Personajes

‘No sé si voy a estar vivo en un año más’

Jaime Bayly, nuevo libro, su enfermedad y la candidatura 2011

Por: Diana Massis

Sarcástico y polémico, el escritor juega con su futuro presidencial y la política. Sin embargo, en medio del lanzamiento de su campaña y de la novela El cojo y el loco —entregamos un adelanto exclusivo—, confiesa sus graves problemas de salud y reflexiona sobre la muerte. ¿Exagera el francotirador?

bayly
Aborto, eutanasia y drogas legales en su programa de gobierno. Jaime Bayly (45) no se saca la etiqueta de polémico, más bien la alimenta. Ni la de sarcástico, ni la de francotirador, nombre que tiene su famoso show televisivo en Perú. Ni por cierto la de escritor. Acaba de publicar una nueva novela, El cojo y el loco que llegará en mayo a las librerías chilenas. Sus columnas y declaraciones son las de un entertainer, animal mediático y televisivo de alto rating. Construye su personaje en los diarios, en la tele, en sus libros. Condimenta, seduce. Todo puede ser verdad: quiere ser presidente, necesita urgente un trasplante de hígado… O puede ser ficción, los límites están difusos. Lanzar la bala y después esconder la mano, es parte del juego. Ventilar sus historias, enemistarse con alguien, presentar a una amante furtiva como primera dama porque su ex mujer no quiso secundarlo como candidato. Pero lo cierto es que su precandidatura Bayly 2011, —que debe oficializarse en enero próximo— ya está en marcha. Algunas encuestas le dan un 8 por ciento en Lima y 7.3 en Perú. “No son malos números para alguien que no hace campaña”, comenta. Ya tiene partido —Cambio Radical— y canción: una cumbia que dice: Era un niño muy diferente a todos los demás/ a pesar que tenía todo, le gustaba la igualdad, que jay, jay, jay, Jaime pa’ presidente… El mismo en su programa, hizo una encuesta para saber la opinión de los peruanos. “Me dijeron de todo —cuenta al aire— ladrón, cabro, bisexual”. Todo eso parece divertirlo.

—¿Por qué quiere ser presidente?
—No quiero serlo, es mi madre la que insiste y yo siempre he intentado complacerla.

—¿Cuándo y cómo afloró su vocación política?
—Cuando nací en Lima hace 45 años. Salgo en televisión desde los 18 y todo el tiempo he hecho política en la prensa sin ser político profesional.

—Defínase: derecha, centro, izquierda…
—Soy indefinido geográficamente y un libertario. Los individuos son más felices cuanta más libertad tengan y así, las sociedades son más prósperas. Creo, por ejemplo, que las mujeres adultas deberían ser libres de abortar al menos hasta el cuarto mes de embarazo; que el suicidio asistido debería ser legal; también la venta y el consumo de drogas, entre los mayores de edad y en las farmacias, incluyendo la marihuana y la cocaína; que las minorías sexuales deberían tener los mismos derechos que los heterosexuales, incluyendo el de casarse; que el Estado debería ser laico y no financiar a ninguna confesión religiosa; que si va a pagarle a un ciudadano para que vista uniforme y porte arma de fuego es más útil que sea a un policía que a un militar; y sobre todo que los niños pobres deberían tener el derecho de recibir gratuitamente la misma educación de calidad que tienen mis hijas en los buenos colegios caros y que el inglés debería ser obligatorio en las escuelas públicas peruanas.

jaime300—Alan García ve con simpatía su candidatura y valora los temas que usted defiende.
—Alan es mi amigo y seguramente votará por mí.

—¿Si gana, con cuál de los presidentes latinoamericanos se llevará mejor? ¿Lula, Uribe, Evo, Chávez?
—Con ninguno. No viajaría nunca fuera del Perú. Rompería relaciones con Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Ecuador y otros países.

—¿Conoce al Presidente Piñera?
—No. Lo encontré una vez haciendo la fila en un cine de Las Condes para ver El Aviador. Me cae bien. Me divierten sus tics.

—¿Si fuera chileno, habría votado por él?
—Sí, porque era el mejor candidato. Chile necesitaba un cambio y demostrarse a sí mismo que ni la izquierda sigue anclada en Allende ni la derecha en Pinochet.

—Usted dijo que Sandra, su ex mujer y madre de sus hijas, no quiso presentarse como primera dama… ¿qué va a hacer?
—Pagarle. Sobornarla si fuera necesario.

—Ya que se reconoce bisexual, ¿no se animaría a tener un ‘primer caballero’?
—Sería una cursilería. Bastaría con tener un edecán ‘aventajado’.

—¿Tiene novio? ¿Si hubiera matrimonio gay en Perú se casaría?
—No y no.

—¿Llegará hasta el final con la candidatura o lo hace para poner ciertos temas en el tapete?
—No sé si voy a estar vivo en un año.

“CONOCÍ A UN COJO MALO Y A UN LOCO BUENO que me dictaron la novela”, dice sobre su nuevo libro. El cojo y el loco, de Editorial Alfaguara, cuenta la vida de dos hijos de la burguesía limeña rechazados por sus padres, uno por cojo y el otro por feo, tartamudo y loco. Una historia despiadada, que convierte al cojo en matón y violador y al loco en un marginal ermitaño. “Aunque de mis novelas no es la que más me gusta, diría que está entre las mejores, tiene un aire a La noche es virgen por el lenguaje afiebrado y procaz”.

—El cojo dice que el mundo se divide entre los jodidos y los que joden, ¿sin términos medios?
—El cojo es brutal, arbitrario, cruel. La vida ha sido así con él, tiene derecho a ser un cabrón.

—Ambos, cojo y loco ejercen su poder a través del sexo, ¿qué papel juega éste en su vida?
—Ninguno que se pueda contar.

jaime301—¿Usted tiene más de cojo o de loco?

—Todos somos cojos y locos. Y por lo general los que pasan por cuerdos son los más peligrosos. Yo soy cojo y loco y tal vez loco porque cojeo.

—¿Fue rechazado por su familia como el cojo? ¿Huyó a vivir lejos como el loco?
—Mi padre no me quería o no encontraba la manera de aprender a quererme porque yo no era tan macho como él o porque él no sabía quererse a sí mismo. Mi madre me amaba, pero deseaba que fuera cura y me hacía rezar el rosario todos los días en latín. Todo eso me confundió un poco. Y sí, escapé varias veces de casa de mis padres a los trece o catorce años.

—¿Si de verdad fuera francotirador, a quién mataría?
—A nadie. Yo sólo mato a mis enemigos en las novelas.

DICE QUE NO EXAGERA CUANDO HABLA DE LA MUERTE. “El año pasado me operaron dos veces y en ambas sentí que tal vez no despertaría nunca más”. En su columna del Nuevo Herald de Miami se despidió de la ciudad: “Ya no tengo nada en Miami, salvo unos recuerdos que asocio a la enfermedad y la muerte (…) Tres eventos fortuitos conspiraron para que me fuese de Miami: una crisis hepática, la descorazonadora mediocridad de la televisión y el descubrimiento de que mis hijas ya no querían ir ni siquiera de vacaciones.(…) Por lo visto (y nada de esto estaba en mis planes antes de que mi hígado empezara a cansarse de mí), sólo me van quedando Lima y Bogotá para vivir lo que me quede por vivir (que tal vez no será poco si consigo donante de hígado), para escribir lo que tengo que escribir…”.

—¿Cómo está su salud ahora?
—Regular. Mejorando… He bajado 20 kilos.

—¿Tiene plazo para el transplante de hígado?
—Prefiero no hablar. No estoy tan bien como quisiera ni tan mal como creen mis enemigos.

—¿Ha vuelto a Lima para estar más arropado?
—Voy a Lima todos los fines de semana para ver a mis hijas. El problema es que casi nunca las encuentro. A ellas les encanta irse de la ciudad.

—¿Quién lo cuida?
—Yo mismo.

—¿Teme a la muerte?
—Me da miedo la enfermedad y la agonía previa. Me gustaría morir repentinamente y de ser posible con poco dolor.

Comparte esta noticia