La secreta vida de los hijos de Jackson
EXCLUSIVO Hablan amigos, familia y tutores del Rey del Pop
A un año de la muerte del cantante, el rol que tuvo Michael Jackson en la vida de sus hijos sigue siendo un gran misterio. Aunque muchos dudan de que fuera el progenitor de los tres niños, el lamento de Paris durante el funeral fue conmovedor: “Desde que nací, daddy ha sido el mejor papá que pueda imaginar… Lo quiero demasiado”. Absolutamente vulnerables ante el acoso mediático y las locuras del Rey del Pop, perdieron al único padre que conocían. Ese que los engañaba llamando ‘leche’ al somnífero del que era adicto, el que apenas les permitía comer pollo con espinacas y en la mesa sólo hablaba de sí mismo. Pero ellos lo querían profundamente.

El universo de esos niños colapsó el 25 de junio de 2009. Prince Michael (12), Paris (11) y Prince Michael II (7), más conocido como Blanket, quedaron expuestos a disputas familiares y demandas. Hoy viven con su abuela Katherine Jackson —quien juró convertirlos en testigos de Jehová— y hacen una vida mucho más normal de la que tuvieron al alero de su padre. Por primera vez no usan antifaces.
Hijos biológicos de él o no, los tres niños fueron gravitantes en la vida de Jacko. Tanto, que en el testamento que se acaba de conocer, dejó casi toda su fortuna de 300 millones de dólares (unos 1.650 millones de pesos) a ellos y a la abuela Katherine —40 por ciento a los hijos y 40 por ciento a ella—, claro que los herederos no verán un peso antes de cumplir los 40. Ni una línea dedicada a Joe, el padre golpeador, ni a alguno de sus hermanos. Otra gran perdedora fue la madre biológica de Prince y Paris, Debbie Rowe, quien no apareció mencionada en el texto; ella debe conformarse con intentar cultivar ahora una relación con sus hijos.
Tony Buzan, adinerado escritor y consultor educacional, conoció de cerca a la familia. Sus textos sobre el desarrollo cerebral a través de una técnica que él llama ‘mapeo mental’ le han dado atención internacional. El 2006 se encontraba dando clases en Singapur cuando recibió la llamada de su amigo el jeque Abdulla bin Hamad al-Khalifa, miembro de la familia real de Bahrein (Golfo Pérsico). “Un fan quiere hablar contigo”, le dijo Hamad. Y una voz poco familiar se escuchó a través de la línea: “Hola, soy Michael”. Hablaba en su tono natural, no con ese típico susurro que usaba en público. El cantante se deshizo en elogios y le pidió a Tony que a los niños “les enseñara cómo pensar”.
Buzan pasó una semana en el palacio que el Rey del Pop arrendó en pleno desierto. Le llamó la atención lo encariñados que estaban los niños con él: “Los veía ir y venir de su colegio internacional todos los días. Volvían felices, corriendo para abrazar a su papá”.
Buzan se sorprendió al descubrir que él era un padre indulgente. En las tardes se echaban juntos en el sofá a ver DVD. Además de los maestros antiguos del arte, en las paredes también había fotos de los hijos.
BUITRES ACECHAN: JACKSON DEJÓ A SUS HIJOS EL 40 POR CIENTO DE LOS 1.650 MILLONES DE PESOS QUE SUMA LA HERENCIA.
Los dos mayores “aprenden rápido como su padre”. Dice que jamás presenció pataletas ni escándalos. Cuenta que los tres niños tienen personalidades muy diferentes. Prince es “brillante, ingenioso pero serio, los profesores lo notarían en clase, seguro y rápido para responder. Paris, en contraste, “una princesa tranquila, muy independiente, contemplativa y controlada. Tiene gran presencia”. Blanket —entonces de 4 años— lo recuerda salvaje, un pequeño dínamo, siempre colgando de los muebles. Como un mini-Michael”. En su opinión, Jackson era claramente su padre biológico, “tenía sus mismos ojos”; y agrega que la piel de Blanket era mucho más oscura que la de los otros dos, lo que le daba “un look mediterráneo”.
En las comidas había “vegetales, mariscos, hummus, jugos de fruta y cero alcohol. Los niños eran respetuosos pero intentaban salirse de los límites. Tal vez estaban aburridos. La conversación en la mesa usualmente la llevaba Michael, quien hablaba sobre sí mismo, transmitía acerca del proceso de ser una estrella y de los típicos chaqueteos”.
“Nunca lo oí hablar de Jesús”. Tampoco comentaba sobre su familia. Los niños y su padre permanecían física y sicológicamente aislados del resto del mundo, tal vez por su deseo de esconderse tras el juicio de 2005 por supuesto abuso de menores.
Cuenta que sólo una vez aludió a los escándalos. Aún enfrentaba acusaciones de ser un “muy mal padre” por haber sacado a Blanket, cuando tenía nueve meses, por la ventana de su pieza en un hotel de Berlín el 2002. “Michael decía soy bailarín, uno de los más atléticos y fuertes en el escenario. Puedo cargar adultos sin ninguna dificultad…”. Para muchos, el episodio fue interpretado como señal de que su drogodependencia le estaba afectando el juicio. Tony sólo notó su hipersensibilidad a la luz solar; iba con él durante un viaje en auto cuando el sol momentáneamente lo encandiló: “Lloró de dolor e involuntariamente hundió la cabeza”. Ese es un conocido efecto secundario del abuso de opio, que contrae las pupilas. En un incidente muy bochornoso para el jeque Abdulla (anfitrión de Jackson), un ayudante del cantante fue detenido por oficiales de aduana en el aeropuerto llevando una enorme encomienda de opiáceos sintéticos; entre ellos había OxyContin, medicamento para el cáncer.
MICHAEL FUE UN MAESTRO PARA GUARDAR SECRETOS. Por temor a la atención que podrían atraer de los medios, nunca dejó a los niños solos por mucho rato, aunque a veces les permitía volar a Florida para jugar con los hijos de un amigo. Sus primos los visitaban de vez en cuando, igual que Janet Jackson, quien se había hecho amiga de Paris.
Lou Ferrigno, ex estrella de la serie Hulk, fue el entrenador personal de Michael en los últimos meses. Recuerda que todas las mañanas los niños jugaban entusiasmados. Después de una sesión de deporte —caminadora y ejercicios con balón—, vestido de negro, Jackson se unía y jugaban a la escondida. “Hace muchos años me contó que se sentía muy solo. Pero cuando yo estaba con él, se veía feliz. Era como el señor-mamá”. También bromista: “A veces me llamaba y disfrazaba la voz por diez minutos. Empecé a pensar que tenía un acosador. Decía que su nombre era Omar y que me estaba buscando… el mismo nombre que usaba para sus recetas de medicamentos. Por las noches, cuando ensayaba, lo tenían que obligar a comer. El director del show, Kenny Ortega, le daba pollo y brócoli igual que a un niño”.
El desayuno de jugos de fruta y granola se lo llevaba a su pieza cada mañana el doctor Conrad Murray, única persona que tenía permitido subir. Para el almuerzo, Jackson comía con los niños ensalada de espinaca y pollo. Kai, la chef, recuerda que “él quería comida que no le diera calambres mientras bailaba”. Ella sugirió a la familia comidas ricas los sábados, como pollo asado a la parrilla, salchichas y tacos mexicanos. El aceptó inicialmente pero luego rechazó la idea.
Cuando su padre murió, Prince, Paris y Blanket descubrieron lo que significaba ser los miembros más jóvenes del díscolo clan. La Toya cayó sobre la casa y empezó a llevarse cosas frenéticamente buscando pistas de la muerte. La abuela Katherine, creyendo que su hijo no había dejado testamento, exigió el control de sus bienes y la custodia de los tres menores. En el funeral, otro hijo perdido de 25 años —producto de una relación de una noche que Michael tuvo en 1984 con una fan de Noruega— figuró en primera fila con los tíos y tías.
Los niños viven actualmente con Katherine Jackson en la residencia de la familia en Encino, un pueblo de blancos, clase media, a dos horas al norte de Los Angeles, donde Michael pasó su juventud. La mansión Tudor de ocho habitaciones y 3.300 metros cuadrados está rodeada de cascadas de agua y paredes de 3.6 metros. A Paris le encanta su nueva casa. “Lee mucho, pinta con acuarela y le gusta hacerse trenzas con sus primos, que la visitan todos los días; habla regularmente por celular con un puñado de amigos”, cuenta un miembro del clan. Quiere dejar la enseñanza privada en su casa para asistir al colegio (Campbell Hall, North Hollywood), donde estudia su ídola, la actriz Dakota Fanning.
Blanket pasa por una época difícil. “Llora y pregunta dónde está su papá. Tiene una niñera en las noches y durante el día sigue siendo bastante revoltoso. El mayor, Prince, se ha encerrado en su mundo, juega video games por horas, aunque no se le permite vagar en internet”.
A los 79, Katherine Jackson es demasiado frágil por su artritis y olvidadiza para manejarse sola, por lo que su hija mayor (Rebbie, 59), ayuda en el día a día con la crianza. Ambas son devotas testigos de Jehová. Van a misa cuatro veces a la semana y es probable que la religión juegue un papel en la vida de los niños. La abuela ha dejado claro que los bautizará en su credo y los llevará a tocar puertas los domingo con ejemplares de la Atalaya.
Rebbie tiene la ventaja de ser la menos conocida. Su gran activo es tener estabilidad de acero, y éste no es un rasgo que defina a su familia. Es el único Jackson que ha sobrevivido incólume a los escándalos. “Se alejó de sus hermanos antes de que Joe empezara a golpearlos para convertirlos en estrellas. Dice que tuvo suerte”, cuenta un familiar.
Hace poco, Paris fue fotografiada en Las Vegas sólo con anteojos, sin ocultar su identidad, comprando cosméticos en un centro comercial, algo que su padre jamás hubiera permitido. La escena sugiere que el futuro de Prince, Paris y Blanket podría ser una vida algo más normal.
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