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Personajes

Cuánto cuesta que la reina no pase frío

Las libras del escándalo

Por: Miryam Audiffred

Los innumerables gastos de la reina Isabel II, del príncipe Felipe y especialmente del heredero al trono, el príncipe Carlos, se han vuelto el mayor tema de debate de Gran Bretaña en los últimos meses. Y más desde que fuera descubierto el último intento de la familia real por echar mano a fondos públicos. Una revelación que dejó la imagen de los Windsor por el suelo: querían utilizar dineros reservados para calentar las casas de familias vulnerables, hospitales y escuelas (60 millones de libras), para sustituir los equipos de calefacción de sus principales residencias: el palacio de Buckingham y el castillo de Windsor.

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Los detalles de esta maniobra multiplicaron la indignación de los ingleses. Y es que, de acuerdo con las cartas de petición enviadas por empleados de la reina, los 15 millones de libras que la corona recibe cada año exclusivamente para mantener sus palacios se ha vuelto “insuficiente”, debido al aumento en los precios de servicios básicos como luz y gas.

“Las facturas de electricidad han aumentado en más de 50 por ciento y ascienden a más de 1 millón de libras ($ 760 millones), lo cual es un nivel insostenible”, explican. Mientras las casas reales de España y Holanda han congelado y hasta reducido sus gastos, la inglesa pide más dinero…

42 millones de libras costaría mantenerlos cada año, de acuerdo con un reporte de finanzas presentado por la realeza al cual CARAS tuvo acceso. Cifra oficial que expertos como Peter Tatchell consideran inexacta y tramposa: “El verdadero monto es superior a los 149 millones de libras, si se consideran factores como los gastos en seguridad y los subsidios que la familia real recibe”, asegura este especialista en democracia y justicia global.

“Incluso si fuera cierto que el monto alcanza apenas 42 millones al año, eso representa veinte veces el valor de un presidente electo en Irlanda y casi cuatro veces el costo del presidente de Alemania”.

Aunque ninguno de ellos está obligado a dar detalles de sus gastos, gracias al reporte de finanzas sabemos que, como a la reina le gusta tener visitas, la familia utiliza cerca de 1.2 millones de libras para organizar fiestas en los jardines y preparar los banquetes que ofrece a los 80 mil invitados que, según Brian Hoey, biógrafo de los Windsor, recibe cada año en sus distintos palacios.

El staff que se encarga de atenderlos asciende a 1.200 empleados y cuesta, en sueldos, 7 millones de libras al año. Alrededor de 370 trabajan de forma permanente y sólo 18 mujeres están a cargo de la atención personal de la reina. Diez sirven al príncipe Felipe, duque de Edimburgo, y al menos dos más se dedican a pasear y alimentar con guisado de cordero, conejo, jugo de carne y papas a los perros Corgis de la reina.

reina200EN BUCKINGHAM HAY 26 MUCAMAS. Sólo una está encargada de llevar la bandeja del desayuno de la soberana, y todas están enteradas del sinfín de reglas que deben seguir en palacio, como no hacer ruido antes de las ocho de la mañana y pasar la aspiradora en reversa, caminando hacia atrás, para no dejar huellas o marcas en la alfombra recién limpiada.

También saben que aunque a los Windsor les encantan las bebidas frías con hielo, les molesta el sonido que los cubos hacen al chocar entre sí. De ahí que hayan encargado una máquina especial que produce círculos helados.

El costo anual de los viajes no se sabe con exactitud, pero según datos que la misma familia real ha entregado, éste asciende a cerca de 1.5 millón de libras. Los números pueden variar debido a que todos se trasladan con buena parte de su staff. Hasta el príncipe Harry viaja siempre acompañado de al menos dos de sus empleados.

¿Y lo que gastan en entretenimiento? Eso es un misterio.

Según Brian Hoey, autor del libro At home with the queen, Carlos es el miembro de la familia que cuenta con el equipo más numeroso: más de 180, incluidos los trabajadores de sus oficinas.

Sus excentricidades por sí solas justifican el deseo del pueblo para auditar a la corona. De partida, su ya conocida afición por los autos de la marca británica Aston Martins —que incluso tiene una edición de lujo llamada Prince of Wales—, o su obsesión por el negocio inmobiliario. Recientemente adquirió una mansión en Transilvania, Rumania, y una gigantesca propiedad en Carmarthenshire, Gales, con el fin de transformarla en una granja.

En su libro On Royalty, el periodista Jeremy Paxman asegura que el futuro rey se come un huevo duro después de cada cacería, pero su personal debe preparar una selección de siete, cada uno con distintos tiempos de cocción. Eso, porque no todos los días le gusta cocinado igual. Para que elija, los huevos son enumerados y alineados de tal forma que él pueda romper la parte superior de cada cáscara hasta hallar el que realmente le tienta.

Otra de sus manías son sus zapatos. Al príncipe le molesta que sus empleados los toquen. Sólo el encargado de lustrarlos por la mañana está autorizado a acercarse a ellos. También hay un personaje que se preocupa de apretar la pasta de dientes del heredero en forma irregular. A él no le gusta verla de otra forma.

Pero los ingleses han perdido la paciencia. Por eso, hoy piden que las finanzas reales sean auditadas para que lo que suceda al interior de Buckingham deje de ser el mayor secreto de la corona.

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