‘Luismi es un indigno que dé la cara’
EXCLUSIVO: Revelador libro con los detalles del plagio
Mientras en México y Chile continúan las especulaciones sobre el romance entre Kenita Larraín y el cantante,
su compatriota Marcos Lifshitz prepara un libro con sabrosos episodios de su vida en los últimos diez años, tiempo
en el que han estado en juicio —que ganó en primera instancia— por plagio.

Poderoso, desfachatado, intocable… ¿y ahora plagiador? Luis Miguel, El Sol como lo llaman en México —en honor a su supuesta ‘divinidad’ en el olimpo artístico latino— tiene bien claro su poder y lo usa. Se ha hecho cada vez más inaccesible a medios y fanáticos, aumentando las especulaciones sobre su vida privada. Por eso no hay una versión oficial sobre su matrimonio con la actriz mexicana Aracely Arámbula, con quien tiene dos hijos, y que en todo caso ha sido la única con la que ha dado entrevistas y reconocido públicamente como su mujer. Algo que no sirvió de mucho, porque hace casi un año la pareja se separó, y Luismi ha cambiado de compañía tan seguido como ha podido. Entre las más publicitadas están Genoveva Casanova y Kenita Larraín.
Pero ahora el ídolo enfrenta una nueva controversia. Se trata del libro El sol no brilla para todos, que saldrá a comienzos del próximo año, y que recoge los pormenores del juicio por plagio que el cantante ha enfrentado durante diez años y en el cual fue encontrado culpable en primera instancia.
El caso, según el demandante, prueba los vicios de la justicia mexicana, incapaz de resolver en una década el litigio donde todas las pruebas apuntarían al robo efectivo de la canción Amarte es un placer, incluida en el álbum del mismo nombre de 1999, bajo el crédito del español Juan Carlos Calderón. La original sería Siento nuestro aliento, escrita por el compositor clásico Marcos Lifshitz, quien tras escuchar la versión de Luis Miguel inició el proceso.
“Me percaté de esto en diciembre de 1999. Dos años antes de esa fecha el director de Warner Music México, Julio Sáenz, me había solicitado música para Luis Miguel. Le llevé varios temas instrumentales. Me dijeron que les encantaban, pero nunca más me tomaron una llamada. Hasta que tiempo después, oí la canción Amarte es un placer que era una de las melodías que dejé para que evaluaran”, explica Marcos Lifshitz desde Ciudad de México.
Con su obra registrada debidamente en México, Lifshitz inició entonces un largo camino para conseguir el reconocimiento del plagio por parte de Luis Miguel (quien además de intérprete ofició de productor artístico del disco, lo que agudiza su presunta responsabilidad), Warner Music y el compositor Juan Carlos Calderón. Todo fue en vano.
“Intenté negociar con Warner, Calderón, el mismo Luis Miguel. Todos me dijeron: haz como quieras, me tiene sin cuidado lo que pienses y lo que hagas. Les mandé el registro de la canción, la partitura y la grabación, pero no conseguimos nada. Juan Carlos Calderón respondió: si, efectivamente se parecen, pero eso es común que suceda en la música popular. Su abogada trató de demostrar que las canciones no se parecían, pero no lo logró”.
“Lo único que yo quería era que pusieran mi crédito. Me he dedicado toda la vida a la música clásica. Me encanta pero no hay dinero en ese mundo. Por eso, cuando Julio Sáenz me ofreció hacerle canciones a Luis Miguel, me pareció que después de tantos años no tiene nada de malo ganar bien. Luego del plagio me daba por pagado con que reconocieran mi autoría. Porque habría sido como una mecha, un detonador para ese mundo comercial. Pero no les interesó”.
Ante la negativa de los acusados de negociar una salida al problema, el músico inició un juicio casi eterno… Interpuesta en el año 2000, la primera demanda fue desestimada tras seis años de trámites por un juez, que según Marcos Lifshitz y sus abogados, aplicó una ley improcedente a disputas sobre derechos de autor. La apelación vino recién en 2007 dando pie al triunfo del compositor clásico y la condena por plagio a Calderón, Luis Miguel y Warner Music.
La ley mexicana, sin embargo, posibilita una tercera instancia de apelación o juicio de amparo para el condenado, lo que fue utilizado por el cantante y sus colaboradores para intentar revertir el fallo. Los magistrados resolvieron que la demanda inicial de Lifshitz estaba mal presentada por excluir de ella a las autoridades máximas de la Warner. Todos los procesos anteriores fueron anulados y el compositor se encuentra hoy reponiendo el juicio e iniciando la demanda desde el principio.
Marcos Lifshitz está dispuesto a llegar hasta el final en su lucha por demostrar que Luis Miguel, quizá la figura más importante de la música latina actual, se quedó con una de sus composiciones.
Además de continuar con sus acusaciones de forma legal, el creador pretende compilar todos los detalles sabrosos del proceso y sus críticas hacia la burocracia de los tribunales mexicanos en un libro que publicará a principios de 2010.
EL SOL NO BRILLA PARA TODOS, es el nombre del texto, que no será una biografía con pasajes inéditos sobre la vida de Luismi, pero repasa los comportamientos del cantante poco apropiados en esta historia. “El título tiene un significado doble: a Luis Miguel le dicen El Sol y ni para mí ni para la prensa el sol brilla, nos ha dado la espalda de forma grosera. También significa que la justicia no es pareja para todos”.
Mientras Warner México y los representantes de Luis Miguel prefieren guardar silencio sobre el pleito (no respondieron a los requerimientos de CARAS), Marcos Lifshitz no tiene problemas en seguir defendiendo su causa.
—¿Cómo puede demostrar que la canción Amarte es un placer es la que entregó a Warner?
—Tengo la grabación original de mi tema y no es parecido a Amarte es un placer… es exactamente igual. Eso fue comprobado con peritos en el juicio. Incluso los expertos que contrataron Luis Miguel, Warner Music y Juan Carlos Calderón coincidieron en que las partituras eran idénticas.
—Ha dicho que trabajaría con Luis Miguel si él lo quisiera. ¿No intenta entonces obtener beneficios mayores?
—Claro que he dicho que estaría dispuesto a trabajar con él, pero eso no va a suceder. Debe sentirse sumamente ofendido de que yo lo haya estado molestando durante diez años. Pero es algo muy curioso: en los años anteriores al asunto del plagio tuve una relación rara con la familia de Luis Miguel. Se me acercaron varias veces para que le compusiera canciones. Pero por alguna razón, no se concretó y jamás pude acercarme a él. Lo conocí cuando él tenía 18 años y luego nunca más pudimos hablar. Ellos siempre me manifestaron interés, por eso asistí cuando Julio Sáenz de Warner me llamó y le entregué mis canciones.
—¿Cuál es su visión sobre Luis Miguel hoy?
—¡Que dé la cara! Hay cosas que uno delega en otros, pero otras que tienes que resolver personalmente seas quien seas. Porque si alguien tiene realmente buen oído, ese es él. Por ende sabe desde el principio que se trataba de la misma canción. ¿Cómo sabiendo eso y habiendo una buena voluntad de mi parte, no dar la cara? Es mucha prepotencia. Como decir por qué voy a rebajarme al nivel de un mortal… Es un indigno.
—Su caso ha sido cubierto durante diez años por la prensa. ¿Ha ganado algo con este juicio?
—No, he perdido muchísimo. Dinero y credibilidad. Si buscaba tener un nombre y que me reconocieran como compositor popular, resulta que hoy estoy vetado en el medio. Me consideran conflictivo, que busco dañar a los artistas en vez de ayudarlos. Además, en la música clásica no están felices de que un miembro de esa comunidad esté metido en escándalos. Pero lo que opine la gente no es lo que me mueve. Este libro ayudará a que muchos se den cuenta quién soy yo y quién es Luis Miguel.

