Personajes

Pasión con trágico final

Robert Wagner y Natalie Wood

Por: Totó Romero

wood

Era una niña cuando decidió que él sería el amor de su vida. Y no se equivocó: casándose dos veces, esta pareja reafirmó que sólo la muerte los separaría. El dramático accidente de la actriz aún tortura a su marido…

“¿Sabes mamá? Yo me casaré con ese niño cuando sea grande”, advirtió Natalie a sus cortos diez años, al cruzarse con el apenas adolescente Robert Wagner en el hall de la Fox. La pequeña tenía contrato fílmico bajo el ojo siempre vigilante de su madre, inmigrante rusa. Con una hermana mayor y otra menor, Natalie irradiaba un encanto que, sumado a su belleza, la convertía en una estrella a la que el público adoraba. Su actuación en Mañana es para siempre conmovió hasta los huesos a su director Orson Welles, quien manifestó que Natalie (1938-1981) lo descuadraba.

El señor Zakharenko, en tanto, se avergonzaba con el hecho de que fuera su hija quien procurara el buen vivir hogareño. Mientras, ésta daba con enorme gracia el difícil paso de la adolescencia a la juventud plena. Como actriz hecha y derecha participó en la mítica Rebelde sin causa, con el malogrado James Dean. Y hasta recibió su primera nominación al Oscar en calidad de mejor actriz de reparto. Tenía 16 años y vivía y moría por su amor de infancia, el apuesto Robert Wagner.

“La primera vez que hablé con ella fue en un desfile en 1956. Yo no tenía idea del flechazo que sentía por mí (…) Un mes más tarde la invité a una première, justo en el día de su cumpleaños (…) Recuerdo el instante en que me enamoré de ella. Una noche a bordo de un pequeño barco que yo tenía. Me miró con amor, sus oscuros ojos iluminados por una linterna. Ese momento cambió mi vida”, rememora Wagner en sus memorias, recién publicadas.

Guapo tal cual era, el talento de Robert resultaba bien mezquino. Pero como el verdadero amor no se fija en detalles, hizo petición de mano por intermedio de su rico y distinguido papá, exitoso empresario, y la actriz pudo entonces adornar uno de sus dedos con un magnífico brillante.

wood300“EL MATRIMONIO DE ESTE MEDIO SIGLO” lo denominó el nyt en su primera página. Según él, ella se veía tan hermosa como una pintura de Velázquez: “Sólo que Velázquez nunca tuvo una modelo tan divina como Natalie”.

Pero con el correr de los días fueron apareciendo rumores de infidelidades mutuas. “Yo había aprendido que, eventualmente, todos somos engañados o engañamos al otro. Ninguno de los dos casos es placentero”, admitía Robert. La existencia conyugal empezó a resquebrajarse, y luego de cinco años, la pareja se divorció. Según Natalie, porque los celos de su marido le hacían la vida imposible. El pobre hombre se sabía en la medianía, mientras su mujer brillaba en el firmamento fílmico. Su performance en la inolvidable West side story (1953) la elevó a incalculables alturas a ojos del mundo entero. Entre ellos, de su coestrella, Warren Beatty, quien desde el primer día de filmación deslumbró a Natalie. El contraste era evidente: mientras la revista Life hablaba de Beatty como “el más excitante macho fílmico” de esos tiempos, en página siguiente calificaba al pobre Robert como el rey de los fracasados.

El tiempo corre y en 1969 la exitosa Wood contrae matrimonio con el productor británico Richard Gregson. Al año siguiente nace Natasha. Haciendo tripas corazón, el pobre Robert se hace presente para felicitar a la pareja, que tras todo el jolgorio, se divorcia en 1972. Y ¡sorpresa para todo Hollywood!: Natalie y Robert comienzan a salir juntos nuevamente. Una mañana de ese mismo año se casan por segunda y más dichosa vez, al son de The second time around, cantada por Sinatra.

LA CEREMONIA FUE EN EL YATE QUE BAUTIZARON SPLENDOR, por la película que ella había protagonizado. La propia novia decide retirarse un tiempo de la actividad fílmica para hacer familia, y caramba que lo consigue. En 1974 nace Courtney Brooke Wagner, a quien siguieron dos hermanos. Una vez que crecieron, Natalie volvió a su pasión, con una ronda de actuaciones televisivas. Entre ellas, La gata en el tejado caliente (1976), que resultó un descomunal éxito, y donde tuvo la “enorme dicha” —como dijo ella misma— de trabajar junto a su amado Robert, aunque el rol de él fuese pequeño.

Así corrían los armoniosos días, hasta la fiesta de Acción de Gracias de 1981, que la pareja decide pasar en su yate con un invitado, el actor Christopher Walken. Los tres comían y bebían relajadamente en el comedor, cuando una discusión se gatilla entre los dos actores. Ella, con varios tragos en el cuerpo, decide retirarse y de pasada oye un ruido: el bote salvavidas de la embarcación se había desprendido. Entonces se da a la tarea de recuperarlo y para ello va en busca de un grueso abrigo. Robert y Christopher seguían en lo suyo, ignorantes de lo que estaba ocurriendo abajo: ¡Natalie resbala en la húmeda superficie, cae al agua y se ahoga en pocos segundos, sin que sus voces de auxilio puedan ser escuchadas en el piso superior! La más bella de su época fílmica había perecido ahogada en las aguas del océano que tanto temía. El grueso abrigo contra el frío, empapado, la tiró al fondo sin remedio.
Robert, en su desconsuelo, agravado por un sentido de culpa que dura hasta hoy, organizó la despedida con un sexteto de violines tocando música rusa, frente a las islas Santa Catalina.

Y Natalie, desde donde esté, harto lo ha ayudado, convirtiéndose Robert con el tiempo en un productor exitoso, con una suculenta cuenta corriente nunca antes habida. A sus 79 años acaba de lanzar su autobiografía, llamada Pedazos de mi corazón, donde rinde tributo a Natalie, pese a que terminó casado con una mujer que ella detestaba: la atractiva Jill St. John. Una más en la lista de actrices que a Natalie siempre le causaron celos, y que incluía hasta a Joan Collins, todas con fama de haber pasado por el lecho de Robert. El lo desmiente en su libro y asegura que su primera cita con Jill fue seis meses después de la muerte de Wood, que, como él reconoce, sigue penándole: “Si hubiera estado ahí, podría haber hecho algo. No estuve, y finalmente un hombre es responsable por la mujer que ama. Sí, me culpé (…) Perdí a quien quise con todo mi corazón, no una vez, sino dos…”.

Video con parte de la biografía de Natalie Wood

Comparte esta noticia