Si fomento mi carrera perdería mi matrimonio
Entrevista exclusiva Gwyneth Paltrow
Por años fue la envidia de Hollywood. Primero por sus amores con cotizados galanes de la industria y luego por la ‘perfecta’ felicidad que alcanzó junto a Chris Martin, el líder de Coldplay. Un proyecto familiar por el que estuvo dispuesta a casi desaparecer del ámbito público.

Hoy, sin embargo, las cosas parecen haber cambiado. Mientras promociona una de las pocas películas que ha protagonizado en los últimos años, Iron Man 2 (donde vuelve a interpretar a Pepper Pots, el amor del héroe Tony Stark), Gwyneth Paltrow (37) busca la fórmula para alejar el fantasma del divorcio que la ronda. Tras una larga y agitada historia amorosa por la que hizo más noticia que sus películas, la rubia no quiere perder la armonía que tanto publicitó en los últimos años.
El nuevo milenio la convirtió en parte de la clase A de Hollywood, con roles en producciones de gran difusión como El talentoso señor Ripley (1999) o Austin Power en Goldmember (2002). Otros títulos de carácter menos comercial como Los excéntricos Tenenbaums (2001), Sylvia (en honor a la escritora Sylvia Plath en 2003) y Two Lovers (2008), confirmaron su interés por un cine de mayor profundidad.
Ahora vuelve a la noticia con la secuela de Iron Man —la primera parte la filmó en el año 2008 siempre en el papel de pareja del superhéroe—, que se ha convertido en uno de los grandes aciertos del año en materia de recaudación, con unos 350 millones de dólares en ganancias a nivel mundial y más de 250 mil espectadores en nuestro país. Aunque no se trata de un guión excepcional con grandes ambiciones artísticas, aceptó hacer la segunda parte por ‘diversión’, sin contar claro, con los diez millones de dólares que recibió como salario.
La empatía que tiene con Robert Downey Jr. fue también importante a la hora de dar el visto bueno, tal como explicó a CARAS: “Robert y yo tenemos un muy buen ritmo juntos. Pero todo esto ha sido un salto de fe que valió extraordinariamente la pena”. Los elogios de rigor a su compañero en pantalla no le impidieron bromear durante la promoción del filme, acusándolo de ser un pésimo besador y de hacer de las escenas románticas entre ambos un absoluto aburrimiento. La respuesta de Downey no se dejó esperar. “No es cierto. No podía separarla de mí, fue embarazoso. A pesar de lo que dice, sé que sigue pensando en eso”.
Más allá de las frases para la publicidad, Paltrow se pone seria a la hora de explicar el éxito de Iron Man y la diferencia con otros superhéroes de gran arrastre entre los adeptos al cine fantástico: “Parte del atractivo de Tony Stark es que es un personaje que está dañado y posee una personalidad complicada. Representa el lado oscuro que hay en todos nosotros y a la vez la esperanza de que algún día podremos sobreponernos a nuestros demonios. Es esencial que en la película se muestren esos aspectos”.
Una dinámica compleja que, para pesar de Gwyneth, parece trasladada a su propia vida privada por estos días. Porque aunque ha brillado con luz propia gracias a varios títulos de repercusión masiva, durante mucho tiempo su nombre fue básicamente identificado con el de sus parejas, más que con el trabajo actoral. Primero fue Brad Pitt, con quien estuvo comprometida por dos años tras conocerlo en la filmación de Los siete pecados capitales. En 1997 rompieron públicamente aduciendo razones profesionales: ninguno de los dos se sentía capaz de dar curso a sus respectivas carreras y al mismo tiempo mantener un noviazgo. La inmadurez fue citada como razón del quiebre por la misma actriz: “Yo era un completo desastre en esa época”.
Mientras Brad se comprometía con la chispeante Jennifer Aniston como novia, aunque luego la abandonaría por la más salvaje Angelina Jolie, muchos compadecieron a la Paltrow por haber dejado escapar al mayor símbolo sexual de Hollywood. Sin embargo, ambos siguieron siendo buenos amigos, dedicándose continuas palabras de buena crianza. Fue Ben Affleck quien ocupó el lugar dejado por Pitt. El romance, de encuentros esporádicos, duró dos años hasta que todo terminó en buenos términos, acorde al estilo tan británico de la actriz nacida en Estados Unidos.
Su matrimonio con Chris Martin fue, por ende, un paso sorprendente para sus fans.
GWYNETH PERFECTA Y CONTROLADA, OPTABA POR EL ROCK junto a uno de los exponentes más destacados de la primera década del milenio. La unión fue feliz durante el primer tiempo: tras casarse en el 2003 tuvieron a sus hijos Apple (6) y Moses (4), mostrando al mundo una imagen de familia bien constituida y reticente a ventilar las intimidades en los medios de comunicación.
“Creo que realmente empecé a ser más feliz cuando me di cuenta de que las cosas simples de la vida me hacen sentir bien. Por ejemplo, llevar un ritmo reposado, cocinar para mi familia, tener chicos saludables… Mis hijos me mantienen con los pies en la tierra y muy despierta”.
Por todo esto, hoy sorprenden los rumores sobre una crisis matrimonial con Martin y las confesiones que la misma actriz habría hecho al respecto a sus amigos más cercanos. Como la cantante Beyonce y Madonna.
“Pasamos por altos y bajos como cualquier matrimonio, pero uno debe tomar el compromiso de luchar por la vida que tiene junto a la pareja. Eso no lo entiendes cuando estás soltero o saliendo con alguien”, aseguró en una reciente entrevista con The Daily Inquirer.
Las razones para el mal momento entre Paltrow y Martin serían, entre otras, el exceso de trabajo de la actriz. Por lo que ella habría reducido aún más el ritmo de su agenda. El cantante, que durante dos años tuvo también un apretado programa con el tour mundial Viva la Vida, se habría dado el tiempo, por su parte, de acompañar a su mujer durante las filmaciones, aunque los problemas no habrían terminado ahí.
Las infaltables ‘fuentes cercanas’ a la pareja han declarado que Gwyneth estaría dispuesta a cualquier cosa con tal de salvar la relación, incluso embarazarse por tercera vez o adoptar si no lo consigue.
“Si fomento mi carrera, perdería mi matrimonio. Hay que ser muy prudente y mantener el balance. La familia es muy importante para mí. No me interesa poner todo el énfasis en la profesión y perderla”, señala.
La decisión de convertirse en madre otra vez parece algo arriesgada, luego de que ella misma confesara haber pasado por una grave depresión postparto tras el nacimiento de Moses. Aun así, sorprendió a muchos por ser una de las pocas celebridades que no contratan niñeras para cuidar a sus hijos porque prefiere hacerlo ella misma. Y es que al parecer Gwyneth realmente valora la íntima vida familiar que lleva en Londres, más que la sofisticación de Hollywood.
“Mis hijos son geniales y dulces. Fui criada de tal forma que ni las películas ni la fama son lo importante en la vida. Lo que realmente vale la pena son la familia, los amigos, los perros y las flores”, asegura.
¿Qué pierde Paltrow si deja todo para salvar su matrimonio? Más allá de su pálida belleza y sus llamativas relaciones amorosas, su carrera no brilló demasiado durante su primera etapa en los años noventa. Algunos roles secundarios o protagónicos le dieron cierta notoriedad —Emma (1996), Grandes expectativas (1998)—, pero fue sólo Shakespeare enamorado (1998), la película que la consolidó como un nombre reconocido por su talento, más allá de su rol en la farándula mundial. El Oscar ganado a los 26 años fue el punto de inflexión para ella y parece haber sido también la partida para su decreciente interés en el cine, en pro de su más relevante vida personal.
Trailer de Iron Man
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