‘Hago cine porque me aleja de los bares’
Texto Phil Thompson/The Interview People Adaptación Franco Fasola
Casado con una colombiana treinta años menor, ahora se dedica a pintar y escribir música. Con la cinta ‘El rito’ vuelve a sus gloriosos roles terroríficos mientras otro proyecto lo obsesiona: interpretar a Alfred Hitchcock en el rodaje de ‘Psicosis’.
Anthony Hopkins (73, casado tres veces, una hija) viene de vuelta en la vida. Recuperado de su adicción al alcohol y las drogas, en un encuentro de Alcohólicos Anónimos en Malibú, hace algunos años, reveló: “Me alegro de haber sido un borracho. Las cicatrices que me quedaron de esa época son ahora mi fortaleza. Tomar fue el mayor regalo que recibí jamás”. Sobrio desde 1975, hoy es activista contra el alcoholismo y a favor del medio ambiente. El otro gran giro en su carrera lo provocó el siquiatra caníbal que interpretó en ‘El silencio de los inocentes’ (1991), Hannibal Lecter. Además del Oscar al mejor actor, se le vino encima una lluvia de papeles, ofertas de salarios exorbitantes y hasta fue nombrado caballero por la reina Isabel II.
EL CAMINO PARA ESTE ACTOR GALÉS, HIJO DE UN PANADERO, HABÍA PARTIDO MAL. No terminó el colegio y pasaba semanas sin hablar mientras trabajaba en una fábrica de acero. Hasta que un día, por las calles de su natal Port Talbot, vio a Richard Burton paseando en un Jaguar y decidió que quería eso para su vida.
Hoy su mayor aspiración es interpretar a Alfred Hitchcock, un proyecto que persigue hace cuatro años. Su idea es basarse en el libro Alfred Hitchcock and the making of Psycho, del escritor Stephen Rebello, que habla de cómo el maestro del suspenso grabó la que Hopkins califica como “la película más atemorizante que haya visto jamás”. “Hitchcock fue un hombre muy interesante, extraño y oscuro”, dice sobre su fascinación por el lúgubre director, cuyo trabajo lo dejó marcado hace cincuenta años, cuando vio un making of de las grabaciones de Psicosis.
En su última película, El rito, interpreta a un poco ortodoxo exorcista del Vaticano que lo tiene liderando la taquilla en Estados Unidos, por sobre varios filmes nominados al Oscar. En la cinta es el veterano padre Lucas, un misterioso sacerdote que da todas sus energías para luchar contra el demonio. Hopkins muestra todo su registro dramático llevando a su coprotagonista, Colin O’Donoghue, a los límites más oscuros de su fe.
Y AUNQUE SU TALENTO SIGUE INTACTO, ANTHONY ESTÁ EN OTRA: HOY VIVE BAJO EL SOL CALIFORNIANO, donde pinta y escribe música con la anticuaria colombiana Stella Arroyave. Treinta años menor que él, la conoció mientras visitaba la tienda que ella dirigía en Los Angeles. Antes estuvo casado dos veces: cinco años con Petronella Barker (hasta 1972) y 29 años con Jennifer Lynn. Su única hija, Abigail (43), nació de su primer matrimonio y hoy es cantante, actriz y directora de teatro.
Stella, su mujer, es la responsable de su acercamiento a los pinceles: “Cuando pinto tengo la actitud de un niño. Simplemente pruebo a ver qué me sale. Con la música es lo mismo: me siento al piano y me pongo a tocar lo primero que se me ocurre”, dice. La clave: “No hay que pedir nada, no hay que esperar nada y hay que aceptarlo todo. Esa es mi filosofía de vida”. Y le ha resultado: en julio tocarán su música en Birmingham y poco después en el Festival Hall de Londres. Pronto habrá, además, una exposición de sus cuadros en Hawai.
—Parece que dio un giro completo en su carrera. De monstruo caníbal a ser poseído por el diablo, en El rito. ¿Qué piensa del demonio?
—Sólo creo en la versión antropomórfica del diablo. Todo el mundo tiene certezas en estos días, pero ¿quién te dice que tienes todo ese conocimiento? Si a Einstein le hubieran preguntado si creía en Dios, habría dicho: Yo no imagino un dios personal, pero sí una inteligencia matemática majestuosa.
—¿Por qué cree usted que la gente quiere conocer todas las respuestas?
—A nadie le gusta la incertidumbre, todos queremos seguridad. Nos sentimos más cómodos de esa manera. Forma parte de la naturaleza humana.
—Parece que usted fuera en la dirección opuesta, mientras más envejece más se cuestiona las cosas.
—Mientras más viejo me pongo, más me doy cuenta de que sabemos muy poco de todas las cosas. He estado leyendo mucho a lo largo de los años, de temas variados. Desde El origen de las especies, de Charles Darwin, a la vida de Einstein.
—¿Por qué tanto?
—Lo hago para llenar mi mente, que me dice lo poco que sé. Esa voz suena inteligente.
—¿Cree en Dios?
—Fui ateo en algún momento de mi vida, pero poco a poco llegué a creer que algo mucho más grande recorre mi vida.
—¿Qué cambió para que se transformara de ateo a hombre de fe?
—Bueno, yo me crié como ateo. Mi padre era lo que se llama un hombre hecho a sí mismo. No tenía mucha educación. Era un marxista. Pero me tocó vivir mis propias crisis personales y un día tuve que dejar todo lo que estaba haciendo. Mi ego me estaba matando, mis certezas.
—¿Su ego lo estaba matando?
—Era muy autodestructivo. Jugaba con el caos, con la autodestrucción, ya fuera a través de las drogas o el alcoholismo. Es como coquetear con la muerte, pero cuando lo hacemos con nuestra vida real, nos podemos ir al infierno o retroceder del borde del abismo.
—¿Y decidió retirarse del borde del abismo?
—Miré hacia abajo y llegué a la conclusión de que era mejor parar. Y tan pronto como cambié de dirección, algo comenzó, desde bien adentro, a transformar mi vida. Una vez que enfrentas la realidad, eres tremendamente libre.
—¿Después de eso, por qué sigue haciendo películas?
—Me mantiene fuera de las calles, lo que me mantiene fuera de los bares. Todavía tengo mucho que gozar, de verdad. Me volvería loco si no lo hiciera. Gozo la vida, me siento en forma y fuerte gracias a mi trabajo.
—¿Qué consejo les daría a sus colegas más jóvenes de Hollywood?
—Me gusta darles problemas a los actores jóvenes (risas). Se ponen tan nerviosos cerca mío… Yo les digo que lo pasen bien y no se lo tomen tan en serio. Es una oportunidad en sus vidas.
—Usted parece muy feliz. ¿Cuánto de eso le debe a su mujer?
—Ella siempre me dice cómo salir adelante, cómo hacer cada película lo mejor que puedo, pero aceptando que una vez que termina la filmación, el resultado está fuera de mi control. Y eso es verdad, ¿no?
—¿Tiene algún mantra?
—Debes mantener un sentido del humor. ¡Tienes que ser capaz de hacer reír a la gente! Eso es importante en la vida.
—¿Hay algo que le quede por hacer?
—He hecho todo lo que me propuse. Más, en realidad. Ahora pinto y escribo música. Lo mejor, siempre, es mirar lo que está frente a ti y luego ir a casa y relajarse un rato.
Trailer de El rito
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