Piers Morgan: ‘Seré el entrevistador más famoso del planeta’
Semanas antes de su debut en el puesto de Larry King
Por Polly Vernon, The Times Magazine.
El llamado para entrevistar a Piers Morgan en NY, un par de semanas antes de su debut en el puesto de Larry King, era algo que no podía dejar pasar. Para cualquiera, heredar los zapatos de uno de los periodistas más reconocidos del mundo parece un trabajo feroz. Pero el desafío suena ideal para alguien que siempre quiso ser reportero, como sucede con Piers Stefan Pughe-Morgan, nacido hace 45 años en Guilford, al sur de Inglaterra.
A los 20 comenzó su oficio en el noticiario South London News, a los 24 se fue a trabajar a ‘The Sun’, el diario sensacionalista más famoso del Reino Unido. A los 28 se convirtió en la persona más joven en dirigir un diario inglés de circulación nacional, al hacerse cargo de ‘News of the World’. En 1995 partió a la competencia, ‘The Mirror’, de donde fue despedido en 2004 tras publicar, en portada, falsas fotografías de soldados británicos maltratando prisioneros iraquíes. Según él, el diario fue víctima de un engaño.
Simon Cowell lo importó a EE.UU. El británico más famoso de Norteamérica, gracias a su rol como cruel juez en ‘American Idol’, quiso darle una oportunidad como miembro del jurado de otro show de talentos, ‘America’s got talent’. El público estadounidense (que había desarrollado un gusto por los británicos francos y directos como Cowell), rápidamente se enamoró de él. Se convirtió en co-anfitrión del mismo programa en Inglaterra y a principios de 2008 participó y ganó ‘Celebrity Apprentice’, el reality de Donald Trump.
Fue entonces cuando lo conocí en Los Angeles. Durante esa primera entrevista me llevó en su Aston Martin arrendado, me mostró su suite en el hotel Beverly Wilshire y me llevó a una fiesta organizada por Donald Trump, donde lo vi codearse con el anfitrión, con Christina Aguilera y con las estrellas de la serie ‘Entourage’. No paraba de lanzar frases como: “¡Soy un fenómeno global!” y “¡Soy una celebridad de un solo nombre, como Madonna!”.
A esas alturas, Morgan ya lograba validarse a ambos lados del Atlántico. El broche de oro fue el acuerdo con la cadena ITV1 por dos millones de libras al año para el programa de entrevistas ‘Piers Morgan’s Life Stories’, que terminó llevándolo al asiento de Larry King. Su llegada a CNN ha tenido cierta dosis de polémica que él, seguramente, disfruta. Primero, porque sus honorarios rozarían los 25 millones de dólares por tres años (más de doce mil millones de pesos), pero también por el impacto cultural que provoca en EE.UU. el hecho de que un británico, asociado a un concurso de talentos, sea capaz de entender la mentalidad del país. ¿Cómo podría un inglés hacerlo mejor en EE.UU.?
PASAR 12 HORAS CON EL ES CONFIRMAR TODO LO QUE SUS CRÍTICOS AFIRMAN: se promociona sin descanso, se autofelicita, no se cansa de nombrar a las celebridades que conoce. Es un trepador social obsesionado con los famosos y un chismoso empedernido. Pero también es una compañía brillante: divertido, loco, interesado en todo y todos, comprometido, inteligente y muy trabajador. Así que aquí estoy de nuevo, ad portas del debut de ‘Piers Morgan Tonight’ en CNN. “Seré el entrevistador más famoso del planeta”, proclama.
A días de iniciar el proyecto más importante de su carrera, Morgan no se declaraba nervioso ni preocupado. “No veo el sentido de pensar en el fracaso”. Aún no sabía que en el primer día alcanzaría una audiencia de 2.1 millones de personas (la despedida de Larry King fue de 2.2). Tampoco se imaginaba lo disímiles que resultarían las críticas: ‘The Washington Post’ y ‘The New York Times’ repararon en su rigidez y escasa espontaneidad, mientras al ‘Boston Globe’ le pareció condescendiente su diálogo con Oprah. ‘Philadelphia Inquirer’ y ‘Entertainment Weekly’ lo elogiaron al punto de decir pronto nos hará olvidar a Larry King…
En la entrevista, Morgan me aseguró tener ‘la’ fórmula para hacer grandes programas de entrevistas. “Uno toma lo mejor de las técnicas de los tabloides. La belleza está en aplicarlas de manera que la entrevista en sí misma no sea necesariamente de tabloide, pero sí la forma en que la promocionas y la vendes. De hecho, no creo que deban hacerse en vivo. Larry fue brillante en su estilo, pero a mí me gusta grabar las entrevistas, verlas completas, trabajar las mejores líneas y luego darles bombo. Así se obtiene más rating”.
—¿Cuánto te pagará CNN?
—¡Probablemente un poco más de lo que tú ganas por hacer este artículo!
—¿10 millones de libras (7 mil millones de pesos)?
—No voy a hablar de dinero.
“En EE.UU. uno se tiene que valorar bien. Hay una percepción de debilidad si te menosprecias a ti mismo. Aprendí eso de Simon Cowell. Me decía oye, es una piscina de tiburones. Te pagarán tan poco como les sea posible. Necesitas un agente brillante… Por suerte lo tengo”.
2010 no fue un año importante para Piers sólo en lo profesional. El 25 de junio se casó con la periodista Celia Walden, tras cuatro años juntos. Inevitablemente me pregunto cómo va su nuevo estado civil: mientras él pasa dos tercios del año entre NY y Los Angeles, ella aún vive en Londres. “Sí, pero viajará de un lado al otro y probablemente se mudará para acá si todo sale bien”.
—¿Y eso funciona para ti?
—Sí, sí, ella dice que el matrimonio no podría ser mejor. Estoy acá, ella en Inglaterra (risas). Recuerda que un mes después de que nos conocimos, me vine a EE.UU. para hacer America’s got talent. Así que estamos acostumbrados.
—¿Piensan tener niños?
—Tal vez.
—¿Cómo se lleva Celia con tus hijos?
—Muy bien.
—No te gusta tocar temas personales, ¿verdad? Es irónico, viniendo del hombre que una vez le preguntó al viceprimer ministro británico Nick Clegg, con cuántas mujeres se había acostado y a Gordon Brown (entonces primer ministro) si se uniría a un club de sexo en aviones.
—No me importa. Uno tiene derecho a preguntar.
—Entonces, ¿con cuántas personas has tenido sexo?
—Un caballero nunca debe decir esas cosas.
Me pregunto cómo el ser una celebridad afecta a Piers Morgan. Una vez me contó que el único comentario que siempre recibía de amigos y familiares después de cualquier aparición suya en la TV no era lo hiciste horrible, o lo hiciste bien, sino te ves gordo, o pálido, o algo. Para él, la TV digital es una pesadilla.
—¿La fama te estará volviendo vanidoso?
—No más que antes. No me he hecho nada.
—¿Nada?
—Sólo el blanqueamiento de dientes y el entrenador, cuatro veces a la semana.
—¿Nada de bótox?
—¡Dios, no! ¡No seas ridículo! ¿Por qué tendría que hacerlo? Todo el mundo piensa que me inyecté bótox porque mi frente no tiene arrugas. Nunca lo he hecho. Mi madre me mataría. Tampoco cirugía plástica. O teñirme el pelo. Cualquier cosa. No podría importarme menos.
—¿Las mujeres aún se te arrojan encima ahora que dejaste la soltería?
—¡Por supuesto! No tienen ninguna vergüenza. Sé que si quisiera un affaire, podría tenerlo. Pero también sé que Celia podría salir cualquier día de la semana y hacer lo mismo.
La noche después de la entrevista, Piers me lleva a comer con el productor de su nuevo programa, Jonathan Wald; su publicista, Megan, y otro periodista inglés. Vamos al Waverly Inn, el restorán del director de ‘Vanity Fair’, Graydon Carter. La comida termina siendo una clásica salida con Piers, mezcla de celebridad, alcohol, decadencia y chismes. Kiefer Sutherland pasa junto a la mesa y Morgan lo detiene, se presenta y le toma la mano. Grace Coddington, brazo derecho de Anna Wintour en Vogue, se sienta en la mesa del lado. Morgan rápidamente se acerca: “Creo que eres fantástica”, le dice. Coddington le da una mirada vaga.
Si Piers Morgan logra ser el entrevistador más famoso del planeta, aún está por verse. Seguramente se va a divertir en el camino. Algunas cosas juegan a su favor. Es un timador y está obsesionado por los detalles: él mismo describe sus investigaciones sobre los entrevistados como “con bisturí”. Tiene una habilidad desconcertante de conseguir que le digas lo que realmente no deberías.
Derechos: Polly Vernon / The Times Magazine /
The Interview People.
Adaptación: Marcelo Contreras.

