Personajes

Brilla Pé

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Por: Interview People

Adaptación: Angela Precht.

Roba cámaras desenfrenada y otra vez en la carrera por el Oscar, Penélope Cruz da un fuerte giro en su vida para dejar de ser controladora y obsesiva… Desde ahora, sólo ¡dos películas por año!

penelope
Nominada a la estatuilla de Hollywood por tercera vez, ahora por un sensual papel en el musical Nine, Pé lo hace de nuevo. Y no con cualquier película, sino con una de las más comentadas de la temporada. Comparte cámara con otros cuatro ganadores de la Academia: Daniel Day-Lewis, Nicole Kidman, Marion Cotillard y la mismísima Sofía Loren. Vaya coincidencia, la prensa de Estados Unidos la ha bautizado como la nueva Loren.

Mientras sigue cosechando elogios por Los abrazos rotos, el último trabajo de Pedro Almodóvar —con el que acaparó pantalla por partida doble, además de las portadas de Vogue y Vanity Fair—, negocia el protagónico de Melancolía, la nueva cinta del siempre polémico danés Lars von Trier (Bailarina en la oscuridad, Dogville).

Hace exactamente un año Penélope (35) se llevó todos los premios por Vicky Cristina Barcelona de Woody Allen, convirtiéndose en la primera española en recibir un Oscar. Fue una noche memorable. Vestida como princesa de cuento de hadas, con una sonrisa nerviosa y respiración entrecortada, agradeció a todos los directores que habían apostado por ella: Allen, Almodóvar, Bigas Luna, Fernando Trueba. “Crecí en un lugar llamado Alcobendas, donde esto no era un sueño muy realista”, explicó a la audiencia que escasamente podía hacerse la idea del barrio obrero a las afueras de Madrid donde ella vivió.

Cuando desembarcó en Hollywood a los 23 años, y si bien consiguió participar en películas de gran presupuesto y con actores como Tom Cruise, Johnny Depp, Matthew McConaughey y Nicolas Cage, todas las cintas tuvieron tibia o, definitivamente, nula acogida. Luego vino un mediático romance con el cientólogo que ubicó su nombre más en la cacofonía —Cruise y Cruz— que en el talento.

Su amigo Almodóvar salió al rescate: le tendió una mano con un papel a la medida, en español, y en una cinta que llevaba la clave en el título: Volver. Con ella llegó la primera nominación al Oscar y la oferta de Woody Allen para Vicky Cristina Barcelona, donde conseguiría el anhelado Oscar.

En menos de cuatro años el escenario se transformó completamente para Pé. Por fin ha conseguido reconocimiento como actriz de peso, tiene una relación estable con Javier Bardem y decidió cambiar el chip: dejar de ser tan obsesiva, trabajólica y controladora. Al menos eso confiesa la fría tarde de sábado en que hacemos esta entrevista, en la recepción de un hotel en pleno Sunset Boulevard, California.

Está sentada en una esquina donde nadie pueda reconocerla. Revisa algunos mails. “Antes era adicta a mi Blackberry, la utilizaba sin parar durante las vacaciones, en cualquier minuto”. Pero restringió su uso como parte de la estrategia para poner fin a una ansiedad que la estaba consumiendo. Por eso, ahora no quiere hacer tantas películas —dos por año basta— y pretende estar menos expuesta públicamente.

Sus cláusulas son claras: nada de preguntas personales. Pero por las pocas fotos de ella y Bardem que se conocen, es evidente que están felices. Juntos, acaban de participar en una campaña solidaria por Haití. Se especula que quieren tener un hijo. Su relación con los medios se queda en lo estrictamente profesional, no pretende ser encantadora y va al grano. De vez en cuando sonríe.

Reconoce que su fascinación por convertirse en actriz comenzó de niña, cuando pasaba largas tardes en la peluquería de su madre, ubicada en el pequeño pueblo de Alcobendas. “Aquellas mujeres que siempre estaban actuando a que eran otras —recuerda— entraban por la puerta y luego su apariencia se convertía en algo más parecido a lo que querían ser. Me fascinaba ver cómo eso afectaba la forma en que se comportaban. Y yo estaba allí, mirándolas y pensando, ¿por qué estamos todo el tiempo actuando?”.

“ALGUIEN DIJO QUE TE PAGAN PARA PROMOVER LAS PELÍCULAS, NO POR HACERLAS —dice mientras ordena su largo pelo oscuro—. Concuerdo plenamente. No diré más cosas por agradar a la gente. Siempre ha sido lo más natural no hablar de mi vida privada, es un modo de protegerme”.

Y justo, Penélope está aquí para promocionar el musical Nine, donde es la única nominada al Oscar, en un elenco cargado de estrellas. Interpreta a Carla, la amante desesperada y apasionada de un director de cine italiano llamado Guido Contini (Daniel Day-Lewis). “Ella es completamente adicta a esta relación, por lo que quise explorar esa obsesión”, explica.

Nine es la versión cinematográfica de un famoso musical de Broadway del mismo nombre que debutó en 1992, con el célebre actor Raúl Julia en el papel protagónico. Tras 729 funciones, la obra revivió en 1996 en el londinense teatro de Donmar Warehouse. Inspirado en la legendaria película autobiográfica de Federico Fellini 8½, tanto el musical como la versión cinematográfica recorren las peligrosas tentaciones del mundo del cine.

Ensayaron tres meses y, pese a que Pé estudió ballet en su adolescencia, admite que no estaba preparada para lo que debió enfrentar en Nine: balancearse en cuerdas o descender cantando por sábanas de satín rosado.

“Fue como empezar de nuevo. Cuando vi la coreografía el primer día pensé que sería imposible cantar y bailar así”. También estaba muy nerviosa por tener que cantar por primera vez en pantalla. “Escucho música todo el día, de todo tipo. Siempre canto en mi máquina de karaoke, pero esta vez debía hacerlo de manera profesional. Por eso, cuando vi la película terminada me sentí como una niña de tres años en Disneylandia”.

—¿Le gusta verse en la pantalla?
—Prefiero no gustarme mucho porque la cámara puede captarlo y eso es repelente. Lo peor es cuando un actor se gusta demasiado.

Luego se queda pensando y agrega que siempre ha sido muy autocrítica: “Es una de mis cosas que no siento que debería cambiar. Lo necesitas para seguir creciendo y mejorando”.

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