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Personajes

La pasión de Saieh

Por: CARAS

Por Pamela Aravena

Los éxitos y traspiés de uno de los pocos hombres de negocios al que le gusta invertir en tiempos de crisis y resucitar empresas agónicas. Cómo levantó su imperio y cómo, hasta hoy, lo sigue multiplicando.

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En la oficina de la presidencia de CorpGroup en Rosario Norte, Alvaro Saieh (62, casado con Ana Guzmán) tiene en un lugar privilegiado los diplomas universitarios propios y los de sus cinco sus hijos. Su historia de esfuerzo —es el primero en su familia que terminó el colegio, el primero en ir a la universidad y tener un postgrado— hace que valore los logros ajenos. De ahí su interés de que sus hijos, siguiendo su camino, perfeccionen los estudios en el extranjero y se integren a las empresas, sin cargos gerenciales.

Porque él mismo tuvo que crecer desde abajo, antes de convertirse en uno de los empresarios más importantes del país —en las áreas financiera, del retail, seguros, medios de comunicación, educación, arte, hotelera e inmobiliaria—, y quien en el último año es uno de los que más inversiones ha hecho.

“Le tengo respeto por su inteligencia y trayectoria, porque no es parte de la oligarquía, ni de los grandes apellidos”, asegura el ex ministro de Economía y ex senador socialista Carlos Ominami.

Saieh tiene amigos y personas que lo respetan en todos los sectores políticos, a pesar de que abiertamente se declara aliancista y de que jamás ha desconocido su aporte profesional en el gobierno de Pinochet.

Alberto Cardemil, diputado miembro de la Comisión que investigó eventuales irregularidades en las privatizaciones durante el régimen militar, se impresionó de “la actitud con que Saieh enfrentó esta instancia de la Cámara. Tomó la iniciativa, proporcionó muchos antecedentes y con ello quedó establecida su manera de proceder. No tenía nada que esconder”. Y fue el único hombre de negocios que concurrió a dar su testimonio, luego de lo cual y analizados los antecedentes, la Cámara retiró su nombre de la investigación.

La conexión con el gobierno de Pinochet surgió a principios de los ‘80, a su regreso desde Chicago, cuando asume como gerente de Estudios del Banco Central. Antes había trabajado en la Universidad de Chile y en la Cepal, con el DC Carlos Massad, quien hasta hoy es director en alguna de sus empresas. Luego fundó Econsult y fue director de dos firmas estatales: Chilgener y Enaex.

“Nosotros, durante el periodo militar, no compramos ninguna compañía estatal. Todas las verdaderas ganancias de capital las hemos tenido durante los mandatos concertacionistas. Y a mucha honra, sin pedirle favores a nadie porque yo, que manejo el grupo, no soy de la Concertación”, dijo hace cuatro años a The Clinic.

Ominami da fe de ello. Como titular de Economía de Aylwin, lo invitó, junto a otros empresarios, a principios de los ’90 a Rusia; ahí forjaron una amistad que perdura. “Tengo pocos amigos en el mundo de la derecha y menos amigos que son ricos; Alvaro es uno de ellos. En el lenguaje de la siutiquería chilena, es un turco al que le costó llegar donde está. Apoyó al régimen militar, es cierto, pero no como un funcionario. Su fortuna no fue mal habida, la hizo en democracia, no es parte ni resultado de la dictadura”, asegura el ex senador.

En 25 años pasó de ser un académico universitario que vivía en Los Dominicos —en una casa construida conjuntamente con la de su entonces vecino Sebastián Piñera—, a uno de los empresarios más influyentes y con relaciones en todos los sectores.

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