Un déspota estrafalario
Muammar Gadafi
Por Franco Fasola
Dilapidó la fortuna petrolera de su país en trajes, cirugías, camellos y fiestas junto a sus hijos, la pandilla de insensatos más chic de Africa. Tiene una guardia privada de 40 mujeres vírgenes, un búnker con piscina y, si no fuera un dictador sin límites, figuraría entre los diez hombres más ricos del planeta. Hoy, el excéntrico libio está cercado, pero amenaza con unirse a Al Qaeda e iniciar la guerra santa.
“Quien no me quiere, no merece vivir. Los culpables de esto son jovencitos de 17 años a los que les dieron alucinógenos en la leche o en el café”. Con esas palabras Muammar Gadafi enfrentó la revuelta que tiene a Libia al borde de la guerra civil —con centenares de muertos— y con una escalada internacional en el precio del petróleo.
El coronel Gadafi (69) es el hombre que más tiempo lleva en el poder en el mundo árabe: 42 años de dictadura. Se ve a sí mismo como un Zaim —gurú— o el rey de reyes del continente. Llegó al poder en 1969, cuando con apenas 27 años encabezó un golpe de Estado contra el reinado de Idris.
Con la reciente revuelta de Trípoli, su delirante personalidad quedó al descubierto. Se supo de cirugías plásticas, implantes de pelo, compra de propiedades en la Costa del Sol y otros lujos propios de un rockstar decadente. El dictador usa botox, entre otros tratamientos de belleza. En 1994 hizo viajar a dos cirujanos brasileños para un rejuvenecimiento facial.
Según confidenció a los doctores Liacyr Ribeiro y Fabio Naccache, quería recuperar la figura de cuando derrocó al rey Idris. No quiso anestesia general, por temor a que lo asesinaran, habló durante la operación e, incluso, pidió hamburguesas para él y los cirujanos.
Su salud es una obsesión. Por eso viaja siempre acompañado de Galyna Kolotnytsk, una voluptuosa rubia ucraniana que oficia de jefa de su equipo de enfermeras. Según The New York Times, cables revelados por WikiLeaks lo describen “como un hipocondríaco que teme volar sobre el agua y que con frecuencia ayuna lunes y jueves”.
Dentro de sus excentricidades figura su seguridad personal: cuarenta vírgenes entrenadas para matar forman su escolta privada. Guardia amazónica, les llama. El dictador tiene un largo historial con las mujeres. De visita en Roma, pidió a una agencia que contratara a 500 modelos, a las cuales juntó en un palacio para darles una ‘charla sobre el Corán’.
Famosa es su jaima beduina, una especie de carpa militar revestida de pieles y colores chillones donde recibe a ‘líderes amigos’. En su séquito se incluyen varios camellos ‘para pasearse’. La ‘instalación’ ha estado en Madrid, Bruselas, París, Roma y NY. Entre sus mayores tesoros personales figura el ostentoso palacio Katiba el Fadil, ubicado en la ciudad de Benghazi —destruido y tomado por sus opositores—, donde al parecer preparaba mirar el fin del mundo con piscinas, jacuzzis, muebles, oro y un búnker en que podría permanecer más de siete meses sin ningún problema. Allí donde todavía humean los residuos de una riqueza desvergozada, aparecen teselas (mosaicos) doradas y azules, granito, mármol y paredes de cristal de un centímetro de espesor.
Pero tras la primera mirada, se escondía la atroz inteligencia del dictador: “ten a tus enemigos cerca”. Bajo el recinto, que además de residencia albergaba el cuartel general de las fuerzas especiales del coronel, existía un centro subterráneo de detención y tortura. En un orificio por el que sólo entra una persona y que está cubierto por una plancha de hierro, hay un espacio con 16 minúsculas habitaciones (de dos por dos metros) donde apenas llega la luz. Allí se torturó y mató a sus detractores por más de 20 años. En la mini cárcel los opositores compartían espacio con otros seis o siete desventurados. “La celda 17 era la de la muerte. Podían tenerlos allí hasta 10 días sin comida ni agua. Hasta que se secaban”, explicó a El País un ingeniero petrolero que hoy las oficia de ‘guía turístico’ del lugar.
A estas alturas sabe que ya no podrá volver a gastar millones de dólares en pagar conciertos privados de artistas como Nelly Furtado, Mariah Carey, Beyonce, Usher o 50 Cents. Ni menos utilizar las miles de hectáreas y casas que tenía proyectado construir en Málaga, Marbella y San Pedro de Alcántara.
Su historia comenzó cuando el país era todavía la norafrica italiana. Nació en un campamento beduino cerca del puerto de Sirte. En su juventud, luego de cursar estudios de derecho y militares, empezó a engendrar un sentimiento anticolonialista iracundo, tomando como ídolos a Ernesto Che Guevara y al egipcio Gamal Nasser.
Ya en el poder, Gadafi tuvo un golpe de suerte: su tierra no era pobre ni estaba muerta, tenía gigantescas reservas de petróleo. Esto le permitió iniciar con fuerza su régimen dando gratuidad de los servicios sociales, transformando a Libia en la nación con más altos índices de educación y esperanza de vida en el continente. Pero, por otro lado, abrió un historial de un rebuscado estilo de vida, enriquecimiento ilícito y crueldad sin límite.
los prostíbulos y casinos como primeras medidas. A principios de los ’70, imitando a Mao publicó en tres tomos el ‘Libro verde’, donde mezcló el código moral islámico, el nacionalismo y sus delirios. Allí hablaba de la ‘jamahiriya’, un sistema de asambleas populares que definía como la “democracia perfecta”. El modelo de gobierno decretaba que los libios se autogobernarían (por lo que echa la culpa al pueblo de todas las penurias). Oficialmente, él no tiene cargo público, pero desde 1979 se autodenomina “Hermano Guía de la Gran Revolución”.
Sus movimientos diplomáticos también dan que hablar. De financiar a grupos terroristas, pasó a ser un ‘estadista’ elogiado por la Casa Blanca. Según WikiLeaks, un diplomático francés lo definió como “un kamikaze que jamás pierde el control”. Y otro estadounidense como “inteligente y reflexivo, bajo una apariencia estúpida”.
Como sea, hoy el coronel vive en un polvorín. Eugenio Chahuán, profesor del Centro de Estudios Arabes de la U. de Chile, afirma que la situación de Libia es muy compleja porque “la misma autocracia que Gadafi impuso, provocó que ya no tenga la hegemonía militar. Entonces, no existe fuerza interna capaz de dominar la revuelta. Hasta ahora, claro, existió una gran complicidad internacional con él, debido a la necesidad de mantener los flujos de gas natural y petróleo. El escenario es similar al de la invasión a Irak”. Aunque en una de sus últimas amenazas, el coronel dijo que si hay una intervención militar extranjera como en Irak, el país “abandonará la lucha internacional contra el terrorismo” y declarará la guerra santa.
Entre sus arriesgados delirios quiso integrar Libia con Egipto, Siria, Túnez y Sudán. Además de invadir Chad y participar en dos ataques terroristas con aviones de pasajeros (UTA en 1986, PanAm en 1988) y de una discotheque en Berlín (1986). También propuso que Israel y Palestina alcanzaran la paz compartiendo una nación llamada Isratina. Como no tuvo feedback, los llamó “idiotas”.
Pero el reconocimiento de los atentados y su renuncia al desarrollo de armas de destrucción masiva lo trajeron de vuelta al mundo: en 2008 fue invitado por Obama a la Cumbre del G-8. Un año después dio su primer discurso en la ONU.
Al parecer los días del dictador están contandos. La ONU levantó un cerco para prohibir que viaje, él y sus cercanos, a cualquier país miembro.
El Gadafi Inc. también está congelado. Su fortuna personal, estimada en 32 mil millones de dólares (otros 70 mil millones de dólares en activos en nombre del gobierno libio están siendo rastreados), se relaciona con inversiones en el sector del petróleo y gas, telecomunicaciones, infraestructuras, hoteles y medios de comunicación. Si no fuera dictador aparecería entre los 10 hombres más ricos del planeta, según el último ranking de Forbes.
Sabe que está encerrado. Y el mundo recién entiende que tras su brillo e insensatez, se esconde uno de los tiranos más peligrosos del planeta.
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