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Personajes

Quién a manda a quien

Entrevista a los autores del libro Los príncipes, preparados para reinar

Por: Mariola Montosa

El pobre príncipe tuvo que renunciar a vivir con sus perros por capricho de Letizia… pero él cree que vale la pena. La futura reina es una mujer de carácter, que hasta le redecoró toda la casa, pero los analistas concuerdan en que eso le ayudó a adaptarse a un lugar que para otras habría sido insufrible…

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El carácter de Letizia ya empezó a intuirse en su petición de mano. El famoso “déjame terminar” que le lanzó al príncipe después de que éste la interrumpiera en su discurso ante los medios, ya forma parte de la historia de la monarquía española. Según los expertos en protocolo, no fue realmente una metida de pata. Lo hizo “porque tenía preparadas unas palabras delicadas para la reina y sabía que ese era el momento de pronunciarlas”, dice el especialista Pablo Batlle en el libro ‘Los príncipes, preparados para reinar’. Además, añade, le habló “en términos cariñosos y normales”.

El calificativo ‘cariñoso’ es uno de los que más se repite en las entrevistas que Carmen Enríquez y Emilio Oliva les hicieron a los conocidos de la princesa para escribir esta seudobiografía que pretende analizar cómo son y cómo son vistos los herederos, a partir de la opinión de allegados y expertos.

También son reiterativos los términos ‘alegre’, ‘cercana’ y ‘considerada hacia sus antiguos colegas’. La propia Carmen, corresponsal de la Casa Real durante 17 años para TVE —la misma cadena donde Letizia presentaba las noticias—, la recuerda como una periodista ambiciosa, pero no trepadora, “muy buena compañera y buena persona”, cuenta a CARAS en este encuentro con ambos autores en un hotel madrileño.

Eso sí, todos reconocen que es impaciente y que le cuesta callar y mantenerse en un segundo plano, lo que “quizá le quita protagonismo al príncipe, que es quien realmente debe tenerlo”, admite Carmen. Emilio explica este comportamiento en su afán de perfeccionismo.

Los rumores de anorexia y de fashion victim son los que más irritan a la futura reina. El carácter de Letizia también se revela en detalles domésticos. Al príncipe, igual que al resto de su familia, le gustan los perros. Los canes ‘reales’ andan a sus anchas por palacio y a veces, incluso, duermen en la misma habitación que sus amos. El mejor amigo perruno de Felipe fue Pushkin, un schnauzer negro al que adoraba. Tras su muerte, el heredero español se quedó con el consuelo y la compañía de su hijo, pero el animal fue desterrado de la casa el día que Letizia puso un pie en ella.

“Mandona es, pero no me parece un defecto”, dice en el libro Cristina Acebal, directora de la revista Diez Minutos. “Eso significa que tiene la autoestima alta, es su manera de ser”. Para Emilio, que antes de escribir esta biografía fue el responsable de la información de la Casa Real en la agencia EFE durante ocho años, los defectos de la futura reina también son una virtud: “Gracias a su perfeccionismo ha logrado adaptarse en un tiempo récord a un entorno tan distinto y difícil, y a un destino para el que no estaba preparada”.

principes-200SU RÁPIDO AVANCE EN LA ZARZUELA LE HA DADO SEGURIDAD, PERO TAMBIÉN PROBLEMAS. Una fuente próxima a la familia considera que sus logros han reafirmado su personalidad y esto ha hecho que Letizia ignore un poco al rey, “lo que ha originado ciertos roces en el seno de la familia”, afirma. “La reina, que fue su aliada al principio, quizás ahora se ha cansado. Y sus cuñadas han quedado en un segundo plano mientras ella adquiere más y más protagonismo”, remata.

Carmen y Emilio, coautores también de Doña Sofía. La reina habla de su vida, tratan de desdramatizar. “No hay mala relación”, dice Oliva. “Como en todas las familias, hay momentos buenos y malos”.

Lo que más molesta a Letizia de los muchos rumores que circulan sobre ella son los que la tildan de anoréxica y fashion victim. Hace unos meses, en una elegante comida, “pasó por todas las mesas a saludar y lo primero que dijo es que había comido dos trozos de tocino y se había repetido los garbanzos, como para demostrar que no es anoréxica”, cuenta en el libro Rosa Ballarín, redactora jefe de Diez Minutos. En cuanto a la ropa, a la antigua periodista siempre le ha gustado la moda, sin embargo, no quiere que eso desvíe la atención de su trabajo. Según sus conocidos, eliminó, por ejemplo, el traje rojo que usó en el matrimonio de Federico de Dinamarca y Mary Donaldson, porque opina que levantó demasiados comentarios.

De nada sirve. Los zapatos que elige o los rumores de cirugías son los blancos preferidos de los medios españoles.

—¿Por qué se la critica tanto?
—Carmen: Yo creo que porque en España pasar de Valdebernardo (el barrio donde vivía) al Pardo (uno de los palacios reales) no es bien visto. La gente admite que subas en la escala económica, pero no en la social. Sobre todo entre la gente de clase alta, que piensa que el príncipe tendría que haberse casado con una de sus hijas. En el fondo, lo que hay también es un poco de envidia.

Sin embargo, nada parece haber alterado la armonía conyugal de la pareja. Tras más de siete años de relación, seis de matrimonio y dos hijas, “están embobados el uno con el otro”, dice una amiga de Letizia, que tampoco ha querido ser identificada. “En privado se dan la mano e intercambian miraditas como dos novios”, añade. Felipe “es un hombre feliz”, afirma Carmen. Existe la opinión generalizada de que hay un antes y un después en la vida del príncipe tras conocerla. “El sabía que su deber era casarse y dar continuidad a la línea sucesoria. Y el hecho de que el tiempo pasara sin encontrar a la persona adecuada, creo que le agobiaba”, opina la autora. “Ahora ha conseguido casarse con la mujer a la que quiere y ha cumplido con el requisito de dar un sucesor”.

YA HAY UNA CAMPAÑA PARA FOMENTAR LA IMAGEN DE FELIPE Y LETIZIA. Según la Casa Real, es hora de de que la gente se dé cuenta de que el heredero está preparado para relevar a su padre sin que el cambio sea dramático. El problema es que Felipe, si bien se ha preparado mucho, ha mantenido hasta ahora un discreto segundo plano, y los medios españoles no muestran demasiado interés por el trabajo que realizan él ni su mujer. Tampoco ha habido mucha promoción interna desde palacio: “Como los miembros reales se venden por sí solos, pues la Casa del Rey no se ha ocupado todo lo que debería”, critica Emilio. Por ello, un nuevo equipo de comunicación se está poniendo en marcha para subsanar la situación, una estrategia que se ha acelerado tras los problemas de salud que sufrió el monarca en mayo pasado.

Casualmente, este plan surge justo cuando un popular canal privado está emitiendo una miniserie sobre ellos, mitad recreación, mitad ficción. Llamado Felipe y Letizia, el programa ha sido vapuleado por los críticos televisivos que hablan de “parodia”, “despropósito” y “delirio”.

Mientras esto ocurre, la Zarzuela busca una fórmula para que los príncipes se conecten con la sociedad del siglo XXI. Se barajan ideas tan novedosas como que la pareja participe en foros de internet o que la antigua periodista escriba un blog. ¿Quién sabe? Quizá la próxima competidora de Rania en Twitter sea su archirrival Letizia…

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