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Personajes

Ali…Puñetazos con historia

Por: CARAS

Por Franco Fasola Créditos fotos Editorial Taschen, Librería Contrapunto.

‘Yo soy América’ decía el boxeador y deportista, peso pesado de las luchas civiles y antibélicas. Muhammad Ali regresa en un monumental libro, con imágenes de 150 fotógrafos y revelaciones de 200 escritores. Norman Mailer deja en claro por qué Ali es simplemente Ali.

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“Le voy a pegar tan fuerte que va a necesitar un calzador de zapatos para ponerse el sombrero”.

“El boxeo es un montón de hombres blancos viendo cómo dos negros se muelen a trompadas”.

“Es sólo un trabajo: el pasto crece, los pájaros vuelan, las olas baten contra la playa. Yo destrozo gente”.

Frases como éstas eran comunes en el léxico de Muhammad Ali (antes Cassius Clay), el glorioso boxeador peso pesado, que se ufanaba de flotar como una mariposa y picar como una abeja.

Conmemorando los 40 años de su primera pelea profesional, llega a Chile ‘Greatest of all time’, obra dirigida por el mismísimo Benedikt Taschen, dueño de la famosa editorial alemana Taschen. “Esto es un monumento en papel, lo más megalómano en la historia de la civilización, el más grande, el más pesado, la cosa más radiante jamás impresa: la última victoria de Ali”, dijo el semanario Der Spiegel sobre el mamotreto que acá, en su versión ‘sencilla’, vale 114 mil pesos.

El lanzamiento coincide con la fecha de la “pelea del siglo” que Ali disputó frente a Joe Frazier y donde el púgil —que hoy lucha contra el Parkinson— perdió. Ese día, su figura se agrandó cruzando fronteras como tal vez nunca imaginó.ali-texto

En el texto hay anotaciones de 200 escritores. Y en la edición de lujo, que tiene 800 páginas y tres mil fotos, se recopila el trabajo de 150 fotógrafos, entre los que destacan Howard L. Bingham, Neil Leifer, Steve Shapiro, William Klein, Annie Leibovitz y David Lachapelle. A ellos se suma el banco de fotos de Magnum, Time, Corbis o Sports Illustrated. Son imágenes en gran parte inéditas, que sorprenden mostrando a Frank Sinatra que pedía acreditarse como fotógrafo para ver las peleas desde cerca, o a Elvis atendiéndolo como rey y a Los Beatles cayendo K.O. ante sus gracias.

Ali, ícono transversal, nació en Illinois bajo el nombre de Cassius Clay en 1942 y su historia revolucionó la marcha del deporte moderno. Obtuvo millones por cada reto que aceptaba y su fama obligó a que el mundo siguiera las transmisiones en directo de sus peleas.

“YO SOY AMÉRICA. LA PARTE QUE USTEDES NO QUIEREN RECONOCER. PERO ACOSTÚMBRENSE A MÍ, NEGRO, CONFIADO, ARROGANTE; mi nombre, no el suyo; mi religión, no la suya; mis propios objetivos; vayan acostumbrándose a mí (…) Ninguno del Vietcong me llamó jamás negro. ¿Me quieren meter preso? Adelante, ya estuve 400 años en prisión, así que aguanto 4 o 5 más. Yo no voy a volar 10 mil millas para ayudar a matar a gente pobre. Si tengo que pelear es contra ustedes. Si quiero morir, ustedes son mi enemigo, no el Vietcong”, dijo cuando enfrentó a todo un país sumergido en las calenturas de la guerra de Vietnam, tiempos en que se acercó al activista Malcom X y cuando le quitaron su título mundial.

Estuvo tres años sin luchar, hasta la llamada “Pelea del siglo”, frente a Joe Frazier, donde Ali besó la lona, fue derrotado en su primera pelea profesional y se convirtió en un hombre. No uno invencible, pero sí un luchador que se opuso a la guerra y que hasta hoy sigue dando batalla.

Ali, la sonrisa más famosa del planeta, se retiró definitivamente del boxeo en 1981, a los 39 años, con un record de 56 victorias y cinco derrotas (cuatro por puntos y una por nocaut técnico al abandonar el combate). Fue tres veces campeón del mundo de los pesos pesados.

Tras el retiro, el mal de Parkinson avanzó con rapidez. Pero Ali no cesó en su labor humanitaria en Africa, siendo incluso nombrado embajador de la paz de Naciones Unidas y pidiendo la liberación de rehenes en lugares como Irán o visitando Afganistán.

Probablemente el mundo se queda con otros retazos de su vida, como cuando inauguró a duras penas los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996. O cuando tiraba la bronca a cada nuevo oponente, histriónico, dueño de las cámaras, rey del cuadrilátero, rodeado de mujeres, de niños, saltando la cuerda mientras alguien toca el violín y hablando fuerte por su raza.

“Me gustaría ser recordado como un hombre negro que ganó el título de peso pesado, que era chistoso y trató correctamente a todos. Como un hombre que nunca miró hacia abajo a los que lo admiraban y que, también, luchó por la libertad, justicia e igualdad”, escribe Muhammad en el prefacio de Greatest Of All Time.

La pelea del siglo

El 8 de marzo de 1971 en el Madison Square Garden de Nueva York se realizó algo más que la pelea por el campeonato mundial de pesos pesados entre Joe Frazier y Muhammad Ali… Esa noche hubo disturbios en varias ciudades de Estados Unidos. Woody Allen, Burt Lancaster y Frank Sinatra tomando fotos para la revista Life estaban expectantes… Frazier ‘era’ la guerra y Nixon. Ali, el pacifismo. Norman Mailer apuntó:

“(Ali) Es un hombre fascinante que, al mismo tiempo, provoca atracción y repulsión. Existe una razón: representa el gran ego de EE.UU.

Marginados, homosexuales, chiflados, modernos y gente corriente le adoraban, así como todos los norteamericanos justos, trabajadores y amantes de la familia que odiaban de corazón la guerra de Vietnam.

El combate lo resolvería el hombre que estuviese en mejores condiciones físicas, más que síquicas; era el tipo de pelea menos favorable para Ali, puesto que su fuerza radicaba en sus pausas, pero Frazier no se lo permitía, empezaba a verse como el protagonista. Se acercó a Ali, insultando, imitándole con las manos en la cadera, como en una pelea callejera, mofándose de su contrincante, y Ali le golpeó con unos jabs que le hicieron saltar el protector dental, un sarcasmo que sugería que eso era todo lo que podría conseguir aquella noche. Frazier, con sus ejércitos de energía dispuestos, demostraba la misma furia para quemar el último cartucho de Ali. Así que Frazier cazó al vuelo el puñetazo mágico y golpeó a Ali entre el cielo y el infierno, consiguiendo que Muhammad apareciera en 50 mil fotografías de toda la prensa. ¡Ali en el suelo!”. El mundo habló inmediatamente de un combate de vuelta. Ali había demostrado a Estados Unidos todo lo que secretamente creíamos que era verdadero. Era un hombre. Y si lograba batir a Frazier en el combate de vuelta (y así lo hizo), Estados Unidos tendría finalmente a un héroe nacional que también era héroe mundial”.

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