Su vida, una mentira
Elizabeth Taylor
Amantes, maridos, enfermedades, escándalos… todo habría sido mentira. Manipulación pura y estrategia bien calculada de los estudios de Hollywood para convertir a Liz en leyenda. Es la hipótesis que plantea la nueva y reveladora biografía Cómo ser una estrella de cine: Elizabeth Taylor en Hollywood, escrita por William J. Mann, que acaba de lanzarse en Estados Unidos.

La gente conoció a una Elizabeth Taylor infeliz a pesar del éxito, siempre huérfana de amor. La impactante publicación echa por los suelos esa imagen y destapa una Liz hasta ahora desconocida. Dueña de sus decisiones y de su carrera, estuvo lejos de ser una víctima. Primera gran precursora de la farándula, con genuina vocación de mito, la llamada diva de los ojos violeta ha pasado la vida entera frente a las cámaras. Su trayectoria, películas, historias y sufrimientos la coronan como el arquetipo de leyenda muy glamorosa, pero sobre todo muy rentable. Este nuevo libro destapa el secreto de su éxito profesional: desde sus romances hasta sus excesos fueron parte de un detallado plan, diseñado por la industria del cine y en el que la actriz participó activamente. La sola idea de que sea cierto, sobrecoge a sus fanáticos. ¿Cuánto de lo que conocemos de la Taylor es genuino y auténtico?
“Muchos biógrafos fallaron por la obsesión de sólo cronologizar sus romances y matrimonios como si fueran las simples pasiones de una mujer, movida sólo por el ‘amor’. Hay una historia mucho más interesante detrás, que tiene que ver con cómo el estudio Metro-Goldwyn Mayer usó sus relaciones y todos los acontecimientos de su vida para engrandecer la fama de una de sus estrellas más importantes. Lo peor: con el conocimiento y la complicidad de la misma Elizabeth”, explica el autor en esta entrevista exclusiva con CARAS.
“Siempre hubo una razón para casarse con cada uno de sus hombres. Todo se relacionó constantemente con su carrera y la mejor manera de potenciarla”, apunta William Mann. Su primer matrimonio, con Nick Hilton —heredero de la famosa cadena hotelera— se realizó en 1949, cuando Elizabeth tenía sólo 18 años y, según el autor, fue prácticamente impuesto por la Metro-Goldwyn Mayer para promocionar El padre de la novia (1950). “Si bien Liz accedió a casarse en la vida real por la publicidad de la película, hubo algo de romanticismo. Realmente pensó que era un tipo increíble y que sería divertido irse de la casa de sus padres. Pero el despertar fue pavoroso: era un hombre terrible, que la golpeaba, abusaba de ella y la humillaba. A los seis meses no aguantó más y lo dejó”, apunta el biógrafo. Otros coqueteos de Liz manejados por los estudios fueron con el millonario Howard Hugues y su matrimonio con el productor de la MGM Mike Todd. Mann afirma que todo está graficado con fotografías, mensajes a amigos y familiares y reflexiones perdidas en alguna conversación en off con la prensa.
Fue la primera en ganar un millón de dólares. En 1961, negoció uno de los protagónicos más importantes de su carrera: Cleopatra. La biografía revela las negociaciones tras el papel de la reina de Egipto y detalles inéditos sobre su relación con Richard Burton, el hombre más influyente en su vida. Burton no formaba parte de la primera línea de Hollywood hasta el rodaje de Cleopatra. El affair claramente lo elevó de categoría y de paso dejó a Elizabeth como una ‘rompe hogares’. Los cronistas de la época destaparon el escándalo: él era casado y tenía dos hijos, y ella estaba hace cinco años con el cantante Eddie Fisher, quien había dejado por la diva a Debbie Reynolds, su primera mujer y precisamente amiga de Taylor. Hedda Hopper, columnista, conocida en los ’60 por crear estrellas o destruirlas con sus publicaciones fue una pieza más del lucrativo negocio.
Destapan mensajes de burton y taylor. William J. Mann tuvo acceso a las notas personales, cartas y papeles de la Hopper, que se convirtieron en parte de la materia prima de su libro. Entre los documentos están los mensajes que la Taylor y Burton enviaron a sus más cercanos, cuando el romance surgía en el set. Los textos desclasificados: “Elizabeth es una bella chica —dice Burton en una de las cartas, dirigida a su amigo y crítico teatral Kenneth Tynan—, pero tiene doble pera y es bastante corta de piernas, así que difícilmente podría describirla como la criatura más bella que he visto en mi vida”. La Taylor tampoco se quedaba atrás en sus dudas: “El es un manicomio lleno de ramificaciones —reflexiona en una misiva dirigida a una amiga de la época—. Si le hicieran una lobotomía frontal saldrían volando serpientes, ranas, murciélagos, gusanos, renacuajos”.
Ese amor fue tan efectivo como una campaña publicitaria. Sin duda fue la mejor promoción para Cleopatra, una de las producciones más arriesgadas y costosas de la MGM. “Richard y Elizabeth decían en privado que su relación subsistía en equilibrio con el público”, relata un asistente de cámara. “Sin las expectativas de la gente sobre lo que les sucedía, no habrían sido nada. Sabían que para ser grandes estrellas tenían que dar al público algo a cambio”.
A pesar de que el romance y el matrimonio fueron convenientes para ambos actores, el amor fue real. “Burton fue, sin duda, el hombre más importante de su vida”, reflexiona Mann. “Pero eran una pareja que no podía vivir junta, pero tampoco separada. Los envolvía una pasión tremenda. Burton era bebedor y lidiaba con sus propios demonios, mientras ella comenzó a tomar sólo para seguirle el ritmo. Se convirtió en una relación tóxica que sacó lo peor de cada uno. Aunque estoy seguro de que si Richard no hubiera muerto en 1984, se habrían casado por tercera vez”.
No fue una víctima. actuó bajo control, puntualiza el autor. La misma Elizabeth manipuló y se dejó manipular en pro de la rentabilidad y el éxito. “Nunca fue como Marilyn Monroe o Judy Garland. La gente no la recuerda como una mujer inteligente, pero de hecho lo era. Supo cómo obtener el mejor trato. Vivió como quería”.
Las increíbles cifras de dinero que generó la estrella avalan la historia del biógrafo. Por sus películas obtuvo ganancias superiores a los mil millones de dólares. Su fortuna personal supera los mil cien millones. En 1996, sus propiedades alrededor del mundo fueron avaluadas en 200 millones de dólares, y en la última década, el negocio de perfumes y joyas con su nombre ha dejado importantes dividendos.
Elizabeth es más feliz hoy. “En la actualidad vive libre del marketing y la ambición. Ahora puede ser ella misma”, concluye Mann.

