Michael Jackson, las pinturas que ocultaban su loca y atormentada vida.
Ecos
Algunos cuadros los mandó a hacer para ornamentar los muros de sus recargadas mansiones y son resultado de su patente egocentrismo. Otros, obra de importantes artistas de fines del siglo XX que le pidieron que posara. O simplemente resultado de quienes decidieron inmortalizar a uno de los grandes íconos de la cultura pop basándose en sus imágenes más típicas. Hoy son incontables los retratos de Michael Jackson que figuran en subastas, veredas, tiendas, casas particulares, internet…

A través de ellos, la leyenda se vuelve inmortal. Jackson murió hace exactamente un año, el 25 de junio de 2009, de la forma más inesperada: un paro cardíaco ligado al consumo de tranquilizantes, pastillas para dormir y anestésicos a escasos días de iniciar una serie de conciertos en Londres que lo devolverían a la primera línea de la industria musical. Aún choqueados, seguidores y artistas inmortalizan al solista más vendedor de la historia —con 750 millones de discos— y se organizan subastas de antiguos retratos.
Michael ultracolorido y recargado —así le gustaba el arte a Jackson— según Andy Warhol o David LaChapelle. Napoleónico, como aparece en uno de los óleos de firma desconocida que adornaban su rancho Neverland. Estilo Jesucristo Superestrella o interpretando a Charles Chaplin. De cera en un museo o con forma de esfinge egipcia en una galería de arte… El cantante dio origen a múltiples obras que contienen importantes señales y datos de la extraña personalidad que tenía y su atormentada existencia.
La megalomanía que padecía —le gustaba hablar de sí mismo y de sus propios logros frente a sus hijos y amigos— contrasta con la supuesta sencillez que proyectaba según quienes lo conocieron, como Tony Buzan. Además de sus retratos, en Neverland colgó cuadros de sus hijos y de grandes personajes, como Rafael o Alejandro el Grande.
“Tenía una clara estructura de personalidad narcisista”, explica el sicólogo y sociólogo Giorgio Agostini. “Lo que hace el narciso es adorarse a sí mismo, muestra un híper interés con respecto a su fisonomía. Toda su seguridad se sustenta en lo externo y necesita ser admirado; su transformación no termina jamás”.
UNA DE SUS LOCURAS MÁS RECORDADAS ES SU BRUTAL GIRO DE NEGRO A BLANCO. Nunca antes un personaje público hizo algo igual. Fueron varios tratamientos realizados entre los ’80 y los ’90, aunque nadie puede asegurar que él no continuaría con las cirugías de seguir vivo. Jackson justificó su cambio de color en el supuesto vitiligo que padecía, una enfermedad que emblanquece la piel, pero con manchas, no parejo. Paralelamente, a partir de 1981 empezó a modificar su rostro con una serie de operaciones que incluyeron nariz (en varias oportunidades, hasta casi borrarla totalmente), párpados (delineados para siempre), cejas, pómulos, labios, mentón (se creó un hoyuelo que no existía) y estiramientos faciales. Indicios de su profunda inseguridad, según los expertos. Por ejemplo, Agostini cuenta que en una ocasión trató a una mujer que se había hecho 27 cirugías, en un intento desesperado por retener a su marido. Obviamente, no resultó.
Después que el Daily Mail revelara los supuestos problemas de Jackson con su casi inexistente nariz después de tanto retoque, los medios de farándula se dieron un banquete cuando descubrieron el notable parecido del artista —en su última versión post cirugías— y una esfinge egipcia ubicada en el Field Museum de Chicago. Llegaron a decir que el Rey del pop “se inspiró” en la estatua. La afluencia de público al museo creció increíblemente.
Un seguimiento de sus retratos es testigo de esa constante transformación. Los más antiguos datan del lanzamiento de Thriller, su mayor éxito; otros rescatan los inicios de Jackson, donde aparece aún de piel negra y rostro sin desfigurar, apenas con algunos cambios menores como una nariz de menor dimensión; el chileno Roberto Bizama lo inmortalizó con el look de esos años. Después comenzaron a retratarlo más blanco, con el pelo largo y facciones afinadas. Los últimos registros artísticos del cantante lo dibujan casi sin nariz, tras esas fotos paparazzeadas que lo muestran con parches nasales y una cara cayéndose a pedazos. Es el caso de The book, título de una recargada pintura del australiano Brett-Livingstone Strong, que se intentó rematar en eBay en mayo pasado, partiendo la subasta en 2.75 millones de dólares (1.485 millones de pesos). No se vendió.
El coreano Donghyun Son supo reflejar las transformaciones de Jackson, plasmándolas en su exposición King, serie de retratos desde el niño de los Jackson Five hasta sus últimos días. “De pequeño, Michael era querido por su preciosa voz —comenta Son—. Pero se fue transformando incesantemente, buscando más amor de los fans, y cambió su actitud hacia el mundo y la música. También su apariencia. Se perdió en sus excesivos cambios y eventualmente se desvió. Una segunda lectura es que, buscando la aprobación desesperada, sólo siguió el deseo del público, su metamorfosis es simplemente un reflejo de lo que ellos querían”.
De inspiración propia, el joven alemán Ralph Uetzhoeffer hizo un fotorretrato inspirado exclusivamente en los textos: a la biografía del cantante le dio la forma de Jacko.
LOS RETRATOS REFLEJAN EL ENFERMIZO ‘COMPLEJO DE PETER PAN’. Con una extensión de más de 1.130 hectáreas y avaluado en más de 12 millones de dólares, Neverland plasmó todas sus locuras de niño chico. En el rancho instaló un zoológico (el chimpancé Bubbles se hizo famoso) y un parque temático con rueda de Chicago y autos chocadores.
Mucha tinta se ha usado para describir las múltiples manías de Jackson. Su obsesión por retratarse fue una clave para llegar a conocer su excéntrica vida. Evitaba en forma compulsiva el contacto con gérmenes, se cubría con una sombrilla para no recibir luz directamente —se encandilaba a tal punto, que era un claro síntoma de su adicción a las drogas— y a sus tres hijos Prince, Paris y Blanket, los obligaba a usar máscaras y antifaces. “Individuos como él no tienen capacidad de empatía porque sólo buscan que los quieran. Ellos no pueden amar. Y son intolerantes a la crítica”, subraya Agostini.
Su compulsión por los cuadros con su rostro se enmarca también en el consumismo extremo que mostraba y que quedó plasmado en sus entrevistas en TV. Le gustaba adquirir antigüedades y todo tipo de objetos en sus numerosos viajes a Las Vegas o a Medio Oriente, donde pasó algunas temporadas junto a sus hijos. Entre sus curiosidades se cuenta el haber adquirido los derechos de autor de un buen puñado de canciones de los Beatles y de Elvis, el trofeo de los Oscar que consiguió Lo que el viento se llevó y una estatua del extraterrestre E.T. Pero sus retratos tenían un lugar especial. Uno de sus favoritos era aquel que lo mostraba como caballero en la época de Isabel I de Inglaterra.
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