Aristócrata, lujurioso y bisexual
Exclusivo, ¿Quién fue Shakespeare?
Se dice que fue un conde de mundo que ocultaba en un seudónimo su bisexualidad y el gusto por la bohemia plebeya. Las teorías más locas aseguran que fue hijo ilegítimo de la reina Isabel I y que con los años se transformó en su amante. Hollywood y dos nuevas biografías intentan descifrar el misterio.

Dios te ha dado una cara y tú te fabricas otra… Así, William Shakespeare, uno de los autores más famosos de la historia, daba luces de sus insospechadas caretas. Aunque hace siglos hay una biografía oficial, las aseveraciones sobre su posible origen aristocrático, bisexualidad, decenas de amantes y cómo esto se reflejó en su trabajo siguen inspirando ensayos, mientras los detalles más escabrosos se preparan para llegar, cómo no, a Hollywood.
Dos nuevos libros editados en Europa y Estados Unidos desmenuzan las teorías. Will Impugnado (Contested Will), de James Shapiro, y El hombre que inventó a Shakespeare, del alemán Kurt Kreiler, presentan hipótesis casi opuestas que encendieron el debate. Y Roland Emmerich, el especialista en películas de desastres (2012, El día después de mañana), alista Anonymous, basada en las más sórdidas presunciones que incluyen incesto, promiscuidad y toda la intriga de la corte isabelina donde se habría desenvuelto el verdadero Shakespeare.
“Gente inteligente a menudo desarrolla teorías estúpidas. Y ese ha sido el caso de Shakespeare. Sigmund Freud, Helen Keller, Mark Twain, Henry James y muchas otras luminarias han intentado revelar quién era. Toda esta controversia es como una grandiosa historia de detectives”, abre los fuegos Shapiro, profesor de inglés y literatura comparada en la Universidad de Columbia y autor de una decena de libros-ensayo, cuatro de ellos dedicados al creador del Rey Lear.
Las dudas sobre la verdadera identidad se arrastran por más de 150 años y fueron gatilladas por la brecha entre la figura del escritor divinizado por el poder de su obra y la biografía demasiado humilde que se le atribuye. Ante los círculos académicos resultaba casi imposible creer que un hombre nacido en una familia analfabeta del siglo XVI, que nunca salió del pequeño municipio británico, pudiera haber sido el genio de una creación visionaria y apasionante, fiel retrato de las elites aristocráticas y marcada por una amplia mirada de mundo.
Michael Egan, profesor de la Universidad de Brigham, estudioso de su legado y descubridor de una nueva obra teatral del inglés, publicada en el 2006, debate en CARAS: “William obviamente conocía sofisticados métodos de caza, el tenis, detalles de la geografía y lengua de Italia, además del francés. Experimentó la lujuria y fue claramente bisexual. Tenía un vocabulario exquisito y un mundo literario inmenso, además de saber de música, historia, política, astronomía, botánica… Fue una mente que sobresalió ampliamente a la media de su tiempo. Las dos historias simplemente no calzan”.
Muchos han sido los nombres que en este siglo y medio de palabras cruzadas han surgido como posibles creadores de la obra atribuida a ese tal Shakespeare. El que se lleva la mayoría de los votos es Edward de Vere, Conde de Oxford, integrante de la corte de la reina Isabel I, autor teatral, poeta y mecenas. La afirmación fue hecha en 1920 por un estudioso llamado J.T. Looney y hoy es retomada con énfasis por el académico Kurt Kreiler en El hombre que inventó a Shakespeare. Según el germano, la obra del dramaturgo revela sorprendentes coincidencias con la vida de De Vere, sobre la que sí existen registros. Siendo, además, un hombre de mundo, culto y protagonista de agitadas experiencias romántico-sexuales, resultaría mucho más aceptable como autor del acervo shakesperiano, tan profundo en la descripción de las pasiones humanas.
“El conde se graduó en Cambridge a los 14 años. Estudió leyes e italiano y tenía un gran conocimiento sobre las clases acomodadas, a diferencia del empobrecido Shakespeare que nos han presentado hasta ahora. Esto le habría posibilitado escribir cosas como El Mercader de Venecia, Romeo y Julieta y Julio César—afirma Kreiler—. Y es interesante que su apodo en la corte era Spear-shaker”. La razón para firmar con otro nombre habría sido el desprecio que la aristocracia sentía hacia los exponentes de la bohemia cultural, que si bien los divertían, eran considerados viciosos libertinos, poco confiables.
La verdadera orientación sexual de Shakespeare fue también materia de osadas conjeturas durante el siglo XX, no entre profanos amateurs de la cronología literaria, sino para académicos, dramaturgos y creadores de incuestionable credibilidad, que han especulado sobre sus ambiguos escritos. La bisexualidad del Conde de Oxford constituiría otra prueba más para la idea de que ambos fueron la misma persona. “Las obras y los sonetos demuestran, tal como ha sido afirmado por muchos eruditos, un interés en la bisexualidad. Maurice Charney, Stanley Wells, Harold Bloom, Peter Holland y otros han notado que la identidad de Shakespeare fue conscientemente bisexual en sus deseos”, concluye John Hamill, defensor de la tesis de Kreiler, bibliotecario, académico en literatura anglosajona y director de comunicaciones de la Gran Logia Unida de Inglaterra, una de las instituciones clave de la masonería, que dicen tener a Shakespeare como uno de sus miembros fundacionales.
Son muchas las obras con pruebas de la bisexualidad del autor. Entre ellas, Como gustéis, donde varios personajes aparentan ser del sexo opuesto para conseguir diversos objetivos; Noche de reyes, ya que aquí Viola se presenta vestida como un joven y enamora al Duque Orsino y a Lady Olivia al mismo tiempo; en El Mercader de Venecia Antonio expresa su obsesión, devoción y lealtad por Bassanio.

“Edward de Vere era bisexual, existen datos que lo prueban. Muchos son los episodios controvertidos del Conde de Oxford. Se casó dos veces y tuvo cinco hijos legítimos, más uno concebido con una de sus muchas amantes. Entre 1581 y 1584 fue acusado por un primo de sodomizar a varios jóvenes sirvientes, incluido un paje que vivió con él durante el año, tiempo en que De Vere estuvo separado de su primera mujer. “Fue descrito en la época como vano, frívolo, mujeriego y también homosexual. Y figuró como mecenas de varias compañías de teatro, que en ese tiempo estaban compuestas sólo por hombres y a las cuales se solía juzgar por su liberal comportamiento sexual”, explica John Hamill.
Los que sostienen la tesis de la doble militancia de Shakespeare, aseguran que su gran amor homoerótico fue Henry Wriothesley, tercer Conde de Southampton y a quien el autor dedicó efusivamente sus obras Venus y Adonis y La violación de Lucrecia. El Conde de Southampton compartió durante años los placeres de la corte isabelina con Edward de Vere, siendo ambos aristócratas.
La película Anonymous, de Roland Emmerich (a estrenarse el 2011), irá más allá, especulando sobre la vida de Edward de Vere en la corte de la reina Isabel I, de quien aseguran las cabezas más afiebradas no sólo habría sido contertulio favorito, sino su hijo natural y luego amante. Y aunque la mayoría de los analistas niegan evidencias al respecto, eso no detendrá al director alemán.
El norteamericano James Shapiro, autor de la aplaudida biografía Will Impugnado, manifiesta su desprecio por estas especulaciones: “Todo lo condimenta la posibilidad del incesto, pero no hay una pizca de evidencia que soporte esta tesis… Así es que este señor Emmerich, conocido por sus películas sobre desastres, está listo para explicarnos cómo el Conde de Oxford escribió las obras de Shakespeare mientras dormía con la reina, que de pasada era su mamá… La escritura autobiográfica sólo comenzó en Inglaterra en el siglo XIX. Es decir, creer que vivió un amor imposible como Romeo o que tuvo dudas existenciales como Hamlet puede ser una gran historia, pero es sólo eso, una historia”.
Envíe su opinión sobre este artículo a actualidadcaras@televisa.cl

