‘Adoro ser la malvada’
Exclusivo Joan Collins: A los 77 habla de amor, política e intrigas
Adaptación Alfredo López
Tiene 32 años de diferencia con su quinto marido y odia el bótox, “porque me declaro aguja-fóbica”. La actriz ícono de los ’80 no abandonaría por ningún motivo el comentario ácido y la mirada peligrosa. “Menos ahora”, advierte.

Cumplió ocho años casada con el productor teatral Percy Gibson, un anglo-peruano que la mira con devoción cada vez que ella cruza las piernas, toma un Martini y clava los ojos desafiantes. A sus 77 años suma más de sesenta películas, un buen puñado de series para la TV inglesa y americana, además de obras de teatro en Broadway y Londres. Todo bajo el mismo denominador común: una belleza altiva que inunda la pantalla.
Su juego permanente es actuar como una reina que oscila entre sentimientos de bondad e intriga. Antagonista magistral en Dinastía y tantas otras: “Sí: ¡Esa soy!”, lanza mientras se estira sobre un chaise longue blanco, como si la mítica saga ochentera aún fuera éxito de rating.
Hollywood dejó de ser el mismo, pero Collins sigue igual. Imparable, se prepara para robarse el show interpretando a una nueva villana en Dick Whittington, en el elegante teatro Birmingham Hippodrome de Londres. “Seré tan cruel y desagradable como me sea posible”, adelanta mientras se prueba un abrigo de piel de leopardo lo suficientemente corto como para mostrar sus piernas. Abajo, un vestido rosado parece aferrarse a su menuda figura de impresionantes curvas. Se ríe y sentencia: “Con esto espero conseguir una gran cantidad de abucheos… Seré una Queen Rat Bitch”.
Más que pifias, esos roles suelen traerle reconocimiento. Su personaje de una fría y astuta dueña de una discotheque en decadencia en La perra, una adaptación cinematográfica del libro de su hermana de Jackie, le significó un Globo de Oro y que la prensa hablara de ella como “la nueva Bette Davis”.
—¿Por qué se siente más cómoda como la mala de la película?
—Prefiero jugar en contra de alguien como Christal Carrington, la esposa buena y sufrida en Dinastía. Ella es cobarde y debilucha… Hay muchos papeles femeninos así, pero los de villano siempre son los más interesantes. Adoro ser la malvada.
Desde que hizo su primera película en 1951 —a los 18 años e interpretando a Lady Godiva— no hay estudio o escenario que no haya pisado. Ha trabajado con celebridades como Richard Burton, Bing Crosby y Paul Newman, pero nunca se sintió inferior: “Soy una mujer con los pies bien puestos en la tierra. No importa el tamaño de tu anillo de diamantes, sencillamente debes seguir tus ideas”.
Acaba de terminar una temporada teatral en NY: Una tarde con Joan Collins, Viaje Británico. Un espectáculo unipersonal que invitaba al espectador a conocer las reflexiones de una actriz que, pese a la adversidad y la fama, cree en el amor. Ahora parte de vacaciones. Se regalará una fiesta de cuatro meses en su villa del sur de Francia y luego se instalará en Acapulco. No tiene planes de reducir la velocidad: “Lo peor de esta época es que ya no escriben roles para mujeres maduras. ¡Oh, no! ¡Estoy repitiendo el cliché que las actrices mayores de 40 dicen todo el tiempo!”.
—Pero la juventud vende.
—Es verdad: el público quiere ver a los jóvenes y son ellos quienes van más al cine. Es un hecho triste de la vida, pero tienes que aceptarlo.
“EL BOTOX ES UN VENENO. NUNCA ME LO PONDRÍA EN LA CARA, soy aguja-fóbica. Tampoco me haría una cirugía estética. Sólo paso mucho tiempo cuidando mi cara del sol y me encanta maquillarme. Hace unos días estaba en Ascot y veía a todas esas mujeres sin una pizca de pintura en la cara. No les creo nada”. Su gran secreto es la forma de mirar. “Ahí están todas las intenciones puestas, en ver y sentirse fabulosa”. Consejos que no siempre son gratis: Joan ha escrito varios libros de belleza y salud, entre ellos El arte de vivir bien, un éxito en Londres.
“Para ser hermosa se necesita tener disciplina y controlar cada porción de comida. Pero conmigo no soy tan mezquina. Me permito caprichos como parar el auto y bajarme a comprar un chocolate”.
—¿A qué atribuye su silueta perfecta?
—Mis padres me dieron un buen conjunto genético. Por lo mismo decidí, muy joven, que iba a hacer lo mejor con él.
“Yo vivo muy bien, pero creo que me lo he ganado. Tengo tres hijos y tres nietos. Sigo trabajando, viajo y estoy felizmente casada. Me declaro plena y contenta”. Después de cinco intentos, Percy Gibson ha resultado para ella un compañero ideal, dividiendo su tiempo entre un departamento en el barrio londinense de Knightsbridge, otro en NY y la villa en el sur de Francia. Se casaron el 2002 y ella, haciendo mofa de los 32 años de diferencia, en medio de la ceremonia dijo en broma: “¿Qué pasará si él se muere? Tengo miedo de ser una viuda tan joven”. Los asistentes estallaron en risas.
Su desfile de matrimonios —con los actores Maxwell Reed y Anthony Newley, el productor discográfico Ron Kass y el cantante sueco Peter Holm— partió a los 18 años y sin duda le han dado un sabor amargo a su vida. La propia actriz ha dicho que su primer marido trató de venderla a un jeque árabe y al cuarto, Peter Holm, ni siquiera lo llama por su nombre después de que él la demandara, sin éxito, para ignorar su acuerdo prenupcial y conseguir más dinero. En su autobiografía Pasado imperfecto, Collins reconoció haberse encamado con numerosas estrellas de Hollywood, incluyendo al marido de Cloris Leachman y el hijo de Charlie Chaplin. Esas confesiones le costaron en Inglaterra el malintencionado apodo de “la inglesa abierta”.
Sus coprotagonistas tampoco la quieren: varios han dicho que trabajar con ella es muy difícil por su carácter de diva, y hasta los editores de sus libros la consideran complicada. Collins ha escrito tres novelas, pero después de que la primera fuera publicada, la propia editorial la demandó para que devolviera los dos millones de dólares que le habían adelantado. Según ellos, lo que había escrito era tan malo que no podía siquiera corregirse. Ella ganó el caso y, por supuesto, consiguió otra casa editora para sus futuros libros.
Hija del agente teatral Joe Collins y su mujer Elsa, su debut fue nada menos que con Casa de muñecas, de Henrik Ibsen, en Londres. A los 16 firmó su primer contrato para una película y en 1954 fue contratada por la 20th Century Fox. Su función era ser la natural sucesora de Elizabeth Taylor. “Las estrellas de Hollywood éramos de una raza diferente, con la cintura, las caderas y cada cosa en el lugar adecuado. Hoy sólo veo chicas con grandes melones pegados al cuerpo. O bien, se sienten obligadas a una delgadez extrema. Es absurdo”, dice, aunque reconoce que en los tiempos que grabó Dinastía tuvo su propia obsesión por el peso. “Nada que ver con la exageración de hoy. Cuando uno ve Desperate Housewives se da cuenta de que cualquier piedra pesa más que esas niñas. Siento pena por quienes tienen que vivir de una hoja de lechuga y una rodaja de pepino al día”.
EN TEMAS POLÍTICOS, NO GUARDA SILENCIO. Aunque en la campaña apoyó al actual ministro británico David Cameron, se decepcionó. “Siento que le falta mucho en temas de protección de mares, energías renovables y derechos de familia. Creo que soy una desilusionada política”, añade mientras ajusta con fuerza el cinturón de su abrigo de piel. “Afortunadamente tengo una actitud muy positiva hacia la vida. Todas las mañanas me levanto y digo: manos a la obra”, remata mientras termina de abrochar la hebilla.
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