Personajes

El destape de las Infantas

Críticos españoles desmenuzan la metamorfosis

Por: Mariola Montosa

Adiós a la imagen de hermanastras de Cenicienta. Elena y Cristina la rompen, y España las celebra. Tan radical ha sido el giro, que se fotografiaron en bikini. La mayor se deshizo del escalador Jaime de Marichalar. Y la menor se las emplumó a Estados Unidos con un marido cuestionado por oscuros negocios. ¿Qué tal?

infantas

Vanity Fair acaba de nominar a Letizia entre las mejor vestidas del mundo. Pero las infantas, lejos de mirar, como siempre, desde la segunda fila, tomaron al fin las riendas de sus vidas. ¿Segundonas? No más. Estrenando audaces looks, se someten a tratamientos de última generación, marcan abdomen, esculpen cintura y guardan en el baúl de los recuerdos los vestiditos de mamá. Porque aunque no lo crea, hasta hace poco usaban la ropa de la reina. Ahora se cuidan y muestran su cuerpo, sobre todo en este verano europeo. Mallorca, epicentro de las vacaciones reales, conoció sus renovadas imágenes. De vuelta en la ciudad, las infantas andan con nuevos aires de profesionales modernas. ¡Tiembla Letizia!

‘‘Son grandotas y de buen comer, les cuesta conservar la línea’’, cuenta la conocida periodista española Paloma Barrientos. En la biografía no autorizada de la infanta Elena, su autora, Carmen Duerto, también revela los duros sacrificios a los que se somete la primogénita de los reyes. Y el entrenador personal Jimmy Roca, asegura que hoy las dos trabajan duro en el gimnasio: ‘‘Están más estilizadas. Tienen los hombros y los tríceps desarrollados. Han mejorado el abdomen, pese a los embarazos, combinando Pilates con pesas’’.

Cristina se preocupa especialmente de la cara. Hace años se sometió a una operación para corregir la miopía y, según Barrientos, es una asidua de los tratamientos estéticos. ‘‘Desde el ácido hialurónico a las vitaminas, la mejoría se nota. Antes tenía líneas de expresión más marcadas’’.

El vestuario de las hermanitas también sufrió importantes transformaciones. En los ’80, en plena juventud, las infantas se caracterizaban por sus peinados capeados y vestidos de princesa. ‘‘La ropa que se ponían era herencia de su madre y eso les hacía parecer mayores’’, continúa la periodista. ‘‘Antes, los diseños eran más principescos, la mayoría cuadrados. Ahora se permiten llevar escotes en V con tirantes, toda una revolución’’, explica la estilista Elizabet Olivé.

elena‘‘De criticadas a elogiadas, maduraron con harta más gracia de la que muchos esperaban’’, dice la asesora de imagen Silvia Mazzone. ‘‘Elena pasó de ser un patito feo a una de las mujeres más elegantes de España. Esto comenzó cuando su entonces marido, Jaime de Marichalar (gran amante de la moda), y una amiga estilista de profesión, empezaron a meter mano en su armario’’. Pero lo más novedoso es que abandonó su eterna trenza. Ahora, lejos de Marichalar, ‘‘dejó un poco de lado la sofisticación —sostiene Mazzone—, se chasconeó, pero no por eso ha dejado de ser elegante. Jaime fue un estupendo asesor (sólo de moda, por cierto), pero Elena ha sido una buena alumna’’.

CON MENOS ESTILO que elena, CRISTINA LOGRÓ SUAVIZAR SU IMAGEN. ‘‘La práctica constante de Pilates ha hecho que su silueta se estilice. Ahora viste prendas sinuosas y esto hace que se vea más femenina’’, explica Olivé.

Las hermanas también revolucionaron sus vidas personales, dando un giro más acorde con los tiempos. Elena, parvularia, es la directora de proyectos sociales de la fundación MAPFRE, y Cristina dirige el área social de la Fundación de La Caixa (entidad bancaria española). Las dos van al supermercado y recogen a sus hijos del colegio, como dos profesionales comunes y corrientes.

El primer paso de Elena fue la separación (no así el divorcio, la familia real todavía no está preparada para tanto escándalo). Hace poco, se cambió con sus dos hijos a un departamento cerca del parque El Retiro en Madrid, harto más humilde que la apoteósica casa que compartieron con Marichalar en la exclusiva calle Ortega y Gasset.

Más radical es la mudanza de Cristina. Y hace unos días partió con su marido Iñaki Urdangarín y sus cuatro hijos a Washington D.C., donde él asume como consejero internacional de Telefónica. Ella espera continuar con su trabajo a distancia. La llegada a Estados Unidos cierra, por ahora, una etapa en que la imagen de Iñaki se dañó seriamente tras salir a la luz sus polémicos negocios. La infanta no sufrió tanto, pero la conocida periodista y escritora Carmen Rigalt reconoce: ‘‘La corona quiso poner un poco de mar de por medio’’.

LOS BORBÓN-URDANGARÍN GASTARON MÁS DE SEIS MILLONES de euros (casi 5 mil millones de pesos) en la casa de Pedralbes, en 2005, el barrio más exclusivo de Barcelona. La cifra pareció desorbitada para una pareja que, aún siendo real, vivía del sueldo de un relacionador público y de la responsable de una fundación social. Los españoles exigieron cuentas claras.

infanta-inakiEn 2006 Iñaki presidía la Fundación Nóos, dedicada al patrocinio y organización de charlas deportivas. La compañía recibió más de un millón de euros por organizar un foro en Mallorca y una cifra similar por otro en Valencia. Aunque se habló de lo excesivo de las tarifas, el verdadero problema era que el dinero provenía de las arcas públicas porque eran contratos con municipios. Al rey no le gustó el asunto y no dudó en llamar a terreno a su yerno. ‘‘Le ordenó que tenía que salir de ahí’’, cuenta Juan Luis Galiacho, uno de los periodistas de investigación más prestigiosos de España. Dicho y hecho. Las indagaciones en torno a sus negocios también revelaron una empresa dedicada a las relaciones públicas en la que aparecían como accionistas su mujer y sus dos hijos mayores. Legal, pero al estar involucrada la hija del rey, afectaba gravemente la imagen de la monarquía. Tras el desastre, le llegó la oferta de Telefónica.

¿Se ha beneficiado Iñaki de su relación con la familia real? Por supuesto, afirman las fuentes consultadas por CARAS. ‘‘Es verdad que en las empresas siempre hay cargos de representación, pero él no tiene un currículo académico para estar en una compañía como ésa, ¿qué sabe él de telecomunicaciones?’’, se pregunta Galiacho, autor del libro Los herederos del gran poder. ‘‘Es un trepador. Cuando conoció a la infanta era sólo un jugador emblemático dentro de su equipo. Ha aprendido a hacer business’’, denuncia el periodista.

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