Personajes

Carrete, mafia y drogas

Emanuele Filiberto, el príncipe farrero de Italia

Por: Soraya Melguizo

Érase una vez un príncipe… es la bitácora del oscuro viaje por la noche parisina —llena de mujeres, sexo y alcohol— del mediático príncipe italiano, que salió con Kate Moss y baila en un programa de la RAI. Cárcel y corrupción también marcan la vida de este Casanova moderno.

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“Los años ’90 fueron una locura en París y yo, un chico guapo con apellido de alcurnia, me dejé llevar por un grupo de personas que no me trajeron nada bueno. Viví en un paraíso artificial y cualquier forma de exageración viene acompañada de una espiral destructiva…”.

Así resume sus farras Emanuele Filiberto de Saboya (38), nieto del último rey de Italia, Vittorio Emanuele. Eran sus años de locura en la capital francesa, una época en la que vivió al límite, con lujos de niño rico y bacanales de emperador en exilio. “Si tienes veinte años y París a tus pies, la única cosa en que piensas es que ya descansarás cuando te mueras”, confiesa. Juventud escapista tras una infancia en colegios e internados suizos donde se codeó con los herederos de las mayores fortunas de Europa, mientras él y su familia tenían prohibición de pisar su país. Así describe su vida en la autobiografía Erase una vez un príncipe, que sigue dando que hablar tras su publicación a fines de 2009 en Italia.

Tras abandonar la Facultad de Ciencias Políticas un año después de comenzar la carrera, Emanuele trabajó en el Republic National Bank gracias a que “apellidarte Saboya abre muchas puertas”. Con dinero propio en su cuenta corriente, pasaba su vida entre discotheques y mujeres bronceadas por el sol del Mediterráneo. No sospechaba entonces que, años más tarde, su nombre sería una carga debido a supuestos vínculos de su padre con la mafia siciliana.

Aunque nunca ha detallado sus adicciones de esa época, de las que se considera rehabilitado, sí ha dado a entender que consumía cocaína.

italia300ROBERT DE NIRO, MICK JAGGER y JACK NICHOLSON CARRETEABAN CON ÉL. “Siempre me ha gustado relacionarme con personas mayores que yo —cuenta—, incluyendo a casi todas mis novias”.

Entre sus muchas conquistas antes de conocer a su actual mujer, la actriz francesa Clotilde Coureu, estuvo la empresaria chilena Alejandra Irarrázabal —conocida por su segundo apellido, di Andia—, diez años mayor que él. “Era muy inteligente, guapa… tenía algo que no encontraba entre las de mi edad”, recuerda en su libro el príncipe. Evita referirse a Claudia Schiffer y Carla Bruni, con las que habría mantenido un romance. Pero sí menciona a Natasha Andress, “espléndida, luminosa, simpática, enérgica y muy importante hasta que caí miserablemente a los pies de Kate Moss…”. “La recuerdo como una mujer pasional, increíble”, confiesa en su autobiografía.

Hoy, retirado de las pistas y convertido en socialité de alto vuelo, el príncipe vive junto a su mujer y dos hijas. Con la actriz se conocieron en una maratón solidaria organizada por el príncipe Alberto de Mónaco, en Montecarlo.

Al recordar su vida de excesos y juergas, Emanuele cuenta que sólo suspendía sus carretes para ver a su padre en la cárcel. Entre 1978 y 1979, Vittorio Emanuele pasó varios meses en prisión acusado del homicidio involuntario de un joven de 19 años en Cavallo. El crimen ocurrió tras una discusión con el dueño de un yate vecino al de la familia Saboya. Aunque en 1991 fue absuelto de todas las acusaciones, “en el juicio he visto por primera vez a mi padre con las esposas —dice Emanuele—. Es una imagen que no olvidaré jamás”. Claro, no sería la última vez que vería a su padre delante de un juez.

El 2003, un cambio en la Constitución de 1946 —que condenaba al exilio y prohibía la entrada al país a los descendientes varones de la familia real, por su complicidad con el régimen fascista de Mussolini—, permitió a los Saboya el retorno definitivo a Italia después de casi 60 años. Nadie podía imaginar entonces que con ellos llegaría una estela de escándalo.

italia302Tres años más tarde, una noticia dio la vuelta al mundo: el hijo del último rey de Italia era arrestado, acusado de corrupción y explotación de la prostitución. La policía encontró vínculos con la mafia siciliana. “Lo trataron como a un delincuente. No se actúa así con un hombre de 70 años que tiene problemas de salud”, denunció en aquel momento Emanuele Filiberto. Según la acusación, Vittorio Emanuele, junto con otros empresarios, se dedicaba a reclutar chicas que luego ofrecían a los clientes del casino de Campioni, una nortina localidad italiana. La investigación salpicó a otras ochenta personas entre ministros, personajes del espectáculo y periodistas, incluido también su primo Simeón de Bulgaria. Un escándalo que aún hoy no está claro, aunque Vittorio fue absuelto y el caso archivado.

Un año más tarde, los Saboya exigieron al Estado el resarcimiento económico por “daños morales” causados durante el exilio, así como la restitución de los bienes confiscados a la familia en 1946. Esta poco oportuna solicitud empeoró la imagen de los Saboya en el país.

Pero tampoco es cualquiera y se las arregla para hacerse notar. En estos últimos años la vida del príncipe se encamina hacia el mundo de la política y la TV. El 2005 fundó el movimiento Valores y Futuro, presentándose tres años después a las elecciones generales parlamentarias. El 2009 fue tercero en la lista a las Elecciones Europeas del Partido de centro-derecha UDC.

En televisión el príncipe encontró su lugar. La exitosa participación en el popular programa Bailando con las estrellas, en la RAI, lo llevó a convertirse en uno de los personajes más cercanos y queridos de la pantalla.

“En el exilio me excitaba la posibilidad de entrar en las casas de los italianos e intentar presentarme por lo que soy. Pensé entonces que la TV era perfecta para darme a conocer y derrumbar la imagen preconcebida de la familia real”. Así fue. En un par de semanas más participará en el Festival de San Remo (el acontecimiento televisivo y musical más importante del año en ese país) y cantará Italia, amore mio, que en palabras de su padre Vittorio Emanuele es “un himno al amor por la patria”. “Quería darme a conocer por lo que soy”, resume el príncipe. “La pantalla me ha usado pero yo también a ella. Estoy consciente de que, como decía Montaigne, por más alto que pueda ser tu trono, al final siempre te sientas sobre tu culo”.

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