por WikiLeaks donde la embajadora de Estados Unidos en Kirguistán, Tatiana Gfoeller, criticaba la rudeza y los comentarios fuera de lugar que Andrés hacía en las reuniones internacionales.
Ahora lo atacan por su falta de juicio a la hora de estrechar relaciones personales y profesionales. En las últimas semanas se han difundido eventos que lo vinculan, incluso, con delincuentes y traficantes de armas. En 2008, por ejemplo, el príncipe se trasladó a Túnez para gozar de cuatro días de descanso. Viajó por desiertos y paisajes paradisíacos en compañía de Tarek Kaituni, un millonario de Libia acusado de comprar armas y de intentar transportarlas clandestinamente de Holanda a Francia. ¿Acaso no sabía que su amigo estaba en negocios ilícitos?
Leal a su ex marido, Fergie ha sido la primera y también la más ferviente defensora del príncipe Andrés. En entrevistas con los medios ha dicho que el duque de York “no sabe” cómo decir una mentira o comportarse sin honor.
Y no está sola en su defensa. La magnate petrolera Goga Ashkenazi, de 31 años, también ha alzado la voz para asegurar que su “gran amigo” no es el villano que todo el mundo dice: “Yo lo he visto en acción, incluso en mi propio país Kazajistán, y es un fantástico representante comercial. Es un tipo apasionado y patriótico que no hace más que abrir las puertas de nuevos negocios para su país. Sí. Cometió un error, pero ese error no puede costarle su trabajo. Tendrían que pensar en todo lo bueno que ha hecho. En mi opinión, el Reino Unido tiene mucha suerte de tener a alguien como él”.
Mejor hubiera sido que Goga guardara silencio, pues sus palabras alertaron sobre el vínculo del príncipe con otro personaje controvertido. Nada menos que Saif Gadafi, hijo del dictador libio Mohammed Gadafi, quien los presentó años atrás.
De hecho, acaba de ser revelado que Andrés tiene relaciones muy estrechas con la familia Gadafi y que a partir del 2008 ha realizado varios viajes secretos para reunirse con el dictador. Si el dictador llega a caer, seguro que al duque de York le salpicarán aún más revelaciones…
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