‘Berlusconi me engañó: le di mi cuerpo y él nada…’
Patrizia D´Addario, duras confesiones de una chica hot
La ‘acompañante de lujo’ más famosa del planeta vuelve al escándalo con la publicación de su autobiografía Gradisca, Presidente, donde revela detalles íntimos del premier italiano Silvio Berlusconi, verdadero sultán con veinte mujeres por noche, de quien destaca una inédita potencia sexual a sus 73 años. La coautora, Maddalena Tulanti, cuenta los entretelones de estas aventuras a CARAS.

Patrizia D’Addario, la mujer que se atrevió a confrontar al primer ministro italiano, el todopoderoso empresario Silvio Berlusconi, no tiene pelos en la lengua. Sus años de experiencia como acompañante de lujo la hacen tener cuero duro para disparar sin medir consecuencias.
“Siendo escort —confiesa en su esperada autobiografía— pensaba que había visto de todo, pero esto me faltaba: veinte mujeres para un único hombre. Las llamadas orgías tienen, más o menos, el mismo número de hombres que de mujeres. Aquí, en cambio, hay sólo uno con derecho a elegir y llevar a la cama: il premier. Los otros presentes, como Gianpaolo Tarantini, el proveedor de amantes presidenciales, y el pianista, no cuentan”.
Así describe Patrizia sus impresiones durante la primera visita que hizo a Palazzo Grazioli, la residencia oficial del primer ministro. Era el 16 de octubre de 2008 y ella no sabía aún que aquel ‘encuentro’ cambiaría su vida. Silvio, por su parte, no imaginaba que sus andanzas darían la vuelta al mundo. Como tampoco las fotos de hombres y mujeres desnudos en sus villas de descanso. Lo curioso es que aún no está claro cuánto de esto efectivamente lo perjudica y cuánto le da dividendos de popularidad. Berlusconi acaba de ser elegido estrella rock del año por Rolling Stone Italia.
ELLA CONOCIÓ A BERLUSCONI A TRAVÉS DE UN AMIGO EN COMÚN: GIANPAOLO TARANTINI, hoy con arresto domiciliario y a la espera del juicio, acusado de corrupción, tráfico de drogas y explotación de la prostitución. Según sus acusadores, Tarantini se ocupaba de buscar prostitutas de lujo a empresarios y políticos, a cambio de favores para sus negocios en producción y venta de material hospitalario. Según su declaración ante el juez, Berlusconi nunca supo que las mujeres que acudían a las comidas en su residencia oficial eran acompañantes. Tarantini dice que las presentaba como amigas.
Cuando invitó a Patrizia a cambio de dos mil euros ($ 1.5 millón), ella vio en aquel ‘trabajo’ la oportunidad de su vida. “No he pensado siquiera por un momento en el dinero. Yo sólo tenía un pensamiento: él puede todo, me ayudará a construir un hotel y dejaré de hacer este trabajo”, asegura D’Addario en el libro, que ha llamado mucho la atención de la prensa y que ayer lanzó en una conferencia ante la expectación del mundo. Porque ahora es una celebridad y en esa calidad se pasea por Cannes y grandes encuentros europeos.
Para Berlusconi, ella era Alessia (uno de sus nombres de escort). Durante esa primera comida, el premier mostró videos de sus hazañas políticas, habló del G8, de Bush… como si estuviera en una reunión de trabajo.
Según Patrizia, “él quiere ser adorado por todas las mujeres que están presentes en la sala; le gusta que lo toquen, mientras más, mejor, e incita a la competencia. Es un harem donde el sultán escoge entre las veinte presentes a la preferida o preferidas”. En un momento, Silvio se separó del grupo con ella, Tarantini y otra mujer. Del salón pasaron al baño y luego al dormitorio… “La habitación es grande, pero lo que más llama la atención es una gran cama en el centro, rodeada de cortinas blancas con un enorme edredón. Me la regaló Putin, dijo Berlusconi”.
“LA NOCHE EN QUE GANÓ OBAMA, BERLUSCONI ESTABA OCUPADO EN OTROS ASUNTOS”, cuenta ella. “Me ocuparé yo de su proyecto. Su vida cambiará, ha sufrido demasiado y se merece alguien que le eche una mano”, habría dicho Il papi según las grabaciones que Patrizia hizo con una máquina escondida en su bolso durante las dos noches que pasó en la residencia oficial. En la biografía, D’Addario da detalles explícitos de los encuentros sexuales con el primer ministro: “Nos besamos hasta el infinito (…) y después del primer asalto, empezaba de nuevo. Podría estar en Guinness por su potencia sexual”.
Después del sexo llegó el momento de las confidencias. Berlusconi le preguntó una vez más por su proyecto empresarial en Bari. Pero los meses pasaron y lo prometido no se cumplió. “¿Y todavía hay alguien que piensa que no he sido engañada?”, pregunta Patrizia. “Mi reacción, la decisión de contar todo al Corriere della Sera fue vista como una locura, un acto suicida. Después de todo, ¿no era mejor quedarme callada? ¿No habría ganado más? (…) No me importa que los hombres compren a las mujeres. Lo que digo es que deben comprarlas con aquello que tienen, no con falsas promesas. El premier me ha mentido, le he dado mi cuerpo y él nada”.
UNA VENDETTA POR RENCOR Y RABIA llevó a Patrizia a hacer pública su historia. Para Maddalena Tulanti, directora del diario Corriere della Sera en la provincia de Bari y coautora de Disfrute Presidente, el engaño del premier fue lo que la hizo estallar: “Patrizia ha tenido una vida muy difícil en los últimos 15 años. Tanto, que la noche con Berlusconi fue la gota que derramó el vaso… Fue maltratada y obligada a prostituirse por su pareja, porque, como ella cuenta en el libro, no nació siendo escort. Tenía una profesión: ilusionista, maga, ¡hasta fue asistente de David Copperfield!”.
—¿Se equivocó Patrizia al grabar conversaciones privadas?
—No. Cuando yo dedico este texto a una prostituta napolitana que se llama Frangettella, escribo: también ella habría querido meter en la cárcel a su proxeneta, pero no tenía una grabadora. Patrizia sin grabadora no habría llevado a la cárcel a su ex pareja, que la maltrataba y la obligaba a prostituirse, y sin ella no habría podido nunca contar todo lo que ha dicho. No tenemos que ser hipócritas.
Patrizia trabajó como maga y modelo, pero tuvo que volver a Italia cuando su padre murió. Francesco D’Addario tenía una empresa de construcción familiar y su sueño era comprar un terreno para edificar un pequeño hotel. Sin embargo, en lugar de eso fue acumulando deudas hasta que terminó por suicidarse. Eso se volvió la obsesión de Patrizia.
Conoció a un tercer hombre, un ingeniero que la metió en el negocio de las acompañantes. “Nunca habría aceptado la propuesta indecente si no hubiera comenzado a pegarme, cada vez más fuerte. Nadie puede juzgarme. Sólo podría hacerlo alguien después de haber sufrido lo que he sufrido yo: déjate arrancar los pelos, romper los huesos, hinchar la cara a puñetazos y después hablamos”.
—¿Ella tiene miedo de lo que pueda pasarle tras sus denuncias?
—Desgraciadamente vive en el miedo. En dos ocasiones, varias personas que dijeron ser carabinieri se presentaron en su casa y la amenazaron de muerte. En otra oportunidad, uno de estos tipos intentó incluso violarla y ella se salvó de milagro. Le han robado el computador, agendas de teléfono, ropa interior, hasta el vestido Versace que llevaba la primera noche en Palazzo Grazioli. No robaron, sin embargo, objetos de mayor valor que había en la casa. Pero ella ha aprendido a desafiar al miedo y contar su verdad en este libro.
La conclusión es lapidaria: “Me he dado cuenta hace bastante tiempo —escribe Patrizia— de que las personas no son todas iguales y que en los juicios, en las miradas de la comunidad, una persona-escort no sólo pesa infinitamente menos que una persona-premier. Mi palabra, mis sentimientos y mis pensamientos son iguales a cero”.

