Los Larraín
Fiesta y zambacanuta
Por ANDREA LAGOS Fotos DIEGO BERNALES
Los trucos le fallaban al Mago. Se le suicidaba el conejo, el pato que debía pararse sobre la carta correcta, erraba… Así lo recuerdan sus hijos Nicolás y Fernando Larraín, como un caballero de varita mágica con olor a perfume Dior. Lo hacían correr en su silla de ruedas y vociferaban ¡¡he-ren-cia-en-vi-da!! mientras su padre peleaba contra un cáncer. Sin darse cuenta, el legado se los dio antes de partir, a través de la risa, el desenfado y la ironía. Hace 7 años esta genial dupla presentó en CARAS a su chispeante y divertida madre (fue la primera mujer del artista, tuvieron seis hijos y se separaron a fines de los ’70). Desde el recuerdo y el cariño hacia su ex marido, Sonia de Toro también los acompaña esta vez.

“En la casa vivíamos el mundo de Bilz y Pap. Cada noche había fiesta y zambacanuta. Se llenaba de gente. Mi infancia olía a gin con gin. La época de gloria del Mago fue en los ’80. Participó en varios programas de televisión invitado por Raúl Matas y César Antonio Santis. Y en tiempos de Frei Montalva y Alessandri, cortaba mujeres en tres partes en los salones de La Moneda. Vivíamos en la abundancia económica y en la felicidad máxima, pero la cagada monumental ocurrió cuando mi mamá y mi papá se separaron”, recuerda Nicolás Larraín, rostro de CQC y tercero de los seis hijos que tuvo el Mago Larraín con Sonia de Toro.
Con ella se casó en 1962 y se separó en 1978, luego de que, según sus palabras, “miré para el lado”. Cada uno rehizo su vida, pero conservaron la complicidad y la amistad de un pasado en común, cargado de locuras y bohemia.
“Nunca conversamos de estas cosas ni nos hacíamos mucho añuñui… Es primera vez que lo hablamos”, confiesa Nicolás.
“Todo era chacota, vivíamos en una broma sin fin. En este mundo de fantasía, el golpe más duro que recibió mi padre fue la separación, sin duda”, explica el actor Fernando Jr. “Pero nos hicimos más fuertes”, resume Nicolás.
En los últimos ocho años, ambos hermanos llevaron al Mago todos los jueves al programa de radio Tiempo Liberen a Nicolás, que hacían todos juntos. Allí ventilaban los trapos sucios sin filtro.
“¿Papá, hasta cuándo se queja? ¡Déjese de tomar remedios! ¡¡Herencia en vida!! ¡¡Herencia en vida!!”, eran las típicas pachotadas que le lanzaban al aire. La gente llamaba para defender al padre. Pero el Mago sabía muy bien cómo había criado a sus hijos. Y tenía un público cautivo en la ironía.
“Cuando se quebró el matrimonio los tres mayores nos fuimos con él. Nunca voy a olvidar la cara de mi papá cuando abrió la puerta y veníamos con las maletas. En el comedor jugábamos fútbol con una pelotita de tenis, dos por lado”, describe Nicolás. Para pasar las penas, cuentan que el Mago se perdía en las galerías del centro de Santiago y se comía un ave palta con bebida, solo. Los garzones del Bar Nacional y el Café Torres se peleaban para atenderlo.
“¡Se gastó toda la plata con un tenedor! y a cada mozo le daba un billetito, sin que se notara”, cuenta Sonia, quien antes de partir a Grecia de vacaciones se alcanzó a despedir del Mago en la Clínica Indisa. “Estuvo bien que no haya llegado al funeral, porque la viuda era su segunda mujer, María de la Luz Salas”, confiesa Sonia de Toro con lágrimas en los ojos.
PRIMER ACTO: Al comenzar la entrevista queda clarísima la loca dinámica de este trío. Los diálogos parecen de guión teatral, pero así se comunica el clan. Fernando Jr. vestido de buzo flúor se acerca con un fajo de papeles llenos de pensamientos dictados por su padre. Nicolás grita que está muy apurado y la mamá les pregunta si se ve preciosa para las fotos.
Nicolás: La situación es la siguiente, tenemos que concentrarnos en el papá.
Sonia: Pónganme bonita en la foto, sin arrugas mi amor.
Fernando: Mamaaaa… si a usted no la conoce nadie, es anónima.
Sonia: No, no, no. La artista acá soy yo.
Nicolás: Rápido, rápido, tengo que irme.
Fernando: Oye, ¿quieres una pastilla para que te calmes? Mira, el papá te nombra en estos papeles que dejó: “Un loco es una persona completamente normal, un ser auténtico y original. Los locos son más normales que los que dicen ser normales”.
Sonia: A mí me gustaría hablar del gobierno para ponerme feliz…
Nicolás: ¡No mamá, por favor, de política no! No metas las patas. Hablemos del papá.
Fernando: Acuérdate de la vez que le echaste a perder un truco cuando eras su ayudante.
Sonia: ¡Tenía que esconderle un conejo en la espalda! y la jaula se movió sola.
Fernando: Fue usted la que se movió mucho.
Sonia: Oigan, no sé nada de magia pero aprendí con él que toda la vida puede ser una fiesta.
Fernando: “Sin magia hubiese sido un hombre sumido en el silencio y no habría tenido los amigos que tuve”, escribió en estos mismos papeles.
Sonia: ¡Si tenía un millón de amigos! Cuando pusimos el Café Concert La Cigarra, se llenaba.
Nicolás: Nadie pagaba la cuenta…
Fernando: El papá tenía que recogerlos a todos en auto y llevarlos a sus casas.
Sonia: Hasta el papá del Presidente, don José Piñera, iba a la calle Lota donde teníamos el boliche. El piano lo tocaba Gastón Soublette. Lo pasamos estupendo…
Nicolás: Usaba todos los días unas gotitas de Dior. Y era maniático del orden.
Fernando: Cuando dejaba los pantalones estiraditos sobre la cama, nos arrastrábamos para sacarle las monedas mientras dormía la siesta.
Nicolás: ¡Y finalmente no nos dejó herencia! Siempre le pedíamos ¡¡he-ren-cia-en-vi-da!! Tengo un video donde Fernando le quería hacer firmar un papel en blanco para que dejara la ‘marca Larraín’. “Firma aquí cabrón, entrégame todo”, le decía en broma. El creía que era cierto porque se le veía muy compungido. Lo voy a subir a YouTube.
Fernando: Llegaron más de 500 personas a despedirlo. Llovía a cántaros. Constanza (la hija menor, de su segundo matrimonio con María de la Luz Salas; cantante de jazz y heredó de su padre la afición por la magia) contrató una banda que tocaba canciones de Kusturika y yo me vestí con su traje de Helmut.
Sonia: Cuando supe, estaba en un crucero… Allí me acordé que él siempre decía que quería convertirse en quitasol de transatlántico, para estar sólo con personas alegres y mirar mujeres bonitas.
SEGUNDO ACTO: ¿EN QUÉ CIRCO TRABAJA TU PAPÁ? “Me acuerdo que esta pregunta me la repetían a cada rato en el colegio. Cuando uno es niño sólo mira y cree. No quiere saber cómo se hace la magia, porque aprendes, precisamente, que así se pierde la magia”.
Nicolás: Entrábamos a su pieza de golpe y él sacaba un conejo del sombrero. Para que no descubriéramos sus trucos, cerró esa puerta con llave.
Fernando: Hasta que nos dimos cuenta de que estaba detrás de un cuadro…
Nicolás: Otro escondite era la licorera.
Sonia: A mí me encantaba, lo pasaba bien, pero me cansaba harto porque trasnochábamos de lunes a lunes. Y Fernando no buscaba a nadie, él se dejaba querer, ¿no es así?
Fernando: Me siento identificado…
Sonia: Pololeamos cinco años… No le pagaban como a todos los artistas… Para actuar a las 9 de la noche, llegaba a las 3 y nadie lo atendía.
Fernando: Mira mamá lo que dice mi papá (insiste en leer los manuscritos): “Me hubiese gustado estudiar teatro, lamentablemente en la época en que yo viví, era mal visto. Mi papá era constructor, por lo tanto el hijo también tenía que ser constructor. Fin de la discusión”.
TERCER ACTO: LOS TRUCOS. “La mujer cortada en tres era una prueba impactante”, revela Nicolás alzando la voz, como siempre.
Sonia: A mí no me cortó porque yo no cabía en la caja.
Fernando: A mí sí, una vez cuando chico. La Patricia Lyon, muy delgadita ella, era una de sus modelos. La perdimos, por esta rebanada que tuvo, porque a mi papá una de las sierras se le fue en collera. Mira la cicatriz que tengo yo por el corte…
Sonia: ¡Déjate de bromas!, que yo me iba a la oficina en la mañana y él se quedaba practicando.
Fernando: Salía temprano porque mi padre la obligó a trabajar. La presionó.
Sonia: ¡Basta!, tu papá me dijo “¿para qué te vas a salir (del banco)? Cuando tengamos hijos, tal vez”. ¿Cómo íbamos a saber que tendríamos tantos? Uno antes se casaba a la antigua, virgen.
Fernando: Como debe ser.
Sonia: Yo trabajaba en el Banco Central y era tan fantástico en esa época. Te daban prenatal, posnatal, un regalo cuando tenías guagua…
CUARTO ACTO: “Yo fui la que miré para el lado… una estupidez. Pero estuve quince años casada y lo pasé maravilloso”, reflexiona Sonia, quien volvió a casarse con el abogado Juan Eduardo Hurtado, tuvo otra hija y, años más tarde, enviudó.
Fernando: Es natural, mamá…
Sonia: ¡¿Cómo va a ser natural mirar para el lado?!
Fernando: Mi papá no se lo esperaba. Yo creo que ese fue el gran golpe. El sueño de una familia para toda la vida no siempre resulta.
Sonia: Pero él nunca me lo reprochó, era lo más bueno que hay. Incluso se echaba la culpa, de que me había descuidado. Era una época muy conservadora. Eramos socios del Club de Polo y después de que nos separamos, me dijeron: “No venga más porque da mal ejemplo a los niños”.
Fernando: Y ahí empezó el drama. Con Nicolás agarramos nuestro bolso y mi mamá venía gritando desde el fondo del pasillo “¡¡dónde van!!”.
Nicolás: Ibamos a probar cómo era esta vida con el papá. Ambos rehicieron sus familias y nunca hubo una pelea.
ACTO FINAL: “Cuando ya deliraba, nos fuimos a hacer el programa de radio a su casa. Llevamos los micrófonos a su cama. Jugábamos, chacoteábamos, hablábamos con crudeza del cáncer. A veces él creía que veía dos apariciones”, describe Nicolás las últimas sesiones de Liberen a Nicolás…
Fernando: Mi papá siempre creyó en seres de otro planeta. Tenía onda con los marcianos.
Nicolás: Nosotros le echábamos la talla al aire porque no queríamos asumir. Al final ya estaba cabreado, quería morir de un guaracazo, sin letanías. La gente nos alegaba: “¿Cómo pueden tratar así a su papá?”. Todo era parte del show.
Fernando: Yo prefería reír antes que achacarme. Cuando estaba en la silla de ruedas le decía: “Te dejo acá y toma tú el ascensor”. Bajaba por las escaleras y lo dejaba solo. Y cuando se ayudaba con una burrita: “¡Oye, cómo puedes caminar tan lento!”. Ahora siempre aparece en mi cabeza… “¡Fernando! ¡Fernando!”, ahí recién me doy cuenta de que ya no está… ¡Ah!, antes de que muriera casi lo mato yo del corazón: me había hecho amigo de unos carabineros y le dijeron que teníamos que irnos bajo arresto porque yo había hecho algo muy grave. Se puso pálido-pálido. Cuando descubrió que todo era mentira, nos morimos de la risa juntos.
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