Mis días íntimos con Jude Law
Sadie Frost, ex mujer del actor, y la autobiografía de la polémica
El dolor es como un vidrio roto. Suave, pero fuerte y transparente (…) (Mi amor) se ha convertido en piedra, así que vivo una vida de soledad (…) Los días en que nos reímos desaparecieron (…) Adiós a lo que teníamos. Te vi en un sueño…. Me visitabas una vez más (…) pero te fuiste rápidamente y te llevaste mi corazón…’.

Así concluye la actriz inglesa Sadie Frost el capítulo en el que cuenta su separación del ahora famosísimo Jude Law. Un poema que hace evidente lo que ella misma ha dicho durante la promoción de su autobiografía, ‘Crazy days’: “El ha sido el amor de mi vida”. El título del libro (Días locos, en español) no podría ser más adecuado.
La vida de Sadie Frost ha sido una sucesión de juergas, aventuras y depresiones, mezcladas con los problemas mentales de su familia.
La ruptura con Law no fue diferente: corría mediados de 2003 y Sadie, que pocos meses atrás había tenido su cuarto hijo, sufría un fuerte caso de depresión post-parto. Su relación con Law estaba en crisis y el nacimiento de Rudy había empeorado su estado emocional. Sufría alucinaciones: “La alfombra parecía venir hacia mí (…) Podía ver los pelos y el polvo”, cuenta en este libro por primera vez. Iba a reunirse con Jude en Tailandia para pasar unas vacaciones en familia, pero ocho horas antes de tomar el avión se sintió incapaz de hacer las maletas. Una amiga le recomendó ingresar en una clínica, pero Sadie se negó. Quería preguntarle a su marido cara a cara por la foto que los medios habían publicado y donde él aparecía muy coqueto con otra actriz. En el texto, Sadie no da el nombre de la mujer, pero en aquella época los rumores lo relacionaban con Nicole Kidman, su coprotagonista en Cold Mountain. El desenlace definitivo no ocurrió durante el viaje, sino en Los Angeles. Frost le preguntó a Law si la quería, “pero no hizo falta que contestara. Supe cuál iba a ser la respuesta. El momento había llegado y vi que la relación con el hombre al que había amado tanto estaba terminando”.
Aquella noche sufrió una crisis nerviosa y fue ingresada en contra de su voluntad en una clínica siquiátrica. “Las sábanas de la cama estaban recubiertas con plástico, había barrotes en la ventana. No era el mejor lugar para mí”. Con Jude fuera de su vida y su familia en Inglaterra, fue su viejo amigo Gavin Rossdale, el marido de la cantante Gwen Stefani, quien la sacó de aquel infierno. A su regreso a Londres ingresó en otro centro de recuperación.
El principio y el fin de su relación con Jude Law es casi todo lo que cuenta sobre él. Había más, pero el actor, tras leer el manuscrito, la demandó a ella y a la editorial por ventilar su vida privada. Exigía que se eliminaran cien páginas de la versión original. Al final llegó a un trato con Sadie, quien accedió a suprimir ciertos pasajes y a quitar las fotografías en las que aparecían los hijos.
Frost tampoco da detalles del incidente que le dio triste fama el 2002, cuando su niña de dos años estuvo a punto de tragar una pastilla de éxtasis en un famoso club londinense. Era la fiesta de cumpleaños del hijo del baterista de Supergrass, Danny Goffey. La propia Sadie, según contó en el Daily Mail, vio la escena desde lejos y evitó que la pequeña Iris tuviera que ser sometida a un lavado de estómago. Aun así, la prensa la masacró.
A partir de entonces, su imagen se fue a la basura. Los paparazzi empezaron a seguirla y ella, sin querer, les daba lo que querían. Las borracheras con Kate Moss, Pete Doherty o Amy Winehouse eran frecuentes, y también los rumores como que Jude Law y Danny Goffey habían intercambiado a sus mujeres en la cama.
Sadie siempre ha hecho las cosas al revés. Si a los 40 vivió su ruptura de la mano de los excesos, a los 20, en cambio, llevaba una vida tranquila junto a su primer marido, Gary Kemp —miembro de la popular banda ochentera Espandau Ballet—, y el hijo de ambos, Finn.
Frost había buscado desesperadamente esa estabilidad durante las dos primeras décadas de su vida. Hija de padres hippies, su infancia fue poco convencional. La madre vendía muebles y ropa de segunda mano en el mercadillo londinense de Camden Town y su padre pintaba murales sicodélicos. El dinero escaseaba, también la comida, y pronto vino la separación. Pero la relación con su papá, David Vaughan, la marcó de por vida. De fuerte carácter, violento y víctima de ‘malos viajes’ a causa del LSD, sufría problemas mentales. Según él, su hija era su conexión con Dios. Por eso, cuando Frost era una niña, construyó una cruz de madera, la ató a ella y la mostró al público para que todo el mundo viera que estaba dispuesto a “sacrificar la cosa que más quería en el mundo por amor al arte”, explica Sadie en el libro.
A los 13 años se volvió punk para agradar a sus compañeros de colegio. Abandonó su beca en la prestigiosa escuela de danza Italia Conti, a los 16 se hizo modelo y pronto saltó al videoclip y al cine. En los ’90 tuvo un momento de gloria cuando Francis Ford Coppola la eligió para interpretar el papel de la vampira Lucy Westenra en Drácula. Tras el éxito de la película, su agente le recomendó quedarse una temporada en Hollywood, pero ella quería volver a Londres para estar con Kemp y Finn, y para participar en una película de bajo presupuesto que le cambiaría la vida: Shopping. Fue ahí donde conoció a Jude Law, entonces un actor desconocido.
Desde el primer ensayo, “sentí que mi destino era pasar el resto de mi vida con él”, recuerda en las memorias. Su atracción hacia Jude iba ligada también a una tendencia autodestructiva: “Lo tenía todo, la carrera y una familia perfecta, pero sentía que necesitaba destrozar cualquier cosa buena antes de que me la arrebataran”. Al finalizar el filme, Sadie dejó a su marido de 36 por Law, de 21.
Como en aquella época Law ni siquiera podía vivir de la actuación, Sadie le prestaba dinero para el autobús. El, por su parte, se tatuó Sexy Sadie en su brazo.
La nueva pareja empezó a rodearse de amigos como Ewan McGregor y Johnny Lee Miller y de los miembros de las bandas de música más famosas del momento. Todos vivían en el popular barrio del norte de Londres, Primrose Hill.
Fue ahí cuando se unió Kate Moss. La conoció en 1997 a través de Johnny Lee Miller, que se acababa de separar de Angelina Jolie. Faltaba poco para el matrimonio de Jude y Sadie, y cuando Moss supo que ella no quería comprarse un vestido de novia, le prestó el que John Galliano le hizo para su cumpleaños número 21. “Tenía una mirada traviesa. Supe que había encontrado a un alma gemela”, dice de la modelo, nueve años más joven.
Fue tras el nacimiento de su primer hijo con Law, Rafferty, cuando Sadie volvió a pulsar el botón de autodestrucción. La depresión post parto la empujó una noche a hacerse un corte en el brazo.
La creciente popularidad del actor no hizo más que empeorar las cosas. Jude viajaba constantemente y, aunque era un padre de familia “devoto y de mucha ayuda en casa”, por primera vez un hombre no le estaba prestando toda su atención.
Los últimos años no han sido fáciles. La muerte del padre, las continuas juergas, los problemas financieros de su línea de ropa —Frost French—, y el fracaso de sus relaciones sentimentales con músicos veinteañeros, forman parte de su currículum reciente. Su imagen de party girl también ha dañado su imagen pública. Sharon O’Connor, antigua directora general de Frost French, aún recuerda cuando Sadie cancelaba las reuniones matinales tras haber salido de fiesta la noche anterior.
Pese a todo, Frost asegura que ahora es feliz y que se ha recuperado de las depresiones. Está intentando recuperar su carrera en los escenarios londinenses y se dedica “a llevar una vida más real” con sus hijos. “Hasta hace poco no podía pensar en mí como un adulto”, reconoce. “Ahora sé que no hay nada que pueda detener el hecho de que me estoy haciendo mayor y orgullosamente lo acepto”.
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