El príncipe de las tinieblas
Habla coautor de escandalosa biografía de Keith Richards
Fotos: Dominique Tarlé, Jane Rose.
Por décadas el guitarrista de la legendaria banda ha sido el niño malo del rock: drogadicto, alcohólico, mujeriego… De eso y mucho más habló con James Fox, el periodista que dio forma a su polémica biografía, que hace pocos días llegó a Chile. El escritor del libro que hoy lidera los rankings europeos recibió a CARAS en su oficina de Londres.

En abril de 2007 los titulares de diarios y revistas del mundo difundieron que Keith Richards (67) había cruzado todo límite al aspirar las cenizas de su padre que tenía guardadas en una caja. “Las puso en línea e inhaló de golpe”, patentaban horrorizados los tabloides. El guitarrista de los Rolling Stones ya no sólo era un genio atrapado por la droga, ahora su imagen caía a lo más bajo y comenzaron a llamarlo caníbal sinvergüenza.
Cuatro años después Richards dio por fin su versión en ‘Life’, la más esperada y controvertida autobiografía del mundo de la música, que acaba de llegar a Chile traducida al español (librería ‘Qué Leo’, $ 16.900): “La verdad es que después de haber tenido sus cenizas guardadas durante seis años —nunca me atreví a dispersarlas al viento—, finalmente planté un robusto roble para arrojarlas a su alrededor. Cuando separé la tapa de la caja, un fino rocío de cenizas cayó sobre la mesa. No pude sacudirlas, así es que posé mi dedo sobre ellas e inhalé. Fue el tránsito del padre al hijo…”.
Cinco veces enfrentó a la justicia por su adicción. Largas terapias lo hicieron abandonar la heroína en 1979 y la cocaína el 2006. Sus excesos fueron tan escandalosos en los ’60 y ’70 que encabezó por una década la lista de las estrellas de rock con más probabilidades de morir, elaborada por la revista New Musical Express. En aquella época se ganó el apodo ‘El Príncipe de las Tinieblas del rock and roll’ y se gestó el mito del rockero duro.
James Fox (Washington, 1945), el periodista y amigo que lo ayudó a escribir su biografía, conoce como nadie al Rolling Stones. En esta entrevista exclusiva, desde su oficina en Londres, habló con CARAS de la aventura de trabajar con el polémico ídolo.
—Después de tanta locura, Keith Richards es un tipo afortunado de seguir con vida.
—La gente se pregunta cómo ha sobrevivido a tantos excesos. No entienden que la clave es su profundo amor por la música. Keith me dijo que renunció a la heroína cuando descubrió que su consumo podía obligarlo a dejar de tocar. Y aunque muchos no lo entiendan, Keith toda la vida ha consumido drogas con ‘cierto control’. El mismo cuenta que fue muy meticuloso respecto de la cantidad de alucinógenos que se metía en el cuerpo.
Aún adicto a la marihuana, el guitarrista ha vivido rodeado de un sinfín de leyendas urbanas, como las transfusiones de sangre que supuestamente le hacen en Suiza para mantener en pie su escuálido esqueleto. El no habla de esto en sus memorias. Sin embargo, hace otras confesiones a su amigo Fox, como que solía burlar la seguridad de los aeropuertos en EE.UU. para inyectarse heroína en las giras. ¿Cómo? Sencillamente usaba la aguja de la jeringa para fijar la pluma de su sombrero. Después visitaba alguna juguetería y compraba un kit de medicina infantil. Con las jeringas de plástico, la aguja en su sombrero y la heroína, tenía todo lo que necesitaba para seguir drogándose.
KEITH RICHARDS Y JAMES FOX SE CONOCIERON EN LA DÉCADA DE LOS ’70, cuando el periodista trabajaba para el ‘Sunday Times’ y lo entrevistó sobre su técnica musical. “Al inicio le provocó desconfianza que un reportero lo buscara para hablar de música. Aunque los Rolling Stones se habían formado diez años atrás, él no entregó ninguna nota porque Mick
Jagger era siempre la gran historia y, además, porque Keith era muy intimidante”. En ese entonces Richards ya tenía la imagen decadente que le sirvió de inspiración a Johnny Depp para dar vida al capitán Jack Sparrow en Piratas del Caribe.
De ese primer encuentro con el escritor surgió la amistad que los puso a trabajar durante cinco años en estas memorias que revelan los excesos y la dinámica de los Stones. Pero estas páginas además tienen otro objetivo: humanizar al Príncipe de las Tinieblas, recordando el dolor que le provocó la muerte de su hijo Tara de tres meses de edad, la enorme lealtad con su familia y amigos, su pasión por la lectura y el cariño a los animales. También cuenta las historias de sus dos grandes amores: las modelos Anita Pallenberg y Patti Hansen.
—¿Cuál fue el mayor reto de estos años de trabajo con Richards?
—El libro tuvo que hacerse de acuerdo a sus propias reglas. Nunca fueron reuniones con horarios concertados. Digamos que sentarse a hablar con él era como tratar de pescar un escurridizo pez. No era fácil hacerlo trabajar en esto, pero cuando lo lograba podíamos seguir hasta por tres horas seguidas. Tiene memoria y es un gran conversador. Sabe cómo contar historias.
La biografía, además, reúne las voces de quienes han estado cerca de él. Fox comenta que habló con más de un centenar de personajes, entre ellos Johnny Depp, Paul McCartney, Kate Moss y Martin Scorsese, quienes le contaron varias anécdotas. “La gran sorpresa fue descubrir que detrás de esa intimidante imagen hay un ser generoso y tierno. A pesar de la fama, sigue siendo un tipo ambicioso y dedicado, con una rutina implacable y un gran sentido del humor. Su amor por los animales fue algo que me interesó mucho. Historias como la del perro que rescató en Moscú y llevó a EE.UU. dejan ver a un hombre de corazón cálido y profundo”.
A pesar de los capítulos del libro que intentan ‘blanquear’ la historia del creador de clásicos como ‘Ruby Tuesday’ y ‘Honky Tonk Women’, en sus memorias Richards confiesa detalles de aquellos despertares post-ácido en su casa de Redlands, donde en 1967 fue detenido junto con Mick Jagger y varios de sus amigos por consumir LSD: “Llamaron a la puerta y miré por la ventana. Vi que estaba lleno de enanos ¡y todos usaban los mismos trajes! Resulta que eran policías, pero yo no lo sabía, así que los invité a pasar porque afuera hacía mucho frío. Nunca me habían hecho una redada y yo todavía estaba en ácido”. Al final, todos fueron a parar a la comisaría.
ASEGURA QUE JOHN LENNON NO SABÍA DROGARSE COMO ÉL. Además de revelar los nombres de sus compañeros de fiesta, Richards da detalles del poco aguante del Beatle: “Llegué a conocer a John bastante bien, pasamos buenos ratos. El problema con él era que no podía seguirme el ritmo. Siempre trataba de consumir lo mismo que yo, pero sin mi buen entrenamiento. Un poco de esto, un poco de aquello, un par de tranquilizantes, algo de coca y heroína y después me iba a trabajar. Pero John terminaba rendido”.
Mick Jagger es el segundo protagonista del libro, lo que no es extraño pues se conocieron a los cuatro años. Fueron vecinos y después, en 1962, cómplices musicales al crear una de las bandas de rock más importantes del siglo XX.
A pesar de esta larga relación, Richards comenta que no ha pisado el camarín de Jagger en veinte años. ¿Qué sucedió entre ellos? Cuenta que a principios de los ’80 Mick empezó a volverse insoportable. “Comenzamos a llamarlo su majestad, Mick desarrolló un deseo creciente de controlarlo todo. No podía evitar percibirse como el número uno. Era muy posesivo, no quería que yo tuviera amigos hombres y, además, vivía entre dos mundos: el socialité, que tanto le gustaba, y el de la banda. Eso no funcionó. A veces extraño a mi amigo. Me pregunto a dónde fue”.
Jame Fox cuenta a CARAS que para Keith Richards era muy importante revelar lo que sucedió con los Rolling Stones y aclarar que Mick puso en peligro a la banda. De hecho, Jagger leyó el libro y sólo pidió eliminar las líneas que afirman que él tiene un entrenador de voz; “pero no lo hice porque estoy tratando de decir la verdad”.
A pesar de las diferencias que existen entre ambos músicos, Keith no hace alusión a los rumores de bisexualidad de Jagger, pero sí habla de algunas ‘anécdotas’. Ambos fueron amantes de la cantante y actriz Marianne Faithfull quien, según relata la biografía, le habría comentado a Richards que Jagger era un amante poco dotado.
La guerra entre las editoriales interesadas en publicar el libro fue voraz y, al final, Richards recibió cerca de ocho millones de dólares como anticipo. El éxito de ventas fue total.“La gente pensaba que Keith no podría recordar todas estas historias por sus años de excesos —concluye Fox—. Pero la verdad es que su memoria guarda hasta el mínimo detalle de todos los sucesos que le conmueven”.

