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Personajes

Mi temperamento no permite restricciones’

Entrevista exclusiva Carla Bruni

Por: Interview People

Adaptación Roberto Schiattino.

En medio de las graves protestas contra la reforma de la jubilación que han paralizado Francia, la Primera Dama (número 35 en la lista de las mujeres más poderosas del mundo según Forbes) intenta ayudar a elevar con sus obras de filantropía la disminuida popularidad de su marido, ahogado en torno al 30 por ciento. Ella da muy pocas entrevistas. En ésta, la primera en meses, habla de la causa del Sida, de su música y vida al lado del Presidente Sarkozy.

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Es viernes por la tarde en el Palacio del Elíseo. Esperamos en fila a Carla Bruni Tedeschi (41). Una puerta se abre y un hombre entra en la habitación. Es el Presidente Nicolas Sarkozy. Sólo atinamos a decir bonjour monsieur le Prèsident y luego él desaparece por otra puerta, no sin antes saludarnos con la mano, relajado. Terminada la entrevista, vuelve a entrar, le da un beso a su mujer —entre ellos se llaman mon amour— y le pregunta si todo estuvo bien. “Sí, todo bien —contesta ella—, los llevo a todos a comer”.

—Hace unos meses fue a Benin (Africa occidental), donde visitó a nombre de Global Found un hospital para madres infectadas con VIH. ¿Impresiones?
—Lo que queda de ese viaje es, sobre todo, esperanza. Aún hay problemas, pero el progreso de los últimos años es enorme. Africa era un continente que parecía ahogarse en un océano de epidemias. Ahora, sin embargo, aquello no va a suceder. Este avance fue posible gracias a un trabajo eficiente de Global Found.

Se trata de un tema sensible para Carla Bruni desde que su hermano, Virginio Bruni (47), murió el 2006 por causa del Sida. A partir de ese momento, ella (entonces modelo e incipiente cantante) se ha dedicado a la prevención y ayuda a los contagiados con el virus.

—¿Qué le dijeron las madres infectadas con VIH con quienes tuvo la oportunidad de hablar?
—Conversamos largamente con dos jóvenes mujeres, cada una con bastantes hijos a cuestas. Varios de esos niños están infectados con VIH porque ellas no sabían que tenían el virus. Los que nacieron después del tratamiento, no están contagiados, así es que ellas conocieron ambos lados de la historia; transmiten una fuerza tremenda.

—¿Además del Sida, la lucha es contra los gobiernos que no reconocen el problema?
—Ahora hay menos obstáculos. En Sudáfrica, especialmente, han dado un paso gigante. En este momento hay una campaña en la que el Presidente Zuma se comprometió personalmente.

bruni200CARLA BRUNI PODRÍA ACCEDER DIRECTO A LOS JEFES DE ESTADO y explotar eso a favor de sus causas.

—¿Utilizaría su posición en una gala para lanzar un ‘escúchame, Barack, ¿por qué no aportas algo de dinero’?
—Cuento con relativo acceso a hombres de Estado, quienes a su vez se relacionan con otros líderes, pero es difícil que la mujer de un presidente tenga tanta línea directa. Uno no hace eso, existe un protocolo, y yo no soy una ONG. No puedo tomar del hombro al presidente brasileño, por ejemplo, y decirle escucha, no es tan fácil. Por supuesto, reconozco que ésta es una buena posición para transmitir un mensaje. Lo importante es que uno no debe saltarse el protocolo. Se requiere tacto y organización.

—¿Se siente restringida por el protocolo?
—No, yo simplemente no tengo restricciones, mi temperamento no lo permitiría. Soy cualquier cosa menos controlada. El protocolo es una tradición; tú no lo modernizas, te adhieres a él.

—¿Es difícil participar de esta causa en momentos en que el Sida ya no llama mediáticamente tanto la atención?
—Sí, desde que hay medicación la gente piensa que no es letal. Nosotros fuimos testigos de la agresividad del virus, presenciamos el inicio de la epidemia y vimos morir a muchas personas. Ahora los jóvenes están muy lejos de eso, la próxima generación no tiene suficiente temor. Hay que explicarles que el Sida es terrible para que les dé susto y se protejan.

—Siempre surgen anticuerpos cuando celebridades como Bono, Bob Geldof (cantante y activista irlandés) o usted apoyan causas humanitarias. Se afirma que lo hacen sólo de narcisistas y que los resultados son inexistentes. ¿Qué responde a esos comentarios?
—Te van a criticar tan pronto ganes exposición. Honestamente, creo que cualquier forma de activismo es positiva, sin importar si es el resultado de intenciones narcisistas o no. Si le damos unos pesos a un mendigo para aliviar nuestra conciencia, ¿qué importa? El tendrá una comida. ¿Cómo oponerse a eso?

—Como artista debe estar acostumbrada a los comentarios negativos. ¿La crítica política es más despiadada?
—Oh, sí. Pero es parte del juego, por lo que es más fácil lidiar con ella. Cuando creen que estás en una ‘posición importante’ (incluso si tú no lo ves de esa manera) es normal ser atacado. Mi marido está en lo más alto de la lista y yo, sin duda, bastante más abajo. Acepté el hecho de que mi posición natural involucra crítica. Y he decidido no amargarme, es inútil.

—Pero ser observada permanentemente influye en su comportamiento…
—No cambio mi conducta, aunque estoy mucho más alerta. Me encanta hacer bromas, por ejemplo, y a mi marido también, pero ahora sólo tonteamos en casa. El humor no se lleva bien con la política.

—¿Cuánto cambió su relación con la prensa?
—Antes solía aparecer periódicamente, cada vez que lanzaba un álbum. Eso cambió desde que me casé con un hombre de Estado. Ahora, están los que yo llamo ‘medios pasivos’, esos a los que no doy entrevistas pero sí hablan de mí. En el 80 por ciento de los casos prefiero dialogar directamente con las personas, así el resultado es un poco más cercano a la realidad. Pero todavía hay un 20 por ciento de artículos que dicen cosas ridículas. Es normal, después de todo soy muy conocida.

bruni300—Transformó el concepto de primera dama al conectar la política con el pop; nada que ver con la mujer de René Coty (presidente anterior a De Gaulle), que en una famosa foto aparece dándole un plato de sopa a su marido…
—También he preparado sopa y (a Sarkozy) le cocino spaghetti al pomodoro, al dente. Los franceses son extraordinarios chefs aunque la pasta es una cuestión italiana. Pero mira, la evolución viene con los propios estadistas, cada vez más jóvenes y modernos. Mi esposo es el primer presidente francés divorciado, algo imposible 20 años atrás. Si él no se hubiera separado, yo no estaría aquí hoy. De ahí viene la modernización.

“EL PRESIDENTE YA NO ES UNA ESTATUA, Y LA GENTE LO ACEPTA porque le interesa la verdad. Las personas huelen las mentiras, quieren humanidad aunque ésta implique debilidades y errores. Mi marido ha contribuido a humanizar a los líderes y eso no fue a propósito”.

—¿Cuáles son sus metas como embajadora de Global Found?
—La crisis también nos afecta y nuestro futuro se decidirá según los compromisos que asumamos en la próxima asamblea. Mi meta personal es que el 2015 ya no nazcan niños infectados con VIH.

—¿Asume que aún será la primera dama en 2015?
—No tengo idea. Eso depende de mi marido y no me involucraré en esa decisión (ir a la reelección en 2012, para un nuevo período de cinco años). Yo lo acompañaré, cualquiera sea su opción.

—¿Todavía compone?
—Sí, aunque ahora el tiempo se reparte de manera diferente. Antiguamente dedicaba el ciento por ciento a la música, pero eso cambió tras el nacimiento de mi hijo. De repente ‘alguien’ era la prioridad. Como ahora sé que no tengo tanta disponibilidad, me concentro mucho. Y déjame apuntar un pequeño hecho filosófico: creo que el tiempo infinito no es bueno para un artista, quien puede ser comparado con un chico malo: ambos necesitan límites para cruzar. Afortunadamente, tengo muchos de esos…

—Es tanto italiana como francesa. Y ahora último la ‘identidad nacional’ es un gran tema en Francia. Después de todo, ¿aún conserva su identidad?
—Tengo una identidad muy europea por haber nacido italiana y luego haberme convertido en ciudadana francesa. Tengo sangre de ambos países, y alemana por mi bisabuelo. Turín, mi ciudad natal, queda a los pies de los Alpes, y el dialecto piamontés es muy parecido al saboya. Desde el principio tenía a ambas naciones en mi corazón. Puedo vivir en cualquier parte del mundo, cosa que hice cuando era joven. Me encantan las grandes ciudades, pero mi identidad es europea, patchwork de culturas, temperamentos y lenguajes. Ahí está la riqueza.

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